La Rioja

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El valor de la marca
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José Glera | 30-11-2016 | 17:59| 0

Etiquetas de Rioja que identifican la crianza de sus vinos.

El 27 de noviembre, los amantes del vino pudieron disfrutar del suplemento anual de Diario La Rioja. Reparo en la fuerza del discurso de Fernando Remírez de Ganuza sobre el valor de marca.
Les cuento una pequeña historia. Hace 12 años, un modesto viticultor probó fortuna en el mercado. El vino de una botella, sólo el vino, tenía un coste de 2€. Vino mimado. Precio de la botella: 5€, menor que el de otros vinos más vulgares que además se vendían más y mejor.  ¿Cómo era posible? No lo entendía porque valoraba el vino en su anonimato.  No tenía marca. Ese era su pecado. O descorchaba y convencía con el caldo o no vendía, salvo que regalase. Y eso si el comprador tenía la mente abierta. Si aquel vino hubiera disfrutado de una etiqueta reconocida hubiese triplicado su precio, aunque el vino era el mismo. Magnífico sin catar.
Rioja tiene dos virtudes: nombre e historia. Y numerosos defectos, pero muchos venden vino sólo por el mero hecho de disfrutar de la marca Rioja. Luego puedes ser singular o vulgar. Decides tú.

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Algo más que una bebida
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José Glera | 21-11-2016 | 17:37| 0
Pensaba dedicar estas líneas al reparto de viñedo en Rioja, pero hay placeres más allá de lo que decide la clase política. La propuesta abrió la puerta a la especulación. Como ocurrió con el sector bodeguero, donde aterrizaron, entre otros, constructores que no sabían qué hacer con sus euros, ahora le toca al viñedo. La vigilancia deberá ser extrema sobre quienes conciben el mundo del vino como algo meramente mercantil. Si no, el perjuicio será considerable.
Más allá de esta apreciación, uno tiene el convencimiento de que el vino es placer, cultura y un ejercicio de socialización. Ayer mismo, sin ir más lejos, el vino se convertía en un nexo de conversación, incluso de pasión en torno al mantel y entre desconocidos. Escena habitual, pero excepcional. Una entre tantas. Más allá de etiquetas, gustos, modernidad o clasicismo, el potencial del vino para socializar va más allá de la idea de quienes lo contemplan como un bebida más. Eso es el vino. Un nexo, una cultura. El vino, no un vino.
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Delicia de locura
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José Glera | 17-11-2016 | 18:29| 0
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Esta semana me acerqué hasta Cárdenas salpicado por la curiosidad de ver qué hay detrás de un vino diferente y que me gusta. Me sorprendió el viñedo. Paisaje espectacular, policromado gracias a la mezcla de variedades. No es habitual. Paraíso fruto del paso de los años. Se nota que el hombre apenas ha intervenido. De ahí que no esté homogeneizado.
Allí estaban José y Carlos. Su proyecto se llama Octogenarius. Un vino de uva Garnacha de cepas de más de 80 años. «Ni las de mi padre; las de mi abuelo», dice José. Cepas especulares, orgullosas. La primera añada, 2013. Fueron apenas 1.800 botellas; de la última elaborarán 4.800. Ojo, con más cepas.
Su filosofía es sencilla: calidad. Consideran un crimen que se haya subvencionado el arranque de viñedo y rezan para que no llegue la parcelaria. Dos viticultores que aplican una máxima que les marca la propia viña: 300 botellas por fanega. Aquí no se habla por hectáreas. Ideas claras, locura y romanticismo. Su vino se hace en la cepa; la bodega queda en segundo plano. Viticultura más sacrificada. Esta visión refuerza mi creencia en la calidad y en las muchas posibilidades que ofrece Rioja. Como acertadamente afirma Alberto Gil, «producir más costará más».
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¿Se podría haber dado otro destino al excedente de Rioja?
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José Glera | 06-11-2016 | 10:11| 1

Esos miles de kilogramos de uva agonizando sobre la tierra han abierto otro debate. Son muchas las personas vinculadas al mundo del vino que me han dicho en los últimos días si no es cruel tirar uvas al suelo. Lo es, pero para Rioja, para sus vinos, para su historia, es necesario. Se tiran porque están, pero hay que partir de la base de que no deben existir. Ahora bien, ¿y si existen?
Me niego a ampliaciones de cupo y a inundar el mercado con un número de botellas que no puede admitir a precios acordes a Rioja. Aquí conviven verdades, medias verdades y mentiras, pero Rioja siempre será Rioja, para lo bueno y lo malo. Su gran ventaja reside en que su futuro está en manos de quienes la hacen posible. Me preguntan si estas uvas tiradas no se podían haber destinado a la elaboración de vinagres, mermeladas… o, simplemente, alimento para los más desfavorecidos. No les falta base a quienes se hacen esas preguntas. Mucho tiempo atrás abrí la vía del espumoso a esos excedentes. El alimento puedo ser otro, pero nunca vino de Rioja. Moralidad frente a economía.
Al margen de esta historia, les recomiendo que lean atentamente a Carlos Echapresto en estas mismas páginas. El camino de Rioja es el de la calidad. No hay discusión. Por cierto, Carlos, vaya morrito que tienes. Por los vinos, claro.

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¿Qué hemos aprendido?
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José Glera | 31-10-2016 | 08:36| 0

Uvas tendidas sobre el suelo en un viñedo de la DOC Rioja

La vendimia en Rioja 2016 concluye en el que, como dije, es su año 0. ¿Qué hemos aprendido en el campo? En doce meses se verá, pero es tiempo de reflexionar y decidir.

Uno. Que haya sobrado tanta uva saca a la luz un problema de viticultura de hábitos. No se han hecho las labores bien.

Dos. La uva se va a pagar a unos precios que no se hubieran alcanzado con tantos kilos si no hubiese sido por la demanda urgente de vino. Dicen que no había grado. Puede ser. Lo cierto es que se han producido muchos kilos y cantidad y calidad no casan.

Tres. ¿Cuánto dinero resta esa uva tirada al suelo a los ingresos del agricultor? Es un cálculo que pocos hacen.

Conclusión. Si el viticultor reitera en su error es que no tiene cabeza. No es fácil que se repita una vendimia como ésta, con exceso de kilos y precios altos. Para disfrutar del euro/kilo es innegociable regular la producción y ésta nace de la frialdad mental. Una buena poda, espergura, desniete y vendimia en verde  dan beneficios; la postvendimia sólo aporta pérdidas, sentimentales y económicas.

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Rioja año 0
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José Glera | 23-10-2016 | 08:02| 0

Uvas en el suelo en un viñedo emparrado de la DOCa Rioja, el pasado miércoles

Mucho se ha hablado y se habla de la necesidad que tiene Rioja de reinventarse, de explotar presente y futuro sin traicionar un pasado que le ha dado esplendor. La evolución parece haber llegado sin esperarlo. Y ha llegado en su origen, en la vid.

Darse una vuelta por los viñedos riojanos se traduce en ver un paisaje inédito en el que las uvas mueren sobre el terruño. No recuerdo esa imagen generalizada. Dolor en el viticultor por tirar uva al suelo; dolor propio de una ruptura; dolor que surge de la necesidad y de un cambio necesario en la viticultura.

El Consejo Regulador parece haber abierto las ventanas y ventilado sus ideas. Pablo Franco esgrime ideas claras y, sobre todo, firmeza en la toma de decisiones. Rioja no necesita más kilos, sino más calidad. Kilos produce cualquiera; calidad, no. Rioja es privilegiada, aunque el hombre la puede vulgarizar. Su dureza en la toma de decisiones, desde el precinto de remolques a la descarga de cepas, antes y después de la vendimia, es una decisión acertada si el viticultor quiere mantener su estatus económico. Duele el golpe, pero el golpe es necesario. Rioja vive su año 0 tras décadas de historia y estoy convencido de que este nuevo camino es el adecuado.

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La magia de Ygay, la singularidad de Rioja
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José Glera | 03-10-2016 | 14:51| 0

Sólo la magia de Rioja puede convertir los sueños en realidad. Sólo en Rioja pueden convivir abusivas prácticas vitivinícolas con sorpresas como la que protagonizaba hace unas fechas Marqués de Murrieta. Castillo de Ygay 1986 blanco (97% Viura y 3% Malvasía) se ha convertido en el primer vino blanco español al que Robert Parker concede 100 puntos. En realidad, el primer blanco que cosechó 100 puntos Parker es un Corona 1939 de Bodegas Cvne, de Haro. Se los dio Luis Gutiérrez el pasado año, pero se trata de un blanco semidulce. A la máxima puntuación de la añada 1986 de Murrieta se suman también otros dos vinos de la casa, los blancos de 1919 y 1932. Se los dio a la par que a la que sí sale al mercado, la más reciente. Este caldo ha evolucionado en roble americano durante 252 meses y después ha pasado a depósitos de hormigón durante otros 67 meses, antes de llegar a la botella, donde se ha redondeado durante 36 meses más. Sólo Rioja es capaz de dar cobijo a sensaciones tan encontradas. 

Apenas habíamos cumplido 18 años todos y Vicente Cebrián celebró su mayoría de edad en Marqués de Murrieta, la bodega familiar. Fue la primera vez que visité la bodega, aunque tenía un carácter más festivo que enológico. Era 1988. Vicente había aparecido unos años antes por Logroño. Llegaba de Madrid. Coincidimos en Escolapios e incluso pudimos disfrutar de un largo viaje por Suiza, Austria e Italia para poner fin a nuestra etapa en el colegio de la calle Escuelas Pías. Recuerdo a Vicente llegar a la puerta de entrada con su Honda MBX 75, envidiada por todos los presentes. Han pasado casi 30 años. Vicente ya no viaja en su Honda, no vive en su casa familiar, en plena Finca Igay, que hoy es la vinoteca, pero sigue fiel a la tierra y al sueño de su padre.

Hace unas semanas regresé a Marqués de Murrieta. “Luis Gutiérrez estuvo catando hace unos días”, me dijeron. No ha pasado el tiempo, pero aquella bodega del siglo XIX camina desde hace años hacia el chateau que soñó Luciano Murrieta, a la altura de las mejores bodegas del mundo. Hace unos años leía una entrevista a Vicente Cebrián. Era época de bonanza en la construcción y llegada de especuladores al universo vinícola. “Nosotros no invertimos en ladrillo, invertimos en vino”, venía a decir el actual conde de Creixell. Pocos años después, por fortuna, carece de vigencia. Años y millones de euros después.

Muchos años de trabajo artesanal han desembocado en un nuevo chateau o castillo. La antigua bodega se enfoca al enoturismo (después de una inversión de 14 millones de euros), mientras que a unos metros se construye una nueva instalación que comenzará a funcionar en la próxima vendimia (24 millones más). La bodega del Castillo ha dejado paso a un enorme salón que esconde bajo su suelo una sala de antiguas tinas escoltadas por dos terrazas interiores: comedor y sala de cata. Bajo tierra, ese mítico botellero que guarda añadas históricas desde 1852, porque tres siglos después todas alcanzan ese rango. Seguramente, Logroño y Rioja nunca podrán pagar su deuda con Baldomero Espartero, que trajo a Luciano Murrieta a Logroño desde Perú, primero, y Londres, después. Con él comienza el Rioja que hoy conocemos. En elaboración, en comercialización y en exportación. Murrieta regresó de sus viajes a Burdeos con un nuevo concepto vinícola que contemplaba maquinaría como despalilladora y la barrica. El roble ha dado su grandeza a Rioja. En 1852, Murrieta exportó sus primeros barriles a Cuba y México. Igay era ya una realidad: viñedo y bodega. Afrancesado hasta tal punto que en sus primeras etiquetas se podía leer Chateau Igay antes de evolucionar a Castillo de Igay. Hoy se puede comprar en internet un Chateau Ygay 1852 por 300 euros/botella.

Vicente creció muy  rápido. No sé si cuando llegó a Logroño sabía algo de vinos o no. Ahora se maneja a la perfección en un mundo en el que la imagen, el glamour y el lujo son indispensables. Y Marqués de Murrieta, más reconocido más allá de las fronteras riojanas que profeta en casa, conjuga todas ellas. Afirma el propietario de la firma (junto a su familia) que el sueño de su padre se amparaba en cuatro pilares: familia, agricultura, equilibrio y vinos. El primero es vital en el diálogo con el vino, otro ser vivo; el segundo incluye el control de las uvas; el tercero surge de la mezcla entre tradición, juventud y modernidad. “Estamos aquí para actualizar el proyecto, no para cambiarlo, siempre con la idea clara de mantener la identidad de la casa”, advierte. Y el cuarto, los vinos, son el alma de Marqués de Murrieta, su personalidad.

El mérito de Vicente Cebrián y su familia es enorme. Grandes vinos, una bodega única y unas ideas muy claras. Incluso en valorizar sus vinos. A Luis Gutiérrez (quien le ha dado los 100 puntos) le enoja que una botella de blanco Castillo de Ygay 1986 cueste 625 euros. Nadie discute que un borgoña se venda por miles de euros. Discutirían, en todo caso, un bajo precio. Y Rioja necesita de ideas como las que mandan en Murrieta. Un concepto del vino amparado en la exclusividad y alejado de la vulgaridad de la cantidad.

 

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El fracaso del Centro de la Cultura del Rioja y la Ciudad del Vino de Burdeos
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José Glera | 07-07-2016 | 15:09| 1


El CCR (Centro de la Cultura del Rioja) cierra. Por obras, dicen, pero cierra un año después de su apertura. Su cierre es un fracaso y más de uno debería irse a casa. Da igual que se reabra o no en unos meses porque volverá a fracasar si se repite la fórmula. El CCR es el ejemplo de una buena idea puesta en manos de políticos y de la incultura que les domina, porque si fueran mínimamente cultos no estaríamos avergonzados por su gestión. Rioja, la tierra con nombre de vino, es incapaz de poner en marcha un museo público en Logroño. La cultura es deficitaria porque no hay cultura, pero es rentable. Si Logroño quiere ser referente y no hazmerreír en la cultura del vino debe asumir que tiene que ser con dinero público bien gestionado.
No me cabe la menor duda de que si lo hubieran pagado de su bolsillo no lo hubieran hecho tan mal. Hasta ahora lo único que ha aportado el CCR es gasto y desprestigio y se suma a la histórica y gran mentira municipal sobre el Casco Antiguo.
El 21 de mayo del 2014, el Ayuntamiento de Logroño desvelaba que la idea ‘In Rioja veritas’ se aplicaría a la gestión del Centro de la Cultura del Rioja. Modelo de gestión público-privado encaminada a abrir el CCR en el año 2015. “Se trata de un espacio cultural dinamizador del Casco Antiguo de la ciudad de Logroño dedicado tanto al patrimonio enológico como cultural y diferenciador turístico de importancia para Logroño y referente local y regional”, decía por aquel entonces la edil Pilar Montes.
El despropósito es total y arranca con la misma idea de dotar de un museo relacionado con la cultura del vino. No por la idea, sino por las formas. Despropósito y desconocimiento.
Primero. Se proyecta una obra millonaria sin saber para qué, pues si bien hay dinero para construir, no lo hay para dotarlo de una actividad. Entonces, ¿qué queremos hacer? Sin tener claro el objetivo, es imposible convertirlo en realidad con éxito.
Segundo. Se construye y ahí queda la jaula más bella del Casco Antiguo. ¿Qué hacemos con él? Cierre de puertas salvo para algunos bolos veraniegos.
Tercero
. Se licita. Por un lado, concurso de ideas; por otro adjudicación. Se adjudica a la baja porque tampoco tiene el Ayuntamiento a quién adjudicar una misión irrealizable desde su concepción.
Cuarto. El museo se convierte en una mezcla de todo y de nada. Gastrobar, tienda, patio multiusos, información al peregrino… Todo para cumplir el pliego. Todo y nada.
Quinto. No hay promoción ni en la propia ciudad. Dónde está, cómo llegar, qué ver… Falta hasta lo más básico: señalización. El CCR no dimaniza el Casto Antiguo, sino que es el Casco Antiguo quien fagocita al CCR hasta llevarlo al terreno del olvido. No habló ya de fuera de La Rioja, pero sólo apuntaré un dato: no se incluye ni en la red Museos del Vino de España, que agrupa a una treintena de centros temáticos del vino, entre los que se cita a López Heredia, Vivanco y Aldeanueva de Ebro, en La Rioja.
Sexto. Es evidente que el pliego se ha incumplido. Cierre. Fracaso absoluto, como cualquier política cultural de esta ciudad, que se conforma con cuatro conciertos en San Mateo y el desfile de carrozas. Es así. Al menos, hemos recuperado el Logroño de 1521 por unos días. Y además de cerrar un edifico emblemático para el Casco Antiguo, hay goteras. No sé si hay o no hay, lo que sí sé es que el cierre es definitivo al menos bajo esta fórmula. Y también sé que cuando recorrí el edificio días después de su inauguración, la última planta, en la zona de despachos y salas con ventanas a Ruavieja, en el suelo se veían claramente manchas que delataban que hubo enormes charcos de agua que se secaron con el paso del tiempo.
Resumiendo, el ridículo es de proporciones tan gigantescas como la inversión. El futuro pasa por partir de cero y pensar qué hacer. El Ayuntamiento y el Gobierno tienen dos opciones: apostar por una nueva idea de medio pelo, en tierra de nadie, o de verdad dotar a la ciudad de un museo que explique con orgullo la cultura del vino y de Rioja y no que la humille. Para hacerlo mal, como se ha demostrado, es mejor no hacer nada.

Burdeos, la otra cara de la moneda
El 1 de junio se inauguró la Ciudad del Vino en Burdeos, aprovechando el inminente inicio de la Eurocopa. 81 millones de euros (públicos y privados) de inversión; 14.000 metros cuadrados de temática vínicola que viajan a lo largo del tiempo hasta contar con 20 exposiciones diferentes. A su inauguración que asistió Francois Hollande, presidente de Francia.
Un museo real apoyado en lo virtual; un museo que aplica la tecnología al mundo del vino; un museo que te lleva a recorrer una de las regiones más prestigiosas del mundo del vino; un museo pensando para dinamizar aún más la ciudad y sus pueblos; un museo que pretende atraer a 500.000 turistas al año, que cobra 20 euros la entrada y en el que se paga por cada actividad extra; un museo con 500 referencias vinícolas del mundo; un museo pensando para ser el gran museo gracias al glamour francés. Son algunas cifras. Y abre 3650 horas al año; no son necesarias 5.000 para atraer a 85.000 turistas. Como ocurre con el Rioja, lo importante no es la cantidad, sino la calidad.

Y dirán ustedes, ¿se pueden comparar Burdeos y Logroño? A muchos niveles, no, pero estamos hablando de vino y Rioja presume de ser una de las grandes zonas vinícolas del mundo y Burdeos es a esa región lo que Logroño a Rioja, salvo que nosotros mismos queramos desplazar la capitalidad del vino de Rioja. Y volverán a decir, ¿y Haro? Es nuestro Saint Emilión o nuestro Pomerol. Hay que recordar el proyecto del PP alavés para Vitoria, el Rioja Wine Center, que unido al Paisaje del Vino (si lo concede la Unesco), la fuerza de Rioja Alavesa, el dinamismo alavés y la pasividad logroñesa y riojana pueden llevar a Logroño, en este caso, al mundo de la nostalgia.

Solo falta que el Ayuntamiento de Logroño aún tenga que pagar una indemnización de más de 100.000 euros a la adjudicataria, que si los reclama sus razones tendrá. Dinero público, por supuesto.

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París, siempre París
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José Glera | 28-06-2016 | 09:36| 0

No les hablaré del Brexit y sus consecuencias para la DOC Rioja porque seguro que les abrumarán con tanta información.
Más de 100 años después de quedar unidas Haro, París y Londres por las luces, Haro y Rioja albergan el principal parque de barricas de Europa; Londres es la capital del mejor mercado de Rioja fuera de España; y París es la ciudad del mundo donde más botellas de vino se descorchan. Es la ciudad de los viñedos urbanos.
París descorcha 690 millones de botellas anuales (Madrid, 181). Casi dos cosechas de Rioja. La cifra es enorme. 52 litros de ‘renta per cápita’ para mayores de 15 años. Manda el vino francés. No es extraño entrar en uno de sus restaurantes y que respondan: ¿Rioja, qué es Rioja? Otro dato, el Moulin Rouge del Boulevard de Clichy descorcha unas 250.000 botellas de champán al año.
El vino, unido a la cocina gala, la vieja y nueva ‘cuisine’ refuerzan una vez más que los franceses van por delante en agasajar al cuerpo y la mente (moda, cosmética, vino, cocina). Lujo. «Siempre tendremos París», le dijo en 1942 el truhán Rick a la bella Ilsa en al aeródromo de Casablanca. Frase que hoy sigue vigente. Al menos, para el vino

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VDP, la apuesta alemana por la calidad de sus vinos frente al concepto Rioja
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José Glera | 20-06-2016 | 08:51| 0
Hace unas semanas me hablaban de la VDP (Verband deutscher Prädikatsweingüter), asociación alemana que califica sus vinos, los distingue cualitativamente con un águila en sus cápsulas y, sobre todo, exige el cumplimiento de una normativa tan lógica que sorprende. En resumen, calidad frente a cantidad.
Respeto a los protagonistas: viñedo, tierra, climatología; origen, tradición, variedades autóctonas, rendimientos controlados en busca de la calidad y paciencia son algunas de sus premisas innegociables. Todas razonables. Visto así, uno piensa que Rioja responde a esos condicionantes. La VDP utiliza, además, la pirámide de origen para calificar sus vinos.
Muchos aspiran a ese modelo alemán. Rioja lo tiene, pero la gran diferencia, la clave es que Rioja no es exigente consigo misma. No cumple sus normas y las modifica a beneficio de unos pocos, que ‘cortan el bacalao’.  Si sigue por este camino, no será extraño vivir la aparición de ‘uvedepes’ dentro de Rioja para defender esa viticultura de calidad.
Conceptos como el rendimiento de cantidades es de sobra conocido en Rioja. Incluso con mayor rigurosidad, globalmente hablando, que VDP, pero la cuestión es saber si la filosofia alemana también contempla aumentar rendimientos según el año y los mercados o mantiene sus criterios, entre los que se incluye ese que asevera que “menos es más”.
Entre ambas hay una diferencia básica, como la hay entre Rioja y otras grandes denominaciones: el punto de partida. VDP califica sus tierras y a partir de ahí construye una pirámide de calidad en la que aumenta la exigencia a medida que asciende. En Rioja, su producto se califica por el envejecimiento de sus vinos. No se fija en el terruño y no hay una piramide por calidad, sino por edad. En ocasiones se da la paradoja que existen crianzas o reservas catalogados así por sus años de envejecimiento inferiores en calidad a otros de menor edad. VDP exige, por ejemplo, cortar la uva a mano en sus vinos más selectos. Exige que cuantó más arriba estás, menos kilos de uva puedes producir por hectárea. En Rioja, una hectárea puede producir los mismos kilos (6.500 y 9.000 para uvas tintas y blancas, respectivamente) independientemente de si con esas uvas se van a elaborar vinos jóvenes, crianzas, reservas o grandes reservas. Sólo los viticultores y bodegueros que apuestan por una mayor calidad se autoimponen una cosecha menor por hectárea en busca de mejores uvas que, además, son recolectadas en cajas o en remolques pequeños y a mano. Una selección más en el viñedo a la que puede seguir la mesa de selección en bodega. Y éstas son la continuación de una espergura de calidad, una vendimia en verde y una vendimia final en el momento adecuado. Pero hasta aquí se llega por decisiones propias, no porque el Consejo marque unas normas tan estrictas.
¿Qué idea es mejor? Las dos son buenas, la de la VDP y la de Rioja, siempre que se cumplan las normas. A Rioja, pionera en muchas iniciativas y durante muchos años, le falta dar el salto hacia la calidad, una apuesta definitiva que prime los grandes vinos sin olvidar que hay firmas que necesitan vender muchos millones de botellas para mantener su negocio. Hay sitio para ambas filosofias.  En Rioja hay diferentes asociaciones de bodegas, pero más encaminadas a aunar fuerzas comerciales que exigencias en la cadena de producción y elaboración.
Imaginen una asociación que agrupe a viticultores (no me refiero a cooperativas) en una clara apuesta por una viticultura de calidad, con menores rendimientos, cosecha a mano, defensa del terroir, respecto al viñedo,… y todos las condiciones que quieran en busca de grandes uvas de Rioja, de pueblo, de pago o de finca. O un grupo de bodegas que se autorregule. Y que luego quieran diferenciarse en su imagen, como hace la VDP con el águila. Un sello que avale y garantice una mayor calidad. ¿Lo permitiría el Consejo Regulador? No molestaría, para nada, a las grandes bodegas, pero les diferenciaría como vinos de mayor calidad.

 

VERBAND DEUTSCHER PRÄDIKASWEINGÜTER (VDP)

LAS IDEAS

1. Lograr la más alta calidad posible. Vinos de primera calidad que reflejan su origen.
El origen influye decisivamente en la calidad del vino. La calidad y el carácter de un vino están íntimamente relacionados con su origen -suelo, topografía, clima, y microclima-.
2. Vinos en armonía con la naturaleza. El suelo es el bien más preciado. Sólo una vid que crece en armonía con la naturaleza puede producir un vino en el que su origen único es perceptible. La preservación de los viñedos es la máxima prioridad.
3. Variedades de uva tradicionales. La uva es la portavoz de la viña, ya que es el único medio por el cual se puede percibir la naturaleza singular de un terroir. Para mantener intacto esa transmisión, se centra en las variedades de uva que mejor expresan las características específicas del lugar de un terroir. En Alemania incluye Riesling, Silvaner, y Pinot Noir y Pinot Blanc.
4. Menos es más. Los grandes logros requieren sacrificio. Con respecto a la viticultura, esto se aplica a los rendimientos. Limite de rendimientos para aumentar la concentración de azúcares naturales, aromas, y minerales en las uvas.
5. Las vides y vinos necesitan tiempo. La paciencia y la serenidad son dos importantes rasgos de carácter de un viticultor. De la viña a la bodega, hay que dar a los vinos el tiempo que necesitan para alcanzar su potencial óptimo.
6. Confirmar la tradición. Los de VDP suman más de 20.000 años de tradición vitícola, riqueza única de experiencia, conocimiento y convicciones que hay que preservar y fomentar para impartir a la próxima generación de viticultores, orientados a la calidad.
7. Vinos con estilo y personalidad. Los grandes vinos no son sólo expresiones de sus terruños de origen, sino también las obras de la creatividad individual. Artesanos y artistas que ayudan a la viticultura se desarrollan en la cultura del vino.

LA CLASIFICACIÓN VDP

La clasificación no responde a una ley oficial del vino, sino a la idea y los estatutos que han promocionado y aprobado las bodegas que se asociacian en la VDP y que definen la calidad de un vino de acuerdo con su “terroir”. El objetivo es evaluar la calidad de los mejores viñedos de Alemania, asegurar el futuro del paisaje vitícola y revalorizarlos. Así, en su pirádime se establecen cuatro niveles. Cuanto más arriba están, mayores son la exigencias.

VDP.GROSSE LAGE. El pico de la pirámide

Designa los mejores viñedos de Alemania, dentro de los cuales los mejores parcelas han sido delimitadas. Estos vinos son particularmente expresivos y tienen un potencial excepcional envejecimiento. Se basan en las variedades tradicionales que mejor se adapten al lugar, según lo determinado por cada región.

Los rendimientos máximos se reducen reducidos de 50  hl / ha

La vendimia se realiza de forma selectiva a mano y debe alcanzar un grado mínimo de maduración.

Los vinos son producidos exclusivamente por las técnicas de vinificación tradicional.

El nombre del sitio (sin el nombre del pueblo) es la denominación de origen de un vino VDP.GROSSE LAGE. Está indicado en la etiqueta junto con el nombre del vino y de la variedad de uva. El uso de una tira en la cápsula para identificar un vino VDP.GROSSE LAGE es obligatorio.

VDP.ERSTE LAGE – Primera clase

Designa viñedos de primer nivel con características que les distinguen. Plantados con variedades tradicionales, según lo determinado por cada región. Se cultivan las variedades tradicionales que mejor se adapten a un sitio o parcela en particular.

Los rendimientos máximos rendimientos reducidos de 60 hl / ha

La vendimia se realiza de forma selectiva a mano.

Los vinos son producidos exclusivamente por las técnicas de vinificación tradicional.

Una combinación del nombre de la localidad y el sitio es la denominación de origen de un vino VDP.ERSTE LAGE. Está indicado en la etiqueta junto con el nombre del vino y de la variedad de uva. El uso de una tira en la cápsula para identificar un vino VDP.ERSTE LAGE es obligatorio.

VDP.ORTSWEIN Suelos superiores

Vinos de pueblo. Se originan en buenos viñedos de un pueblo. Al menos el 80% de los viñedos de la finca se plantan con variedades de uva tradicionales típicos de su región.

Los rendimientos máximos rendimientos reducidos de 75 hl / ha

El nombre del pueblo es la denominación de origen de un VDP.ORTSWEIN. Está indicado en la etiqueta junto con el nombre del vino y de la variedad de uva. El uso de la VDP.ORTSWEIN designación en la etiqueta o de la cápsula es opcional.

VDP. GUTSWEIN. La base de la pirámide

Vinos de región, procedentes de explotaciones de una finca de una región. Vinos que cumplen con los estándares generales de calidad prescritos por el VDP. Al menos el 80% de los viñedos de la finca se plantan con variedades de uva tradicionales típicos de su región.

Los rendimientos máximos rendimientos reducidos de 75 hl / ha

Un VDP.GUTSWEIN lleva el nombre de la finca de vino, la región y la variedad de uva en la etiqueta. El uso de la VDP.GUTSWEIN designación en la etiqueta o de la cápsula es opcional.

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