La Rioja
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Etiqueta: marca
El valor de la marca
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José Glera | 30-11-2016 | 17:58 |0

Etiquetas de Rioja que identifican la crianza de sus vinos.

El 27 de noviembre, los amantes del vino pudieron disfrutar del suplemento anual de Diario La Rioja. Reparo en la fuerza del discurso de Fernando Remírez de Ganuza sobre el valor de marca.
Les cuento una pequeña historia. Hace 12 años, un modesto viticultor probó fortuna en el mercado. El vino de una botella, sólo el vino, tenía un coste de 2€. Vino mimado. Precio de la botella: 5€, menor que el de otros vinos más vulgares que además se vendían más y mejor.  ¿Cómo era posible? No lo entendía porque valoraba el vino en su anonimato.  No tenía marca. Ese era su pecado. O descorchaba y convencía con el caldo o no vendía, salvo que regalase. Y eso si el comprador tenía la mente abierta. Si aquel vino hubiera disfrutado de una etiqueta reconocida hubiese triplicado su precio, aunque el vino era el mismo. Magnífico sin catar.
Rioja tiene dos virtudes: nombre e historia. Y numerosos defectos, pero muchos venden vino sólo por el mero hecho de disfrutar de la marca Rioja. Luego puedes ser singular o vulgar. Decides tú.

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Vino personal
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José Glera | 28-02-2015 | 10:00 |0

Vino y gastronomía. ¿Van unidos? Sí. ¿Complementarios? Sí. ¿Se pueden entender uno sin el otro? No lo sé. ¿Se necesitan? Sí. ¿Pueden hacerse daño? Tal vez.
Diego Guerrero, cocinero con dos estrellas Michelín, se ha aventurado en el mundo del vino y en crear su propio caldo. Se ha ido a la Ribeira Sacra para imaginar un néctar propio de sus planos. ¿Es buena la iniciativa? Seguro.
Su idea de personalizar para su restaurante DSTAgE de Madrid invita a la reflexión. Que la alta cocina se interese por acompañar sus platos por un vino muy concreto realza a ambos; que el vino acabe en ‘marcas blancas’ puede ser, si no peligroso, sí respetable. 
Más allá del interés de los grandes cocineros, las bodegas caen en ocasiones en el pan para hoy y hambre para mañana que supone ‘venderse’ a marcas blancas de grandes superficies. Eso ya no es tan bueno, porque no prima la calidad, sino el precio. ¿Alternativa? Depende de la economía propia.
Como no nos debemos a lineales no les propongo un vino, sino varios. Abran un Contino blanco 2011; sigan con un Contino Graciano 2010 y rematen con un Viña del Olivo 2009. Entenderán lo que es una marca propia. Placer
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Qué vale un vino
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José Glera | 08-01-2015 | 17:01 |0

La semana deja dos sensaciones. Por un lado, la realidad de lo que cuesta producir un buen vino; por otra, el nombre de un gran vino.
Los últimos días han desperezado su sol sobre los viñedos. Toca espergurar o escardar. Labor tan compleja como sencilla. Manda la vista. Las manos ejecutan. Pero sobre todo manda la menta: espergurar como es debido o caer en el egoísmo. Ahora bien, al final de la jornada, la mente se doblega al cuerpo, al riñón. Duele. Y mucho. Y cuando te incorporas por enésima vez, intentas enderezar el cuerpo y miras al cielo solo piensas en el valor de la uva, del vino. Y maldices a los especuladores y vividores de la vid. Esto no se paga con dinero. Es amor a la vid. Me gustaría ver a aquellos que claman por lo que consideran un vino caro con la camiseta remangada y el espinazo doblado. Los vinos buenos, no son caros. Son buenos. El placer no se cuantifica.
La otra sensación reside en el poder de la marca. Ayer probaba Bollinger Grande Anné 2004 Rose. Es la sexta añada que saca la casa al mercado desde 1829. Pues estaba acorchado. ¡Qué les parece! Su hermano menor era mucho más agradecido. Eso sí, la cotización de Grande Année es
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