Abro los periódicos y repaso los titulares con la habitual mueca de fastidio: hablan de la crisis económica, de los recortes, de Grecia, de los banqueros, del dopaje en el deporte, de ciudadanos cabreados… Demasiadas cosas oscuras y terribles. ¡Ya no nos queda ni Contador! Para liberarse de las preocupaciones cotidianas, siquiera por un momento, uno puede decidir sumergirse en un ensayo histórico o en un libro clásico o en la mirada luminosa de algún poeta remoto. Pero quizá nos resulte más eficaz, casi catárquico, coger todos esos ingredientes funestos, mezclarlos, agitarlos y servirlos en forma de novela negra. Muy negra. El griego Petros Markaris (Estambul, 1937) nos lo ofrece. La última aventura del escéptico comisario Kostas Jaritos, ‘Con el agua al cuello’ (Editorial Tusquets), comienza con un asesinato promisorio: le rebanan el gaznate a un banquero borde. Luego caerá alguno más y hasta el ejecutivo de una agencia de calificación aparecerá con el cuello abierto. ¿A que empieza bien?
La novela se lee en dos tacadas. Para mi gusto, Markaris escribe demasiado rápido, incluso derrapando: el lector sigue las pesquisas con la lengua fuera, sin pararse un segundo en transiciones, sin concederse un respiro reflexivo o un momento relajado. Las cosas suceden, suceden y suceden, en secuencias trepidantes, como en las películas americanas. Por el camino (y esto es lo mejor), uno advierte, aunque sea de refilón, cómo están viviendo todo este caos económico y social en Grecia, la patria de todas las desdichas. Para tocar las vísceras de un problema profundísimo, a veces valen más cuatro líneas de una novela que mil páginas de un ensayo.
Me temo que el libro no les dejará huellas en el alma. Tal vez lo lean este fin de semana y de aquí a unos meses ni lo recuerden. Pero les hará pasar un rato entretenido en casita, al abrigo de la calefacción, mientras en la calle hace un frío que pela. Y encima el asesino se va cargando banqueros bordes. Dan ganas de no descubrirlo, con perdón.

