La Rioja
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La izquierda enredada
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Jorge Alacid | 16-04-2018 | 08:20| 0
Antonio Quirce, durante la asamblea del pasado miércoles, dirigiéndose a los miembros de la mesa. Foto de Justo Rodríguez

«Todo lo sólido se desvanece en el aire» (Carlos Marx)

 

 

Hacia finales de los años 70, TVE emitió una serie llamada ‘Enredo’, cuyo eco todavía perdura. En su preámbulo, una voz en off informaba al espectador de los avatares que seguía la trama, según una secuencia delirante que encadenaba las peripecias de los personajes en la mejor tradición del humor del absurdo. Aquel reparto coral se veía sometido a la dictadura del enredo, de modo que tan disparatado prolegómeno servía para estirar hasta el infinito la cadena de relaciones que emparentaba a unos con otros: un carrusel de tramas paralelas que se fundían con la principal y generaban su propia secuencia igual de marciana. Un bucle sin fin, estirado hasta el infinito, de modo que todo el conjunto del relato enloquecía. Reinaba el desconcierto. Un desconcierto surrealista, donde residía la gracia del asunto.

Contado pierde.

Quien no conociera aquella serie, puede muy bien encontrar un acabado sucedáneo atendiendo a la confusa trayectoria que distingue a la nueva izquierda (o no tan nueva) en los tres años de legislatura del Parlamento riojano. Resumiendo mucho: todo arranca con Germán Cantabrana de portavoz tras haber encabezado la lista de Podemos a las autonómicas. Pero en enero del 2016 le releva Juan Calvo. Se anuncia entonces que el cargo será rotatorio y será asumido en el futuro por las otras dos diputadas hasta el final de la legislatura. La justificación, «huir de personalismos». Así, en enero del 2017 empieza a ejercer la portavocía Ana Carmen Sainz, pero no se oficializa su cargo porque Cantabrana se niega a firmarlo. En mayo se ratifica el nombramiento, según una decisión de la Presidencia del Parlamento que permite hacerlo con sólo la rúbrica de la mitad más uno del grupo (y no de la totalidad como hasta entonces). En ese momento, bulle el expediente abierto por la cúpula de su partido contra Cantabrana, quien anuncia entonces junto con Henar Moreno la intención de «explorar» una confluencia en Logroño al margen de Cambia, elevando la tensión con la dirección que capitanea Kiko Garrido, rival máximo de Cantabrana. A finales de año, se resuelve el expediente juzgando nula la instrucción y Cantabrana exige ser repuesto como portavoz.

Último capítulo, por ahora: en febrero vuelve Cantabrana por sorpresa a la portavocía, cuando se suponía que el puesto sería para la diputada que faltaba, Natalia Rodríguez. Garrido lo desvincula de la resolución del expediente pero Rodríguez no lo firma. Otra sorpresa: el voto a favor de Sainz permite el cambio, pero al volver a la portavocía, el Grupo Parlamentario (o sea, los tres menos Rodríguez) decide cambiar al asesor (Luis Illoro, fundador del partido y oponente de Garrido en las primarias para secretario general) por un responsable de redes sociales. Garrido opina que la gestión de recursos humanos pasa a depender de Madrid, pero Cantabrana no hace caso y sigue adelante. Mientras, avanza una demanda por alteración de su jornada por parte de la secretaria del Grupo Parlamentario, donde se suceden distintos responsables de comunicación.

A quien se haya perdido no le ayudará mucho a salir de su laberinto el relato de lo acontecido en el Ayuntamiento de Logroño. Sintetizando. En el 2014, nace Ganemos Logroño, intento de lista conjunta según el modelo propio de Madrid y Barcelona, aunque pronto tuvo que cambiar de nombre: ya estaba registrado. Pasa a llamarse Cambia Logroño, fruto de la confluencia entre movimientos sociales y partidos ya establecidos, donde Podemos impone su tesis: surge una marca única de cara a las elecciones, con Gonzalo Peña (proveniente de IU) al frente, luego de imponerse en las primarias, proceso donde los candidatos de Podemos son derrotados: entran en primera instancia en la candidatura común, pero luego se salen. Cuando en enero del 2016 Diego Mendiola releva a Henar Moreno en IU, el idilio de las fuerzas de la nueva izquierda se dinamita: surgen las primeras diferencias con Peña, quien rechaza integrarse en la nueva dirección de IU. La historia se repite un año después. Por el camino, más convulsiones: surge Impulso Municipalista, interpretado por sus críticos como una suerte de quinta columna, dimite luego la edil Paz Manso de Zúñiga (recibiendo de sus pares más frialdad que cariño) y finalmente Peña lanza su órdago: se va de IU pero aspira a seguir de concejal. Ignora la petición de su partido para devolver el acta, alegando que se debe a su público, y en efecto acaba logrando el aval asambleario.

Resumen de lo publicado: enredo ciclópeo, la izquierda siempre zarandeada por los suyos. En este tiempo, son raras las aportaciones prácticas que ambos grupos, el parlamentario y el municipal, dejan en favor del bienestar de los administrados. Una pena. Porque vienen a confirmarse los peores temores sobre la capacidad real de ese tipo de izquierda ensimismada para ocupar el centro del debate y ofrecerse como alternativa cabal de Gobierno. Lo cual condena a dirigentes muy valiosos, que huyen a casa víctimas de la vocación cainita de sus partidos, culpables de mantener a la ciudadanía huérfana de soluciones: más que por sus propuestas, se les conocerá por su vocación para enredar. Que tiende a ser eterna. La izquierda enredada.

 

LA LETRA PEQUEÑA

¿’Minivacaciones a la vasca’?

El País Vasco perdonará impuestos a los emprendedores que se instalen en ese territorio: según acaban de revelar, las diputaciones vascas premiarán a quienes se trasladen allí después de haber residido cinco años en el extranjero. El paquete de medidas tiene por objeto atraer a científicos y especialistas en I+D, tecnología y finanzas, y se aplicará con efectos retroactivos a todo los que hayan regresado a partir del 1 de enero de 2018. Una especie de ‘minivacaciones’ tributarias, que carece de parangón en suelo riojano…

PP-Ciudadanos, se rompió el amor

Con el horizonte electoral acechando (en el PP riojano hablan ya de estudiar posibles candidaturas desde el próximo mes de mayo), las relaciones entre el Gobierno y su socio parlamentario viven una etapa tan convulsa que explica el semblante enfurruñado exhibido en la comparecencia semiconjunta del jueves: en Ciudadanos sentó fatal que José Ignacio Ceniceros ni siquiera asistiera a la reunión. Una ausencia que se considera en la formación naranja una descortesía. Tanto, como la negativa gubernamental a emprender cambios en la ADER, que Ciudadanos exige con nombres y apellidos (Javier Ureña) y estos argumentos: «La ADER no funciona: lo decimos nosotros, lo dice el Tribunal de Cuentas, lo dice Intervención y lo dice la pobre actividad económica de La Rioja».

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Los autobuses vacíos
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Jorge Alacid | 10-04-2018 | 09:52| 0
Pedro Sanz, viajando en autobús en 1999 hacia Alberite. Foto de Fernando Díaz.

 

Aquella mañana, Pedro Sanz amaneció melancólico. Tal vez porque llegaba la Navidad y veía brillar las lucecitas del Espolón desde las estancias del Palacete. Se acarició el mentón, miró unos papeles y señaló una cifra a los periodistas de esta casa que le entrevistaban. En esos dígitos se escondía el importe que exigía arreglar la carretera de los Cameros, una obra entonces todavía en curso: según sus cálculos, acaso hiperbólicos, eran los kilómetros de carretera regional más caros de España. De modo que, concluía el presidente, mantener abierto el controvertido aeropuerto de La Rioja tampoco era para tanto. Un argumento que hace suyo ahora su antiguo delfín, el consejero Carlos Cuevas. Quien también suele tomar del expresidente otra excusa análoga cuando le acosan en el Parlamento desde la oposición a cuenta de Agoncillo: que esa infraestructura la paga AENA. Y que también resulta harto costoso para las arcas riojanas, como enfatizaba igualmente Sanz, el transporte por los escarpados valles de la región; el Alto Najerilla, por ejemplo, hacia donde trepa diariamente un autobús que a menudo viaja vacío.

Ocurre que los autobuses tienden a viajar vacíos por media región, como un heraldo que avisa de hacia dónde debería dirigirse ese estado de (semi)bienestar de que gozan los riojanos. Autobuses interurbanos, metropolitanos y rurales, a menudo sin pasajeros que justifiquen semejante gasto público. A nadie sin embargo parece escandalizarle esa imagen: se da por descontado que la Administración deberá pagar ese servicio hasta la eternidad, aunque luego recoja el desinterés del público potencialmente interesado. Nadie parece preguntarse a cuánto sale cada uno de esos viajes al contribuyente. Desde Fomento aportan una cifra: en el Presupuesto regional del año vigente, se destinan 3.225.000 euros. Que ayudan a mantener el servicio, bajo una excusa cuestionable: alegan los defensores de tal medida que el transporte público contribuye a fijar población. Que vertebran la región. Ese mantra.

Pero se trata de una coartada que sirve también para justificar que el AVE llegue a cada rincón de España, aunque algunas voces alertan de su contrario: la alta velocidad lleva por tren a las estaciones de destino a un número de pasajeros análogo al que aprovecha para huir de su población de origen. Lo cual amenaza con suceder asimismo en el caso de esos autobuses que ponen muy fácil a los habitantes de la despoblada sierra emplearlos… para peregrinar a la capital. Y con frecuencia, a fijar allí su residencia. Ese autobús les ayuda en realidad para darse de vez en cuando una vuelta por la casa natal, vigilar la viña o ventilar la matanza. Paradoja: el autobús que apuntala al vecindario de La Rioja interior contribuye a poblar Logroño con habitantes que, puesto que peinan alguna cana, acaban por elevar el gasto social de un Ayuntamiento que hasta ayer no era el suyo.

Un bucle infinito, con alguna derivada: porque esos autobuses vacíos animan también a reflexionar sobre hasta dónde debería llegar el auxilio público en favor de sus administrados. Lo cual exige un debate menos tontorrón del habitual, ese tipo de discusión que nunca fructifica porque reclama de quienes la protagonicen apartarse del dogma. Si la izquierda riojana, por ejemplo, desertara un día del catecismo del buen progresista podría explicar al potencial elector qué hará (si algún día gobierna) con el Hospital de Calahorra, que nació inspirado en el modelo de gestión del valenciano Hospital de Alzira, hoy recién devuelto a manos públicas. O qué le parece a sus señorías, tanto a las sentadas a la izquierda como a la derecha del Parlamento, la disyuntiva que acaba de plantear en Austria su primer ministro, a quien le resulta contradictorio (tan contradictorio tal vez como subvencionar un transporte público de baja demanda) destinar ayudas por valor de 2.000 euros mensuales a los recién llegados, que jamás han cotizado a la Seguridad Social del país que les acoge, mientras les niega una paga de 1.000 euros a los pensionistas que sí cotizaron durante su vida laboral.

La respuesta a esas preguntas no debería guiarse por prejuicios ideológicos: debería pensar en el bien común. Un ejemplo: hace años, cuando Sanz aún se asomaba por los ventanales del Palacete, una alta ejecutiva de una empresa de distribución explicaba ante un escogido auditorio en Logroño la estrategia logística seguida por su grupo empresarial, cuyo éxito residía en minimizar el gasto de manera que todo camión viajara a tope de carga. Sin un metro desocupado, así en la ida como en la vuelta. Compárese esa política empresarial con la seguida en materia de transporte desde la Administración: una invitación a pensar si el gasto público supone el regreso a las fuentes socialdemócratas, la pervivencia de los principios de la democracia cristiana o simplemente la triste constatación de que en un territorio tan pequeño cada euro tiene sentido sólo desde el punto de vista clientelar.

 

LA LETRA PEQUEÑA

El PP cántabro, en los tribunales

Prueba de que Mariano Rajoy cerró en falso los congresos regionales que siguieron a su entronización a la búlgara en el cónclave de Caja Mágica es que no sólo el PP riojano vive desde entonces dividido: regiones como Cantabria exhiben sus propias cicatrices. Que incluyen pinchazos telefónicos y sospechas de apaños de votos. Y que acabarán en mayo ante la justicia. La candidatura derrotada explora si encuentra en los tribunales el triunfo que le negaron las urnas.

PSOE, primarias tras el verano

Andalucía, Navarra, Castilla y León y Cantabria serán las primeras autonomías donde el PSOE impulse el próximo mes el calendario de primarias. El proceso para elegir a los candidatos socialistas tanto para las elecciones autonómicas del 2019 como para las principales capitales de cada región arranca en unos días por mandato de Ferraz. En La Rioja, las previsiones que manejan por Martínez Zaporta señalan hacia algo más tarde: según sus planes, será después del verano cuando se ponga en marcha el mecanismo de selección de cabezas de lista. Para el que todo apunta que Concha Andreu y Beatriz Arráiz tienen intención de presentarse. La incógnita consiste en saber si tendrán rivales.

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Camino Soria
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Jorge Alacid | 06-04-2018 | 15:50| 0
Diego Ubis y Concha Andreu, con Tomás Martínez y Francisco Ocón, durante el pleno del jueves en el Parlamento

 

Uno se destetó como plumilla atendiendo una tarde el mandato de su jefe para acudir a Las Norias, donde el presidente de la Federación de Ciclismo se citó con la historia: iba a anunciar la inminente construcción de un velódromo. Nada menos. Ahí sigue el solar vacío desde hace alguna glaciación. Pasado el tiempo, me senté una mañana en la sala de prensa del Ayuntamiento para asistir a otro momento histórico: la Corporación nos pasó unos papelitos donde se veían trenes elevados, volando por avenida de Colón. El soterramiento había muerto: en Logroño íbamos a ser como Chicago. Asistí más tarde al anuncio según el cual para estas alturas del siglo XXI la población joven riojana sería bilingüe. Bilingüe, sí: diestra en español e inglés, no en español y riojano como sigue ocurriendo. Se entenderá por lo tanto mi natural escéptico ante promesas de toda índole, aunque lleven papel oficial y membrete del Gobierno de turno. Incluyendo el reciente y desolador proyecto de Presupuesto nacional, cuyo nivel de ejecución admite de suyo tan severas dudas que también las partidas incorporadas este año deberán ser juzgadas cuando pasen del papel a los hechos, nunca en esta fase actual tan gaseosa. Donde aún se pueden anunciar trenes elevados y niños bilingües. O astilleros en Cervera.

Porque el escepticismo no sólo se alimenta de promesas incumplidas, sino del contraste entre ese terreno fantasmal donde se mueven los compromisos jamás ejecutados y el territorio por el contrario bien sólido que distingue a las regalías que el Estado disemina por otras regiones. Allí donde no conformes con la singularidad fiscal que tantos euros reporta, acaban de verse bendecidos por los graciosos óbolos que contienen las cuentas estatales del 2018, que tienen toda la pinta de cumplirse. Allí no habrá velódromos de mentirijillas: tendrán infraestructuras de verdad. Lo garantizan su concierto y su cupo, que poblaron ayer buen parte del minutaje del pleno del Parlamento, igual que hace unos días ocupaban las disquisiciones del Defensor del Pueblo, quien viene de pronunciarse sobre semejante asunto en dos sentidos.

Porque a Fernández Marugán, el cálculo de esa regalía le parece muy mejorable, cándida confesión que parece ignorar lo que sabe cualquiera: que no es la aritmética, sino la política, el valor supremo que explica tal discriminación. El resultado de la fórmula que se aplique para cuantificar el cupo es directamente proporcional al número de diputados del PNV que precisen PP o PSOE para apuntalar su mayoría en las Cortes. Pero alega además el Defensor que cupo y demás antiguallas medievales son constitucionales. Albricias: esa es la buena noticia para el resto de españoles, señaladamente para los que residen en regiones vecinas al país de la foralidad. Puesto que el cupo es constitucional, ya están tardando por la carrera de San Jerónimo en extender ese modelo por todo el país. Empezando por los escaños de la izquierda: libertad, fraternidad, igualdad. Sí, igualdad. El viejo señuelo.

Cuando ayer sus señorías debatieron sobre una cuestión tan central para la arquitectura jurídica del Reino de España (básica también para el bienestar de los riojanos), Diego Ubis animó en nombre de Ciudadanos a la insumisión. Se deduce que no ha calado bien ni al Gobierno de Ceniceros ni al conjunto de la sociedad riojana: aquí la rebeldía está vetada. Lo pudo comprobar cuando sus pares pasaron por el atril y luego votaron. Al PP, proteger los intereses de sus administrados contra la deslealtad tributaria le parece (ojo) «oportunista», pecado que nunca cometen por Génova… Al PSOE, abrir semejante debate le resulta peligroso (cuidado) para «la concordia», como si el actual modelo tan rico en desequilibrios invitara a la feliz convivencia… Y a Podemos, acabar con esa brecha de desigualdad se le antoja (atención) «populista»…

Ah, la política. Siempre misteriosa. Pero como en todo expediente x, la verdad está ahí fuera. Por ejemplo, en el pesaroso dictamen que comparte un buen conocedor de la realidad regional, quien se abandona al pesimismo mientras analiza la cascada de feos datos macroeconómicos recientes. «A este ritmo, en dos años estaremos con la renta per cápita por debajo de la media nacional», vaticina. «Vamos camino Soria», avisa: una región envejecida, monopolizada por el sector público y el sector servicios (turismo y bares, en el mejor de los casos). Camino Soria, pero al estilo riojano. En tren elevado. A bordo de tanta promesa nunca materializada.

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Regreso a Riojafórum
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Jorge Alacid | 03-04-2018 | 08:14| 0
Ofelia, de John Everett Millais

«En la guerra, resolución; en la derrota, desafío; en la victoria, magnanimidad; en la paz, buena voluntad» (Winston Churchill)

 

 

Una luz tenebrosa apenas iluminaba el sótano de Riojafórum mientras se abrían hace un año las urnas convocadas por el PP para elegir a su nuevo líder. En medio del nerviosismo de los congregados, que en algún caso rozaba la histeria, el alcalde de un pequeño pueblo, seguidor de José Ignacio Ceniceros, se permitía una confidencia.

– Hemos perdido.

– Pero si dicen que vais ganando…

– Quiero decir que hemos perdido todos. Nosotros y ellos.

Esa dialéctica entonces recién nacida, la del nosotros y el ellos, explica la fosa que quiebra en dos mitades al primer partido de La Rioja. Se presumía que relevar a Pedro Sanz, cuyo liderazgo monolítico también separaba en dos a la región (nosotros era en su época el PP; ellos, todo lo que habitaba fuera) sería difícil, pero se ha revelado imposible. Un año después, descuellan algunas certezas que cartografían su alma maltrecha. Primer diagnóstico: falta de generosidad. Que la mayoría de fuentes consultadas achaca a Ceniceros: «Quien debe unir el partido es siempre el que gana», avisa un buen conocedor del PP riojano. «Ese paso nunca puede partir de quien pierde una elección: sólo puede cerrar las heridas de verdad el que ha vencido, porque es quien tiene algo que ofrecer al otro».

Desde esa óptica, el PP de Ceniceros prefirió imponer la victoria antes que gestionar la paz. De modo que todas sus decisiones se pueden leer según dos líneas paralelas que confluyen en el Palacete: por un lado, su obsesión por apartarse del legado de Sanz, aunque curiosamente al nuevo líder le acompaña una nómina análoga de dirigentes que hicieron su carrera al lado del anterior jefe; por otro, el mandato de cegar toda posibilidad de acuerdo con Cuca Gamarra y sus afines. Si ése era el doble objetivo, debe admitirse que la nueva cúpula ha triunfado. La alcaldesa de Logroño ha visto reducido su poder al dominio que ejerce sobre la principal agrupación de su partido, lo cual no es por cierto poca cosa. Y Sanz es hoy un fantasma político, cuya supervivencia en la vida pública sólo se entiende por la clase de relación freudiana que los partidarios de Ceniceros aún le reservan.

Pero si se trataba de coser el conjunto del partido, diseñar una estrategia atractiva acorde al nuevo tiempo político, establecer un liderazgo auténtico y alinear el ritmo del Ejecutivo a la vida propia del PP, incluyendo su grupo parlamentario, vencedores y vencidos deben aceptar que este año ha sido (casi) un año perdido. Balance de daños: la renovación, cuestionada en tres agrupaciones clave (Haro, Santo Domingo, Lardero) y estirada en el tiempo hasta más allá del sentido común en la fundamental plaza de Logroño, donde Ceniceros ni siquiera pudo plantear batalla a Gamarra (y eso que sus afines lo intentaron hasta ultimísima hora). Intentos frustrados de imponer otra dirección en municipios como Fuenmayor, cuyo alcalde aguantó el pulso al aparato, algo semejante a lo ocurrido en la segunda población de la región, Calahorra. Sobresaltos continuos en el Parlamento, que acabaron deparando ante el juez una escena insólita: Félix Vadillo y Álvaro Azofra testificando a favor de su compañera, la exportavoz Concha Arruga, con un alegato contra la democracia interna de su partido. Y un lamento común que nadie quiere sin embargo corregir: la desaparición de todo asomo de moderación. No hay voces llamando a la concordia: por el contrario, menudea un resignado relato según el cual las cicatrices que exhibe el PP tendrán consecuencias. En tiempo de urnas. «Nuestra única suerte es que enfrente no hay nada», confiesa un dirigente señalando hacia la oposición.

Cuando se pregunta a actores decisivos en esa larga mañana de Riojafórum sobre tan grave desencuentro, encuentra una alta diversidad de versiones. Hay quien, leal a Gamarra, avisa de que su candidata equivocó su táctica: «Fue muy ingenua. Debería haber hecho como Ceniceros: ir al cuello. Y una vez que tienes los votos y te pones al frente del PP, llevarlo hacia el siglo XXI. El de ahora parece la antigua Alianza Popular». Más pecados que admiten los perdedores: excesiva cercanía a Sanz. «Cuando quiso alejarse de él, ya era tarde: hubo gente resentida que más que apoyar a Ceniceros, quería tomarse la revancha. Y votó contra Gamarra porque la veían como la continuadora de Sanz». Dictamen al que añaden el siguiente recado desde el entorno presidencial: «La alcaldesa perdió. Y debería abandonar la soberbia y aceptar su derrota». Porque aunque hace un año hubiera bastado que una cincuentena de personas variase su voto, Ceniceros obró una proeza. Contra Sanz, contra Gamarra y contra Madrid, impuso sus tesis en el congreso y emprendió una gestión… que incluso entre sus incondicionales se juzga mejorable: quienes así lo entienden, detectan cierto juego sucio: «Por parte de todos, ¿eh?». Un afán vengativo que amaga con deparar un futuro en La Rioja sin Gobierno del PP y asegura días delirantes gracias a esos feos en el protocolo que no dejan de sucederse, como en la reciente visita de la ministra Dolors Montserrat y de Javier Maroto, enviado de Génova.

De Génova llegó precisamente en las horas previas a Riojafórum la invitación a que se firmara una tregua que evitara la fragmentación del partido. Se reclamó la mediación de un alto responsable del PP riojano, con buenas relaciones en ambas orillas. Y se avisó desde Madrid a los fieles a Ceniceros para que no hubiera dudas: su elegida era Gamarra. Hasta el punto de que el propio Maroto, en la sala donde se aguardaba el recuento de votos, sufrió un lapsus: dio por sentado que iba a ganar la alcaldesa y así pretendía anunciar los resultados… hasta que una voz amiga le hizo ver que también Ceniceros podía ganar. Lo cual sucedió, aunque con un resultado que el bando rebelde examina con un punto crítico: «Nosotros podremos cometer errores, pero estamos cohesionados y tenemos claro quién nos lidera, mientras que entre ellos sólo vemos barullo y muchas ambiciones». Nosotros y ellos, la dialéctica tribal. Y unos cuantos versos sueltos: Cuevas, Martín, Bretón, Escobar…

O Ceniceros y Gamarra, receptores de esos mensajes sugiriendo un armisticio, que no tuvieron acuse de recibo. Si llegaron a sus destinatarios, fueron ignorados. Y garantizaron un tempestuoso año en la vida del PP, resumido en la sentencia de uno de los dirigentes consultados para este artículo: «Seguimos en Riojafórum. Nosotros y ellos». Vencedores y vencidos. Que continúan sin dar con la puerta de salida.

 

La letra pequeña

Una nueva ración de encuestas sobrevuela La Rioja

Las encuestas de intención de voto que (casi) nadie ha visto, pero (casi) todos han olisqueado amenazan con una nueva entrega: a ese misterioso sondeo que sobrevuela desde hace días la región, se añadirá pronto otra prospección demoscópica que las fuentes consultadas atribuyen al PP nacional. Desde Génova se reclama un barrido de expectativas electorales de cara a la triple convocatoria (local, regional y europea) del próximo año, lo cual incluirá La Rioja. De momento, como antesala, menudean las teorías en torno a quién ha encargado el sondeo que semanas atrás preguntaba a los riojanos sobre sus líderes y partidos favoritos. Y que incluye, según las fuentes consultadas, resultados sorprendentes, así en La Rioja como en Logroño. Continuará.

El martes, cita con el Presupuesto estatal

El martes se sabrá qué pintan por Moncloa los riojanos: ese día se anunciarán las partidas incluidas en el Presupuesto central. Aunque hay regiones con aguinaldo anticipado: a Cantabria llegarán 22 millones para el Hospital Valdecilla. Ventajas de tener como ministro de Fomento a un hijo de la tierra. Lo cual hace una eternidad que no ocurre en La Rioja.

Malestar del PSOE con Martínez Aldama

La crítica que Francisco Martínez Aldama dirigió contra Pedro Sánchez en el debate sobre pensiones generó un visible malestar en el PSOE riojano, donde se quejan de que su senador aconsejara un cambio de estrategia electoral «cuando él no hizo otra cosa que perder elecciones en La Rioja mientras era secretario general», subrayan las fuentes consultadas. También llamó la atención entre la cúpula socialista que criticara la subida del sueldo de los parlamentarios nacionales, ese 0,25% que alinearía su salario con las pensiones de acuerdo con los planes de Sánchez: según los datos públicos del 2017 que manejan en Martínez Zaporta, Aldama percibió de salario neto 75.184,5 euros «y ahora nos da lecciones».

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Esperando al PSOE
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Jorge Alacid | 27-03-2018 | 08:22| 0
Escaños socialistas en el Parlamento de La Rioja, en el último pleno. Foto de Justo Rodríguez

«No perdamos el tiempo en vanos discursos» Samuel Becket (‘Esperando a Godot’)

 

Hasta los más recalcitrantes rivales del PSOE riojano aceptarán algunos méritos en su actual balance de resultados. Empezando por lo que cuenta de verdad: los votos. Gracias a ellos, y a su capacidad malabarística con las alianzas fijadas después de que hablaran las urnas, atesora en La Rioja un elevado poder municipal. Otra alianza, la sellada entre César Luena y sus sucesores, le permite por otro lado exhibir una solidez en la gestión interna que en poco recuerda al barullo tan habitual durante largo tiempo. Su grupo parlamentario refuerza esa impresión: dotado de oradores bien adiestrados en el arte de la elocuencia, a quienes Francisco Ocón dota de su propia cuota de protagonismo, ejerce sensatamente su labor de oposición. Todo es mejorable, claro: pero un auditor que examinara sus libros contables tendría pocos problemas en darles el visto bueno. Lo cual es más insólito de lo que parece: no sólo por su historia reciente, sino por el tipo de estrategia dominante en otros bancos del Parlamento, cuyos diputados no encontrarían evaluadores tan benevolentes. De ahí que adquiera todo su sentido la pregunta que se hacían días atrás algunos de sus contrincantes del PP: «Nosotros estaremos mal, de acuerdo, pero dónde está el PSOE».

Una pregunta que el pasado fin de semana intentaron responder los interesados, convocantes de una convención en Madrid bajo el pomposo nombre de Escuela de Buen Gobierno. Donde podían haber aprovechado para contestar a otras preguntas. Por ejemplo, qué le ocurre a su partido para que faltaran a esa cita ciertas principales figuras. O que declinara asistir la presidenta de la región más poblada gobernada por el PSOE. O que el mismo día en que se abría la convención anunciase que deja sus cargos Ramón Jáuregui, dirigente que concita un aplauso generalizado, dentro y fuera del PSOE. O una pregunta más panorámica: qué le pasa a un partido cuando la baja de Jáuregui, lejos de suponer un islote dentro de su trayectoria reciente, significa por el contrario una cuenta más en un largo rosario de deserciones. Y más interrogantes: qué le parece a la clase dirigente del PSOE que la sesión inaugural de su convención sirviera para que otro histórico, Javier Solana, confesara sus dificultades para reconocerse en la presente singladura del puño y de la rosa.

Solana, quien merecerá sin duda reproches por cuanto hizo o dejó de hacer así en el Gobierno de Felipe González como en sus posteriores responsabilidades pero que algo sabe de política, se dolía de la táctica seguida por Pedro Sánchez y compañía en cuestiones que le alejan de su base electoral, como la decisión de abandonar el pacto educativo. Y avisaba: la opinión pública tiende a simpatizar con quien se queda en la mesa y sigue negociando, mientras frunce el ceño ante quien se marcha. Igual que para más de un socialista resulta difícil digerir la postura de los suyos en el debate sobre la prisión permanente revisable, que su partido tiende a convertir en una discusión técnica mientras olvida lo esencial: los principios. Los viejos pero vigentes ideales: la libertad, la fraternidad, la igualdad. También la justicia. ¿Cree de verdad la dirección socialista que sus seguidores y sus potenciales electores secundan bovinamente intervenciones tan cuestionables como la de su portavoz de justicia en el Congreso, humillando a las víctimas de terribles crímenes y convirtiendo su drama en un debate para leguleyos?

Lo cual es paradójico. Porque desde ese mismo atril, sólo unos días antes el diputado Torres Mora venía de propinar una estupenda lección al secesionista Gabriel Rufián, a quien le explicó con elegancia y lucidez qué significa hoy ser de izquierdas y ser republicano. Su intervención ayuda a responder a la pregunta que se hacía ese atribulado dirigente del PP y abría este artículo: ahí, en ese discurso, sí está el PSOE. Pero es un PSOE que aparece muy de vez en cuando, el PSOE de otra intervención memorable: la protagonizada en enero del 2017 por el entonces responsable de su gestora, Javier Fernández. Más lucidez, más elegancia. Más palabras que cayeron pronto en el olvido. En aquel discurso, el presidente asturiano lanzó de hecho una propuesta de renovación para su partido que nadie atendió, tal vez porque proponía un incómodo regreso a las fuentes. O porque contenía perlas como la siguiente, que contribuiría a que Ferraz pudiera encontrar la pista de hacia dónde dirigir sus pasos: «Los guardianes de las esencias, los que presumen de pureza ideológica y los que predican las verdades absolutas no fueron ni más ni menos leales que los que propusieron cambios programáticos, los que resolvieron dilemas electorales o los que plantearon adaptaciones a la realidad en cada tiempo y en cada lugar». Ese PSOE de Fernández y tantos caídos en desgracia es al que sigue esperando la opinión pública. Porque el nicho de la izquierda caótica, sectaria y populista ya está ocupado. Y porque nunca antes, vista la sangrante división que vive el PP, La Rioja ha necesitado tanto un PSOE de verdad poderoso y cabal.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Parlamento: otra tanda de expertos

La proposición de ley para garantizar en La Rioja la gratuidad de libros de texto merecerá en el Parlamento un debate con una nueva tanda de expertos en semejante ámbito, convocados no por Ciudadanos, cuyo grupo parlamentario capitaneó la aprobación de tal medida, sino por (sorpresa) el PSOE. Sólo su portavoz, Concha Andreu, ha presentado ante la Cámara una petición para conocer la opinión de un sindicatos educativos, representantes del sector de libreros, miembros del Consejo Escolar y dirigentes de la FAPA, a quienes no identifica. En su escrito no figuran por el contrario los responsables de la otra gran organización de familias de alumnos, la Concapa.

El Gobierno riojano, contra la dictadura

El director general de Acción Exterior, Giorgio Cerina, representó la pasada semana al Gobierno riojano en Pamplona en el primer encuentro de la Red Interautonómica de Memoria Histórica, donde trece regiones firmaron una declaración que les compromete con la memoria histórica «como herramienta de profundización democrática». Los firmantes (Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Extremadura, País Vasco y Navarra, además de La Rioja) fijan en el documento la convivencia como «uno de los objetivos básicos de las sociedades democráticas», mediante «una mirada crítica sobre el pasado», informa la agencia Efe. Además, las trece regiones condenan «el golpe militar de 1936 y la dictadura franquista».

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Vasallos y señores
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Jorge Alacid | 20-03-2018 | 15:55| 0
Diego Ubis y Concha Andreu, el día 15 de marzo, en el pleno del Parlamento. Foto de Justo Rodríguez

«Nunca tendré compasión por los que no supieron morir a tiempo» Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid)

 

Algunos lunes nacen raros. Más raros de lo habitual. Tan raros que contaminan de rareza al conjunto de la semana, dominada en la vida pública riojana por las piruetas propias de un escenario político convertido en blanco móvil. Nadie sabe contra quién disparar: todo se mueve.

Lunes En el PSOE confiesan su extrañeza por la repentina ausencia de la patronal riojana en su reunión con los agentes sociales para informarles de su iniciativa en favor de un pacto para mejorar las infraestructuras. En la FER alegan problemas de agenda para justificar su ausencia, aunque cuando muere el día, José Ignacio Ceniceros confiesa ante su ejecutiva que le había molestado la presencia de representantes del empresariado en la sede socialista, justo 24 horas antes de que les hubiera citado en el Palacete, y así lo había hecho notar. A los dirigentes del PSOE les sale una vena senequista: sonríen hacia adentro, porque semejantes maniobras refuerzan su línea argumental. A saber: que las cosas del Palacete no han cambiado tanto de Pedro Sanz a su sucesor. «La única diferencia es que Ceniceros saluda más», ironizan. O no: tal vez no hay ironía en esa frase.

Martes En el Parlamento comparecen dos de las tres consejeras que rodean a Ceniceros. Deben replicar a las acusaciones de escaso celo en defensa del turismo regional. Hay quien detecta en Leonor González Menorca y Begoña Martínez Arregui la distancia propia entre quien tutela esas atribuciones directamente y quien pasaba por allí y preferiría estar en otro sitio, lo cual no disimula. La primera sostiene una cartera tan multicompetencial que algo tiene de potro de tortura, lo cual puede explicar el semblante melancólico que luce de un tiempo a esta parte. Como si también ella prefiriese estar en otro sitio.

Miércoles Reunión de seguimiento del pacto entre Gobierno y Ciudadanos, con el monotema en la agenda: la ADER. Ah, la ADER. Ese misterioso departamento donde Diego Ubis y los suyos reclaman mayor movimiento, un dinamismo a la altura de sus expectativas. Pero en el Palacete, tropiezan con lo de siempre: con un frontón. En el Gobierno parecen enrocados ante las exigencias de Ciudadanos, lo cual justifica el rostro adusto que exhiben los bancos naranjas al día siguiente en el Parlamento. Y explica también el tono mordaz con que su portavoz distingue en los últimos tiempos al Gobierno: ese aire de novio despechado que augura tormenta.

Jueves Idus de marzo a la riojana. Carlos Cuevas procura sin éxito robar a su jefe el protagonismo en el Parlamento con una intervención tan peculiar en el debate sobre infraestructuras que logra tal vez su objetivo no confeso: engrandecer la figura de José Ignacio Ceniceros. Quien se pasa la sesión en plan esfinge, cuchicheando con Arregui o aceptando los caramelos que le allega María Martín. Cuando sale al atril, avisa al PSOE: por su parte, sólo encontrará cariño. No habrá reproches. Se los reserva para algunos queridos compañeros de su partido. Aunque propina alguna colleja a los bancos socialistas de pasada, lo cual ayuda a confirmar que, en efecto, eso de que el PSOE tomara el lunes la iniciativa molestó sobremanera en el Palacete.

Viernes Resumen de la semana política: que del Palacete se desprende un estado de ánimo donde sigue viva la idea, aunque cada vez más mortecina, de que algunos consejeros de Ceniceros operan como caballos retenidos en este gabinete. Al que podrían dotar de un nervio político superior si algún día se animan a saltarse la jerarquía y sacar la cabeza por encima del agua. ¿Puentear a su jefe? Más sutilmente, por decirlo en palabras del clásico: demostrar si son buenos vasallos en busca de buen señor.

Hay viernes tan raros que parecen lunes.

 

LA LETRA PEQUEÑA

La interminable ‘comisión Bankia’

La legislatura del Parlamento regional más pródiga en comisiones de investigación ha visto cómo alguna de las impulsadas encallaba en el océano de la burocracia. Así ocurre con la llamada a indagar en torno a la antigua Caja Rioja: la ‘comisión Bankia’, presidida por la socialista Sara Orradre, vio obstaculizados sus trabajos por la renuncia a comparecer de algunos convocados. Ahora retoma su labor una vez que ha recibido la nueva documentación solicitada. ¿Continuará?

Los diez del PP que van a Sevilla

La ejecutiva que el PP celebró el lunes designó a los integrantes que, al margen de los miembros natos, figuran en la delegación que representará al partido en la convención de Sevilla. Se trata de Alberto Bretón, Raquel Sáenz, Diego Bengoa, Rosana Zorzano, Carlos Yécora, Rosa Ortega, Alberto Cristóbal, Roberto Varona, Carlos Alonso y Javier Merino. Todos del sector oficial, salvo el último, concejal logroñés y estrecho colaborador de Cuca Gamarra. Entre los elegidos, una llamativa peculiaridad: la inclusión de Ortega, edil de Calahorra. En la edición del domingo, se mencionaba en esta crónica que  por el contrario su alcalde, Luis Martínez Portillo, no acudía a la cita sevillana: este martes se ha publicado una aclaración. Portillo es miembro nato, así que bajo esa condición formará parte de la delegación que finalmente se desplace, cuya configuración está pendiente de ser notificada.

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Gracias, presidente
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Jorge Alacid | 16-03-2018 | 08:31| 0
Ceniceros, rodeado por parlamentarios del PP y sus consejeros, durante el pleno del jueves. Foto de Justo Rodríguez

 

El lunes, prueba de la relevancia que concede al debate sobre infraestructuras, José Ignacio Ceniceros tuvo a bien leer a los miembros de su ejecutiva el protocolo que sobre esta cuestión firmó su Gobierno con el Ministerio de Fomento. El documento completo. Enterito. Un texto de alto valor narcotizante, lo cual sirve como símbolo del modelo de gestión ejecutiva que tantos fans recluta en La Rioja: la política como alternativa al cloroformo. Esa intervención de su jefe sirvió ayer a Carlos Cuevas como pista para su propio discurso, que abrió el pleno cuando la oposición (y el sentido común) pensaba que comparecería el presidente en carne mortal. Error. Ceniceros prefirió atender desde su escaño las palabras de su consejero, cortadas por el mismo patrón. Un discurso tan plomizo que ni su querida compañera Concha Arruga se quedó hasta el final. Faltaban dos minutos para que concluyeran esos tres cuartos de hora de comparecencia cuando la exportavoz optó por reunirse con Juan Calvo en la cafetería. Tal vez para compartir su sorpresa por un discurso en que Cuevas descendió al detalle con tanto celo (llegó a incluir en su balance de obras con presupuesto regional hasta unas pistas de atletismo) que olvidó cumplir con la promesa con que subió al estrado: «No les quiero aburrir».

Aunque Cuevas fracasó en ese propósito, debe aceptarse que intentó animar el debate con algunas ocurrencias que sembraron el desconcierto en el hemiciclo. Informó a sus señorías de que, entre los logros de su Consejería, debe figurar que hoy en La Rioja «se está desbrozando mejor que nunca» (sic); acto seguido, afeó los argumentos de Podemos reprochando a su portavoz que quiera que los riojanos «recuperen la boina» (más sic). Y culminó su intervención emulando a su otrora mentor con una ración tan generosa del y-tú-más y una dosis de herencia recibida tan contumaz que no le bastó con citar a Zapatero: quiso remontarse hasta Felipe González, a quien recurrió para reprochar al PSOE lo que nadie del PSOE había reprochado al PP.

No fue desde luego su mejor día. Cuevas se excusó alegando que andaba griposo, aunque no tanto como Diego Ubis: en efecto, el líder naranja trajo el motor gripado de casa. Tan gripado que a ratos su intervención fue inaudible desde la tribuna, donde sindicatos y patronal tuvieron que aguantarse cuando les llamó «el club de los 400.000». Euros, se supone. Se supone porque en el Legislativo la crudeza parece vetada. Y cuando reaparece, como en la mejorable intervención del titular de Fomento, suena rara. Suena sobreactuada. Como ese culto a la personalidad muy norcoreano que obliga a Cuevas a pronunciar la expresión «presidente Ceniceros» casi cada párrafo y a despedirse del atril con una fórmula que algún rubor ajeno causa: «Gracias, presidente».

A quien se dirigió en esos mismos sonrojantes términos Jesús Ángel Garrido. Aunque la idea era afortunada: ayer, en efecto, hubo que agradecer al presidente un medido discurso donde incluyó una elogiable por desconocida autocrítica, rarísima en el PP. Que sería más creíble si la pronunciara alguien que no estuviera tan contaminado por la historia reciente de su partido, para que sonara más auténtica su confesión de que también el PP ha pecado de partidismo en el debate sobre infraestructuras. Que fue el telón de fondo donde se recortó la otra gran intervención del día, la de Francisco Ocón, diestro con el bisturí: «Llevamos demasiados años funcionando de una determinada manera pero esa época terminó». Sí, acertó el portavoz socialista, pero no tanto como Ubis: «Hoy esperaba más», reconoció.

Bienvenido al club.

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El desmoronamiento
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Jorge Alacid | 14-03-2018 | 09:15| 0
Asistentes a la reunión del lunes de la ejecutiva del PP. Foto de Juan Marín

«El pasado es un país extranjero, allí hacen las cosas de otra forma» (L.P. Hartlety)

 

Durante el año 2012, el escritor norteamericano George Packer recorrió su gigantesco país con la intención de poner en pie un proyecto no menos ciclópeo: el desmesurado propósito de retratar el declive del imperio norteamericano, a partir de las también declinantes biografías de una serie de prototipos, seres humanos de toda laya que servían como modelo para explicar la decadencia de Estados Unidos. Sus pesquisas vieron la luz en forma de libro, titulado ‘El desmoronamiento’, de lectura muy recomendable. Contribuye a entender por ejemplo la emergencia posterior del fenómeno Trump y ayuda a cartografiar el derrumbe de otros imperios que se vinieron abajo. Porque cuando todos se desmoronan, tiende a olvidarse lo esencial: que los avisos del ocaso que se avecinaba siempre fueron desatendidos. Desde la caída de Roma, al deteriorado cosmos estadounidense. Pasando, a escala más local y más humilde, por el universo del PP riojano. Motivo de las líneas que siguen.

El escrito de acusación contra el exconsejero Juan José Muñoz desvelado esta semana en primicia por Diario LA RIOJA, que contiene la petición de pena de prisión por gravísimos delitos, admite una interpretación más allá del ritmo propio de la justicia. Porque Muñoz, que sirvió en el Consejo de Gobierno en el largo periodo que va de 1997 hasta el 2011, en algo encarna los usos y costumbres que fueron norma en el Palacete durante ese tiempo, bajo la presidencia de Pedro Sanz. Con sus luces. Y sus sombras: el conocimiento de las maniobras del consejero Muñoz convertido en empresario a tiempo parcial no sólo permite entender algunas claves de la política riojana de entonces, sino lo que ha venido luego. Parecido a lo que sobrevive ahora. Un escrito acusatorio que vale como juicio a toda una época. Una época no tan superada.

Porque en aquel gabinete de Sanz donde aún se incluía el hoy investigado, Muñoz convivió con otros actores de la vida pública de antaño que resisten el paso del tiempo. Conrado Escobar, que dirige la cartera de Servicios Sociales, compartía mesa con su colega de Hacienda como titular de Administraciones Públicas, cargo donde había relevado al actual delegado de Gobierno, Alberto Bretón, hoy lugarteniente de José Ignacio Ceniceros, como vicesecretario del PP. El mismo cargo que ostenta Carlos Cuevas, quien mientras Muñoz jugaba al Monopoly fotovoltaico era nada menos que secretario general de los populares: los años de la compra de la sede, operación que necesitó de los desvelos propios de Muñoz en una ceremonia de la confusión entre cargo público y orgánico que todavía pervive en el PP.

Cuya actual secretaria general, María Martín, ocupaba un alto cargo del Gobierno (directora general de Política Local) en esa séptima legislatura que fue la definitiva para Muñoz, convertido su tramo final en un viacrucis donde algo tuvo que ver el obstinado celo que distinguió al entonces portavoz socialista, Francisco Martínez Aldama, denunciando sus manejos en el Parlamento, presidido por (sorpresa) José Ignacio Ceniceros, brazo ejecutor en el Legislativo de la estrategia que se dictaba desde el Palacete. Así que Sanz dejó caer a Muñoz igual que antes soltó otros lastres (Aránzazu Vallejo, Pedro Soto) y prosiguió un viaje que parecía eterno a bordo de la mayoría absoluta, de ovación en ovación a cargo de los arriba mencionados. Los protagonistas del ayer se resisten a dejar hoy el foco público, con resultados mejorables. Quien examine ahora las entrañas del PP podría escribir un libro igualmente titulado ‘El desmoronamiento’ a la luz de sus infinitas convulsiones: la infeliz gestión del congreso de Riojafórum, las zancadillas subsiguientes o la reciente subida a la red de la derrotada Gamarra.

Hay quien atisba en estos días sombríos para el partido en el poder, responsable de gobernar La Rioja, un futuro donde el PP desaparezca. Una cábala exagerada. No tanto como la sospecha de que hoy dilucida en La Rioja, tal vez sin saberlo sus protagonistas, si mañana se desmorona. O si al menos su desmoronamiento es controlado.

 

Un microdebate del estado de la región

El pleno del Parlamento convocado para el jueves versará, a propuesta del PSOE, sobre «la política sectorial del Gobierno en materia des infraestructuras», como reza el orden del día. Será una sesión monográfica, organizada como un pequeño debate sobre el estado de la región. Abrirá por lo tanto el turno de oradores el Gobierno, a quien seguirán los portavoces de los cuatro grupos, con réplica (agrupada o no) del Gobierno, nueva contestación de los grupos parlamentarios y turno final para el Ejecutivo, sin límite de tiempo. El modelo sigue tan fielmente el tipo de debate sobre el estado de La Rioja que habrá incluso propuestas de resolución para que sean discutidas y votadas.

Máximo Fraile, el regreso

El pasado miércoles, se constituyó en el Palacete la mesa de trabajo que se ocupa de la elaboración de la futura Ley de Participación Ciudadana. Una reunión dirigida por la consejera Begoña Martínez, a quien acompañó en la presidencia Máximo Fraile, antiguo concejal del PP en el Ayuntamiento de Logroño, donde dejó una sobresaliente huella por su compromiso en defensa de la institución, unánimemente reconocido por los grupos municipales de entonces. Tras su paso por la Corporación que pilotaba José Luis Bermejo, Fraile volvió a su plaza como funcionario de la Comunidad Autónoma, donde ahora ejerce una flamante responsabilidad: jefe del servicio del Gobierno Abierto, una de las prioridades de la actividad gubernamental. De ahí su presencia en el debate sobre la ley de Participación Ciudadana.

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60 sombras de Rajoy
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Jorge Alacid | 07-03-2018 | 08:35| 0
Mariano Rajoy, de visita en la calle Laurel, en mayo del 2016

«Te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Yahvé estará contigo en donde quiera que vayas» (Libro de Josué, 1.9)

 

Emma, la novela de Jane Austen, está protagonizada por un personaje descrito en estos términos: «Hermosa, lista y rica, pero también bastante mimada». Su nombre sirvió el miércoles para bautizar la nevada que azotó La Rioja y obligó a cancelar la anunciada visita de Mariano Rajoy. También truncó otras dos paradas previstas en la gira presidencial: su ronda por Laurel y la cumbre que pretendía reunir a su alrededor a la cúpula del PP riojano, cuyos convulsos preparativos, visto el suspicaz ambiente general, se inspiran en los que exigieron no poco esfuerzo para que desfilaran juntas las dos Coreas en los Juegos de Invierno. Pero Emma, la llamada diosa del deseo, conspiró contra la visita del presidente con tal potencia que arruinó de paso la imagen de (falsa) unidad que se pretendía organizar. Una pena.

Porque los potenciales convocados, los 60 miembros de la junta directiva regional que pilota José Ignacio Ceniceros, se podían haber turnado ante su jefe máximo en responder a las preguntas que sin duda flotarían por el aire. Por ejemplo, por qué la presencia del titular del Palacete, superlíder del partido en La Rioja, no se juzgó necesaria en la cumbre celebrada en León por sus pares, presidentes de regiones vecinas. O cómo es posible que cuando se constituyó la junta local de Logroño, principal agrupación del PP, no acudieran a sancionar semejante hito ni el presidente ni la secretaria general. ¿Que la alcaldesa declinara comparecer días después con su portavoz parlamentario explicando las previsiones contenidas en el Presupuesto regional para Logroño debe entenderse como réplica a tal desaire? Se ignora. Otra pregunta que espera respuesta.

Pero hay más interrogantes. ¿Un partido de verdad cohesionado permitiría que ocho alcaldes se sumaran a la plataforma que recopila el descontento de municipios de toda la región contra el desvío de camiones por la autopista, Alfaro incluido, cuya alcaldesa luego vota lo contrario en el Parlamento? ¿Cómo se debe interpretar que la antigua portavoz parlamentaria litigue contra sus jefes en los tribunales y lleve de testigos a otros dos diputados para afear la nula democracia interna que, a su juicio, distingue la estrategia de su partido? ¿Quién explicaría que el consejero de Fomento se ausentara esta semana de la reunión con el ministro De la Serna donde se desvelaron algunas de las medidas más decisivas de los últimos años para las infraestructuras riojanas, delegara en su director general y prefiriese anunciar a un grupo de alcaldes la buena nueva de las directrices de suelo no urbanizable?

Sí, todo son preguntas. De momento, sin contestación. Porque ahí reside el denominador común que hermana al PP riojano con su querido papá residente en Génova: su lentísima reacción ante las feas noticias que ese mismo miércoles se agolpaban en el quiosco en forma de sombrías encuestas. De donde nace la clase de nerviosismo que invade las filas propias cuando se percibe una mejorable gestión gubernamental, con el caladero habitual de votos (los pensionistas) pancarta en ristre y colectivos igualmente sensibles en cada cita con las urnas (policías y guardias civiles) interrogándose sobre si este Gobierno es su Gobierno. Porque no reconocen como suyo a un partido, el PP, que llega tarde y arrastrando los pies para atender una demanda que goza de la benevolencia ciudadana. Ciudadana por partida doble: porque se beneficia de la generalizada simpatía popular y porque también en esta cuestión el semáforo vira a color naranja.

El color de Ciudadanos. Donde siguen practicando su pasatiempo favorito: frotarse las manos. Confiesan en voz baja sus dirigentes una muy contenida satisfacción ante las cifras de afiliación, que no dejan de crecer: una militancia neonata que recibe en su sede el trato propio de quienes hacen bien en desconfiar, por si acaso se llenan un día las listas del aprovechado de turno que ha olfateado la púrpura del poder y ya se ve a sí mismo de jefe de gabinete. O de director general. O de consejero. Quién sabe. O de presidente en un mañana no tan remoto. El actual ejemplo puede servir de modelo: preside La Rioja el quinto integrante de la lista del PP, miembro de esa comitiva de 60 personas destinadas el miércoles a hacer sombra a Rajoy en su visita nonata. Que tal vez suspiraron de alivio cuando supieron que el viaje se cancelaba. Porque no hubo reunión y no hubo preguntas. Así que mucho mejor. Porque había pocas respuestas.

 

Ley de víctimas de terrorismo: ya llega

Las cosas del Parlamento van despacio, pero alguna vez arriban a puerto. Ese es el destino inminente que aguarda a la ley de víctimas del terrorismo, cuya ponencia se reunió días atrás con la idea de que este lunes pueda quedar finiquitado en la comisión correspondiente el texto que se llevará a pleno. Que debería celebrarse en marzo, después del extraordinario sobre infraestructuras que, a petición del PSOE, se convocará el día 15. De modo que un asunto tan extraordinario merecerá un pleno no menos extraordinario: tal vez, el día 22.

 

Comité de garantías del PP: sin noticias

Hubo quien dentro del PP riojano se aventuró a pronosticar que para febrero lo más tarde quedaría cumplimentadas las quejas procedentes de Haro, Santo Domingo y Lardero, donde los críticos coincidieron en llevar su malestar ante el comité nacional de garantías. De Génova a Duquesa de la Victoria: ahí han encallado sus reclamaciones, que el presidente del órgano encargado en La Rioja, José Miguel Crespo, prometió tramitar sin prisa, pero sin pausa. De modo que crece, según las fuentes consultadas, la desazón entre los reclamantes, hasta el punto de que hay quien da por supuesto que su recurso acabará de nuevo en Madrid: no terminan de fiarse de la imparcialidad de los suyos.

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Espléndido aislamiento
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Jorge Alacid | 02-03-2018 | 11:06| 0
Sanz, Manzanos, Bastida y Arruga, durante el pleno del jueves. Foto de Díaz Uriel

 

No por casualidad el poeta John Donne, el autor de la estrofa célebre según la cual «ningún hombre es una isla», nació en Gran Bretaña, país tan paradójicamente orgulloso de su condición insular. Donde se acuñó hace largo tiempo esa idea de «espléndido aislamiento» para justificar su desdén hacia las cosas del continente. Una noción que sobrevoló el pleno del Parlamento, cuyo orden del día se estrenó con los dardos lanzados hacia los bancos del Gobierno, convertido su presidente, de acuerdo con la oposición, en una suerte de jefe de la famosa aldea gala: Abraracurcix, aquel que se paseaba sobre el escudo portado a hombros por sus subalternos para evitar que pisara el suelo. Aquel que sólo temía una cosa: que el cielo cayera sobre su cabeza.

Una metáfora pertinente para dibujar el aislamiento, nada espléndido sin embargo, que atenaza al Gobierno cada vez que se somete a este tipo de sesiones, un potro de tortura si sirvieran para algo. José Ignacio Ceniceros ya sólo tiene palabras de elogio para los suyos. Ahora alaba sin rubor a su propio portavoz, nada menos, una vez que ha decidido por su cuenta qué preocupa y qué no a los riojanos, lejanos los días en que masajeaba el ego de Ciudadanos viniera o no a cuento. No ignora el presidente lo que percibe cualquiera: que desde que firmó el Presupuesto, Diego Ubis se postula como jefe de la oposición. Olvida que lidera en realidad al grupo sin cuyo apoyo no habría Gobierno. Ni presidente Ceniceros.

Es lo único que olvida Ubis. Por el contrario, siempre recuerda exigir su cuota de protagonismo (ayer, a cuenta de los libros de texto: gratis total, como es tendencia en esta preocupante hora). Siempre que puede suma sus votos a los de PSOE y Podemos (ayer, a propósito de un nuevo instituto para Logroño: no lo verán sus ojos). Y siempre que sube al atril menciona su obsesión favorita: la ADER, por supuesto. Que ahí sigue, con su gerente al timón. Porque tampoco olvida Ubis que el Parlamento es liturgia. Escenificación, pose, teatro. Ojalá fuera teatro del bueno. Porque las expectativas languidecen a tal rapidez que esta legislatura, que iba a ser la del cambio, debe ya leerse en términos más comedidos. Ambiciones, las justas.

Así que toca conformarse. Resignarse a que brille alguna gema entre tanta nadería, como cuando la doctora María Martín recetó a la diputada Nuria Del Río una dosis de sonrisas, luego de que le afeara esa doble ocupación (consejera y secretaria general del PP) que tanto le reprochan sus queridos rivales del interior del PP. O la ironía del consejero Alfonso Domínguez («No sé qué contestarle porque no sé qué me ha preguntado», repuso al diputado Martínez Flaño) o las perlas habituales de Germán Cantabrana, portavoz de nuevo de Podemos al menos durante los próximos diez minutos. «Ser gilipollas no está penado por ley», clamó. Como si pensara que ya estamos tardando.

Flaño venía de desatar cierta inquietud entre sus señorías con su elíptica cita al difunto dúo Amistades Peligrosas. «Hoy voy a ir al grano», amenazó. Pero hubo suerte. No cumplió su intención, como es norma: aquí se amaga pero casi nunca se remata. Es lo que sucede si los partidos se convierten en islas, espléndidamente aisladas entre sí. O si se desprecia el consejo lanzado desde el Palacete en esa peculiar campaña para festejar el 8M recién retirada: «Antes de hablar, piensa».

El lema que debería figurar en el frontispicio del Parlamento.

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