La Rioja
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Fecha: marzo, 2018
Esperando al PSOE
Jorge Alacid 27-03-2018 | 10:22 | 0

Escaños socialistas en el Parlamento de La Rioja, en el último pleno. Foto de Justo Rodríguez

«No perdamos el tiempo en vanos discursos» Samuel Becket (‘Esperando a Godot’)

 

Hasta los más recalcitrantes rivales del PSOE riojano aceptarán algunos méritos en su actual balance de resultados. Empezando por lo que cuenta de verdad: los votos. Gracias a ellos, y a su capacidad malabarística con las alianzas fijadas después de que hablaran las urnas, atesora en La Rioja un elevado poder municipal. Otra alianza, la sellada entre César Luena y sus sucesores, le permite por otro lado exhibir una solidez en la gestión interna que en poco recuerda al barullo tan habitual durante largo tiempo. Su grupo parlamentario refuerza esa impresión: dotado de oradores bien adiestrados en el arte de la elocuencia, a quienes Francisco Ocón dota de su propia cuota de protagonismo, ejerce sensatamente su labor de oposición. Todo es mejorable, claro: pero un auditor que examinara sus libros contables tendría pocos problemas en darles el visto bueno. Lo cual es más insólito de lo que parece: no sólo por su historia reciente, sino por el tipo de estrategia dominante en otros bancos del Parlamento, cuyos diputados no encontrarían evaluadores tan benevolentes. De ahí que adquiera todo su sentido la pregunta que se hacían días atrás algunos de sus contrincantes del PP: «Nosotros estaremos mal, de acuerdo, pero dónde está el PSOE».

Una pregunta que el pasado fin de semana intentaron responder los interesados, convocantes de una convención en Madrid bajo el pomposo nombre de Escuela de Buen Gobierno. Donde podían haber aprovechado para contestar a otras preguntas. Por ejemplo, qué le ocurre a su partido para que faltaran a esa cita ciertas principales figuras. O que declinara asistir la presidenta de la región más poblada gobernada por el PSOE. O que el mismo día en que se abría la convención anunciase que deja sus cargos Ramón Jáuregui, dirigente que concita un aplauso generalizado, dentro y fuera del PSOE. O una pregunta más panorámica: qué le pasa a un partido cuando la baja de Jáuregui, lejos de suponer un islote dentro de su trayectoria reciente, significa por el contrario una cuenta más en un largo rosario de deserciones. Y más interrogantes: qué le parece a la clase dirigente del PSOE que la sesión inaugural de su convención sirviera para que otro histórico, Javier Solana, confesara sus dificultades para reconocerse en la presente singladura del puño y de la rosa.

Solana, quien merecerá sin duda reproches por cuanto hizo o dejó de hacer así en el Gobierno de Felipe González como en sus posteriores responsabilidades pero que algo sabe de política, se dolía de la táctica seguida por Pedro Sánchez y compañía en cuestiones que le alejan de su base electoral, como la decisión de abandonar el pacto educativo. Y avisaba: la opinión pública tiende a simpatizar con quien se queda en la mesa y sigue negociando, mientras frunce el ceño ante quien se marcha. Igual que para más de un socialista resulta difícil digerir la postura de los suyos en el debate sobre la prisión permanente revisable, que su partido tiende a convertir en una discusión técnica mientras olvida lo esencial: los principios. Los viejos pero vigentes ideales: la libertad, la fraternidad, la igualdad. También la justicia. ¿Cree de verdad la dirección socialista que sus seguidores y sus potenciales electores secundan bovinamente intervenciones tan cuestionables como la de su portavoz de justicia en el Congreso, humillando a las víctimas de terribles crímenes y convirtiendo su drama en un debate para leguleyos?

Lo cual es paradójico. Porque desde ese mismo atril, sólo unos días antes el diputado Torres Mora venía de propinar una estupenda lección al secesionista Gabriel Rufián, a quien le explicó con elegancia y lucidez qué significa hoy ser de izquierdas y ser republicano. Su intervención ayuda a responder a la pregunta que se hacía ese atribulado dirigente del PP y abría este artículo: ahí, en ese discurso, sí está el PSOE. Pero es un PSOE que aparece muy de vez en cuando, el PSOE de otra intervención memorable: la protagonizada en enero del 2017 por el entonces responsable de su gestora, Javier Fernández. Más lucidez, más elegancia. Más palabras que cayeron pronto en el olvido. En aquel discurso, el presidente asturiano lanzó de hecho una propuesta de renovación para su partido que nadie atendió, tal vez porque proponía un incómodo regreso a las fuentes. O porque contenía perlas como la siguiente, que contribuiría a que Ferraz pudiera encontrar la pista de hacia dónde dirigir sus pasos: «Los guardianes de las esencias, los que presumen de pureza ideológica y los que predican las verdades absolutas no fueron ni más ni menos leales que los que propusieron cambios programáticos, los que resolvieron dilemas electorales o los que plantearon adaptaciones a la realidad en cada tiempo y en cada lugar». Ese PSOE de Fernández y tantos caídos en desgracia es al que sigue esperando la opinión pública. Porque el nicho de la izquierda caótica, sectaria y populista ya está ocupado. Y porque nunca antes, vista la sangrante división que vive el PP, La Rioja ha necesitado tanto un PSOE de verdad poderoso y cabal.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Parlamento: otra tanda de expertos

La proposición de ley para garantizar en La Rioja la gratuidad de libros de texto merecerá en el Parlamento un debate con una nueva tanda de expertos en semejante ámbito, convocados no por Ciudadanos, cuyo grupo parlamentario capitaneó la aprobación de tal medida, sino por (sorpresa) el PSOE. Sólo su portavoz, Concha Andreu, ha presentado ante la Cámara una petición para conocer la opinión de un sindicatos educativos, representantes del sector de libreros, miembros del Consejo Escolar y dirigentes de la FAPA, a quienes no identifica. En su escrito no figuran por el contrario los responsables de la otra gran organización de familias de alumnos, la Concapa.

El Gobierno riojano, contra la dictadura

El director general de Acción Exterior, Giorgio Cerina, representó la pasada semana al Gobierno riojano en Pamplona en el primer encuentro de la Red Interautonómica de Memoria Histórica, donde trece regiones firmaron una declaración que les compromete con la memoria histórica «como herramienta de profundización democrática». Los firmantes (Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Extremadura, País Vasco y Navarra, además de La Rioja) fijan en el documento la convivencia como «uno de los objetivos básicos de las sociedades democráticas», mediante «una mirada crítica sobre el pasado», informa la agencia Efe. Además, las trece regiones condenan «el golpe militar de 1936 y la dictadura franquista».

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Vasallos y señores
Jorge Alacid 20-03-2018 | 4:55 | 0

Diego Ubis y Concha Andreu, el día 15 de marzo, en el pleno del Parlamento. Foto de Justo Rodríguez

«Nunca tendré compasión por los que no supieron morir a tiempo» Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid)

 

Algunos lunes nacen raros. Más raros de lo habitual. Tan raros que contaminan de rareza al conjunto de la semana, dominada en la vida pública riojana por las piruetas propias de un escenario político convertido en blanco móvil. Nadie sabe contra quién disparar: todo se mueve.

Lunes En el PSOE confiesan su extrañeza por la repentina ausencia de la patronal riojana en su reunión con los agentes sociales para informarles de su iniciativa en favor de un pacto para mejorar las infraestructuras. En la FER alegan problemas de agenda para justificar su ausencia, aunque cuando muere el día, José Ignacio Ceniceros confiesa ante su ejecutiva que le había molestado la presencia de representantes del empresariado en la sede socialista, justo 24 horas antes de que les hubiera citado en el Palacete, y así lo había hecho notar. A los dirigentes del PSOE les sale una vena senequista: sonríen hacia adentro, porque semejantes maniobras refuerzan su línea argumental. A saber: que las cosas del Palacete no han cambiado tanto de Pedro Sanz a su sucesor. «La única diferencia es que Ceniceros saluda más», ironizan. O no: tal vez no hay ironía en esa frase.

Martes En el Parlamento comparecen dos de las tres consejeras que rodean a Ceniceros. Deben replicar a las acusaciones de escaso celo en defensa del turismo regional. Hay quien detecta en Leonor González Menorca y Begoña Martínez Arregui la distancia propia entre quien tutela esas atribuciones directamente y quien pasaba por allí y preferiría estar en otro sitio, lo cual no disimula. La primera sostiene una cartera tan multicompetencial que algo tiene de potro de tortura, lo cual puede explicar el semblante melancólico que luce de un tiempo a esta parte. Como si también ella prefiriese estar en otro sitio.

Miércoles Reunión de seguimiento del pacto entre Gobierno y Ciudadanos, con el monotema en la agenda: la ADER. Ah, la ADER. Ese misterioso departamento donde Diego Ubis y los suyos reclaman mayor movimiento, un dinamismo a la altura de sus expectativas. Pero en el Palacete, tropiezan con lo de siempre: con un frontón. En el Gobierno parecen enrocados ante las exigencias de Ciudadanos, lo cual justifica el rostro adusto que exhiben los bancos naranjas al día siguiente en el Parlamento. Y explica también el tono mordaz con que su portavoz distingue en los últimos tiempos al Gobierno: ese aire de novio despechado que augura tormenta.

Jueves Idus de marzo a la riojana. Carlos Cuevas procura sin éxito robar a su jefe el protagonismo en el Parlamento con una intervención tan peculiar en el debate sobre infraestructuras que logra tal vez su objetivo no confeso: engrandecer la figura de José Ignacio Ceniceros. Quien se pasa la sesión en plan esfinge, cuchicheando con Arregui o aceptando los caramelos que le allega María Martín. Cuando sale al atril, avisa al PSOE: por su parte, sólo encontrará cariño. No habrá reproches. Se los reserva para algunos queridos compañeros de su partido. Aunque propina alguna colleja a los bancos socialistas de pasada, lo cual ayuda a confirmar que, en efecto, eso de que el PSOE tomara el lunes la iniciativa molestó sobremanera en el Palacete.

Viernes Resumen de la semana política: que del Palacete se desprende un estado de ánimo donde sigue viva la idea, aunque cada vez más mortecina, de que algunos consejeros de Ceniceros operan como caballos retenidos en este gabinete. Al que podrían dotar de un nervio político superior si algún día se animan a saltarse la jerarquía y sacar la cabeza por encima del agua. ¿Puentear a su jefe? Más sutilmente, por decirlo en palabras del clásico: demostrar si son buenos vasallos en busca de buen señor.

Hay viernes tan raros que parecen lunes.

 

LA LETRA PEQUEÑA

La interminable ‘comisión Bankia’

La legislatura del Parlamento regional más pródiga en comisiones de investigación ha visto cómo alguna de las impulsadas encallaba en el océano de la burocracia. Así ocurre con la llamada a indagar en torno a la antigua Caja Rioja: la ‘comisión Bankia’, presidida por la socialista Sara Orradre, vio obstaculizados sus trabajos por la renuncia a comparecer de algunos convocados. Ahora retoma su labor una vez que ha recibido la nueva documentación solicitada. ¿Continuará?

Los diez del PP que van a Sevilla

La ejecutiva que el PP celebró el lunes designó a los integrantes que, al margen de los miembros natos, figuran en la delegación que representará al partido en la convención de Sevilla. Se trata de Alberto Bretón, Raquel Sáenz, Diego Bengoa, Rosana Zorzano, Carlos Yécora, Rosa Ortega, Alberto Cristóbal, Roberto Varona, Carlos Alonso y Javier Merino. Todos del sector oficial, salvo el último, concejal logroñés y estrecho colaborador de Cuca Gamarra. Entre los elegidos, una llamativa peculiaridad: la inclusión de Ortega, edil de Calahorra. En la edición del domingo, se mencionaba en esta crónica que  por el contrario su alcalde, Luis Martínez Portillo, no acudía a la cita sevillana: este martes se ha publicado una aclaración. Portillo es miembro nato, así que bajo esa condición formará parte de la delegación que finalmente se desplace, cuya configuración está pendiente de ser notificada.

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Gracias, presidente
Jorge Alacid 16-03-2018 | 9:31 | 0

Ceniceros, rodeado por parlamentarios del PP y sus consejeros, durante el pleno del jueves. Foto de Justo Rodríguez

 

El lunes, prueba de la relevancia que concede al debate sobre infraestructuras, José Ignacio Ceniceros tuvo a bien leer a los miembros de su ejecutiva el protocolo que sobre esta cuestión firmó su Gobierno con el Ministerio de Fomento. El documento completo. Enterito. Un texto de alto valor narcotizante, lo cual sirve como símbolo del modelo de gestión ejecutiva que tantos fans recluta en La Rioja: la política como alternativa al cloroformo. Esa intervención de su jefe sirvió ayer a Carlos Cuevas como pista para su propio discurso, que abrió el pleno cuando la oposición (y el sentido común) pensaba que comparecería el presidente en carne mortal. Error. Ceniceros prefirió atender desde su escaño las palabras de su consejero, cortadas por el mismo patrón. Un discurso tan plomizo que ni su querida compañera Concha Arruga se quedó hasta el final. Faltaban dos minutos para que concluyeran esos tres cuartos de hora de comparecencia cuando la exportavoz optó por reunirse con Juan Calvo en la cafetería. Tal vez para compartir su sorpresa por un discurso en que Cuevas descendió al detalle con tanto celo (llegó a incluir en su balance de obras con presupuesto regional hasta unas pistas de atletismo) que olvidó cumplir con la promesa con que subió al estrado: «No les quiero aburrir».

Aunque Cuevas fracasó en ese propósito, debe aceptarse que intentó animar el debate con algunas ocurrencias que sembraron el desconcierto en el hemiciclo. Informó a sus señorías de que, entre los logros de su Consejería, debe figurar que hoy en La Rioja «se está desbrozando mejor que nunca» (sic); acto seguido, afeó los argumentos de Podemos reprochando a su portavoz que quiera que los riojanos «recuperen la boina» (más sic). Y culminó su intervención emulando a su otrora mentor con una ración tan generosa del y-tú-más y una dosis de herencia recibida tan contumaz que no le bastó con citar a Zapatero: quiso remontarse hasta Felipe González, a quien recurrió para reprochar al PSOE lo que nadie del PSOE había reprochado al PP.

No fue desde luego su mejor día. Cuevas se excusó alegando que andaba griposo, aunque no tanto como Diego Ubis: en efecto, el líder naranja trajo el motor gripado de casa. Tan gripado que a ratos su intervención fue inaudible desde la tribuna, donde sindicatos y patronal tuvieron que aguantarse cuando les llamó «el club de los 400.000». Euros, se supone. Se supone porque en el Legislativo la crudeza parece vetada. Y cuando reaparece, como en la mejorable intervención del titular de Fomento, suena rara. Suena sobreactuada. Como ese culto a la personalidad muy norcoreano que obliga a Cuevas a pronunciar la expresión «presidente Ceniceros» casi cada párrafo y a despedirse del atril con una fórmula que algún rubor ajeno causa: «Gracias, presidente».

A quien se dirigió en esos mismos sonrojantes términos Jesús Ángel Garrido. Aunque la idea era afortunada: ayer, en efecto, hubo que agradecer al presidente un medido discurso donde incluyó una elogiable por desconocida autocrítica, rarísima en el PP. Que sería más creíble si la pronunciara alguien que no estuviera tan contaminado por la historia reciente de su partido, para que sonara más auténtica su confesión de que también el PP ha pecado de partidismo en el debate sobre infraestructuras. Que fue el telón de fondo donde se recortó la otra gran intervención del día, la de Francisco Ocón, diestro con el bisturí: «Llevamos demasiados años funcionando de una determinada manera pero esa época terminó». Sí, acertó el portavoz socialista, pero no tanto como Ubis: «Hoy esperaba más», reconoció.

Bienvenido al club.

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El desmoronamiento
Jorge Alacid 14-03-2018 | 10:15 | 0

Asistentes a la reunión del lunes de la ejecutiva del PP. Foto de Juan Marín

«El pasado es un país extranjero, allí hacen las cosas de otra forma» (L.P. Hartlety)

 

Durante el año 2012, el escritor norteamericano George Packer recorrió su gigantesco país con la intención de poner en pie un proyecto no menos ciclópeo: el desmesurado propósito de retratar el declive del imperio norteamericano, a partir de las también declinantes biografías de una serie de prototipos, seres humanos de toda laya que servían como modelo para explicar la decadencia de Estados Unidos. Sus pesquisas vieron la luz en forma de libro, titulado ‘El desmoronamiento’, de lectura muy recomendable. Contribuye a entender por ejemplo la emergencia posterior del fenómeno Trump y ayuda a cartografiar el derrumbe de otros imperios que se vinieron abajo. Porque cuando todos se desmoronan, tiende a olvidarse lo esencial: que los avisos del ocaso que se avecinaba siempre fueron desatendidos. Desde la caída de Roma, al deteriorado cosmos estadounidense. Pasando, a escala más local y más humilde, por el universo del PP riojano. Motivo de las líneas que siguen.

El escrito de acusación contra el exconsejero Juan José Muñoz desvelado esta semana en primicia por Diario LA RIOJA, que contiene la petición de pena de prisión por gravísimos delitos, admite una interpretación más allá del ritmo propio de la justicia. Porque Muñoz, que sirvió en el Consejo de Gobierno en el largo periodo que va de 1997 hasta el 2011, en algo encarna los usos y costumbres que fueron norma en el Palacete durante ese tiempo, bajo la presidencia de Pedro Sanz. Con sus luces. Y sus sombras: el conocimiento de las maniobras del consejero Muñoz convertido en empresario a tiempo parcial no sólo permite entender algunas claves de la política riojana de entonces, sino lo que ha venido luego. Parecido a lo que sobrevive ahora. Un escrito acusatorio que vale como juicio a toda una época. Una época no tan superada.

Porque en aquel gabinete de Sanz donde aún se incluía el hoy investigado, Muñoz convivió con otros actores de la vida pública de antaño que resisten el paso del tiempo. Conrado Escobar, que dirige la cartera de Servicios Sociales, compartía mesa con su colega de Hacienda como titular de Administraciones Públicas, cargo donde había relevado al actual delegado de Gobierno, Alberto Bretón, hoy lugarteniente de José Ignacio Ceniceros, como vicesecretario del PP. El mismo cargo que ostenta Carlos Cuevas, quien mientras Muñoz jugaba al Monopoly fotovoltaico era nada menos que secretario general de los populares: los años de la compra de la sede, operación que necesitó de los desvelos propios de Muñoz en una ceremonia de la confusión entre cargo público y orgánico que todavía pervive en el PP.

Cuya actual secretaria general, María Martín, ocupaba un alto cargo del Gobierno (directora general de Política Local) en esa séptima legislatura que fue la definitiva para Muñoz, convertido su tramo final en un viacrucis donde algo tuvo que ver el obstinado celo que distinguió al entonces portavoz socialista, Francisco Martínez Aldama, denunciando sus manejos en el Parlamento, presidido por (sorpresa) José Ignacio Ceniceros, brazo ejecutor en el Legislativo de la estrategia que se dictaba desde el Palacete. Así que Sanz dejó caer a Muñoz igual que antes soltó otros lastres (Aránzazu Vallejo, Pedro Soto) y prosiguió un viaje que parecía eterno a bordo de la mayoría absoluta, de ovación en ovación a cargo de los arriba mencionados. Los protagonistas del ayer se resisten a dejar hoy el foco público, con resultados mejorables. Quien examine ahora las entrañas del PP podría escribir un libro igualmente titulado ‘El desmoronamiento’ a la luz de sus infinitas convulsiones: la infeliz gestión del congreso de Riojafórum, las zancadillas subsiguientes o la reciente subida a la red de la derrotada Gamarra.

Hay quien atisba en estos días sombríos para el partido en el poder, responsable de gobernar La Rioja, un futuro donde el PP desaparezca. Una cábala exagerada. No tanto como la sospecha de que hoy dilucida en La Rioja, tal vez sin saberlo sus protagonistas, si mañana se desmorona. O si al menos su desmoronamiento es controlado.

 

Un microdebate del estado de la región

El pleno del Parlamento convocado para el jueves versará, a propuesta del PSOE, sobre «la política sectorial del Gobierno en materia des infraestructuras», como reza el orden del día. Será una sesión monográfica, organizada como un pequeño debate sobre el estado de la región. Abrirá por lo tanto el turno de oradores el Gobierno, a quien seguirán los portavoces de los cuatro grupos, con réplica (agrupada o no) del Gobierno, nueva contestación de los grupos parlamentarios y turno final para el Ejecutivo, sin límite de tiempo. El modelo sigue tan fielmente el tipo de debate sobre el estado de La Rioja que habrá incluso propuestas de resolución para que sean discutidas y votadas.

Máximo Fraile, el regreso

El pasado miércoles, se constituyó en el Palacete la mesa de trabajo que se ocupa de la elaboración de la futura Ley de Participación Ciudadana. Una reunión dirigida por la consejera Begoña Martínez, a quien acompañó en la presidencia Máximo Fraile, antiguo concejal del PP en el Ayuntamiento de Logroño, donde dejó una sobresaliente huella por su compromiso en defensa de la institución, unánimemente reconocido por los grupos municipales de entonces. Tras su paso por la Corporación que pilotaba José Luis Bermejo, Fraile volvió a su plaza como funcionario de la Comunidad Autónoma, donde ahora ejerce una flamante responsabilidad: jefe del servicio del Gobierno Abierto, una de las prioridades de la actividad gubernamental. De ahí su presencia en el debate sobre la ley de Participación Ciudadana.

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60 sombras de Rajoy
Jorge Alacid 07-03-2018 | 9:35 | 0

Mariano Rajoy, de visita en la calle Laurel, en mayo del 2016

«Te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Yahvé estará contigo en donde quiera que vayas» (Libro de Josué, 1.9)

 

Emma, la novela de Jane Austen, está protagonizada por un personaje descrito en estos términos: «Hermosa, lista y rica, pero también bastante mimada». Su nombre sirvió el miércoles para bautizar la nevada que azotó La Rioja y obligó a cancelar la anunciada visita de Mariano Rajoy. También truncó otras dos paradas previstas en la gira presidencial: su ronda por Laurel y la cumbre que pretendía reunir a su alrededor a la cúpula del PP riojano, cuyos convulsos preparativos, visto el suspicaz ambiente general, se inspiran en los que exigieron no poco esfuerzo para que desfilaran juntas las dos Coreas en los Juegos de Invierno. Pero Emma, la llamada diosa del deseo, conspiró contra la visita del presidente con tal potencia que arruinó de paso la imagen de (falsa) unidad que se pretendía organizar. Una pena.

Porque los potenciales convocados, los 60 miembros de la junta directiva regional que pilota José Ignacio Ceniceros, se podían haber turnado ante su jefe máximo en responder a las preguntas que sin duda flotarían por el aire. Por ejemplo, por qué la presencia del titular del Palacete, superlíder del partido en La Rioja, no se juzgó necesaria en la cumbre celebrada en León por sus pares, presidentes de regiones vecinas. O cómo es posible que cuando se constituyó la junta local de Logroño, principal agrupación del PP, no acudieran a sancionar semejante hito ni el presidente ni la secretaria general. ¿Que la alcaldesa declinara comparecer días después con su portavoz parlamentario explicando las previsiones contenidas en el Presupuesto regional para Logroño debe entenderse como réplica a tal desaire? Se ignora. Otra pregunta que espera respuesta.

Pero hay más interrogantes. ¿Un partido de verdad cohesionado permitiría que ocho alcaldes se sumaran a la plataforma que recopila el descontento de municipios de toda la región contra el desvío de camiones por la autopista, Alfaro incluido, cuya alcaldesa luego vota lo contrario en el Parlamento? ¿Cómo se debe interpretar que la antigua portavoz parlamentaria litigue contra sus jefes en los tribunales y lleve de testigos a otros dos diputados para afear la nula democracia interna que, a su juicio, distingue la estrategia de su partido? ¿Quién explicaría que el consejero de Fomento se ausentara esta semana de la reunión con el ministro De la Serna donde se desvelaron algunas de las medidas más decisivas de los últimos años para las infraestructuras riojanas, delegara en su director general y prefiriese anunciar a un grupo de alcaldes la buena nueva de las directrices de suelo no urbanizable?

Sí, todo son preguntas. De momento, sin contestación. Porque ahí reside el denominador común que hermana al PP riojano con su querido papá residente en Génova: su lentísima reacción ante las feas noticias que ese mismo miércoles se agolpaban en el quiosco en forma de sombrías encuestas. De donde nace la clase de nerviosismo que invade las filas propias cuando se percibe una mejorable gestión gubernamental, con el caladero habitual de votos (los pensionistas) pancarta en ristre y colectivos igualmente sensibles en cada cita con las urnas (policías y guardias civiles) interrogándose sobre si este Gobierno es su Gobierno. Porque no reconocen como suyo a un partido, el PP, que llega tarde y arrastrando los pies para atender una demanda que goza de la benevolencia ciudadana. Ciudadana por partida doble: porque se beneficia de la generalizada simpatía popular y porque también en esta cuestión el semáforo vira a color naranja.

El color de Ciudadanos. Donde siguen practicando su pasatiempo favorito: frotarse las manos. Confiesan en voz baja sus dirigentes una muy contenida satisfacción ante las cifras de afiliación, que no dejan de crecer: una militancia neonata que recibe en su sede el trato propio de quienes hacen bien en desconfiar, por si acaso se llenan un día las listas del aprovechado de turno que ha olfateado la púrpura del poder y ya se ve a sí mismo de jefe de gabinete. O de director general. O de consejero. Quién sabe. O de presidente en un mañana no tan remoto. El actual ejemplo puede servir de modelo: preside La Rioja el quinto integrante de la lista del PP, miembro de esa comitiva de 60 personas destinadas el miércoles a hacer sombra a Rajoy en su visita nonata. Que tal vez suspiraron de alivio cuando supieron que el viaje se cancelaba. Porque no hubo reunión y no hubo preguntas. Así que mucho mejor. Porque había pocas respuestas.

 

Ley de víctimas de terrorismo: ya llega

Las cosas del Parlamento van despacio, pero alguna vez arriban a puerto. Ese es el destino inminente que aguarda a la ley de víctimas del terrorismo, cuya ponencia se reunió días atrás con la idea de que este lunes pueda quedar finiquitado en la comisión correspondiente el texto que se llevará a pleno. Que debería celebrarse en marzo, después del extraordinario sobre infraestructuras que, a petición del PSOE, se convocará el día 15. De modo que un asunto tan extraordinario merecerá un pleno no menos extraordinario: tal vez, el día 22.

 

Comité de garantías del PP: sin noticias

Hubo quien dentro del PP riojano se aventuró a pronosticar que para febrero lo más tarde quedaría cumplimentadas las quejas procedentes de Haro, Santo Domingo y Lardero, donde los críticos coincidieron en llevar su malestar ante el comité nacional de garantías. De Génova a Duquesa de la Victoria: ahí han encallado sus reclamaciones, que el presidente del órgano encargado en La Rioja, José Miguel Crespo, prometió tramitar sin prisa, pero sin pausa. De modo que crece, según las fuentes consultadas, la desazón entre los reclamantes, hasta el punto de que hay quien da por supuesto que su recurso acabará de nuevo en Madrid: no terminan de fiarse de la imparcialidad de los suyos.

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