La Rioja
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El desmoronamiento
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Jorge Alacid | 14-03-2018 | 09:15

Asistentes a la reunión del lunes de la ejecutiva del PP. Foto de Juan Marín

«El pasado es un país extranjero, allí hacen las cosas de otra forma» (L.P. Hartlety)

 

Durante el año 2012, el escritor norteamericano George Packer recorrió su gigantesco país con la intención de poner en pie un proyecto no menos ciclópeo: el desmesurado propósito de retratar el declive del imperio norteamericano, a partir de las también declinantes biografías de una serie de prototipos, seres humanos de toda laya que servían como modelo para explicar la decadencia de Estados Unidos. Sus pesquisas vieron la luz en forma de libro, titulado ‘El desmoronamiento’, de lectura muy recomendable. Contribuye a entender por ejemplo la emergencia posterior del fenómeno Trump y ayuda a cartografiar el derrumbe de otros imperios que se vinieron abajo. Porque cuando todos se desmoronan, tiende a olvidarse lo esencial: que los avisos del ocaso que se avecinaba siempre fueron desatendidos. Desde la caída de Roma, al deteriorado cosmos estadounidense. Pasando, a escala más local y más humilde, por el universo del PP riojano. Motivo de las líneas que siguen.

El escrito de acusación contra el exconsejero Juan José Muñoz desvelado esta semana en primicia por Diario LA RIOJA, que contiene la petición de pena de prisión por gravísimos delitos, admite una interpretación más allá del ritmo propio de la justicia. Porque Muñoz, que sirvió en el Consejo de Gobierno en el largo periodo que va de 1997 hasta el 2011, en algo encarna los usos y costumbres que fueron norma en el Palacete durante ese tiempo, bajo la presidencia de Pedro Sanz. Con sus luces. Y sus sombras: el conocimiento de las maniobras del consejero Muñoz convertido en empresario a tiempo parcial no sólo permite entender algunas claves de la política riojana de entonces, sino lo que ha venido luego. Parecido a lo que sobrevive ahora. Un escrito acusatorio que vale como juicio a toda una época. Una época no tan superada.

Porque en aquel gabinete de Sanz donde aún se incluía el hoy investigado, Muñoz convivió con otros actores de la vida pública de antaño que resisten el paso del tiempo. Conrado Escobar, que dirige la cartera de Servicios Sociales, compartía mesa con su colega de Hacienda como titular de Administraciones Públicas, cargo donde había relevado al actual delegado de Gobierno, Alberto Bretón, hoy lugarteniente de José Ignacio Ceniceros, como vicesecretario del PP. El mismo cargo que ostenta Carlos Cuevas, quien mientras Muñoz jugaba al Monopoly fotovoltaico era nada menos que secretario general de los populares: los años de la compra de la sede, operación que necesitó de los desvelos propios de Muñoz en una ceremonia de la confusión entre cargo público y orgánico que todavía pervive en el PP.

Cuya actual secretaria general, María Martín, ocupaba un alto cargo del Gobierno (directora general de Política Local) en esa séptima legislatura que fue la definitiva para Muñoz, convertido su tramo final en un viacrucis donde algo tuvo que ver el obstinado celo que distinguió al entonces portavoz socialista, Francisco Martínez Aldama, denunciando sus manejos en el Parlamento, presidido por (sorpresa) José Ignacio Ceniceros, brazo ejecutor en el Legislativo de la estrategia que se dictaba desde el Palacete. Así que Sanz dejó caer a Muñoz igual que antes soltó otros lastres (Aránzazu Vallejo, Pedro Soto) y prosiguió un viaje que parecía eterno a bordo de la mayoría absoluta, de ovación en ovación a cargo de los arriba mencionados. Los protagonistas del ayer se resisten a dejar hoy el foco público, con resultados mejorables. Quien examine ahora las entrañas del PP podría escribir un libro igualmente titulado ‘El desmoronamiento’ a la luz de sus infinitas convulsiones: la infeliz gestión del congreso de Riojafórum, las zancadillas subsiguientes o la reciente subida a la red de la derrotada Gamarra.

Hay quien atisba en estos días sombríos para el partido en el poder, responsable de gobernar La Rioja, un futuro donde el PP desaparezca. Una cábala exagerada. No tanto como la sospecha de que hoy dilucida en La Rioja, tal vez sin saberlo sus protagonistas, si mañana se desmorona. O si al menos su desmoronamiento es controlado.

 

Un microdebate del estado de la región

El pleno del Parlamento convocado para el jueves versará, a propuesta del PSOE, sobre «la política sectorial del Gobierno en materia des infraestructuras», como reza el orden del día. Será una sesión monográfica, organizada como un pequeño debate sobre el estado de la región. Abrirá por lo tanto el turno de oradores el Gobierno, a quien seguirán los portavoces de los cuatro grupos, con réplica (agrupada o no) del Gobierno, nueva contestación de los grupos parlamentarios y turno final para el Ejecutivo, sin límite de tiempo. El modelo sigue tan fielmente el tipo de debate sobre el estado de La Rioja que habrá incluso propuestas de resolución para que sean discutidas y votadas.

Máximo Fraile, el regreso

El pasado miércoles, se constituyó en el Palacete la mesa de trabajo que se ocupa de la elaboración de la futura Ley de Participación Ciudadana. Una reunión dirigida por la consejera Begoña Martínez, a quien acompañó en la presidencia Máximo Fraile, antiguo concejal del PP en el Ayuntamiento de Logroño, donde dejó una sobresaliente huella por su compromiso en defensa de la institución, unánimemente reconocido por los grupos municipales de entonces. Tras su paso por la Corporación que pilotaba José Luis Bermejo, Fraile volvió a su plaza como funcionario de la Comunidad Autónoma, donde ahora ejerce una flamante responsabilidad: jefe del servicio del Gobierno Abierto, una de las prioridades de la actividad gubernamental. De ahí su presencia en el debate sobre la ley de Participación Ciudadana.