La Rioja
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Esperando al PSOE
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Jorge Alacid | 27-03-2018 | 08:22

Escaños socialistas en el Parlamento de La Rioja, en el último pleno. Foto de Justo Rodríguez

«No perdamos el tiempo en vanos discursos» Samuel Becket (‘Esperando a Godot’)

 

Hasta los más recalcitrantes rivales del PSOE riojano aceptarán algunos méritos en su actual balance de resultados. Empezando por lo que cuenta de verdad: los votos. Gracias a ellos, y a su capacidad malabarística con las alianzas fijadas después de que hablaran las urnas, atesora en La Rioja un elevado poder municipal. Otra alianza, la sellada entre César Luena y sus sucesores, le permite por otro lado exhibir una solidez en la gestión interna que en poco recuerda al barullo tan habitual durante largo tiempo. Su grupo parlamentario refuerza esa impresión: dotado de oradores bien adiestrados en el arte de la elocuencia, a quienes Francisco Ocón dota de su propia cuota de protagonismo, ejerce sensatamente su labor de oposición. Todo es mejorable, claro: pero un auditor que examinara sus libros contables tendría pocos problemas en darles el visto bueno. Lo cual es más insólito de lo que parece: no sólo por su historia reciente, sino por el tipo de estrategia dominante en otros bancos del Parlamento, cuyos diputados no encontrarían evaluadores tan benevolentes. De ahí que adquiera todo su sentido la pregunta que se hacían días atrás algunos de sus contrincantes del PP: «Nosotros estaremos mal, de acuerdo, pero dónde está el PSOE».

Una pregunta que el pasado fin de semana intentaron responder los interesados, convocantes de una convención en Madrid bajo el pomposo nombre de Escuela de Buen Gobierno. Donde podían haber aprovechado para contestar a otras preguntas. Por ejemplo, qué le ocurre a su partido para que faltaran a esa cita ciertas principales figuras. O que declinara asistir la presidenta de la región más poblada gobernada por el PSOE. O que el mismo día en que se abría la convención anunciase que deja sus cargos Ramón Jáuregui, dirigente que concita un aplauso generalizado, dentro y fuera del PSOE. O una pregunta más panorámica: qué le pasa a un partido cuando la baja de Jáuregui, lejos de suponer un islote dentro de su trayectoria reciente, significa por el contrario una cuenta más en un largo rosario de deserciones. Y más interrogantes: qué le parece a la clase dirigente del PSOE que la sesión inaugural de su convención sirviera para que otro histórico, Javier Solana, confesara sus dificultades para reconocerse en la presente singladura del puño y de la rosa.

Solana, quien merecerá sin duda reproches por cuanto hizo o dejó de hacer así en el Gobierno de Felipe González como en sus posteriores responsabilidades pero que algo sabe de política, se dolía de la táctica seguida por Pedro Sánchez y compañía en cuestiones que le alejan de su base electoral, como la decisión de abandonar el pacto educativo. Y avisaba: la opinión pública tiende a simpatizar con quien se queda en la mesa y sigue negociando, mientras frunce el ceño ante quien se marcha. Igual que para más de un socialista resulta difícil digerir la postura de los suyos en el debate sobre la prisión permanente revisable, que su partido tiende a convertir en una discusión técnica mientras olvida lo esencial: los principios. Los viejos pero vigentes ideales: la libertad, la fraternidad, la igualdad. También la justicia. ¿Cree de verdad la dirección socialista que sus seguidores y sus potenciales electores secundan bovinamente intervenciones tan cuestionables como la de su portavoz de justicia en el Congreso, humillando a las víctimas de terribles crímenes y convirtiendo su drama en un debate para leguleyos?

Lo cual es paradójico. Porque desde ese mismo atril, sólo unos días antes el diputado Torres Mora venía de propinar una estupenda lección al secesionista Gabriel Rufián, a quien le explicó con elegancia y lucidez qué significa hoy ser de izquierdas y ser republicano. Su intervención ayuda a responder a la pregunta que se hacía ese atribulado dirigente del PP y abría este artículo: ahí, en ese discurso, sí está el PSOE. Pero es un PSOE que aparece muy de vez en cuando, el PSOE de otra intervención memorable: la protagonizada en enero del 2017 por el entonces responsable de su gestora, Javier Fernández. Más lucidez, más elegancia. Más palabras que cayeron pronto en el olvido. En aquel discurso, el presidente asturiano lanzó de hecho una propuesta de renovación para su partido que nadie atendió, tal vez porque proponía un incómodo regreso a las fuentes. O porque contenía perlas como la siguiente, que contribuiría a que Ferraz pudiera encontrar la pista de hacia dónde dirigir sus pasos: «Los guardianes de las esencias, los que presumen de pureza ideológica y los que predican las verdades absolutas no fueron ni más ni menos leales que los que propusieron cambios programáticos, los que resolvieron dilemas electorales o los que plantearon adaptaciones a la realidad en cada tiempo y en cada lugar». Ese PSOE de Fernández y tantos caídos en desgracia es al que sigue esperando la opinión pública. Porque el nicho de la izquierda caótica, sectaria y populista ya está ocupado. Y porque nunca antes, vista la sangrante división que vive el PP, La Rioja ha necesitado tanto un PSOE de verdad poderoso y cabal.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Parlamento: otra tanda de expertos

La proposición de ley para garantizar en La Rioja la gratuidad de libros de texto merecerá en el Parlamento un debate con una nueva tanda de expertos en semejante ámbito, convocados no por Ciudadanos, cuyo grupo parlamentario capitaneó la aprobación de tal medida, sino por (sorpresa) el PSOE. Sólo su portavoz, Concha Andreu, ha presentado ante la Cámara una petición para conocer la opinión de un sindicatos educativos, representantes del sector de libreros, miembros del Consejo Escolar y dirigentes de la FAPA, a quienes no identifica. En su escrito no figuran por el contrario los responsables de la otra gran organización de familias de alumnos, la Concapa.

El Gobierno riojano, contra la dictadura

El director general de Acción Exterior, Giorgio Cerina, representó la pasada semana al Gobierno riojano en Pamplona en el primer encuentro de la Red Interautonómica de Memoria Histórica, donde trece regiones firmaron una declaración que les compromete con la memoria histórica «como herramienta de profundización democrática». Los firmantes (Andalucía, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Canarias, Cataluña, Comunidad Valenciana, Baleares, Extremadura, País Vasco y Navarra, además de La Rioja) fijan en el documento la convivencia como «uno de los objetivos básicos de las sociedades democráticas», mediante «una mirada crítica sobre el pasado», informa la agencia Efe. Además, las trece regiones condenan «el golpe militar de 1936 y la dictadura franquista».