La Rioja
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Camino Soria
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Jorge Alacid | 06-04-2018 | 15:50

Diego Ubis y Concha Andreu, con Tomás Martínez y Francisco Ocón, durante el pleno del jueves en el Parlamento

 

Uno se destetó como plumilla atendiendo una tarde el mandato de su jefe para acudir a Las Norias, donde el presidente de la Federación de Ciclismo se citó con la historia: iba a anunciar la inminente construcción de un velódromo. Nada menos. Ahí sigue el solar vacío desde hace alguna glaciación. Pasado el tiempo, me senté una mañana en la sala de prensa del Ayuntamiento para asistir a otro momento histórico: la Corporación nos pasó unos papelitos donde se veían trenes elevados, volando por avenida de Colón. El soterramiento había muerto: en Logroño íbamos a ser como Chicago. Asistí más tarde al anuncio según el cual para estas alturas del siglo XXI la población joven riojana sería bilingüe. Bilingüe, sí: diestra en español e inglés, no en español y riojano como sigue ocurriendo. Se entenderá por lo tanto mi natural escéptico ante promesas de toda índole, aunque lleven papel oficial y membrete del Gobierno de turno. Incluyendo el reciente y desolador proyecto de Presupuesto nacional, cuyo nivel de ejecución admite de suyo tan severas dudas que también las partidas incorporadas este año deberán ser juzgadas cuando pasen del papel a los hechos, nunca en esta fase actual tan gaseosa. Donde aún se pueden anunciar trenes elevados y niños bilingües. O astilleros en Cervera.

Porque el escepticismo no sólo se alimenta de promesas incumplidas, sino del contraste entre ese terreno fantasmal donde se mueven los compromisos jamás ejecutados y el territorio por el contrario bien sólido que distingue a las regalías que el Estado disemina por otras regiones. Allí donde no conformes con la singularidad fiscal que tantos euros reporta, acaban de verse bendecidos por los graciosos óbolos que contienen las cuentas estatales del 2018, que tienen toda la pinta de cumplirse. Allí no habrá velódromos de mentirijillas: tendrán infraestructuras de verdad. Lo garantizan su concierto y su cupo, que poblaron ayer buen parte del minutaje del pleno del Parlamento, igual que hace unos días ocupaban las disquisiciones del Defensor del Pueblo, quien viene de pronunciarse sobre semejante asunto en dos sentidos.

Porque a Fernández Marugán, el cálculo de esa regalía le parece muy mejorable, cándida confesión que parece ignorar lo que sabe cualquiera: que no es la aritmética, sino la política, el valor supremo que explica tal discriminación. El resultado de la fórmula que se aplique para cuantificar el cupo es directamente proporcional al número de diputados del PNV que precisen PP o PSOE para apuntalar su mayoría en las Cortes. Pero alega además el Defensor que cupo y demás antiguallas medievales son constitucionales. Albricias: esa es la buena noticia para el resto de españoles, señaladamente para los que residen en regiones vecinas al país de la foralidad. Puesto que el cupo es constitucional, ya están tardando por la carrera de San Jerónimo en extender ese modelo por todo el país. Empezando por los escaños de la izquierda: libertad, fraternidad, igualdad. Sí, igualdad. El viejo señuelo.

Cuando ayer sus señorías debatieron sobre una cuestión tan central para la arquitectura jurídica del Reino de España (básica también para el bienestar de los riojanos), Diego Ubis animó en nombre de Ciudadanos a la insumisión. Se deduce que no ha calado bien ni al Gobierno de Ceniceros ni al conjunto de la sociedad riojana: aquí la rebeldía está vetada. Lo pudo comprobar cuando sus pares pasaron por el atril y luego votaron. Al PP, proteger los intereses de sus administrados contra la deslealtad tributaria le parece (ojo) «oportunista», pecado que nunca cometen por Génova… Al PSOE, abrir semejante debate le resulta peligroso (cuidado) para «la concordia», como si el actual modelo tan rico en desequilibrios invitara a la feliz convivencia… Y a Podemos, acabar con esa brecha de desigualdad se le antoja (atención) «populista»…

Ah, la política. Siempre misteriosa. Pero como en todo expediente x, la verdad está ahí fuera. Por ejemplo, en el pesaroso dictamen que comparte un buen conocedor de la realidad regional, quien se abandona al pesimismo mientras analiza la cascada de feos datos macroeconómicos recientes. «A este ritmo, en dos años estaremos con la renta per cápita por debajo de la media nacional», vaticina. «Vamos camino Soria», avisa: una región envejecida, monopolizada por el sector público y el sector servicios (turismo y bares, en el mejor de los casos). Camino Soria, pero al estilo riojano. En tren elevado. A bordo de tanta promesa nunca materializada.

Sobre el autor Jorge Alacid
Jorge Alacid López (Logroño, 1962) es periodista y autor de los blogs 'Logroño en sus bares' y 'Línea de puntos' en la web de Diario LA RIOJA, donde ocupa el cargo de coordinador de Ediciones. Doctor en Periodismo por la UPV.