La Rioja
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Fecha: mayo, 2018
Cirugía sin anestesia
Jorge Alacid 21-05-2018 | 5:45 | 0

José Ignacio Nieto y María Martín, en una imagen de archivo. Foto de Jonathan Herreros

«O se tienen muchas ideas y pocos amigos o muchos amigos y pocas ideas» (Santiago Ramón y Cajal)

 

Como relata en su recomendable ‘Amsterdam’ el periodista norteamericano Russell Shorto, para cualquier natural de la muy liberal ciudad holandesa detenerse ante el enorme lienzo que Rembrandt tituló ‘Lección de anatomía’ representa una indagación alrededor de su propia identidad. Cabe añadir que se trata de una experiencia que puede ser compartida por cualquier ser humano medianamente sensible, sin necesidad de que naciera a orilla de los canales. El lienzo, muy rico en simbolismos de todo tipo, se nutre de una metáfora dominante, muy evidente. El contraste entre la vida y la muerte, una delgada frontera que se cruza en un parpadeo. Ahí observará el espectador avispado ese cruce de caminos entronizado por la historia del arte: los científicos observando con interés genuino el cadáver que representa lo contrario de su curiosidad. Representa todo lo que se quedó atrás.

Una imagen que guarda alguna semejanza, simbólica también por supuesto, con el estado de postración de la sanidad riojana que heredó hace tres años su actual consejera, María Martín. No es que el modelo sanitario gozara de mala salud, al contrario: sus usuarios pertenecen, sin saberlo a menudo o sin detenerse a aceptarlo, a la privilegiada minoría del mundo civilizado que puede curarse de sus males sin soportar un atraco. Pero la gestión de ese magma siempre en combustión que es el gigante de Sanidad, de suyo oneroso para las arcas públicos, carecía del impulso político que sus anteriores responsables se mostraban incapaces de garantizar. Incluso algunos fieles al dúo Nieto-De los Mártires, que hoy militan en el equipo de Martín, cabeceaban pesarosos a la vista de las fallidas aventuras que sus jefes protagonizaban. También era visible algún descontento entre sus propias filas: en medio del lío que siguió a la renuncia de Pedro Sanz, hasta sus leales reconocían que la Consejería merecía una dirección más adecuada. Menos propicia al combate político. Más centrada en su sustancia auténtica: el sistema sanitario.

Así que llegó Martín, se rodeó (más o menos) de los mismos colaboradores que ya escoltaban a su antecesor, tomó el bisturí y sajó a fondo, mientras recetaba una alta ración de efecto placebo: sonrisas. Lo cual mejoraba desde luego el modelo anterior (que tampoco era muy difícil). Pero ocurrió que a medida que se acercaba al monstruo, a medida que conocía de verdad las entrañas del elefantiásico departamento que pilota, acabó por enredarse en la misma melé que ya reclamaron más atención de la prevista (y de la necesaria) a sus predecesores. En parte, debe reconocerse, por la densa magnitud de la herencia recibida, muy pródiga en zonas oscuras que la consejera evitó explorar a fondo: no fuera a encontrarse con lo que no quería. De modo que el balance de sus tres años de consejera, que admiten episodios luminosos, empieza a recordar peligrosamente a ese anterior modelo que se empeñaba en desmontar. Le habrán faltado recursos, tiempo o energía: habrá que recordar que desde hace un año añade a su condición de titular de Salud el encargo de curar al maltrecho PP que salió de Riojafórum. Hasta el punto de que se arriesga a perder ese brío tan particular, inhábil para administrar la carga de trabajo que se prescribe a sí misma. Una terapia cuyo ingrediente principal es el mismo que se receta cada político en cuanto entra en pánico o se acerca a esa sensación: propaganda. Una generosa dosis de propaganda.

Porque su manera de corregir el rumbo de esta nave que no se sabe muy bien hacia dónde va se concentra en una noria de comparecencias cuyo resultado es el conocido: cuando todo es noticia, suele suceder que casi nada lo es. Resulta por lo tanto difícil discriminar desde fuera de la Consejería dónde residen sus prioridades. No hay semana sin un anuncio de postín en el ámbito investigador ni pasan cuatro días sin que aumente la cartera de servicios, ese chicle estirado hasta el infinito porque el bolsillo del administrado puede con todo. Con triple salto mortal muy reciente: cuando se implanta una terapia para diabéticos que hace apenas un mes se desestimaba en sede parlamentaria. Gol en propia puerta. En época de confusión, se acaba abrazando incluso lo que antes se criticaba.

Martín, dueña de una interesante veta política, digna de una hoja de servicios mejor que la exhibida hasta hoy, tenía un plan. Pero era un plan que dependía de demasiadas fuerzas que no controla, incluyendo la veleta cooperación de Ciudadanos, que no ayuda mucho. Así que la consejera, que inauguró su mandato estrellándose contra el parking del San Pedro, ha ido acumulando malas noticias que pretende sofocar a razón de rueda de prensa diaria, como si no controlara la agenda. Lo revela el varapalo reciente en el Hospital de Calahorra, sólo un aviso del sombrío horizonte que se anuncia cuando toque renovar el concierto con Viamed, su particular Doctor No. Incluso entre quienes bien le quieren prende la idea de que el alza de la factura sanitaria sólo puede digerirse en alianza con la iniciativa privada, pero se trata de un territorio tan hostil (y poco transparente en el caso riojano, como Martín bien sabe) que se comprende que le dé pereza leerse el contrato que debería renovar en otoño… Aunque tiene una ventaja: para entonces, como secretaria general del PP, ya habrá tenido que confeccionar las listas electorales del 2019. Toda una lección de anatomía. Y de cirugía. Porque será cuando tenga que aprender a operar sin anestesia.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Declaraciones sin consenso…

El último pleno parlamentario debería haberse estrenado con sendas declaraciones institucionales, planteadas por PSOE y Ciudadanos. El primer grupo, a favor del movimiento LGTBI, que ese jueves celebraba su efeméride. Y el segundo, en apoyo del pueblo palestino. Pero no hubo tal. Ninguna de ambas llegó al orden del día, porque en la reunión previa de portavoces no hubo consenso. Una singular manera de empezar un pleno que culminó con otra curiosidad: en lugar de Félix Vadillo, portavoz habitual del PP en temas sanitarios, tomó la palabra Jesús Ángel Garrido para defender la postura de su grupo.

… y declaración en lista de espera

Otra declaración, la de bienes que deben presentar los altos cargos del Gobierno, se halla en lista de espera. Se trata de la que firma Raquel Sáenz, quien pasó del Legislativo al Ejecutivo y debe publicar sus activos en la web autonómica. Una obligación pendiente de materializarse: alegan desde Fomento, donde ocupa la cartera de directora general, que ella ya formalizó ese requisito, pero que la burocracia tarda en compartir con los administrados esa información.

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Izquierda exquisita, derecha rancia
Jorge Alacid 18-05-2018 | 11:42 | 0

Diputados del Parlamento regional, antes del pleno del jueves. Foto de Miguel Herreros

 

En su libro ‘La izquierda exquisita’, el recién desaparecido Tom Wolfe describía con precisión de entomólogo la conducta que observan los militantes de ese territorio ideológico cuando entran en contacto con el status quo dominante. Era una visión crítica. Porque además de un estupendo escritor y atinado observador de la naturaleza humana, Wolfe era un caballero conservador. Un encendido seguidor del orden establecido que animaba a preservar, a quien le hubiera parecido igualmente chocante asistir unos años después a la contemplación del izquierdista español, de la década de los 80 a esta parte. Entonces, en tiempos de Felipe González, se le identificaba por dos atributos. Porque vestía la célebre trenca de Adolfo Domínguez y porque en los restaurantes de moda reclamaba la carta de vinos para protagonizar ante los demás comensales un curso acelerado de cata. Luego solía pedir los más caros. En Francia le llamaban la izquierda caviar. Sus integrantes se distinguían por esa misma particularidad que Wolfe había detectado. Su superioridad moral. La eterna superioridad moral de la izquierda que tanto daño ha hecho a la propia izquierda.

Hoy, a la neoizquierda española se le reconoce porque se compra la ropa en el híper aunque comparte con sus hermanos mayores la devoción por emplear un vocabulario que sólo los suyos entienden. Círculos y circunloquios. De modo que si Wolfe hubiera acudido un día al pleno del Parlamento de La Rioja para analizar la trayectoria de Podemos, tal vez hubiera concluido como los demás miembros que ocupamos la grada de prensa: que no hemos avanzado tanto. Y que examinados uno por uno, este cuarteto de diputados a ratos parecen dirigentes creíbles. Voluntariosos, aunque confundidos como el resto de sus congéneres ante este ecosistema político tan líquido. Parlamentarios que cuando se convierten en grupo (en masa) o se adocenan en el aparato de su partido acaban siendo temibles. Sobre todo para la propia izquierda. O la nueva izquierda.

Véase lo ocurrido en la sesión de ayer. Que llegó precedida por el enésimo episodio oscuro en las entrañas de Podemos, tan proclives sus miembros al navajeo contumaz. Pregunta Natalia Rodríguez al titular de Agricultura sobre el asombroso reparto de viñedo pero sus dos compañeros varones abandonan el asiento. La cortesía parlamentaria ya no es lo que era. Y su colega de escaño no le regala ni medio aplauso cuando deja el atril. Nuevo intento: pregunta a continuación Rodríguez sobre el currículum de los altos cargos regionales y cuando regresa a la butaca apenas recibe el silencio de sus pares. Esa frialdad tan parecida al desprecio.

Una pena. Porque La Rioja les necesita. Necesita a todos. A la izquierda exquisita y a la izquierda que se conforma con ser terrenal. Aunque sólo fuera para compensar la presencia entre sus señorías de miembros de la derecha de toda la vida, ala rancia, a quienes la bandera arcoíris se les sigue atragantando. Quienes piensan que nada puede ilusionar más a una mujer que ponerse los tacones para salir en procesión en las fiestas de su pueblo. O quienes sostienen que debe retribuirse al profesorado concertado igual que al público, sin que en el primer caso se reúnan los requisitos de libre concurrencia, mérito y capacidad que exige la misma Administración que paga a unos y a otros con sus dos varas de medir.

Si a esa derecha destinara Podemos sus reproches con el mismo celo que sí dedica a las luchas intestinas, tal vez alguna recompensa encontraría, en vez de recoger lo contrario: el desconcierto. Entre sus bases, la propia izquierda y sus alrededores. Es comprensible. Sus apóstoles son víctimas de sus contradicciones, como cualquiera de nosotros. Y acaban melancólicos y crepusculares, preguntándose si puede dirigirse un país desde un chalé de 600.000 euros. Y si no sería mas pertinente que en consecuencia la sede riojana de Podemos se mudara a Piedralgallo.

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Aprovechateguis y segurolas
Jorge Alacid 14-05-2018 | 11:45 | 0

Rajoy, con Ceniceros, durante su última visita a Logroño, visitando la plaza de Abastos. Foto de Justo Rodríguez

«No basta levantar al débil: hay que sostenerlo después» (William Shakespeare)

 

Prueba de la creciente (y peligrosa para La Rioja) influencia del nacionalismo vasco sobre los designios del Palacio de la Moncloa, el presidente del Gobierno bautizó el miércoles al líder de Ciudadanos como «aprovechategui», término eusquérico de aplicación hasta ahora estrictamente limitada al ámbito deportivo. En concreto, al mundo pelotazale, por seguir con el idioma del linaje de Aitor. Aprovechategui: dícese del astuto pelotari que tiende a beneficiarse del esfuerzo de sus compañeros, economizando el sudor para subirse a la ola buena y llegar tan pichi a su destino. Un pícaro, esa figura tan española que hoy desembarca en el terreno de la política. Para Rajoy, en consecuencia, Albert Rivera es un aprovechategui. Un caradura. No se entiende por lo tanto cómo acepta su apoyo en el Parlamento, poniendo la dignidad de su cargo al servicio de alguien tan taimado. No se entiende tampoco que Rivera, luego de ser así caracterizado, mantenga su respaldo al PP: será que entre pillos anda el juego.

O será que, en realidad, nadie entiende nada en el actual ecosistema político. El viejo modelo saltó por los aires, reemplazado por este escenario móvil que cambia cada minuto. El paraíso de los aprovechateguis: según la versión de Rajoy, esos altos cargos color naranja que tanto molestan. El presidente encontraría comprensión entres sus compañeros de La Rioja y Logroño si compartiera sus cuitas al respecto. Porque pudiera ser que la conducta de estos aprovechateguis se distinga por apropiarse con encendida pasión de los logros de la gestión de los pactos de Gobierno que firmaron al principio de cada mandato… para desentenderse luego con el mismo brío de cuantos fallos se observen en la gestión de la agenda gubernamental. Aplicado al caso riojano: si se ayuda al empresariado autónomo vía Presupuesto, el mérito será de Ciudadanos y su capacidad para influir en el Palacete, pero cuando se detectan fallos en la escolarización del alumnado, por ejemplo, la culpa la tiene el Gobierno. Como en un sketch de Tip y Coll.

Otro tanto a escala municipal. Cuando se retuerce el brazo de la alcaldesa y su equipo para que donde se suprimía un túnel aparezca otro de nuevo cuño y la urbanización del entorno del ferrocarril mude su fisonomía cada tarde, las medallas colgarán del pecho de Ciudadanos, cuyos concejales se apartarán de la compañía del Gobierno al que apoyan en cuanto pinten bastos. Y hasta ofrecerán ruedas de prensa conjuntas con el principal partido de la oposición, como si la Administración local no fuera con ellos. Sólo el ansia del poder de quien lo ocupa y de quien aspira a ocuparlo justifica que se aguante tanto desplante con harta frecuencia: en eso sí se parecen el PP regional y el logroñés.

Claro que tan peligrosa como la figura del aprovechategui que citó Rajoy resulta ser otra muy propia también del mundo deportivo: el segurola. O amarrategui, voz igualmente adaptada del vocabulario vasco. Dícese del deportista un poco vaguete, conservador. Tan conservador que evita todo riesgo con tal entusiasmo que nada emocionante acaba imantando su trayectoria: el segurola amarra lo poco que tiene y lo gestiona como un contable, desprovisto del alma de estadista a quien el votante confía su papeleta. El segurola llega tarde a casi todos los sitios. O ni siquiera llega. Sólo está. No gobierna. Una especie de don Tancredo, un juguete en manos del destino. Sin iniciativa ni pulso político, se conforma con ser el títere de su socio aprovechategui.

La coincidencia del aprovechategui de turno con el segurola de guardia puede alcanzar consecuencias preocupantes. Ese mismo miércoles en que Rajoy denominó de tal manera a Rivera, fue el día elegido por Diego Ubis para aprovecharse del estado de debilidad del Gobierno al que en teoría apoya y reclamar la reprobación de su consejera González Menorca. Una maniobra a la que respondió el PP amarrando al cargo a la titular de Desarrollo Económico: la suma de dos fuerzas de distinta dirección y parecida intensidad suele equivaler a cero. La vida pública se ve conducida entonces al estancamiento, cuyo reflejo más cruel ocurre en el universo de las estadísticas. Porque también ese miércoles se supo que la renta agraria regional había subido algo más del 2% el año pasado, una feliz noticia que coincidió con alguna más sombría. Por ejemplo, que el Índice de Producción Industrial bajó en La Rioja el 9,8% respecto de la misma fecha de 2017, por encima del 3,6% de descenso del resto del país. Y que el número de empresas creadas en marzo en La Rioja cayó el 31,9% en relación al mismo periodo de 2017…

De donde se deduce que el imprescindible dinamismo que exige la actividad regional debería nacer de un punto de equilibrio entre tanto aprovechategui y tanto segurola. Porque La Rioja, y España por cierto, necesitan lo contrario. Necesitan una urgente dosis de grandeza y una intensa ración de liderazgo.

Necesitan un milagro.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Cuarteles sin red en el Congreso

Entre el menudeo de preguntas que los diputados en Madrid dirigen al Gobierno, hay de todo. Lo trascendente, pero también la letra pequeña, que sin embargo está dotada de su propia personalidad. Porque son preguntas que sirven para enterarse de que, por ejemplo, sólo hay tres cuarteles de la Guardia Civil en La Rioja con acceso a Internet. Así lo admite el Ministerio del Interior en respuesta al socialista César Luena: sólo las sedes de la Benemérita en Logroño, Calahorra y Haro disponen de semejante servicio, a estas alturas del siglo XXI. El resto de cuarteles sigue sin asomarse a la revolución tecnológica.

Maíllo y cómo elegir candidatos

A propósito de la reciente crisis del PP madrileño, Fernando Martínez-Maillo recordó que en materia de elección de candidatos, la última palabra la tiene «la dirección nacional del PP, no la dirección regional del partido». Entrevistado en Onda Cero, Maíllo, alto dirigente de Génova, concluyó: «Es que eso es lo que dicen los estatutos. Yo me remito a lo que dicen los estatutos: el comité electoral nacional es el designa a los candidatos a las presidencias autonó- micas. No de Madrid, sino de toda España». Declaraciones que admiten por lo tanto una lectura en clave riojana: la tesis que esgrimen los desafectos a la actual cúpula del PP de José Ignacio Ceniceros.

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Mariano y Rajoy
Jorge Alacid 07-05-2018 | 9:22 | 0

Mariano Rajoy, el pasado día 3, en Logroño. Foto de Justo Rodríguez

«Si tienes que romper la ley, hazlo para tomar el poder: en los demás casos, obsérvala» (Julio César)

 

Baja del coche oficial con esos andares que le han ganado justa fama como incansable paseante, atiende marcial el himno de España y camina hacia la comitiva que le rinde honores, formada por una abigarrada mezcla de idiomas, uniformes y banderas: la globalización invade el imperio de la ley y el orden, como atestiguan estas instalaciones que se dispone a inaugurar. Responden por cierto al poético nombre de Polígono de Experiencias. Si se oculta en semejante nomenclatura algún guiño del destino, Mariano Rajoy se desentiende: no está la mañana para metáforas. Sopla un invernal viento que avala la tesis de abril como el mes más cruel, así que el presidente se resguarda en el interior del edificio, una austera construcción a mayor gloria de guardias civiles, gendarmes y policías de medio mundo que despedirán la mañana exhibiendo su maestría en el combate contra el terrorismo.

Hablando de terrorismo: el día elegido finalmente por el titular de Moncloa para su aplazada visita a La Rioja amanece con ETA diciendo adiós a su manera, como quien te hace el favor de dejar de matarte. Como un chiste de Gila sin gracia. De modo que será inevitable que el hacha y la serpiente aparezcan en cada comparecencia ante el atril. Es también el caso del propio Rajoy, quien se despacha a gusto contra la banda etarra desde el micrófono. Un mensaje contundente inscrito dentro de los actos propios de su viaje a Logroño para honrar el pulso que libran las democracias contra el terror. Del que ETA fue durante largo tiempo un acabado ejemplo, lo cual justifica la sensación de alivio que triunfa entre los anfitriones de Rajoy durante toda la mañana: los muertos a manos etarras son un recuerdo pretérito. No forman parte ya del presente inmediato aunque el presidente se alinea con quienes alertan de un futuro sombrío, donde amaga con triunfar la versión interesada que el terrorismo y sus mariachis intentan colar de matute. «La única política antiterrorista es aplicar la ley», sanciona Rajoy.

Avanza el orden del día, sin abandonar esa espartana estancia donde casi no caben las autoridades llegadas desde Madrid, las de casa, la prensa nacional y local y los uniformados de un sinfín de países, más esos invitados que completan el paisaje propio de esta clase de actos: los que pasan por ahí. Con quienes Rajoy compartirá cordial el aperitivo, regados por vinos de Marqués de Cáceres. Tinto añada 2014. Calificada buena. Sólo buena. Mejora en botella, como algún estadista. Tal vez el propio presidente, quien brinda con las dos almas del PP riojano que le rodean durante el ágape: Ceniceros, Escobar y Bretón se agrupan por una vez con Gamarra y Del Río en amistosa compañía. Toca disimular. Disimular más que nunca: el reciente nombramiento de Ana Elvira Martínez como mano derecha de la alcaldesa acababa de ensanchar la grieta entre unos y otros, pero de eso no se habla ante el jefe supremo. Hay en marcha un concurso de sonrisas. Algunas no parecen fingidas.

Porque llega la hora de desinhibirse. Ese momento en que Rajoy deja de ser presidente y se convierte en Mariano. Alguien con quien hacerse un selfi. Le reclaman para la foto sus anfitriones del PP pero también los antedichos: los que pasan por allí. O esa pareja de policías portugueses con quien departe en feliz armonía, entre risas y más vino de Rioja: la copa del presidente siempre debe estar llena. Debe ser otra metáfora, muy pertinente en una jornada cargada de símbolos. Como la placa de la casa cuartel de la Guardia Civil que preside la sala donde atenderá gentil a este periódico. Donde Rajoy vuelve a ser Rajoy: el enigmático dirigente cuyas respuestas tienden a quedarse en mitad de la escalera. Asegura que tiene puestas por igual sus complacencias en Ceniceros y Gamarra, viene a decir que el Presupuesto para La Rioja no está mal (pero podría estar mejor) y sólo titubea cuando le preguntan por la sentencia de : se ignora si le gusta o le espanta. De sus palabras, que pronuncia mirando ensimismado hacia el suelo a través de sus gafas de fina montura, se deduce tanto lo primero como lo segundo. Para salir de la duda, hay que atender a sus manos: son ellas las que enfatizan, subrayan o se abandonan a la incertidumbre.

Fin de la cita.

Desde la eterna tierra de nadie donde se ha hecho fuerte, vuelve a ser Mariano. Vestido de Rajoy (corbata salmón, traje gris, camisa blanca sin gemelos) se concede unos minutos para el off the record mientras cavila en voz alta sobre la necesidad de que la suerte guíe nuestros pasos por este valle de lágrimas y se aleja raudo con su media sonrisa de Chesire. «He dicho lo que tenía que decir», acaba de alegar a propósito de su ministro Catalá. Lo cual le vale para contestar a cualquier pregunta. Lo cual vale para preguntarse qué es en realidad lo que ha dicho.

 

LA LETRA PEQUEÑA

El largo camino a la reprobación

La propuesta de reprobación contra la consejera González Menorca anunciada esta semana por el Grupo Parlamentario Ciudadanos debe someterse a un prolijo trámite, como es usual en este tipo de proposiciones. Tendrá que presentarse ante la Mesa y Junta de Portavoces y esperar luego su inclusión en el orden del día de un pleno. De momento, sólo cuenta con el apoyo naranja y el rechazo del PP. En el PSOE se encogen de hombros: aún no tienen tomada una decisión. En Podemos, algo parecido, aunque sí alertan de que la idea les parece incoherente: «Ciudadanos pasa de apoyar al Gobierno a reprobar a una consejera: todo es pura estética».

Nagore tendrá que comparecer

El último pleno parlamentario dispuso como prólogo de una madrugadora reunión de la junta y mesa de portavoces, convocada de urgencia para que pudieran examinarse la petición de comparecencia formulada por el PSOE para que el consejero Íñigo Nagore explique el último controvertido reparto de vi- ñedo. En la última reunión de la mesa se había ausentado la socialista Ana Santos, de modo que la petición de su grupo fue desestimada: no contaba con mayoría para salir adelante. Así que hubo que convocarla de nuevo y ahora sí: ahora sólo queda pendiente fijar día y hora para que el titular de Agricultura se someta al interrogatorio de sus señorías.

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Fomento de la lectura
Jorge Alacid 04-05-2018 | 10:19 | 0

Leonor González Menorca, entre Ana Lourdes González y José Ignacio Ceniceros, en el Parlamento el 2 de mayo. Foto de Miguel Herreros

 

Lánguida sesión parlamentaria, con la mitad de sus señorías (y parte de la tribuna de prensa) mirando el reloj para evitar que aterrizara Mariano Rajoy y yo con estos plenos, mientras un par de diputados socialistas llegaban tarde, atrapados en un atasco en la N-232 a causa de un accidente en la autopista. Como metáfora de la actualidad riojana parecía inmejorable, pero pronto le superó la imagen del día: Leonor González Menorca hacía su entrada en el exconvento de La Merced escoltada por su jefe y por Carlos Cuevas, con Diego Ubis al fondo, un par de pasos por detrás. Los cuatro protagonizaban un recital de sonrisas, que no cesó cuando la consejera subió al atril para replicar a las preguntas del PSOE en torno a la economía riojana: más bien al contrario, la titular de Desarrollo Económico libró un duelo a sarcasmos con el diputado socialista Ricardo Velasco luciendo ambos sus mejores galas dentífricas. Así que cuando Velasco citó a Ruiz Alejos como testigo de la acusación contra la consejera, González Menorca tiró por elevación: ella prefería mencionar a algún economista galardonado con el Premio Nobel…

De donde se deduce que la Academia sueca no ha distinguido aún al presidente de la Cámara como merece, puesto que la consejera, muy envalentonada por los aplausos de su bancada, se permitió más lujos que un jugador de billar: cada bola iba a su esquina, sin importarle que Velasco esgrimiera esos informes que de un tiempo a esta parte coinciden en pronosticar feos augurios para la economía regional. Esta vez, el duelo iba de quién tenía la estadística más pertinente, nacidas tanto la que blandía la consejera como la empuñada por el parlamentario de la oposición del mismo filón: de la lectura. La lectura de periódicos, un hábito en retroceso si atendemos a las proclamas de los apóstoles del apocalipsis, que trepa sin embargo en cada pleno hasta el atril del Parlamento, cuyos actores no desfallecen en participar en una curiosa campaña de fomento de la lectura. Leen, en efecto, pero sólo cuanto les conviene. Ante las malas noticias, coinciden en adoptar esa postura tan comprensible que ha hecho célebre al amigo avestruz.

Lo cual tal vez explica que el debate acabara confluyendo en la esquina del cuadrilátero donde González Menorca se siente más cómoda: cuando el atril se convierte en tarima y ella ejerce no tanto de política como de profesora. Regresa la consejera por un momento a las aulas y receta a sus contrincantes, tal que los tuviera por sus alumnos, un consejo muy práctico: que lleguen al pleno con los deberes hechos. Una sugerencia más creíble si la extendiera a unos cuantos de sus compañeros del Consejo de Gobierno, de modo que se evitara el fracaso que en algunas regiones gubernamentales detectan sus señorías de la oposición, entre quienes la socialista Ana Santos ejerció ayer como portavoz. «En La Rioja suspendemos en demasiadas asignaturas», concluyó. Y no miro a nadie.

No. Nadie mira a nadie. Avanza la legislatura mientras a sus señorías se les pone cara de precampaña y no: nadie conoce tampoco a nadie. Esto se acaba como empezó: citando promesas inconclusas que pueden esperar a otro mandato (el centro de salud de Alberite o el centro de día de : esos dos clásicos), con Ubis a lo suyo (rompiendo el ritmo de toda la Cámara, su propio grupo incluido) y escuchando como gran novedad de este tiempo tan convulso el siguiente dardo de su querida consejera: «Señor Ubis, le tengo enfrente».

No sabe hasta qué punto.

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