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Jorge Alacid

Línea de puntos

Mariano y Rajoy

Mariano Rajoy, el pasado día 3, en Logroño. Foto de Justo Rodríguez

«Si tienes que romper la ley, hazlo para tomar el poder: en los demás casos, obsérvala» (Julio César)

 

Baja del coche oficial con esos andares que le han ganado justa fama como incansable paseante, atiende marcial el himno de España y camina hacia la comitiva que le rinde honores, formada por una abigarrada mezcla de idiomas, uniformes y banderas: la globalización invade el imperio de la ley y el orden, como atestiguan estas instalaciones que se dispone a inaugurar. Responden por cierto al poético nombre de Polígono de Experiencias. Si se oculta en semejante nomenclatura algún guiño del destino, Mariano Rajoy se desentiende: no está la mañana para metáforas. Sopla un invernal viento que avala la tesis de abril como el mes más cruel, así que el presidente se resguarda en el interior del edificio, una austera construcción a mayor gloria de guardias civiles, gendarmes y policías de medio mundo que despedirán la mañana exhibiendo su maestría en el combate contra el terrorismo.

Hablando de terrorismo: el día elegido finalmente por el titular de Moncloa para su aplazada visita a La Rioja amanece con ETA diciendo adiós a su manera, como quien te hace el favor de dejar de matarte. Como un chiste de Gila sin gracia. De modo que será inevitable que el hacha y la serpiente aparezcan en cada comparecencia ante el atril. Es también el caso del propio Rajoy, quien se despacha a gusto contra la banda etarra desde el micrófono. Un mensaje contundente inscrito dentro de los actos propios de su viaje a Logroño para honrar el pulso que libran las democracias contra el terror. Del que ETA fue durante largo tiempo un acabado ejemplo, lo cual justifica la sensación de alivio que triunfa entre los anfitriones de Rajoy durante toda la mañana: los muertos a manos etarras son un recuerdo pretérito. No forman parte ya del presente inmediato aunque el presidente se alinea con quienes alertan de un futuro sombrío, donde amaga con triunfar la versión interesada que el terrorismo y sus mariachis intentan colar de matute. «La única política antiterrorista es aplicar la ley», sanciona Rajoy.

Avanza el orden del día, sin abandonar esa espartana estancia donde casi no caben las autoridades llegadas desde Madrid, las de casa, la prensa nacional y local y los uniformados de un sinfín de países, más esos invitados que completan el paisaje propio de esta clase de actos: los que pasan por ahí. Con quienes Rajoy compartirá cordial el aperitivo, regados por vinos de Marqués de Cáceres. Tinto añada 2014. Calificada buena. Sólo buena. Mejora en botella, como algún estadista. Tal vez el propio presidente, quien brinda con las dos almas del PP riojano que le rodean durante el ágape: Ceniceros, Escobar y Bretón se agrupan por una vez con Gamarra y Del Río en amistosa compañía. Toca disimular. Disimular más que nunca: el reciente nombramiento de Ana Elvira Martínez como mano derecha de la alcaldesa acababa de ensanchar la grieta entre unos y otros, pero de eso no se habla ante el jefe supremo. Hay en marcha un concurso de sonrisas. Algunas no parecen fingidas.

Porque llega la hora de desinhibirse. Ese momento en que Rajoy deja de ser presidente y se convierte en Mariano. Alguien con quien hacerse un selfi. Le reclaman para la foto sus anfitriones del PP pero también los antedichos: los que pasan por allí. O esa pareja de policías portugueses con quien departe en feliz armonía, entre risas y más vino de Rioja: la copa del presidente siempre debe estar llena. Debe ser otra metáfora, muy pertinente en una jornada cargada de símbolos. Como la placa de la casa cuartel de la Guardia Civil que preside la sala donde atenderá gentil a este periódico. Donde Rajoy vuelve a ser Rajoy: el enigmático dirigente cuyas respuestas tienden a quedarse en mitad de la escalera. Asegura que tiene puestas por igual sus complacencias en Ceniceros y Gamarra, viene a decir que el Presupuesto para La Rioja no está mal (pero podría estar mejor) y sólo titubea cuando le preguntan por la sentencia de : se ignora si le gusta o le espanta. De sus palabras, que pronuncia mirando ensimismado hacia el suelo a través de sus gafas de fina montura, se deduce tanto lo primero como lo segundo. Para salir de la duda, hay que atender a sus manos: son ellas las que enfatizan, subrayan o se abandonan a la incertidumbre.

Fin de la cita.

Desde la eterna tierra de nadie donde se ha hecho fuerte, vuelve a ser Mariano. Vestido de Rajoy (corbata salmón, traje gris, camisa blanca sin gemelos) se concede unos minutos para el off the record mientras cavila en voz alta sobre la necesidad de que la suerte guíe nuestros pasos por este valle de lágrimas y se aleja raudo con su media sonrisa de Chesire. «He dicho lo que tenía que decir», acaba de alegar a propósito de su ministro Catalá. Lo cual le vale para contestar a cualquier pregunta. Lo cual vale para preguntarse qué es en realidad lo que ha dicho.

 

LA LETRA PEQUEÑA

El largo camino a la reprobación

La propuesta de reprobación contra la consejera González Menorca anunciada esta semana por el Grupo Parlamentario Ciudadanos debe someterse a un prolijo trámite, como es usual en este tipo de proposiciones. Tendrá que presentarse ante la Mesa y Junta de Portavoces y esperar luego su inclusión en el orden del día de un pleno. De momento, sólo cuenta con el apoyo naranja y el rechazo del PP. En el PSOE se encogen de hombros: aún no tienen tomada una decisión. En Podemos, algo parecido, aunque sí alertan de que la idea les parece incoherente: «Ciudadanos pasa de apoyar al Gobierno a reprobar a una consejera: todo es pura estética».

Nagore tendrá que comparecer

El último pleno parlamentario dispuso como prólogo de una madrugadora reunión de la junta y mesa de portavoces, convocada de urgencia para que pudieran examinarse la petición de comparecencia formulada por el PSOE para que el consejero Íñigo Nagore explique el último controvertido reparto de vi- ñedo. En la última reunión de la mesa se había ausentado la socialista Ana Santos, de modo que la petición de su grupo fue desestimada: no contaba con mayoría para salir adelante. Así que hubo que convocarla de nuevo y ahora sí: ahora sólo queda pendiente fijar día y hora para que el titular de Agricultura se someta al interrogatorio de sus señorías.

Temas

Bretón, Ceniceros, Escobar, ETA, Gamarra, Guardia Civil, Rajoy

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Sobre el autor

Jorge Alacid López (Logroño, 1962) es periodista y autor de los blogs 'Logroño en sus bares' y 'Línea de puntos' en la web de Diario LA RIOJA, donde ocupa el cargo de coordinador de Ediciones. Doctor en Periodismo por la UPV.

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