La Rioja
img
Autor: Jorge Alacid
Este PP, aquel PSOE
img
Jorge Alacid | 04-06-2018 | 10:08| 0

Mitin de Felipe González en Logroño, en 1977. Foto de Teo (Archivo Casa de la Imagen)

«El esfuerzo inútil conduce a la melancolía» (José Ortega y Gasset)

 

Dentro de un mes, se cumplirá un año desde que Pedro Sanz dejó el PP a su libre albedrío, ese territorio donde acampan hoy la falta de autoridad y cierta tendencia anarcoide. Lo cual explica que sus dirigentes se suelten algo más que durante esos larguísimos veinte años. Se sueltan el pelo y se sueltan la lengua. Se permiten en consecuencia confidencias que, al margen de la familia de su partido en que militen, guardan cierto denominador común. Por ejemplo, su asombro ante la falta de una estrategia más activa en el principal grupo de la oposición. «Si yo estuviera en el lugar del PSOE, viendo cómo estamos nosotros, me pasaría todo el día dando caña», confiesa uno de estos militantes. ¿Caña? ¿Qué clase de caña? «Pues haciendo ver nuestras contradicciones, la división que hay dentro de nuestro partido», replica.

Es cierto que alguna tímida vez, así Concha Andreu en el Parlamento como Beatriz Arráiz en el Ayuntamiento, por citar a dos de las principales caras visibles del PSOE, han amenazado con atacar la línea de flotación popular mediante el recurso de inmiscuirse en ese terreno agrietado que distingue la actual trayectoria del PP. Pero han sido sólo amagos. Leves asomos de una beligerancia superior a la habitual: como si temieran que una estrategia más combativa se les pudiera volver algún día en contra. Como si los propios socialistas aceptaran que, de momento, no están para ir dando ejemplo. Por si acaso. Porque aunque es evidente que, luego de la limpieza acometida durante el imperio de César (Luena), las aguas socialistas bajan más canalizadas. Y aunque es cierto también que, al menos en el Parlamento, el PSOE se ha sabido dotar de una estrategia más uniforme y cohesionada que antaño y que goza de diputados cuyo don de la oratoria en algo mejora a sus predecesores (y a los escaños de enfrente), también es palmario el escaso eco que al menos las encuestas conceden a sus posibilidades reales de gobernar un día La Rioja.

¿Por qué? ¿Por qué ante este PP, el más dividido y débil de su historia reciente, los socialistas riojanos parecen incapaces de levantar el vuelo? Tal vez porque este PSOE no es aquel PSOE. El PSOE de Felipe González, que enhebraba una mayoría absoluta con otra… mientras sus camaradas de La Rioja eran sin embargo desalojados del Palacete. Lo cual ocurrió también con otro PSOE, el de Rodríguez Zapatero. El mismo que hoy convalida farsas electorales como la venezolana supo sin embargo ganarse el favor de la ciudadanía española mientras el votante riojano seguía ignorando sus siglas. Aquel PSOE era, según una versión muy extendida que incluso hacen suya quienes emigraron del partido y hoy se rinden a Podemos, era un PSOE perdedor. Que asumía su derrota antes incluso de que se produjera, víctima de un ensimismamiento perverso. Una incurable melancolía, de la que sólo ha empezado a sanar cuando la realidad le ha golpeado: cuando ha visto que el viejo tablero político, con un reparto de papeles que le consagraba en La Rioja al frente de la oposición como mal menor, ha quedado dinamitado. Cuando la fragmentación electoral le obliga a moverse.

¿Hacia dónde? De momento, se ignora. Cunde la idea, a la vista de algún confuso movimiento protagonizado en La Rioja por quienes llevaron la pancarta de Susana Díaz hace un año, que pudiera obrarse el milagro de una pirueta imposible. De modo que no fuera Pedro Sánchez su cabeza de cartel en las generales, porque entre bambalinas siguen maniobrando Rubalcaba y compañía para resituar el partido donde ellos querían… Pura especulación, lejanamente probable. Aunque quién sabe. Porque semejante cambalache dependerá de cómo voten los españoles en las locales y regionales dentro de un año: como acepta un veterano dirigente, el socialismo riojano necesita, para que le vaya bien, que les vaya bien a sus jerifaltes de Ferraz. Y ni siquiera entonces el éxito estaría asegurado.

Se trata de una ecuación que admite la lectura inversa. Y que exige cambiar el ritmo de la actual coyuntura: pensar que el elector elegirá bovinamente su papeleta con el puño y la rosa sólo porque Sánchez sea capaz de mordisquear el trozo de tarta de Podemos… O limitarse a ponerse a rebufo de la última sentencia dañina para el PP. En efecto, es un mensaje derrotista, propio de perdedores, aunque podría garantizar las llaves del Palacete pactos mediante. Como si gobernar lo justificara todo. Como si fuera buena idea pensar en el día después de las elecciones antes de reflexionar sobre cómo llegar a las elecciones. Lo cual olvida otras lecciones deparadas por aquel PSOE: que para ganar en las urnas, un partido debe convertirse en una máquina electoral, tener definido su liderazgo y clara su estrategia. Justo lo que tampoco tiene este PP. Lo que sí tenía aquel PSOE.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Encuestas sin autor conocido

La empresa SyM publicó esta semana los resultados de una encuesta de intención de voto a escala autonómica que concedía en La Rioja el triunfo en las urnas al PP. Sus vaticinios, anteriores a la sentencia de Gürtel, consolidan al PSOE como segunda formación más votada, pero carecen sin embargo de autoría conocida: la empresa se negó, requerida por este periódico, a revelar qué partido había encargado el sondeo. Que es por cierto un partido nacional, responsable del sondeo en otras regiones, también a través de SyM.

 

Quejas ante el PP, pendientes

El comité de garantías del PP nacional, que preside Alfonso Fernández Mañueco (veterano dirigente popular, alcalde de Salamanca), aún tiene sobre la mesa las reclamaciones presentadas por las candidaturas derrotadas en Haro, Santo Domingo y Lardero. Sus recursos, críticos con el proceso electoral llevado a cabo por el aparato en las tres localidades, fueron desestimados en primera instancia por el mismo órgano a escala regional, que preside José Miguel Crespo. A quien por cierto se dirige algún reproche desde Santo Domingo: en el escrito de queja, al que ha tenido acceso este periódico, se recuerda su lejano parentesco con miembros de la lista ganadora, encabezada por David Mena.

Ver Post >
Pulmonía en La Rioja
img
Jorge Alacid | 02-06-2018 | 11:25| 0

 

Hace una semana, un alto dirigente del PP compartía sus preocupaciones en voz alta a la vista del temible escenario que la sentencia del caso Gürtel deparaba para su partido. A lo cual se añadía otro factor de inquietud suprema: la mejorable reacción que observaba en Mariano Rajoy, hacia quien por otro lado distinguía con su afecto. Sus temores nacían tanto del feo horizonte que amenazaba tormenta a nivel nacional como de la derivada regional: si Moncloa estornudaba, el PP riojano, habida cuenta su deteriorado estado de salud, iba a coger una pulmonía. Es lo que suele ocurrir cuando sucede aquello que dispara todos los males en política: cuando se pierde la iniciativa y el último en enterarse es el jefe máximo. Esa era la enfermedad que acababa de contraer Rajoy el viernes pasado; el mismo mal que complica la vida de los populares riojanos luego de gestionar tan pésimamente su propio adiós, el de Sanz. Otro que tampoco supo retirarse a tiempo. La suma, en apenas tres años, de ambos contratiempos para el PP declara abierto en La Rioja un circo de tres pistas.

Uno. En la pista central, las dos almas del PP que salió de Riojafórum, cuyo calendario y estrategia acaban de saltar por los aires. Los escarceos protagonizados este mes de mayo por quienes aspiran a situarse en primera fila para el año electoral que se avecina ceden ante la obligación de atender noticias de Génova. Prietas las filas, toca disimular unidad: una apariencia más fácil de adoptar ahora que el PP se ve solo contra el resto del mundo. Pero las ambiciones de cada primer actor y de cada secundario tendrán que esperar. Llegan meses de nerviosismo. La hora en que se mide el auténtico temple de un líder: ganará quien exhiba más sangre fría.

Dos. Mudanza en la Delegación de Gobierno. No sólo deberá dejar el puesto su titular, sino el equipo que le rodeaba. Desde el alto funcionariado hasta los miembros de la fontanería del edificio del Espolón tendrán que buscarse acomodo. Una tarea sencilla en tiempos de mayorías absolutas, cuando nadie se caía por las escaleras según aquella afortunada imagen. Pero complicada ahora que no hay tantas vacantes. El desafío es mayúsculo en el caso de buscarle un sitio a la altura de los merecimientos que acreditó Alberto Bretón en los días previos a Riojafórum: esa hoja de servicios a mayor gloria de José Ignacio Ceniceros que tanto dolor genera en el sector crítico y que justifica la única sonrisa que sus integrantes se conceden en esta hora sombría.

Y tres. El PSOE pasa de las musas al teatro. Alguna de sus críticas a la inacción gubernamental detectada en La Rioja y a la escasa importancia que merece la región en Madrid pueden volverse en su contra si la gestión del nuevo inquilino de Moncloa no mejora el precedente. Aunque si tal cosa ocurriera, queda algún consuelo en las filas socialistas. Contemplar cómo caminan hoy las gentes de Ciudadanos con el paso recién cambiado. O la idea de coquetear con un escenario regional similar al recién cristalizado a escala nacional. Todo eso de las barbas del vecino que se ponen a remojo: ahí reside el genuino escalofrío que siente Ceniceros. El primer síntoma de una pulmonía.

(P.D. Cuarto factor que entra en juego en la escena regional: el PNV. A La Rioja le suele ir mal si el nacionalismo vasco influye más de lo debido Madrid. Conviene abrigarse. Las pulmonías son contagiosas).

Ver Post >
Cirugía sin anestesia
img
Jorge Alacid | 21-05-2018 | 5:45| 0

José Ignacio Nieto y María Martín, en una imagen de archivo. Foto de Jonathan Herreros

«O se tienen muchas ideas y pocos amigos o muchos amigos y pocas ideas» (Santiago Ramón y Cajal)

 

Como relata en su recomendable ‘Amsterdam’ el periodista norteamericano Russell Shorto, para cualquier natural de la muy liberal ciudad holandesa detenerse ante el enorme lienzo que Rembrandt tituló ‘Lección de anatomía’ representa una indagación alrededor de su propia identidad. Cabe añadir que se trata de una experiencia que puede ser compartida por cualquier ser humano medianamente sensible, sin necesidad de que naciera a orilla de los canales. El lienzo, muy rico en simbolismos de todo tipo, se nutre de una metáfora dominante, muy evidente. El contraste entre la vida y la muerte, una delgada frontera que se cruza en un parpadeo. Ahí observará el espectador avispado ese cruce de caminos entronizado por la historia del arte: los científicos observando con interés genuino el cadáver que representa lo contrario de su curiosidad. Representa todo lo que se quedó atrás.

Una imagen que guarda alguna semejanza, simbólica también por supuesto, con el estado de postración de la sanidad riojana que heredó hace tres años su actual consejera, María Martín. No es que el modelo sanitario gozara de mala salud, al contrario: sus usuarios pertenecen, sin saberlo a menudo o sin detenerse a aceptarlo, a la privilegiada minoría del mundo civilizado que puede curarse de sus males sin soportar un atraco. Pero la gestión de ese magma siempre en combustión que es el gigante de Sanidad, de suyo oneroso para las arcas públicos, carecía del impulso político que sus anteriores responsables se mostraban incapaces de garantizar. Incluso algunos fieles al dúo Nieto-De los Mártires, que hoy militan en el equipo de Martín, cabeceaban pesarosos a la vista de las fallidas aventuras que sus jefes protagonizaban. También era visible algún descontento entre sus propias filas: en medio del lío que siguió a la renuncia de Pedro Sanz, hasta sus leales reconocían que la Consejería merecía una dirección más adecuada. Menos propicia al combate político. Más centrada en su sustancia auténtica: el sistema sanitario.

Así que llegó Martín, se rodeó (más o menos) de los mismos colaboradores que ya escoltaban a su antecesor, tomó el bisturí y sajó a fondo, mientras recetaba una alta ración de efecto placebo: sonrisas. Lo cual mejoraba desde luego el modelo anterior (que tampoco era muy difícil). Pero ocurrió que a medida que se acercaba al monstruo, a medida que conocía de verdad las entrañas del elefantiásico departamento que pilota, acabó por enredarse en la misma melé que ya reclamaron más atención de la prevista (y de la necesaria) a sus predecesores. En parte, debe reconocerse, por la densa magnitud de la herencia recibida, muy pródiga en zonas oscuras que la consejera evitó explorar a fondo: no fuera a encontrarse con lo que no quería. De modo que el balance de sus tres años de consejera, que admiten episodios luminosos, empieza a recordar peligrosamente a ese anterior modelo que se empeñaba en desmontar. Le habrán faltado recursos, tiempo o energía: habrá que recordar que desde hace un año añade a su condición de titular de Salud el encargo de curar al maltrecho PP que salió de Riojafórum. Hasta el punto de que se arriesga a perder ese brío tan particular, inhábil para administrar la carga de trabajo que se prescribe a sí misma. Una terapia cuyo ingrediente principal es el mismo que se receta cada político en cuanto entra en pánico o se acerca a esa sensación: propaganda. Una generosa dosis de propaganda.

Porque su manera de corregir el rumbo de esta nave que no se sabe muy bien hacia dónde va se concentra en una noria de comparecencias cuyo resultado es el conocido: cuando todo es noticia, suele suceder que casi nada lo es. Resulta por lo tanto difícil discriminar desde fuera de la Consejería dónde residen sus prioridades. No hay semana sin un anuncio de postín en el ámbito investigador ni pasan cuatro días sin que aumente la cartera de servicios, ese chicle estirado hasta el infinito porque el bolsillo del administrado puede con todo. Con triple salto mortal muy reciente: cuando se implanta una terapia para diabéticos que hace apenas un mes se desestimaba en sede parlamentaria. Gol en propia puerta. En época de confusión, se acaba abrazando incluso lo que antes se criticaba.

Martín, dueña de una interesante veta política, digna de una hoja de servicios mejor que la exhibida hasta hoy, tenía un plan. Pero era un plan que dependía de demasiadas fuerzas que no controla, incluyendo la veleta cooperación de Ciudadanos, que no ayuda mucho. Así que la consejera, que inauguró su mandato estrellándose contra el parking del San Pedro, ha ido acumulando malas noticias que pretende sofocar a razón de rueda de prensa diaria, como si no controlara la agenda. Lo revela el varapalo reciente en el Hospital de Calahorra, sólo un aviso del sombrío horizonte que se anuncia cuando toque renovar el concierto con Viamed, su particular Doctor No. Incluso entre quienes bien le quieren prende la idea de que el alza de la factura sanitaria sólo puede digerirse en alianza con la iniciativa privada, pero se trata de un territorio tan hostil (y poco transparente en el caso riojano, como Martín bien sabe) que se comprende que le dé pereza leerse el contrato que debería renovar en otoño… Aunque tiene una ventaja: para entonces, como secretaria general del PP, ya habrá tenido que confeccionar las listas electorales del 2019. Toda una lección de anatomía. Y de cirugía. Porque será cuando tenga que aprender a operar sin anestesia.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Declaraciones sin consenso…

El último pleno parlamentario debería haberse estrenado con sendas declaraciones institucionales, planteadas por PSOE y Ciudadanos. El primer grupo, a favor del movimiento LGTBI, que ese jueves celebraba su efeméride. Y el segundo, en apoyo del pueblo palestino. Pero no hubo tal. Ninguna de ambas llegó al orden del día, porque en la reunión previa de portavoces no hubo consenso. Una singular manera de empezar un pleno que culminó con otra curiosidad: en lugar de Félix Vadillo, portavoz habitual del PP en temas sanitarios, tomó la palabra Jesús Ángel Garrido para defender la postura de su grupo.

… y declaración en lista de espera

Otra declaración, la de bienes que deben presentar los altos cargos del Gobierno, se halla en lista de espera. Se trata de la que firma Raquel Sáenz, quien pasó del Legislativo al Ejecutivo y debe publicar sus activos en la web autonómica. Una obligación pendiente de materializarse: alegan desde Fomento, donde ocupa la cartera de directora general, que ella ya formalizó ese requisito, pero que la burocracia tarda en compartir con los administrados esa información.

Ver Post >
Izquierda exquisita, derecha rancia
img
Jorge Alacid | 18-05-2018 | 11:42| 0

Diputados del Parlamento regional, antes del pleno del jueves. Foto de Miguel Herreros

 

En su libro ‘La izquierda exquisita’, el recién desaparecido Tom Wolfe describía con precisión de entomólogo la conducta que observan los militantes de ese territorio ideológico cuando entran en contacto con el status quo dominante. Era una visión crítica. Porque además de un estupendo escritor y atinado observador de la naturaleza humana, Wolfe era un caballero conservador. Un encendido seguidor del orden establecido que animaba a preservar, a quien le hubiera parecido igualmente chocante asistir unos años después a la contemplación del izquierdista español, de la década de los 80 a esta parte. Entonces, en tiempos de Felipe González, se le identificaba por dos atributos. Porque vestía la célebre trenca de Adolfo Domínguez y porque en los restaurantes de moda reclamaba la carta de vinos para protagonizar ante los demás comensales un curso acelerado de cata. Luego solía pedir los más caros. En Francia le llamaban la izquierda caviar. Sus integrantes se distinguían por esa misma particularidad que Wolfe había detectado. Su superioridad moral. La eterna superioridad moral de la izquierda que tanto daño ha hecho a la propia izquierda.

Hoy, a la neoizquierda española se le reconoce porque se compra la ropa en el híper aunque comparte con sus hermanos mayores la devoción por emplear un vocabulario que sólo los suyos entienden. Círculos y circunloquios. De modo que si Wolfe hubiera acudido un día al pleno del Parlamento de La Rioja para analizar la trayectoria de Podemos, tal vez hubiera concluido como los demás miembros que ocupamos la grada de prensa: que no hemos avanzado tanto. Y que examinados uno por uno, este cuarteto de diputados a ratos parecen dirigentes creíbles. Voluntariosos, aunque confundidos como el resto de sus congéneres ante este ecosistema político tan líquido. Parlamentarios que cuando se convierten en grupo (en masa) o se adocenan en el aparato de su partido acaban siendo temibles. Sobre todo para la propia izquierda. O la nueva izquierda.

Véase lo ocurrido en la sesión de ayer. Que llegó precedida por el enésimo episodio oscuro en las entrañas de Podemos, tan proclives sus miembros al navajeo contumaz. Pregunta Natalia Rodríguez al titular de Agricultura sobre el asombroso reparto de viñedo pero sus dos compañeros varones abandonan el asiento. La cortesía parlamentaria ya no es lo que era. Y su colega de escaño no le regala ni medio aplauso cuando deja el atril. Nuevo intento: pregunta a continuación Rodríguez sobre el currículum de los altos cargos regionales y cuando regresa a la butaca apenas recibe el silencio de sus pares. Esa frialdad tan parecida al desprecio.

Una pena. Porque La Rioja les necesita. Necesita a todos. A la izquierda exquisita y a la izquierda que se conforma con ser terrenal. Aunque sólo fuera para compensar la presencia entre sus señorías de miembros de la derecha de toda la vida, ala rancia, a quienes la bandera arcoíris se les sigue atragantando. Quienes piensan que nada puede ilusionar más a una mujer que ponerse los tacones para salir en procesión en las fiestas de su pueblo. O quienes sostienen que debe retribuirse al profesorado concertado igual que al público, sin que en el primer caso se reúnan los requisitos de libre concurrencia, mérito y capacidad que exige la misma Administración que paga a unos y a otros con sus dos varas de medir.

Si a esa derecha destinara Podemos sus reproches con el mismo celo que sí dedica a las luchas intestinas, tal vez alguna recompensa encontraría, en vez de recoger lo contrario: el desconcierto. Entre sus bases, la propia izquierda y sus alrededores. Es comprensible. Sus apóstoles son víctimas de sus contradicciones, como cualquiera de nosotros. Y acaban melancólicos y crepusculares, preguntándose si puede dirigirse un país desde un chalé de 600.000 euros. Y si no sería mas pertinente que en consecuencia la sede riojana de Podemos se mudara a Piedralgallo.

Ver Post >
Aprovechateguis y segurolas
img
Jorge Alacid | 14-05-2018 | 11:45| 0

Rajoy, con Ceniceros, durante su última visita a Logroño, visitando la plaza de Abastos. Foto de Justo Rodríguez

«No basta levantar al débil: hay que sostenerlo después» (William Shakespeare)

 

Prueba de la creciente (y peligrosa para La Rioja) influencia del nacionalismo vasco sobre los designios del Palacio de la Moncloa, el presidente del Gobierno bautizó el miércoles al líder de Ciudadanos como «aprovechategui», término eusquérico de aplicación hasta ahora estrictamente limitada al ámbito deportivo. En concreto, al mundo pelotazale, por seguir con el idioma del linaje de Aitor. Aprovechategui: dícese del astuto pelotari que tiende a beneficiarse del esfuerzo de sus compañeros, economizando el sudor para subirse a la ola buena y llegar tan pichi a su destino. Un pícaro, esa figura tan española que hoy desembarca en el terreno de la política. Para Rajoy, en consecuencia, Albert Rivera es un aprovechategui. Un caradura. No se entiende por lo tanto cómo acepta su apoyo en el Parlamento, poniendo la dignidad de su cargo al servicio de alguien tan taimado. No se entiende tampoco que Rivera, luego de ser así caracterizado, mantenga su respaldo al PP: será que entre pillos anda el juego.

O será que, en realidad, nadie entiende nada en el actual ecosistema político. El viejo modelo saltó por los aires, reemplazado por este escenario móvil que cambia cada minuto. El paraíso de los aprovechateguis: según la versión de Rajoy, esos altos cargos color naranja que tanto molestan. El presidente encontraría comprensión entres sus compañeros de La Rioja y Logroño si compartiera sus cuitas al respecto. Porque pudiera ser que la conducta de estos aprovechateguis se distinga por apropiarse con encendida pasión de los logros de la gestión de los pactos de Gobierno que firmaron al principio de cada mandato… para desentenderse luego con el mismo brío de cuantos fallos se observen en la gestión de la agenda gubernamental. Aplicado al caso riojano: si se ayuda al empresariado autónomo vía Presupuesto, el mérito será de Ciudadanos y su capacidad para influir en el Palacete, pero cuando se detectan fallos en la escolarización del alumnado, por ejemplo, la culpa la tiene el Gobierno. Como en un sketch de Tip y Coll.

Otro tanto a escala municipal. Cuando se retuerce el brazo de la alcaldesa y su equipo para que donde se suprimía un túnel aparezca otro de nuevo cuño y la urbanización del entorno del ferrocarril mude su fisonomía cada tarde, las medallas colgarán del pecho de Ciudadanos, cuyos concejales se apartarán de la compañía del Gobierno al que apoyan en cuanto pinten bastos. Y hasta ofrecerán ruedas de prensa conjuntas con el principal partido de la oposición, como si la Administración local no fuera con ellos. Sólo el ansia del poder de quien lo ocupa y de quien aspira a ocuparlo justifica que se aguante tanto desplante con harta frecuencia: en eso sí se parecen el PP regional y el logroñés.

Claro que tan peligrosa como la figura del aprovechategui que citó Rajoy resulta ser otra muy propia también del mundo deportivo: el segurola. O amarrategui, voz igualmente adaptada del vocabulario vasco. Dícese del deportista un poco vaguete, conservador. Tan conservador que evita todo riesgo con tal entusiasmo que nada emocionante acaba imantando su trayectoria: el segurola amarra lo poco que tiene y lo gestiona como un contable, desprovisto del alma de estadista a quien el votante confía su papeleta. El segurola llega tarde a casi todos los sitios. O ni siquiera llega. Sólo está. No gobierna. Una especie de don Tancredo, un juguete en manos del destino. Sin iniciativa ni pulso político, se conforma con ser el títere de su socio aprovechategui.

La coincidencia del aprovechategui de turno con el segurola de guardia puede alcanzar consecuencias preocupantes. Ese mismo miércoles en que Rajoy denominó de tal manera a Rivera, fue el día elegido por Diego Ubis para aprovecharse del estado de debilidad del Gobierno al que en teoría apoya y reclamar la reprobación de su consejera González Menorca. Una maniobra a la que respondió el PP amarrando al cargo a la titular de Desarrollo Económico: la suma de dos fuerzas de distinta dirección y parecida intensidad suele equivaler a cero. La vida pública se ve conducida entonces al estancamiento, cuyo reflejo más cruel ocurre en el universo de las estadísticas. Porque también ese miércoles se supo que la renta agraria regional había subido algo más del 2% el año pasado, una feliz noticia que coincidió con alguna más sombría. Por ejemplo, que el Índice de Producción Industrial bajó en La Rioja el 9,8% respecto de la misma fecha de 2017, por encima del 3,6% de descenso del resto del país. Y que el número de empresas creadas en marzo en La Rioja cayó el 31,9% en relación al mismo periodo de 2017…

De donde se deduce que el imprescindible dinamismo que exige la actividad regional debería nacer de un punto de equilibrio entre tanto aprovechategui y tanto segurola. Porque La Rioja, y España por cierto, necesitan lo contrario. Necesitan una urgente dosis de grandeza y una intensa ración de liderazgo.

Necesitan un milagro.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Cuarteles sin red en el Congreso

Entre el menudeo de preguntas que los diputados en Madrid dirigen al Gobierno, hay de todo. Lo trascendente, pero también la letra pequeña, que sin embargo está dotada de su propia personalidad. Porque son preguntas que sirven para enterarse de que, por ejemplo, sólo hay tres cuarteles de la Guardia Civil en La Rioja con acceso a Internet. Así lo admite el Ministerio del Interior en respuesta al socialista César Luena: sólo las sedes de la Benemérita en Logroño, Calahorra y Haro disponen de semejante servicio, a estas alturas del siglo XXI. El resto de cuarteles sigue sin asomarse a la revolución tecnológica.

Maíllo y cómo elegir candidatos

A propósito de la reciente crisis del PP madrileño, Fernando Martínez-Maillo recordó que en materia de elección de candidatos, la última palabra la tiene «la dirección nacional del PP, no la dirección regional del partido». Entrevistado en Onda Cero, Maíllo, alto dirigente de Génova, concluyó: «Es que eso es lo que dicen los estatutos. Yo me remito a lo que dicen los estatutos: el comité electoral nacional es el designa a los candidatos a las presidencias autonó- micas. No de Madrid, sino de toda España». Declaraciones que admiten por lo tanto una lectura en clave riojana: la tesis que esgrimen los desafectos a la actual cúpula del PP de José Ignacio Ceniceros.

Ver Post >
Sobre el autor Jorge Alacid
Jorge Alacid López (Logroño, 1962) es periodista y autor de los blogs 'Logroño en sus bares' y 'Línea de puntos' en la web de Diario LA RIOJA, donde ocupa el cargo de coordinador de Ediciones. Doctor en Periodismo por la UPV.