La Rioja
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Autor: Jorge Alacid
Mariano y Rajoy
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Jorge Alacid | 07-05-2018 | 9:22| 0

Mariano Rajoy, el pasado día 3, en Logroño. Foto de Justo Rodríguez

«Si tienes que romper la ley, hazlo para tomar el poder: en los demás casos, obsérvala» (Julio César)

 

Baja del coche oficial con esos andares que le han ganado justa fama como incansable paseante, atiende marcial el himno de España y camina hacia la comitiva que le rinde honores, formada por una abigarrada mezcla de idiomas, uniformes y banderas: la globalización invade el imperio de la ley y el orden, como atestiguan estas instalaciones que se dispone a inaugurar. Responden por cierto al poético nombre de Polígono de Experiencias. Si se oculta en semejante nomenclatura algún guiño del destino, Mariano Rajoy se desentiende: no está la mañana para metáforas. Sopla un invernal viento que avala la tesis de abril como el mes más cruel, así que el presidente se resguarda en el interior del edificio, una austera construcción a mayor gloria de guardias civiles, gendarmes y policías de medio mundo que despedirán la mañana exhibiendo su maestría en el combate contra el terrorismo.

Hablando de terrorismo: el día elegido finalmente por el titular de Moncloa para su aplazada visita a La Rioja amanece con ETA diciendo adiós a su manera, como quien te hace el favor de dejar de matarte. Como un chiste de Gila sin gracia. De modo que será inevitable que el hacha y la serpiente aparezcan en cada comparecencia ante el atril. Es también el caso del propio Rajoy, quien se despacha a gusto contra la banda etarra desde el micrófono. Un mensaje contundente inscrito dentro de los actos propios de su viaje a Logroño para honrar el pulso que libran las democracias contra el terror. Del que ETA fue durante largo tiempo un acabado ejemplo, lo cual justifica la sensación de alivio que triunfa entre los anfitriones de Rajoy durante toda la mañana: los muertos a manos etarras son un recuerdo pretérito. No forman parte ya del presente inmediato aunque el presidente se alinea con quienes alertan de un futuro sombrío, donde amaga con triunfar la versión interesada que el terrorismo y sus mariachis intentan colar de matute. «La única política antiterrorista es aplicar la ley», sanciona Rajoy.

Avanza el orden del día, sin abandonar esa espartana estancia donde casi no caben las autoridades llegadas desde Madrid, las de casa, la prensa nacional y local y los uniformados de un sinfín de países, más esos invitados que completan el paisaje propio de esta clase de actos: los que pasan por ahí. Con quienes Rajoy compartirá cordial el aperitivo, regados por vinos de Marqués de Cáceres. Tinto añada 2014. Calificada buena. Sólo buena. Mejora en botella, como algún estadista. Tal vez el propio presidente, quien brinda con las dos almas del PP riojano que le rodean durante el ágape: Ceniceros, Escobar y Bretón se agrupan por una vez con Gamarra y Del Río en amistosa compañía. Toca disimular. Disimular más que nunca: el reciente nombramiento de Ana Elvira Martínez como mano derecha de la alcaldesa acababa de ensanchar la grieta entre unos y otros, pero de eso no se habla ante el jefe supremo. Hay en marcha un concurso de sonrisas. Algunas no parecen fingidas.

Porque llega la hora de desinhibirse. Ese momento en que Rajoy deja de ser presidente y se convierte en Mariano. Alguien con quien hacerse un selfi. Le reclaman para la foto sus anfitriones del PP pero también los antedichos: los que pasan por allí. O esa pareja de policías portugueses con quien departe en feliz armonía, entre risas y más vino de Rioja: la copa del presidente siempre debe estar llena. Debe ser otra metáfora, muy pertinente en una jornada cargada de símbolos. Como la placa de la casa cuartel de la Guardia Civil que preside la sala donde atenderá gentil a este periódico. Donde Rajoy vuelve a ser Rajoy: el enigmático dirigente cuyas respuestas tienden a quedarse en mitad de la escalera. Asegura que tiene puestas por igual sus complacencias en Ceniceros y Gamarra, viene a decir que el Presupuesto para La Rioja no está mal (pero podría estar mejor) y sólo titubea cuando le preguntan por la sentencia de : se ignora si le gusta o le espanta. De sus palabras, que pronuncia mirando ensimismado hacia el suelo a través de sus gafas de fina montura, se deduce tanto lo primero como lo segundo. Para salir de la duda, hay que atender a sus manos: son ellas las que enfatizan, subrayan o se abandonan a la incertidumbre.

Fin de la cita.

Desde la eterna tierra de nadie donde se ha hecho fuerte, vuelve a ser Mariano. Vestido de Rajoy (corbata salmón, traje gris, camisa blanca sin gemelos) se concede unos minutos para el off the record mientras cavila en voz alta sobre la necesidad de que la suerte guíe nuestros pasos por este valle de lágrimas y se aleja raudo con su media sonrisa de Chesire. «He dicho lo que tenía que decir», acaba de alegar a propósito de su ministro Catalá. Lo cual le vale para contestar a cualquier pregunta. Lo cual vale para preguntarse qué es en realidad lo que ha dicho.

 

LA LETRA PEQUEÑA

El largo camino a la reprobación

La propuesta de reprobación contra la consejera González Menorca anunciada esta semana por el Grupo Parlamentario Ciudadanos debe someterse a un prolijo trámite, como es usual en este tipo de proposiciones. Tendrá que presentarse ante la Mesa y Junta de Portavoces y esperar luego su inclusión en el orden del día de un pleno. De momento, sólo cuenta con el apoyo naranja y el rechazo del PP. En el PSOE se encogen de hombros: aún no tienen tomada una decisión. En Podemos, algo parecido, aunque sí alertan de que la idea les parece incoherente: «Ciudadanos pasa de apoyar al Gobierno a reprobar a una consejera: todo es pura estética».

Nagore tendrá que comparecer

El último pleno parlamentario dispuso como prólogo de una madrugadora reunión de la junta y mesa de portavoces, convocada de urgencia para que pudieran examinarse la petición de comparecencia formulada por el PSOE para que el consejero Íñigo Nagore explique el último controvertido reparto de vi- ñedo. En la última reunión de la mesa se había ausentado la socialista Ana Santos, de modo que la petición de su grupo fue desestimada: no contaba con mayoría para salir adelante. Así que hubo que convocarla de nuevo y ahora sí: ahora sólo queda pendiente fijar día y hora para que el titular de Agricultura se someta al interrogatorio de sus señorías.

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Fomento de la lectura
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Jorge Alacid | 04-05-2018 | 10:19| 0

Leonor González Menorca, entre Ana Lourdes González y José Ignacio Ceniceros, en el Parlamento el 2 de mayo. Foto de Miguel Herreros

 

Lánguida sesión parlamentaria, con la mitad de sus señorías (y parte de la tribuna de prensa) mirando el reloj para evitar que aterrizara Mariano Rajoy y yo con estos plenos, mientras un par de diputados socialistas llegaban tarde, atrapados en un atasco en la N-232 a causa de un accidente en la autopista. Como metáfora de la actualidad riojana parecía inmejorable, pero pronto le superó la imagen del día: Leonor González Menorca hacía su entrada en el exconvento de La Merced escoltada por su jefe y por Carlos Cuevas, con Diego Ubis al fondo, un par de pasos por detrás. Los cuatro protagonizaban un recital de sonrisas, que no cesó cuando la consejera subió al atril para replicar a las preguntas del PSOE en torno a la economía riojana: más bien al contrario, la titular de Desarrollo Económico libró un duelo a sarcasmos con el diputado socialista Ricardo Velasco luciendo ambos sus mejores galas dentífricas. Así que cuando Velasco citó a Ruiz Alejos como testigo de la acusación contra la consejera, González Menorca tiró por elevación: ella prefería mencionar a algún economista galardonado con el Premio Nobel…

De donde se deduce que la Academia sueca no ha distinguido aún al presidente de la Cámara como merece, puesto que la consejera, muy envalentonada por los aplausos de su bancada, se permitió más lujos que un jugador de billar: cada bola iba a su esquina, sin importarle que Velasco esgrimiera esos informes que de un tiempo a esta parte coinciden en pronosticar feos augurios para la economía regional. Esta vez, el duelo iba de quién tenía la estadística más pertinente, nacidas tanto la que blandía la consejera como la empuñada por el parlamentario de la oposición del mismo filón: de la lectura. La lectura de periódicos, un hábito en retroceso si atendemos a las proclamas de los apóstoles del apocalipsis, que trepa sin embargo en cada pleno hasta el atril del Parlamento, cuyos actores no desfallecen en participar en una curiosa campaña de fomento de la lectura. Leen, en efecto, pero sólo cuanto les conviene. Ante las malas noticias, coinciden en adoptar esa postura tan comprensible que ha hecho célebre al amigo avestruz.

Lo cual tal vez explica que el debate acabara confluyendo en la esquina del cuadrilátero donde González Menorca se siente más cómoda: cuando el atril se convierte en tarima y ella ejerce no tanto de política como de profesora. Regresa la consejera por un momento a las aulas y receta a sus contrincantes, tal que los tuviera por sus alumnos, un consejo muy práctico: que lleguen al pleno con los deberes hechos. Una sugerencia más creíble si la extendiera a unos cuantos de sus compañeros del Consejo de Gobierno, de modo que se evitara el fracaso que en algunas regiones gubernamentales detectan sus señorías de la oposición, entre quienes la socialista Ana Santos ejerció ayer como portavoz. «En La Rioja suspendemos en demasiadas asignaturas», concluyó. Y no miro a nadie.

No. Nadie mira a nadie. Avanza la legislatura mientras a sus señorías se les pone cara de precampaña y no: nadie conoce tampoco a nadie. Esto se acaba como empezó: citando promesas inconclusas que pueden esperar a otro mandato (el centro de salud de Alberite o el centro de día de : esos dos clásicos), con Ubis a lo suyo (rompiendo el ritmo de toda la Cámara, su propio grupo incluido) y escuchando como gran novedad de este tiempo tan convulso el siguiente dardo de su querida consejera: «Señor Ubis, le tengo enfrente».

No sabe hasta qué punto.

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Carta a Rajoy
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Jorge Alacid | 03-05-2018 | 5:49| 0

Rajoy y sus anfitriones del PP riojano, este jueves por Logroño. Foto de Justo Rodríguez

«¿Quién duda que Cataluña se ha hecho rica por España? ¿Quién duda que ha habido necesidad de concederle privilegios, ventajas sobre las demás provincias de España?» (Práxedes Mateo Sagasta)

 

Si el tiempo no lo impide, Mariano Rajoy protagonizará esta semana la anunciada visita a La Rioja, cancelada en febrero por una feroz nevada. No tiene suerte el presidente: ese día aterrizará en Logroño con España azotada por otro temporal, incluso más salvaje, de cariz metafórico pero consecuencias graves: el país que gobierna tiene mala pinta. Tan mala como el partido que le sustenta en el poder. Tan mala como la situación que vive la región que le acogerá ese jueves: lo constatan los datos y lo avisan quienes auscultan cada mañana el ecosistema regional. Que ha conocido días mejores: tal vez, los actuales también lo parezcan dentro de algunos meses. Por comparación con lo que vendrá.

Así lo confiesan apesadumbrados relevantes miembros del empresariado local, que coinciden en abandonarse al desánimo: según un dictamen muy compartido, ni el Gobierno regional ni el Ayuntamiento de Logroño, principales activos de la cosa pública en La Rioja, acaban de acertar con la tecla buena. «Si dedicaran el mismo celo que ponen a zancadillearse entre sí a gestionar mejor cada cual sus cosas…». Puntos suspensivos. El sombrío panorama se completa con otro frente abierto en el ámbito administrativo: de Madrid tampoco llegan buenas noticias. El último Presupuesto obsequia a la región con una caída del 16% en infraestructuras. Paisaje final, según la citada versión empresarial: «Si no tira el Gobierno regional ni tampoco tira el Ayuntamiento y la inversión estatal no ayuda, qué nos queda». Respuesta con forma de interrogante: ¿el vino?

A su manera, estos interlocutores que se dejan vencer por el derrotismo van redactando una hipotética carta a Rajoy, con la vana esperanza de que al presidente le lleguen sus lamentos con la intensidad suficiente como para servir de aguijonazo. Con la ilusión ingenua de que sirvan sus quejas para que algo cambie. A mejor. Porque sus temores viajan en la dirección conocida: hacia las regiones vecinas. Alimentando la conocida tensión del agravio comparativo. El Presupuesto, cuya negociación recién cerrada con tanto orgullo exhibe Rajoy, dedica un aumento sideral de euros destinados a la Comunidad Autónoma Vasca: el apoyo del PNV, como es norma, tiende a lesionar los intereses de los riojanos, que contienen la respiración aguardando la hora maldita en que el nacionalismo vasco presente sus enmiendas parciales. La Rioja entera cruza los dedos.

Normal que tanto lamento generalizado desemboque en una melancolía no menos común, que se apoya en la estadística reciente para recetar a la clase política regional, no sólo a su Gobierno, aquello con que amenazaban las madres de antaño a sus retoños: una buena inyección. Una dosis de energía adicional. Un antídoto contra la abulia gubernamental que extendiera sus benéficos efectos al conjunto de la oposición y revitalizara a la ciudadanía toda. La misma petición remitida a Rajoy en esa imaginaria carta donde se condensarían los ruegos procedentes de La Rioja: un Gobierno fuerte, que no dependiera de las desleales ocurrencias nacionalistas. De paso, un poco de coherencia: no se puede estar atacando por el día al nacionalismo mientras por la noche se pacta con él. Y algo de autocrítica, también con forma de pregunta. ¿Quienes se sientan a su lado en el Consejo de Ministros son lo mejor que tiene el PP? ¿Le parece bien que Dastis esté desaparecido? ¿Le convencen los desoladores disparates de Montoro?

Aunque lo sustancial de esa supuesta carta a Rajoy se incluiría en su epílogo: el ruego de que la decencia guíe sus pasos. Que tanto su Gobierno como su partido se distingan por principios y valores hoy arrumbados. Que no nos avergüencen a sus administrados. Lo cual parece difícil mientras la actual generación siga al frente del PP, al que cualquier mano amiga aconsejaría una renovación radical, salvo que quiera seguir desangrándose cada semana. Hasta que se obre semejante prodigio, podría aprovechar su visita a La Rioja para tener un detalle con sus anfitriones. Y reflexionar con ellos sobre cómo es posible que incluso la población extranjera, factor nutriente de la economía regional, prefiera hoy emigrar a otras regiones.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Podemos y la alta velocidad

En el debate regional sobre infraestructuras, la posición de Podemos en torno a la conexión por tren ha sido concluyente: la alta velocidad, tan demandada por amplios sectores de la política y la economía de La Rioja, no le parece prioritaria. El martes, sin embargo, su líder riojano Francisco Javier Garrido, luego de reunirse con sus homólogos de Aragón, se pronunció a favor de lo que llama «ferrocarril de altas prestaciones, una modalidad similar al AVE». ¿Otra rectificación de Podemos? ¿O un nuevo cisma de Garrido con su grupo parlamentario?

Isasi, un error y una aclaración

Neftalí Isasi removió días atrás la arquitectura de su partido cuando publicó en su estado de whataspp unas palabras críticas contra el presidente del PP riojano, José Ignacio Ceniceros, para quien pidió el voto hace un año en Riojafórum. Se quejaba el alcalde de Cihuri de haber sido ninguneado desde la dirección popular, pero a preguntas de este periódico corrigió el tiro y admitió que se había equivocado. «Ya se me ha aclarado todo», zanjó

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Una grieta recorre La Rioja
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Jorge Alacid | 25-04-2018 | 9:47| 0

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«Nuestras discordias tienen su origen en las dos más copiosas fuentes de calamidad pública: la ignorancia y la debilidad» (Simón Bolívar)

 

Durante su largo mandato de poder casi omnímodo, a sus críticos les espantaba que Pedro Sanz tendiera a controlar cada rincón de La Rioja con un celo tan exhaustivo que amenazaba con asfixiar a sus administrados. Es dudoso que el presidente entendiera ese hábito como un defecto: más bien, lo interpretaba como una virtud. La región debía ser una roca monolítica desde cuya cúspide él pudiera dominar todo el territorio, gracias a las limitaciones geográficas de una región tan magra y a la estrategia colonizadora dictada a su partido. Solo o en compañía de otros servicios auxiliares repartidos por los centros neurálgicos de la región, Sanz se aseguraba de que la vida pública viajara canalizada. Sin estridencias ni sorpresas. La unidad era el valor supremo, según sus particulares tablas de la ley, cuyos mandamientos se resumían en dos: aquí no pasa nada y y el PP (aquel PP) estaba en todos los lados. Como sentenció su antecesor, José Ignacio Pérez, a Sanz sólo le faltó ser nombrado obispo.

Pero esa unidad del PP saltó por los aires, hace cerca de tres años. En lugar de un partido, ahora hay dos. Más o menos. Con una particularidad temible para los intereses del conjunto de la región: que la quiebra provoca un cisma entre el interior de La Rioja y su capital. Entre la ciudadanía urbana y la rural. Una división peligrosa, porque coincide con dos movimientos tectónicos igualmente preocupantes: por el mismo tiempo, otras dos fuerzas también muy representativas y nucleadoras observan derivas semejantes. Son dos entidades muy nutridas de seguidores, que contribuían a garantizar esa unidad perdida. En una esquina del mapa, Asaja, la poderosa asociación agraria que ejerce también como grupo de poder. Una especie de lobby agrario, nacido en defensa de los intereses de sus asociados, cuyo número exacto evitan divulgar los propios afectados. Deben contarse por miles, en cualquier caso. Diseminados por toda La Rioja, velan por un modelo productivo respetuoso con sus intereses: un caso de éxito, de extraordinario éxito. Que también sufre, ay, los vaivenes propios de cada organización en crecimiento constante. Los hijos se hacen mayores, reniegan de los padres y amagan con irse de casa, hasta que son sus progenitores quienes les enseñan la puerta: una secuencia que de algo sonará por Asaja. Su particular cisma (como es natural en una organización rural) no significa tanto la quiebra entre campo y ciudad, sino una desunión más sutil. También inquietante: una profunda discordia entre La Rioja Alta y La Rioja Baja. A la que no es extraña ese otro debate recién abierto en el seno de la DOC, donde Asaja ocupa por cierto una posición relevante: será casualidad, pero la segregación ocurrida en el seno de la organización agraria coincide con el alumbramiento de ese invento, Rioja Oriental.

De modo que con un PP desunido y una Asaja también escindida, la mirada se dirige a la izquierda. En la otra esquina del mapa regional, UGT. La Unión, como le llaman los suyos. Que lleva unos cuantos años de sobresalto en sobresalto, hasta llegar a su actual estatus, con el timón encomendado a Jesús (Chechu) Izquierdo. Último eslabón en una cadena reciente, de Chema Buzarra a esta parte, a quien sustituyó al frente del sindicato mayoritario en la región, con 13.000 afiliados, el llorado Carmelo Cabezón, dimitido en el 2007 para integrarse en la lista del PSOE por Logroño. Su relevo, Javier Granda, elegido en un congreso extraordinario en abril de ese año y reelegido en el ordinario de mayo del 2009, dejó el cargo en el 2013 en manos de Cristina Antoñanzas, quien sólo tres años después se incorpora a la confederal de UGT con Pepe Álvarez al frente. Su sucesor, Juanjo Bárcenas, marca un peculiar récord: sólo ocupó la secretaría general entre abril del 2016 y enero del 2017. Resumen: en diez años, cinco secretarios generales.

Desde entonces, este tercer vértice que ayudaba a sostener la pirámide regional oscila entre dos ejes: la lealtad debida a esa tupida red tejida entre apellidos que se repiten década tras década, una saga de cargos a menudo hereditarios donde resalta la figura de Ángel Fernández («Sigue siendo el auténtico jefe de hecho, aunque no de derecho», apunta un antiguo dirigente) y quienes opinan que Izquierdo, lejos de ser el títere de Fernández que citan sus críticos, ejerce como líder genuino de la Unión. Que no está tan unida. Como el PP y Asaja, conoció días mejores. Igual que la propia región, tan quebrada. Donde la unión auténtica acaba siendo la empresarial: una cabeza única dirigirá la FER y la Cámara. Así que Jaime García Calzada deberá ejercer como un Moisés al revés: en vez de separar las aguas, tendrá que fusionarlas. Y de paso contribuir a sellar La Rioja entera.

En efecto, un mandato bíblico.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Comisión ‘interruptus’

Los miembros de la comisión parlamentaria que investiga la gestión de Emilio del Río al frente de la Consejería de Presidencia apenas acaban de comenzar sus comparecencias cuando han acordado suspenderlas. Alegan sus señorías que prefieren examinar la documentación aportada antes de proseguir con el calendario de comparecientes, de modo que se aplaza la cita prevista para la semana entrante: Elisa Torrecilla, secretaria técnica de la Consejería entre el 2011 y el 2015.

Antoñanzas y la historia del PR+

La historia reciente del Partido Riojano que hoy preside aguardaba el viernes a Rubén Antoñanzas cuando acudió al Parlamento regional para reunirse con Germán Cantabrana (Podemos) a cuenta de la reforma del Estatuto de La Rioja. Resulta que los funcionarios habían recopilado la correspondencia dirigida a su partido desde que lleva ausente de la Cámara, casi tres años, y le esperaban con una carpeta donde Antoñanzas se tropezó con todo tipo de documentos. Que, curiosamente, nadie desde el Parlamento se había animado a remitir a la muy cercana sede del PR+. Entre los papeles, sorpresa: por error, se había incorporado una misteriosa revista dirigida en realidad a Pedro Sanz. Nada menos.

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El eterno retorno
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Jorge Alacid | 20-04-2018 | 2:01| 0

Bancos del Gobierno y del PP, durante el pleno del 19 de abril. Foto de Miguel Herreros

 

Periodista vs. periodista: el pleno se inaugura con un pulso equilibrado, entre la consejera Martínez Arregui y la diputada socialista Orradre, licenciadas ambas en Ciencias de la Información, quienes discuten a cuenta del talento exportador que distingue a La Rioja, pródiga en enviar a sus mejores hijos allende sus fronteras para que retornen bien provistos de másters y postgrados, tanto oficiales como los expedidos de matute. El equilibrio se rompe acto seguido, cuando al consejero Nagore (humilde licenciado en Ingeniería ) le interpela el diputado García, quien precisamente luce un rutilante máster en su biografía oficial. Un duelo desparejo, porque su señoría además domina los registros propios de quien torea para los tendidos de sol, ayer dominados por sus paisanos. Ese grupo de ciudadanos cuya presencia se suele agradecer: oxigenan el Parlamento.

Paisanos que volverían a Calahorra, se supone, reconfortados luego de comprobar que en el Parlamento todo va bien. Se cumple fielmente el guión según el cual Fernández (licenciada en Bellas Artes, como insiste en recordar desde el atril: ayer no fue una excepción) preguntará por educación, Caperos (licenciado en Historia) por la memoria histórica y Podemos jugará al despiste retirando del orden del día sobre la marcha cuanto se le ocurra. El rito también exige que la presidenta (diplomada en Magisterio) regañe a la oposición, que Sanz (profesor de EGB, especialista en Pedagogía Terapéutica) huya del sillón a la carrera tras consultar el móvil como un adolescente y los intereses de sus señorías se parezcan sospechosamente a las portadas de los periódicos, donde la oposición halla la inspiración que a menudo le falta cuando se limita a controlar al Gobierno, cuya lánguida trayectoria complica por otro lado esa tarea: Ceniceros (diplomado en Educación, experto en Filología Francesa) y su equipo ya tienden a controlarse a sí mismos viajando por la agenda gubernamental con el freno de mano puesto. Siempre prudentes, como ese conductor temeroso de que otro le adelante, por la izquierda o por la derecha. Olvidando que quien se pasa la vida mirando por el retrovisor, jamás avanza.

Lo cual dificulta el pilotaje y explica sesiones parlamentarias como la de ayer, tan parecida a la anterior y con seguridad gemela de las que seguirán. Donde se aplica la máxima del eterno retorno, al que aludieron las mencionadas periodistas Martínez y Orradre: todo vuelve, como subrayaba preciso Nagore. «La historia se repite», advertía el titular de Agricultura en un duelo de topicazos con Calvo. «El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla» fue la obviedad elegida por el portavoz de Podemos para zanjar el debate sobre La Barranca, ese tipo de unanimidades que tanto excitan a nuestros representantes: como se confiesan tan bien dotados de másters, compiten por apabullar a su auditorio exhibiendo tanta oratoria como conocimientos. Ignorantes del sabio consejo que recetó Calvo, especialista en Medicina Familiar: ‘Primum non nocere’. Lo primero, no hacer daño. Un latinajo, como en tiempos de Emilio del Río.

Sí, todo vuelve. Hasta el latín. Normal con señorías tan preparadas.

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Sobre el autor Jorge Alacid
Jorge Alacid López (Logroño, 1962) es periodista y autor de los blogs 'Logroño en sus bares' y 'Línea de puntos' en la web de Diario LA RIOJA, donde ocupa el cargo de coordinador de Ediciones. Doctor en Periodismo por la UPV.