La Rioja
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Autor: Jorge Alacid
Un MIR para políticos
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Jorge Alacid | 06-02-2018 | 7:03| 0

Martín, Maíllo, Ceniceros y Gamarra, al cierre del acto político del 29 de enero en Logroño. Foto de Juan Marín

 

«El aprendizaje nunca agota la mente» (Leonardo da Vinci)

Lunes invernal. Logroño, exterior noche. El PP insiste en cuanto puede que ha emprendido el camino de la renovación, pero a la entrada del acto que celebra en el Círculo recibe una escogida selección de dirigentes maduritos que hicieron su carrera bajo la alargada sombra de Pedro Sanz. Apenas el siempre sonriente Diego Bengoa se aparta de este sanedrín dominado por las canas. La imagen sirve muy bien como aviso de lo que aguarda dentro: otra función del sanzismo sin Sanz. Casualidad: el senador es el único gran dirigente ausente de un acto convocado (en teoría) para hablar del reto demográfico; en realidad, una excusa para ensayar la nueva estrategia del PP que se va a llevar mucho esta temporada: el único rival es Ciudadanos. Así que al ataque.

Y contra Ciudadanos descargarán sus baterías dialécticas los oradores, mediante ese mismo estilo que popularizó Sanz durante su largo reinado en La Rioja. Sin citarlo por su nombre. Al enemigo, ni agua. Todo muy adulto. Una estupenda manera de engrandecer al destinatario de tanto dardo, al que se pretende por el contrario empequeñecer. Curiosa estrategia. La propia de los días de confusión, ese tipo de atolondramiento que todos hemos atravesado alguna vez: cuando no entiendes lo que sucede a tu alrededor. Lo cual tiende a ocurrir en la adolescencia, pero no tanto en la etapa senior que hermana al conjunto de los presentes: se nota que la emergencia de Ciudadanos, su condición de partido más votado en Cataluña, ha pillado al PP con el pie cambiado. Y se resume en esas collejas que por turno le lanzan desde el atril. De Fernando Martínez Maíllo a José Ignacio Ceniceros, con similar energía: es decir, muy poca. Sin brío, como María Martín: «Nosotros somos coherentes. No como otros». Y no miro a nadie.

Aplausos desvaídos: en eso sí se nota que el PP ha cambiado. Antes era obligatorio cerrar cualquier nadería con una ovación estruendosa. Ahora, ni siquiera aprobar el Presupuesto arranca de sus dirigentes en el Parlamento unas humildes palmas. El resto del ecosistema popular recuerda por el contrario mucho a los días que parecían superados. Refractario a la realidad, el discurso se llena de topicazos. Evidencia de ese íntimo malestar que nace cuando se deja de controlar la agenda política: claman algunos actores principales del sector turístico contra la gestión gubernamental, pero sus responsables sólo detectan ahí una coartada para presumir de lo contrario. Plas, plas, plas. De compromiso. Y para arremeter contra la maniobra de aminorar el generoso sueldo de la compañera Ana Lourdes González como presidenta del Parlamento, la receta clásica: prietas las filas. Un atropello, según su jefe. Que sigue embarcado en la mixtificación de la historia.

Porque el orador, que antes también presidió esa misma Cámara, elige para definir su etapa al frente del Legislativo una palabra sorprendente: sacrificio. Presidir el Parlamento bajo la mayoría absoluta del PP, ejerciendo de brazo ejecutor del Palacete, fue eso. Un sacrificio. Y cercenar ahora la nómina de su máxima autoridad como acaba de acontecer, se traduce según Ceniceros en un ataque contra la dignidad parlamentaria. Más grave, por supuesto, que esos episodios regionales que los reunidos en el Círculo ya han olvidado. Como el envío del regionalismo al grupo mixto: un gesto de cortesía parlamentaria, se supone. La misma cortesía que recibió por ejemplo la socialista Inmaculada Ortega.

Avanza el mitin. No hay manera de elevar el ánimo del auditorio. Ni siquiera se borra el abúlico tono general con ese llamamiento a solidarizarse con la presidenta del Parlamento: se conoce que la pérdida de unos cuantos miles de euros, recién evaporados del bolsillo de González, sólo conmueve a la perjudicada. El alicaído volumen de los aplausos refleja con mayor precisión que cualquier otro dictamen la fría acogida que los discursos reciben de los reunidos. A los asistentes parece que todo les da un poco lo mismo. Igual que no van con ellos otras invocaciones, como el recordatorio que esgrime la alcaldesa: Cuca Gamarra presume de que su partido acaba de poner sobre la mesa un debate en torno a la conveniencia de perfeccionar la formación del profesorado. Esa especie de MIR docente: un programa de formación práctica tutorizada de dos años que se exigiría para impartir clases. Imposible no reparar cuántos de los presentes, o de los intervinientes, superarían un filtro semejante si hubiera un MIR para políticos.

Nunca tan necesario.

Bengoa tiene trabajo.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Elecciones a la Cámara, a la espera
Aunque Jaime García-Calzada expresó su intención de concurrir a las elecciones a la Cámara de Comercio hace días, ese proceso avanza más despacio de lo que pudiera parecer. Porque la convocatoria de elecciones está en manos del Gobierno. Que todavía no se ha pronunciado, de modo que el relevo de José María Ruiz Alejos amenaza con demorarse si los plazos se alargan. La entidad al menos ya ha hecho su parte de los deberes: la exposición del censo de potenciales votantes, para su verificación. La pelota, en el lado del Gobierno.

Salud renueva el contrato de Del Ojo
José Luis del Ojo, el controvertido dirigente del PP granadino que aterrizó por sorpresa como médico de Cuzcurrita para retomar la profesión que abandonó hace tiempo por la política, tenía un contrato temporal con la Consejería de Salud que expiraba en diciembre. Sin embargo, no ha dejado su puesto: continúa en ese destino, como explican desde ese departamento del Gobierno riojano, porque le han renovado «al igual que sucede con el resto de eventuales apuntados en la bolsa de empleo». La contratación de Del Ojo obligó a comparecer en el Parlamento a la consejera María Martín, quien contó con el apoyo de su compañero de filas Félix Vadillo para justificar la medida entre la oposición.

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Que viene Bengoa
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Jorge Alacid | 02-02-2018 | 12:56| 0

Diego Bengoa, primero por la izquierda, el lunes con la cúpula de su partido. Foto de Juan Marín

 

Desde el minuto siguiente a que María Martín asumiera la secretaría general del PP, desde su sede empezó a bombear la idea de que no estaría sola en semejante desempeño. Que, como era norma bajo el mandato de Sanz, al secretario general le saldría un brazo ejecutor que se ocupara de la letra pequeña de la agenda diaria. Lo cual, en aquellos tiempos, se justificaba por la desconfianza que empezaba a anidar en el entonces presidente respecto a Carlos Cuevas: mejor que José Luis Pérez Pastor, en consecuencia, vigilara de cerca los movimientos del hoy consejero de Fomento. Pero era algo que mantenía su lógica incluso en la etapa de José Ignacio Ceniceros: ser a la vez la jefa de la sala de máquinas del partido y consejera de Salud parecía una hazaña fuera del alcance de Martín.

Así que Diego Bengoa empezó a calentar la banda. Aunque sea a costa de prescindir de sus servicios en la Consejería, toda vez que además sus relaciones con el titular de esa casa parecen haber atravesado mejores días. Como medio PP vive pendiente del juego de tronos, con escaramuzas, emboscadas y camuflajes cada semana, la carambola que permite a Raquel Sáenz instalarse en el Palacete y devolver a Esther Agustín al Parlamento satisface unas cuantas ambiciones, a costa de que por el camino se quede mermada la credibilidad: por qué esperar medio año para tomar una decisión que se podía haber adoptado antes del verano.

Respuesta: tal vez porque Martín no sabía dónde se metía. Como relata un veterano dirigente socialista, buen conocedor de La Rioja interior, “en según qué ambientes, le van a hacer sufrir. Incluso sus propios seguidores”. Diagnóstico al que puede añadirse la creciente percepción, detectada en su entorno, de que la consejera necesitaba días con más de 24 horas. El aspecto alicaído con que alguna vez compareció ante el ojo público contribuía a fortalecer la idea de que su doble cometido quedaba lastrado por algún lado: probablemente, por la vertiente del cargo orgánico, que no atendía con el mismo celo. “Alguna vez ha tenido que ir al Parlamento con una gripe monumental”, relata algunos de sus colaboradores. “No le daba la vida”. Así que toque de centinela: nos atacan. Toca reorganizar las filas.

Y desde primera hora de este día de las Candelas del 2018 Bengoa empezó a recibir felicitaciones en el móvil, bastante antes de que Martín hiciera oficial el anuncio que anoche se distribuía ya entre los afines. Los críticos algo se maliciaban también: a fin de cuentas, esta es una región pequeña, una ciudad pequeña y un partido pequeño. Donde todo más o menos se acaba sabiendo. Lo cual justificaba también la decisión de poner a alguien que aún no peina canas en el ombligo del partido. Que tiene trabajo por delante: por ejemplo, hacer creíble un discurso de renovación protagonizado por aquellos que, como Sáenz o Agustín, se iniciaron en su carrera con Pedro Sanz.

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Retorno al 77
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Jorge Alacid | 30-01-2018 | 11:00| 0

Álvaro Lapuerta y Javier Sáenz Cosculluela, en 1977. Foto Teo (Archivo Casa de la Imagen)

El pasado ya no es y el futuro no es todavía (San Agustín)

 

Vuelan las encuestas sobre el panorama político regional. Mejor dicho, vuelan sus estelas, como brujas gallegas. Nadie las ha visto, pero dicen que las hay. Fantasmales estimaciones demoscópicas con las urnas (del 2019) al fondo, para dicha de los analistas emboscados en el seno de cada partido, encerrados en sus respectivos cuartos oscuros de donde salen de repente con un papelito en las manos gritando eureka: compañeros, nos despeñamos. O su contrario: compañeros, vamos bien. A ninguno de los dos heraldos les harán gran caso sus conmilitantes: al portador de malas noticias, por cenizo. A quien proclame la buena nueva, por si acaso: porque los sondeos, y sus propagandistas, han conocido mejores tiempos. No conviene fiarse.

Lo cual no evita que en cada cocina, singularmente en el obrador del PP y en los fogones del PSOE, anide estos días una evidencia. Olisqueando el ecosistema parlamentario o extrapolando los datos de encuestas que van y vienen a escala nacional, se concluye que la escena política regresa a 1977, recién inaugurada la Transición. Aunque la sopa de siglas sea más contenida cuarenta años después, el panorama presenta severas analogías. A la derecha de toda la vida le ha salido un competidor más centrado (Ciudadanos sería para el PP la reencarnación de UCD) y el PSOE tiene que lidiar con un feroz competidor a su izquierda: al viejo PC de Carrillo le releva hoy el conglomerado de Podemos y sus filiales territoriales.

Un argumento que amenaza con verse confirmado cuando se desvele el contenido de ese misterioso sondeo que pregunta al potencial elector… desde una perspectiva regional. Quien descuelga el teléfono tropieza con que el encuestador le suelta nada menos que los nombres de José Ignacio Ceniceros y Cuca Gamarra. Luego pregunta por otra pareja célebre, aunque mejor avenida: Concha Andreu y Francisco Ocón. También se interesa el encuestador por saber a qué siglas concedería su apoyo su interlocutor si las elecciones autonómicas ocurrieran mañana, aunque hay quien se ofrece a hacerle ese trabajo por adelantado, sin cruce de datos ni estimaciones de margen de error: en efecto, tómese el mapa político del 77 y clónese. La radiografía resultante permite sentenciar que se avecinan días agitados. Turbulentos. Los propios de cuando reina la diversidad, que otros llamarán barullo.

Días que no tardarán en aterrizar entre nosotros. Sobre todo, si el PP se anima a cumplir las órdenes de Génova según las cuales procede designar cuanto antes a sus candidatos, de manera que se oponga al desafío naranja un elenco de potenciales aspirantes que revitalicen al alicaído militante popular. Quien también ha conocido días mejores. Observa ahora cómo su afiliación junior tiene puestas todas sus complacencias en Albert Rivera y compañía con un nivel de entusiasmo indetectable alrededor de las siglas propias. Quedaría por lo tanto consumado el vaticinio de quienes alertan de un movimiento demoscópico de dimensión telúrica: en las elecciones que vienen, se hará realidad que la marca de todo partido cotizará a la baja, salvo en el mentado caso de Ciudadanos. El resto de candidatos hará mejor en labrarse su particular prestigio; de lo contrario, se irá por el precipicio. Con su partido.

También hay quien alerta de que finalmente la suma de PP y Ciudadanos configuraría, así en La Rioja como en Logroño, la misma mayoría actual de centro-derecha, diagnóstico que tiende a equiparar a ambas fuerzas. Como si fueran iguales. Error. De las maniobras naranjas se deduce que, al menos en el Parlamento, reina ahora mayor complicidad entre Diego Ubis y los bancos socialistas, similar a la sintonía que antes distinguió sus relaciones con el PP. Salvo que el portavoz naranja esté disimulando, que nunca debe descartarse. Porque la política, ya se sabe, está llena de sorpresas: alguno de los entrevistados en este sondeo de intención de voto llega a la conclusión de que detrás de la encuesta se halla el PP, en efecto, pero no la organización en sí, sino la facción que lidera la alcaldesa de Logroño…

Una sospecha que surge por la insistencia de quienes preguntan por medir el grado de simpatía que despierta Gamarra, cuyos afines niegan ser los autores del encargo, desmentido que también hacen suyo PP y PSOE. Aunque en el lote de preguntas no falta nadie: ni los dirigentes socialistas ni otros nombres conocidos, de Julián San Martín a Diego Ubis, pasando por Gonzalo Peña o Kiko Garrido. Para despejar cualquier duda: que la encuesta dispone de un enfoque regional queda probado porque quienes preguntan se interesan incluso por las opciones del PR+ de volver al Parlamento.

Que sería el auténtico retorno. El eterno retorno.

(P.D. Por cierto, en las elecciones de 1977, La Rioja votó como sigue: ganó UCD, que envió a dos diputados a Madrid, por delante del PSOE (con Cosculluela al frente) y del PP (entonces, Alianza Popular) del hoy famoso Álvaro Lapuerta. Los comunistas de hace 40 años se quedaron lejos, muy lejos, de los tres grandes. Parece la única tendencia que hoy se mantiene).

La letra pequeña

El PP riojano, camino Soria

Los parlamentarios nacionales Emilio del Río y José Luis Pérez Pastor compartieron el pasado fin de semana reflexiones con sus compañeros del PP de Soria. Ambos participaron en la Escuela de Formación que los populares organizaron con sendas intervenciones en torno a la comunicación política y la retórica en la escena pública. Lo cual afianza las estrechas relaciones entre los dirigentes del partido de las provincias vecinas: también Pedro Sanz, en su condición de vicepresidente del Senado, presidió el almuerzo de Navidad del PP soriano. Por el contrario, Sanz se ausentó de la cena navideña del PP riojano, que presidió hasta abril.

El regreso de Juanjo Álvarez

Los últimos nombramientos internos desvelados por el PP han puesto de nuevo sobre el tapete público a Juanjo Álvarez, estrecho colaborador que fue de Marta Martínez cuando era alcaldesa de Nájera. Álvarez, concejal encargado de las competencias de Policía, tuvo que renunciar a su cargo tras dar positivo en un control de alcoholemia en el año 2012. Ahora, se incorpora como vocal del comité electoral del partido, que así lo comunicó al término de la ejecutiva regional. El nombramiento de Álvarez llega después de que se integrara entre los seguidores de Martínez (es decir, el sector afín a la dirección que encarna José Ignacio Ceniceros) en el duelo que la exalcaldesa perdió frente a Francisca Mendiola por la presidencia del PP en Nájera. Una derrota que provocó la división entre los populares de esa cabecera de comarca que aún perdura.

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