La Rioja
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Lecciones de un naufragio

José Ignacio Ceniceros, junto a Núñez Feijoo, durante la reunión del PP donde Rajoy anunció su renuncia. Foto facilitada por el PP

«Los hombres no encuentran la verdad: la construyen, como construyen su historia» (Paulo Veyne)

 

El pasado lunes, Mariano Rajoy reunió a los suyos en Madrid para anunciarles la convocatoria del congreso que deberá elegir a su sucesor al frente del PP. Quiso la casualidad (o tal vez no: tal vez sucede que la madeja de la corrupción se desenreda con tal frecuencia que garantiza noticias suyas por Génova cada pocos días) que a esa misma hora la justicia volviera a condenar al PP por otra de las causas por corrupción que tiene atenazadas esas siglas, sobre cuya conducta «delictiva» se extendían los jueces. Cuyas admoniciones sirven para entender muy bien por qué, cómo y cuándo se ha tenido que marchar Rajoy. Quien por cierto tenía entre su auditorio a una seleccionada representación del PP riojano. Faltaron Pedro Sanz y Cuca Gamarra, a quien sus obligaciones como alcaldesa retenían en Logroño por San Bernabé. Pero sí que acudieron José Ignacio Ceniceros, María Martín, parlamentarios… Que pudieron haber levantado la mano en algún momento del cónclave y explicarle a su jefe en retirada cómo debería pilotar su relevo sin equivocarse más de lo preciso.

Porque todos ellos conocieron de cerca la experiencia contraria: cómo ejecutar la sucesión de su líder mal. Muy mal. Rematadamente mal. De modo que tendría sentido haber indagado su opinión sobre el proceso que se avecina a escala nacional. Confesión de uno de los asistentes: «La clave es la unidad». A ella aludió precisamente Ceniceros en declaraciones a este periódico, cuando se decantaba por evitar la desunión que tanto temor suscita en Génova y tanto daño hizo (y hace) por Duquesa de la Victoria. ¿Pero de qué hablamos cuando hablamos de unidad en el PP? Para alguno de los interlocutores consultados, el relevo de Rajoy pudiera salir de una candidatura única donde las distintas sensibilidades del partido se viesen reflejadas. Transversalidad frente a esa jerarquía tan verticalizante, muy presente desde Fraga al propio Rajoy, pasando por Aznar. Porque el bipartidismo resiste, pero el presidencialismo ha vivido días mejores. De hecho, el presidencialismo ha muerto.

Lo cual se nota por ejemplo en la conveniencia, según la opinión de otro de los asistentes, de elegir al nuevo líder mediante confrontación «aunque sin el nivel de belicosidad que hubo en La Rioja». «Lo inteligente, vistos los nuevos tiempos que corren en la política, es que vote la gente. Y que los ciudadanos nos vean votando. Eso de las unanimidades es de otra época», añade, mientras propone una lectura en clave regional: a su juicio, la delegación riojana no debería ir al congreso con un voto cerrado en favor de un candidato, sino permitir desde la cúpula que cada compromisario elija a quien quiera. De donde nace alguna confidencia que se permiten esas fuentes: «Hay tiempo para que quienes tengan aspiraciones pacten una lista única». Una reflexión que no comparten sin embargo otras fuentes del partido en La Rioja. «Creo que vamos a un pulso entre Soraya y Feijoo», profetiza un dirigente consultado.

Curioso. Muy curioso. Porque hace apenas año y medio, este mismo PP que ahora despide a Rajoy lo entronizó sin discusión en el cónclave de la Caja Mágica. Donde se celebró un congreso que pareció más bien un ‘Gran Hermano’: aislados sus integrantes de la realidad, encerrados en su propia burbuja, nadie de los reunidos reparó en las consecuencias que tendría para el partido la cascada de sentencias condenatorias por corrupción que se anunciaban y ahora les estallan ante sí, incapaces todos de reaccionar. Porque pensaron que puesto que se habían puesto de acuerdo en absolverse a sí mismos, un país entero haría otro tanto. Y olvidaron ciertas lecciones que rinde la historia.

El lienzo que ilustra estas líneas se titula ‘La balsa de la Medusa’. Representa una escena del naufragio de la fragata de la Marina francesa llamada Méduse, en 1816. Y recuerda a las 147 personas que quedaron a la deriva en una balsa construida precaria y apresuradamente: casi todas murieron mientras esperaban a ser rescatadas. Quienes sobrevivieron sufrieron todo tipo de aflicciones, aunque tuvieron un consuelo: que su martirio desató una correosa oleada de indignación entre la opinión pública, puesto que el naufragio se atribuyó a la incompetencia del capitán que dirigía la nave. Nada volvió a ser igual en el ecosistema político francés de aquel tiempo. Su calvario tuvo algún sentido.

De donde se deduce que incluso los dramas mayúsculos gozan de alguna ventaja, como bien saben los náufragos de la historia. Incluidos los políticos, que juzgan entonces llegada la hora de la regeneración, esa tarea que sólo puede hacerse en la oposición. A eso se dedicará ese PP que Rajoy deja en el diván: a renovar su discurso mientras otro partido ejerce el poder. El tipo de amenaza que acecha al PP riojano.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Parlamento interrumpido…

El pleno que el Legislativo de La Rioja celebra el próximo jueves será el último del actual periodo de sesiones… hasta la reanudación de la actividad parlamentaria, allá en septiembre. Será entonces cuando tenga lugar el Debate sobre el estado de la región, los días 5 y 6 de ese mes. Hasta entonces, sin embargo, todavía puede haber novedades: sus señorías deberán permanecer localizables, no vaya a ser que se convoque un pleno extraordinario a cuenta de la ley de gratuidad de libros de texto, pendiente del dictamen en comisión.

…Y nuevo debate sobre laicidad

Sí es seguro que en ese pleno de esta próxima semana volverá a debatirse sobre una cuestión que ya mereció gruesa palabrería hace algunas semanas: la pretensión de que los actos festivos de La Rioja rindan tributo al sentido laico de la vida pública, conforme a una proposición de ley aprobada en mayo. Por cuyo cumplimiento se interesará la diputada de Podemos Ana Carmen Sainz. Su pregunta se dirige no tanto a conocer por qué las instituciones riojanas ignoran el (inconcreto) mandato de la Cámara, que también, sino que aspira a una respuesta más amplia: le interesa saber el cumplimiento global de las iniciativas que sacan adelante los partidos de la oposición.

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Titulares y suplentes

La alcaldesa de Logroño, durante su intervención del miércoles en Espacio Lagares. Foto de Díaz Uriel

 

En la primavera de 1987, Antonio Hernández Mancha presentó en nombre del PP una moción de censura contra el Gobierno de Felipe González. Un gatillazo histórico. Que se empezó a fraguar cuando el entonces líder de la oposición, luego de un discurso eterno, dejó el atril a la carrera y confesó a los estupefactos diputados algo así: que tenía muchas más cosas que contarles, pero que con eso le parecía suficiente. Recogió los papeles y se largó al escaño. Como todo político en su hora de mayor protagonismo, Hernández Mancha no había renunciado a recrearse en la suerte por encima de cuanto dicta el sentido común. Un error que ayer evitó cometer la alcaldesa de Logroño: como le pareció que casi una hora de intervención resultaba suficiente, aceleró en la parte final de su discurso y evitó ese instante temido. Cuando el público empieza a mirarse el reloj. Peor. Cuando lo agita, acercándolo a la oreja, para comprobar si funciona bien.

Gamarra huyó de semejante trance porque ejerció de sí misma. La perfecta opositora, dicho sea sin segundas. Como aceptan hasta sus queridos rivales, así los del PP como los alejados de sus siglas, se sabe bien la lección. De modo que sube con la soltura habitual al atril, desgrana (sin necesidad de leer sus papeles: que tomen nota los asiduos al Parlamento ) el memorándum con brío y seguridad, baja a la letra pequeña, detalla los grandes proyectos con frases que aspiran a ser titulares… Mientras, en el estrado le atienden otros titulares: los miembros su equipo. Firmes, por ahora. Aunque llega la hora de elaborar las listas, cuando se mide el grado auténtico de la lealtad siempre debida. Cuando a alguno se le pondrá cara de suplente… Ya se sabe. Hasta Julio César tuvo su Bruto.

Mientras aterriza ese día, Gamarra se mantiene fiel a su papel. Como si fuera a ser alcaldesa en el próximo mandato, el territorio hacia donde apuntan algunas promesas ayer de nuevo enunciadas. Lo cual equivale a que será candidata, almendra central de los meses que se avecinan. Su auditorio comparte de momento ese convencimiento, habida cuenta la capacidad de convocatoria que volvió a acreditar la alcaldesa. Por ahí no puede quejarse. Cosa distinta es que las páginas que fue repasando sonaban tan conocidas que justifican los codazos que se propinaban entre sí los periodistas reunidos en Espacio Lagares. Preguntándose eso tan temible de tú por dónde titularías… La propia interesada les dio una pista: cuando confesó que en la Casa de las Letras (o como se llame ahora) podía haber tenido más suerte.

Pero también podía haber ocurrido lo contrario. Que hubiera tenido la peor de las fortunas. La que acompañaba ayer a Urdangarín, a Huerta o a Lopetegui, cuyas desventuras propagaban las alertas del guasap mientras Gamarra concluía su intervención. Sí, todo puede ir siempre a peor. Que pregunte a Mariano Rajoy, víctima también de este ecosistema político tan veleta. Donde tan pronto te aúpan los mismos que luego te descabalgan. Ella por supuesto no lo ignora desde que ocurrió lo que ocurrió en Riojafórum. Así que de momento se refugia en la gestión, aguarda su hora (que en política siempre llega: véase el caso reciente de Pedro Sánchez) y procura escapar del ejemplo desdichado de Hernández Mancha. Ese día infausto en que un político se da cuenta de que no tiene nada que decir.

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Manual de identidad colectiva

José ignacio Ceniceros y Ana Lourdes González, el pasado 9 de junio en San Millán. Foto de Justo Rodríguez

«Si quieres tener éxito, promete todo y no cumplas nada» (Napoleón Bonaparte)

 

Día de La Rioja bajo los vientos de cambio que acaban de barrer de La Moncloa al presidente que parecía eterno. Imposible no reparar en las semejanzas con las vicisitudes que conoció la política riojana hace tres años, cuando también el huracán de la historia se llevó por delante al titular perenne del Palacete. Lo cual debería obligar a los actores principales de la vida pública a adecuar su perfil a los renovados tiempos que reclaman cuidar con mimo los detalles, evitar los gestos rutinarios, huir del protocolo plomizo. Innovar, así en el fondo como en los gestos. Aviso ignorado. Aunque José Ignacio Ceniceros estuvo muy elegante en sus recientes declaraciones, dando la bienvenida gentil a Pedro Sánchez en un tono que escapa de actitudes pasadas, la cita anual de Yuso insiste en el modelo entronizado desde hace demasiado tiempo. Una estupenda metáfora de cómo vive la región entera cada día. El 9 de junio y el resto del año: aquí no pasa nada.

Pero claro que pasa. La necesaria solemnidad, a la que aludió por persona interpuesta el premiado Alberto Corazón, puede muy bien compatibilizarse con una agilidad en el orden del día desacostumbrada por la región desde esos tiempos en que precisamente el prestigioso diseñador se ocupó de renovar la imagen comunitaria. Han pasado cerca de cuarenta años. Llega el momento de que la sociedad riojana protagonice una nueva travesía por el desierto, guiada por un manual de identidad colectiva que en algo copie los consejos reunidos ayer en las palabras de Corazón y en la manera en que ejecutó el encargo del Gobierno socialista de la época. Lo cual significaría que esta tierra fuera capaz de abandonar como entonces La Rioja del escudo, La Rioja de profundo aroma feudal y medieval, para abrazar un territorio basado en los altos principios del humanismo. Una región con genuina personalidad propia que merece gobernantes a la altura de ese desafío.

También reclama, sobre todo, ciudadanos dispuestos a seguir los pasos de sus líderes si detectan en ellos algo similar a la grandeza. Cierta audacia. Desde luego, no tropezarán con ella en el discurso de su presidente del Gobierno, quien se entregó a las fórmulas más estereotipadas para pronunciar las mismas palabras de siempre. Más o menos. Con la salvedad de que Ceniceros parece dar por perdida la reforma del Estatuto, proyecto hace poco del todo trascendente que apenas ocupó ayer un parrafito de su mensaje. Seis páginas de áspera sintaxis, a mayor gloria de esa idea principal antes mencionada: aquí no pasa nada. De modo que el conjunto del Gobierno, tres años después de renovar su fisonomía, continúa a lo suyo: felices sus integrantes de haberse conocido como consejeros, según el modelo de satisfacción dibujado en la imborrable sonrisa de su jefe. Cada cual pensando ya en el día después del día después: a todos se les va poniendo cara de qué hay de lo mío, habida cuenta cómo se comporta el muy volátil escenario político nacional (y sus derivadas riojanas). Dichosos de vivir en la paradoja de quienes alertan de que combatirán a quien desde Moncloa entronice a partir de ahora privilegios entre regiones… idénticos a los consagrados bajo la etapa del presidente recién depuesto. Beligerancia contra las siglas ajenas, resignación ante las propias.

Nada nuevo bajo el sol de San Millán que a ratos asomó por el patio del monasterio, donde daba gusto ver cómo se filtraba la espontaneidad de la calle contenida en la gozosa música de Pablo Sainz Villegas o en la alegría desatada entre las gentes de Pioneros cada vez que se mencionaba su nombre desde el atril. Dos imágenes donde se resume muy bien el espíritu que podría vertebrar una promesa de renovada identidad regional, que necesitará desde luego un manual aún más ambicioso que el de Alberto Corazón. O un ataque de patriotismo bien entendido, ese tipo de inconformismo cívico que engrandece a la ciudadanía de cualquier territorio. El que por ejemplo anima los compases de ‘Britannia rule the waves’, el poema de Thompson y Arne cuyos emocionantes sones preludiaron el acto de Yuso. El himno que los británicos entonan recordando aquello de que nunca serán esclavos. El tipo de inyección anímica que La Rioja precisa cada día. No sólo el 9 de junio.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Sentados ante el himno español

Diego Mendiola, líder de Izquierda Unida, decidió sentarse ayer cuando sonó el himno de España en Yuso. Un gesto que contó con un imitador: su compañero de siglas Arturo Villar, alcalde de Camprovín, sentado unas sillas más allá. Villar esperó unos segundos antes de seguir los pasos de Mendiola: miró hacia él y cuando comprobó que éste, edil de Santo Domingo, se sentaba mientras el resto del público se ponía en pie, también se acomodó en su silla. Ambos sonreían. Luego sonó el himno de La Rioja y se pusieron en pie, pero cuando volvió acto seguido a interpretarse, de nuevo se sentaron al unísono.

 

Alcaldes ausentes

Javier García, alcalde de Arnedo, se ausentó del Día de La Rioja. Le relevó en Yuso su concejala María Jesús Gil de Muro, situada según el protocolo a continuación de Cuca Gamarra y Luis Martínez Portillo, quien por cierto celebró ayer su cumpleaños. García se hallaba de viaje en el extranjero; también faltó la alcaldesa de otra cabecera de comarca, Laura Rivado. La primera edil de Haro envió en su lugar a un par de ediles, que prefirieron no ocupar la plaza destinada a la alcaldesa.

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Mejorando lo presente

Paisaje, una obra de Blanco Lac, propiedad del Museo de La Rioja

«Si hay una identidad hay que buscarla en el amor. Ni más, ni menos. Amor al país en que hemos nacido o vivido» (Julio Caro Baroja)

 

Dentro de apenas dos años, La Rioja celebrará su 9 de junio en pleno año de gracia del 2020. Puesto que se trata de una cifra tan redonda, desde distintas instancias se promovió hace tiempo un movimiento de carácter panrregional, que pudiera dotar de un espíritu superior al proyecto autonómico más allá de la rutina diaria. Al frente de la locomotora se situó Javier Erro, entonces consejero del Gobierno riojano, como representante del protagonista máximo de La Rioja2020 (que así se llamó la iniciativa) aunque no único. Corría el año 2010 cuando desde el Palacete se puso en marcha aquella estrategia, en comandita con otras entidades del universo regional (señaladamente, la UR), que contribuyeron a fijar un escenario de partida, establecieron un horizonte de aterrizaje, dotaron al proyecto de los mecanismos adecuados para ser ejecutado… Fueron en consecuencia ambiciosos. La condición indispensable que se reclama de cualquier gobernante. Ser beligerante en la defensa de sus administrados.

Aquel esfuerzo por situar a La Rioja en la senda de las regiones más avanzadas de Europa podía tener algo de artificial. Un propósito impostado, postizo, porque viajaba contra corriente y debía superar en consecuencia la eterna tendencia local al conformismo. Se rodeó tal vez de un protocolo excesivo y se enredó a menudo en la conocida afición regional de institucionalizarlo todo, desde una calle recién pavimentada lista para ser inaugurada hasta la promoción de caparrones en el San Pedro, por citar algún caso reciente. Pero tenía sentido porque aspiraba a la excelencia. Que La Rioja se sumara al club de territorios europeos donde se juega una hipotética Champions obligaba a la intelligentsia riojana a un esfuerzo superior al de costumbre: debía establecerse un diagnóstico real del paciente y proponer un tratamiento que mejorase su calidad de vida. En realidad, era sencillo resumir tantos afanes: según la estadística continental, La Rioja se situaba en el 2010 seis puestos por encima del número 70. Luego parecía razonable aspirar a que ascendiera al top30.

Hoy, por el contrario, los últimos datos conocidos sitúan a La Rioja como la número 184 en el índice que mide la competitividad de las regiones europeas. De aquel plan, nunca más se supo. De sus propósitos no hay noticia. Todo ese legajo duerme en un cajón gubernamental, sustituida la estrategia que se contenía en esos papeles por el menú habitual. Clientelismo, endogamia y propensión al folclore. Inauguración de ermitas, procesiones varias y paelladas populares (vale calderetas). La región llega a su 9 de junio más o menos como siempre. Mejor dicho: según Europa, peor que nunca.

Lo cual tiene delito. El magro tamaño de La Rioja, su escasa población, lesionan sus posibilidades pero también le conceden la alternativa de explorar nuevas vías de crecimiento, conocimiento y enriquecimiento. Cualquiera que indague sobre las particularidades de esta tierra observará la presencia de personalidades que, en diferentes ámbitos, dotan a La Rioja de singularidad. Riojanos que levantan el vuelo y corroboran que otra región es posible, una idea que salva los estrechos corsés ideológicos. Un pensamiento transversal, que incluye desde luego a políticos de todo signo (alguno cobra incluso del Palacete y se libra de la mediocridad reinante) pero que debería ser más panorámico. La Rioja, bendito sea San Millán, es bastante más que los plenos del Parlamento.

Donde por cierto suele darse una escena no por frecuente menos llamativa. Desde que fue nombrada directora general de Política Local, Raquel Sáenz acostumbra a ocupar un sitio en tribuna, hacia donde peregrina, según un ritual que parece sacado de ‘La escopeta nacional’, una romería de diputados que además son alcaldes o concejales o que pasaban por ahí: una sonrojante comitiva en plan qué hay de lo mío cuyos protagonistas ni siquiera perciben el peculiar espectáculo que regalan a las visitas. Son simplemente riojanos que ejercen como tales de acuerdo con un modelo que se niega a mejorar lo presente. Los que han renunciado a ganar el futuro porque jamás en su vida hubieran imaginado que hoy estarían donde están y por lo tanto se confiesan conformes. Esos riojanos que ya se han resignado.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Calendario de primarias del PR

Como presidente del PR, Rubén Antoñanzas anunció días atrás la organización de primarias en su partido para designar al cabeza de lista autonómica de cara a las elecciones del 2019 (si antes no hay sorpresa, claro). Corresponde a la ejecutiva regionalista designar la fecha del proceso, aunque todo apunta a que a finales de este mes el mecanismo de elección de número uno autonómico quedará concluido. Y se habrá despejado la duda que el propio Antoñanzas dejó en el aire: si se anima a mudarse desde el Ayuntamiento hacia el Parlamento.

 

Aterrizaje de la ADER en Madrid

Bastante antes de que Ciudadanos presentara su proposición para reprobar en el Parlamento a la consejera González Menorca, y al conjunto de la política económica del Gobierno riojano, desde el Palacete se había impulsado un acto que pretende reflejar un panorama distinto al que observa la formación naranja. La presentación en Madrid de la oferta que plantea la Administración autonó- mica a quienes aspiren a invertir en La Rioja. Un acto similar al protagonizado meses atrás por las instituciones vascas… del que en Ciudadanos ya estaban bien enterados.

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Logroño tuvo que ser

 

Álvaro Lapuerta, con afiliados de Alianza Popular, en los años 70 en Logroño. Foto Teo (Archivo Casa de la Imagen)

 

Aprendí gracias a mis mayores en este oficio que, según me contaban, Álvaro Lapuerta lo fue (casi) todo en el PP de La Rioja. Prácticamente se lo inventó. Más precisamente: se inventó la vieja Alianza Popular, donde se encuentran las raíces de todo lo que vino después. Con sus luces y sus sombras. Como tantos dirigentes de su generación, saltó de ocupar cargos públicos con el franquismo a desempeñarse en la naciente democracia a través del vehículo creado para semejante ocasión por su patrón, Manuel Fraga. Movido por la lealtad al líder histórico de la derecha española, Lapuerta sacó de la (casi) nada la versión riojana de la antigua AP. Para lo cual, según relatan de nuevo mis antepasados en esta casa, debió patearse la desaparecida provincia de Logroño, aprovechando los contactos que atesoraba desde su condición de jefe máximo de la política local como procurador en aquellas Cortes que se acababan de someter al famoso harakiri.

La vida, que es pródiga en azares, quiso que la desaparición de quien lo fue (casi) todo en el PP coincidiera con una semana bien enojosa para los designios de Génova. Fue irse Mariano Rajoy de Moncloa, luego del desdichado fallo judicial por el caso Gürtel, y fallecer acto seguido Lapuerta. A quien su partido, donde hizo (casi) de todo, despidió como suele ser norma en España: con un abrumador silencio. No busque el improbable lector un triste comunicado del PP. Ni una modesta esquela de su partido. Nada. Así en La Rioja como en Madrid, su muerte no mereció de quienes alguna deuda mantendrían con Lapuerta apenas un recordatorio de urgencia. Unos apresurados párrafos donde se tuviera el detalle elegante de condensar sus merecimientos en favor de las siglas que contribuyó a levantar. Que alguno tendría. Sólo Neftalí Isasi se acordó de glosar al desaparecido político en las páginas de Diario LA RIOJA. Del resto de hombres y mujeres del PP riojano apenas nada se supo, con un par de salvedades: dos consejeros del Gobierno riojano (Martín y Escobar) sí se acercaron hasta El Rasillo el domingo para participar en sus honras fúnebres, junto al citado Isasi.

Lo cual puede parecer raro, si no fuera lo normal. Lo normal es apartarse de quienes entre nosotros hayan visto manchada su trayectoria, como si de repente fueran apestados: no vaya a ser que salpiquen con su sombra a quienes tanto les deben. Que son los primeros en salir huyendo y si te he visto… Etcétera. Como jamás traté en vida a Lapuerta, y por lo tanto (casi) todo lo ignoro de él, ni puedo ni debo abandonarme a glosar su vida y milagros. Aconsejo a quien tenga algún interés que haga como yo y se detenga ante un estupendo artículo de Ignacio Escolar en eldiario.es, donde el periodista madrileño repasa los últimos años del dirigente fallecido, en términos por cierto bastante elogiosos: ahí ya se observa que la conducta de su partido respecto a Lapuerta dejó bastante que desear. Y donde también se cita, en esta coalición de azares que se dieron cita en las últimas horas del antiguo tesorero del PP, el papel central que jugó Logroño en la historia reciente del partido.

Porque fue desde luego una casualidad que Lapuerta aterrizara un día en la capital riojana para ejercer como abogado del Estado. La misma ciudad donde le tocó ejercer de anfitrión, pasados los años, de José María Aznar, nada menos: el dios de la política había jugado a los dados y también plaza como inspector de Hacienda. La mano de Lapuerta condujo a Aznar hasta la sede del PP y le abrió también las puertas de esta casa, donde se prodigó como articulista allá en la Transición, cuando ocupaba la secretaría general del partido Jorge Vestrynge. Quien por cierto acabaría también vinculado a La Rioja, esponsales mediante. Lapuerta y Aznar acabarían marchando a Madrid, aunque nunca perdieron su relación con La Rioja. Lo demuestran las páginas de este periódico, que el domingo publicaron la esquela que anunciaba el funeral que en memoria del antiguo diputado riojano por AP se ofició este miércoles en una iglesia del madrileño barrio de Chamartín. Hace unos años, hubiera habido besamanos multitudinario. Ahora, quién sabe…

Así que como sospecho que se olvidarán de asistir los mismos que obviaron mandar sus condolencias a través de la nota de prensa de rigor, valgan estas líneas como despedida de alguien que no conoció al difunto pero todavía se sigue asombrando por la falta de humanidad que tanto abunda entre nosotros.

No sólo, ay, entre políticos.

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Este PP, aquel PSOE

Mitin de Felipe González en Logroño, en 1977. Foto de Teo (Archivo Casa de la Imagen)

«El esfuerzo inútil conduce a la melancolía» (José Ortega y Gasset)

 

Dentro de un mes, se cumplirá un año desde que Pedro Sanz dejó el PP a su libre albedrío, ese territorio donde acampan hoy la falta de autoridad y cierta tendencia anarcoide. Lo cual explica que sus dirigentes se suelten algo más que durante esos larguísimos veinte años. Se sueltan el pelo y se sueltan la lengua. Se permiten en consecuencia confidencias que, al margen de la familia de su partido en que militen, guardan cierto denominador común. Por ejemplo, su asombro ante la falta de una estrategia más activa en el principal grupo de la oposición. «Si yo estuviera en el lugar del PSOE, viendo cómo estamos nosotros, me pasaría todo el día dando caña», confiesa uno de estos militantes. ¿Caña? ¿Qué clase de caña? «Pues haciendo ver nuestras contradicciones, la división que hay dentro de nuestro partido», replica.

Es cierto que alguna tímida vez, así Concha Andreu en el Parlamento como Beatriz Arráiz en el Ayuntamiento, por citar a dos de las principales caras visibles del PSOE, han amenazado con atacar la línea de flotación popular mediante el recurso de inmiscuirse en ese terreno agrietado que distingue la actual trayectoria del PP. Pero han sido sólo amagos. Leves asomos de una beligerancia superior a la habitual: como si temieran que una estrategia más combativa se les pudiera volver algún día en contra. Como si los propios socialistas aceptaran que, de momento, no están para ir dando ejemplo. Por si acaso. Porque aunque es evidente que, luego de la limpieza acometida durante el imperio de César (Luena), las aguas socialistas bajan más canalizadas. Y aunque es cierto también que, al menos en el Parlamento, el PSOE se ha sabido dotar de una estrategia más uniforme y cohesionada que antaño y que goza de diputados cuyo don de la oratoria en algo mejora a sus predecesores (y a los escaños de enfrente), también es palmario el escaso eco que al menos las encuestas conceden a sus posibilidades reales de gobernar un día La Rioja.

¿Por qué? ¿Por qué ante este PP, el más dividido y débil de su historia reciente, los socialistas riojanos parecen incapaces de levantar el vuelo? Tal vez porque este PSOE no es aquel PSOE. El PSOE de Felipe González, que enhebraba una mayoría absoluta con otra… mientras sus camaradas de La Rioja eran sin embargo desalojados del Palacete. Lo cual ocurrió también con otro PSOE, el de Rodríguez Zapatero. El mismo que hoy convalida farsas electorales como la venezolana supo sin embargo ganarse el favor de la ciudadanía española mientras el votante riojano seguía ignorando sus siglas. Aquel PSOE era, según una versión muy extendida que incluso hacen suya quienes emigraron del partido y hoy se rinden a Podemos, era un PSOE perdedor. Que asumía su derrota antes incluso de que se produjera, víctima de un ensimismamiento perverso. Una incurable melancolía, de la que sólo ha empezado a sanar cuando la realidad le ha golpeado: cuando ha visto que el viejo tablero político, con un reparto de papeles que le consagraba en La Rioja al frente de la oposición como mal menor, ha quedado dinamitado. Cuando la fragmentación electoral le obliga a moverse.

¿Hacia dónde? De momento, se ignora. Cunde la idea, a la vista de algún confuso movimiento protagonizado en La Rioja por quienes llevaron la pancarta de Susana Díaz hace un año, que pudiera obrarse el milagro de una pirueta imposible. De modo que no fuera Pedro Sánchez su cabeza de cartel en las generales, porque entre bambalinas siguen maniobrando Rubalcaba y compañía para resituar el partido donde ellos querían… Pura especulación, lejanamente probable. Aunque quién sabe. Porque semejante cambalache dependerá de cómo voten los españoles en las locales y regionales dentro de un año: como acepta un veterano dirigente, el socialismo riojano necesita, para que le vaya bien, que les vaya bien a sus jerifaltes de Ferraz. Y ni siquiera entonces el éxito estaría asegurado.

Se trata de una ecuación que admite la lectura inversa. Y que exige cambiar el ritmo de la actual coyuntura: pensar que el elector elegirá bovinamente su papeleta con el puño y la rosa sólo porque Sánchez sea capaz de mordisquear el trozo de tarta de Podemos… O limitarse a ponerse a rebufo de la última sentencia dañina para el PP. En efecto, es un mensaje derrotista, propio de perdedores, aunque podría garantizar las llaves del Palacete pactos mediante. Como si gobernar lo justificara todo. Como si fuera buena idea pensar en el día después de las elecciones antes de reflexionar sobre cómo llegar a las elecciones. Lo cual olvida otras lecciones deparadas por aquel PSOE: que para ganar en las urnas, un partido debe convertirse en una máquina electoral, tener definido su liderazgo y clara su estrategia. Justo lo que tampoco tiene este PP. Lo que sí tenía aquel PSOE.

 

LA LETRA PEQUEÑA

Encuestas sin autor conocido

La empresa SyM publicó esta semana los resultados de una encuesta de intención de voto a escala autonómica que concedía en La Rioja el triunfo en las urnas al PP. Sus vaticinios, anteriores a la sentencia de Gürtel, consolidan al PSOE como segunda formación más votada, pero carecen sin embargo de autoría conocida: la empresa se negó, requerida por este periódico, a revelar qué partido había encargado el sondeo. Que es por cierto un partido nacional, responsable del sondeo en otras regiones, también a través de SyM.

 

Quejas ante el PP, pendientes

El comité de garantías del PP nacional, que preside Alfonso Fernández Mañueco (veterano dirigente popular, alcalde de Salamanca), aún tiene sobre la mesa las reclamaciones presentadas por las candidaturas derrotadas en Haro, Santo Domingo y Lardero. Sus recursos, críticos con el proceso electoral llevado a cabo por el aparato en las tres localidades, fueron desestimados en primera instancia por el mismo órgano a escala regional, que preside José Miguel Crespo. A quien por cierto se dirige algún reproche desde Santo Domingo: en el escrito de queja, al que ha tenido acceso este periódico, se recuerda su lejano parentesco con miembros de la lista ganadora, encabezada por David Mena.

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