La Rioja

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Los bares bizarros
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Jorge Alacid | 11-01-2013 | 10:08

Entrada al bar Iturza, esta misma semana, según la cámara de Justo Rodríguez

Un corresponsal me advirtió hace tiempo de que el uso que yo atribuía al adjetivo tan de moda, bizarro, era incorrecto. Lo comprobé en la RAE y concluí que llevaba razón. Bizarro, advierte la Academia, significa valiente en su primera acepción y generoso, lúcido o espléndido en una segunda entrada. De unos años a esta parte, bizarro es sin embargo una palabra que se adjudica a algo más indefinible: personas, cosas o conductas un pelo fuera de lo normal, singulares. Con una singularidad, añado yo, como de otra época, cercana al casticismo. Un punto cañí. Por eso hablamos a veces de bares bizarros: aquellos que funcionan como una máquina del tiempo y te transportan a un momento de la historia ajeno al común de los presentes días, pero al mismo tiempo muy vigente.
Los bares bizarros de Logroño siempre serán para mí por lo tanto las veteranas barras de la calle Mayor. Es decir, no aquellos garitos contra los que hoy se empotra la clientela más joven en las noches del fin de semana, que han transformado la calle hasta dejarla irreconocible para unos cuantos entre quienes me incluyo. No, los bares bizarros son aquellos otros cuya parroquia envejece con ellos y mantiene una extraña lealtad a los antiguos hábitos y tradiciones. De ahí su encanto.
Hacia los primeros 80, nadie con menos de 30 años se daba una vuelta por la Mayor, de modo que descubrir aquellos bares donde se aparcaba la generación de nuestros padres y abuelos tuvo algo de epifanía. Lo he contado aquí en la entrada dedicada al Moderno: uno salía por la puerta trasera que daba al restaurante La Bombilla y de repente se le abría un mundo desconocido, con bares anónimos e intercambiables que sin embargo eran también al mismo tiempo únicos en su condición. Supervivientes de cuando la calle contaba con mucha más vida, vida vecinal y vida comercial, vida por supuesto hostelera. La ronda solía empezar en el Iturza, se detenía en un bar situado enfrente cuyo nombre he olvidado, cruzaba de nuevo la acera para una parada en el Bretón y concluía en el aledaño Cuatro Calles, garito que disponía de otros alicientes añadidos a la trasiega de alcohol: su dueño, que era pelirrojo y tanto nos recordaba al actor Danny Kaye (ya olvidado, supongo). Y, rareza máxima, el tipo era del Barça, lo cual entonces representaba una extravagancia. Además, reservaba en un rincón unas mesas para servir cazuelitas, otro exotismo en aquella época donde lo habitual eran bares sin ningún tipo de aliciente culinario.
Se exceptúa, eso sí, el Iturza, que ofrecía el pincho más raro que yo recuerde: un huevo duro. Repito: un huevo duro. El dueño extraía de una nevera contemporánea de Napoleón las bebidas y si la clientela le jaleaba, a veces aceptaba pelar el huevo duro luego de machacarlo ¡contra la frente! Se me saltan las lágrimas. Hoy todavía no puedo entrar en el Iturza sin refrescar esos prodigiosos días, cuando quienes empezábamos a afeitarnos pensamos que había una alternativa a la Laurel a poco que otra generación explorase los viejos territorios del Logroño de siempre. De hecho, poco después se abrió en la Mayor el primer bar ‘moderno’ que hizo bueno nuestro pronóstico: se llamó La Costanilla, ya disponía de una tapa digna de tal nombre (una zapatilla: esto es, una rebanada de pan con jamón y tomate) y su estilo era definitivamente otro, más acorde con los nuevos tiempos que se avecinaban y que se concretarían luego en el vecino Tifus de Travesía de Santiago. Nada que ver con esos antros que fueron declinando con la excepción mentada del resucitado Iturza, que funciona hoy un poco como me parece que funcionó en aquellos días. Como una especie de faro del fin de los tiempos, orgulloso de su estirpe, el último bar de toda una época. Un bar que hace bueno el adjetivo bizarro. Valiente, generoso, lúcido, espléndido y también singular.
P.D. Esa antigua exploración por la calle Mayor representó un descubrimiento de un puñado de bares que estaban ahí, esperando a que alguien los incorporase a la habitual ruta dipsómana. Un viaje que incluyó alguna cata en el Negresco, ya mencionada en este blog, y la conquista para los nuevos usos juveniles de otro garito muy querido, el Tigre, con su (en efecto) hermosa cabeza de tigre disecada. También disponía de  una estupenda juke box, una de las últimas de Logroño, que me invitó hace años a un escribir un relato corto publicado en una antología que editaba entonces Diario LA RIOJA. Cualquier día lo traigo por aquí.

  • jhijazo

    un poco mas alla del tifus, a la vuelta de la esquina, estaba el arca (de noe). y cerca del puente de hierro, en la acera de la izquierda, dentro de un portal y en un semisotano estaba el bar de los legionarios, que ponian leche pantera. esto es lo que yo recuerdo.

  • salva

    La Costanilla, ricas zapatillas. ¿Pero alguien se acuerdo de los cahis, un litro, cachi cachis, dos liotros y los campeones de cinco litros de cerveza? Y eran de cristal nada de plastico, el campeón pesaba lo suyo. Que se lo digan a mi colega Pelos que nada más cogerlo se le escurrió de entre las manos y adiós. Por poco nos lo comemos.

  • Jorge Alacid

    Hola, jhijazo, me pillas a renuncio, lo de la leche pantera creía que era una leyenda urbana. Y lo de los cachis me pilló un poco mayor, Salva, aunque me gustaría saber dónde se fabricaban vasos de tal tamaño

  • Pretextato

    Ahí va algún recuerdo mas.
    Bajando por Sagasta y entrando en la Mayor por la derecha, a poco mas de 15 metros se encontraba el Bar Bilbao (margen izquierda). Que montaba un Belen en Navidad, de lo mas extenso y guapo y que visitabas de niño. (No se cuando desapareció).
    En la misma calle y llegando a la travesía de palacio, había una pastelería (con obrador) Sierra, su propietario José Sierra.

    Un apunte. La palabra bizarro, se desvía de su acepción hispana y se acoge a la utilización inglesa (bizarre – estrafalario) que es lo que mola.

    Un saludo.

  • Jorge Alacid

    Pues sí que mola eso de bizarro en plan estrafalario, aunque la RAE es la RAE, Pretextato

  • Mazagatos05

    Recordar a Germán del tigre y sus botellitas de zurracapote, que tiempos.y el primer bar de Martín el del martintxo que no me acuerdo ahora del nombre.

  • atacaite

    El dueño del Bilbao era un tío simpático que decía que había estado en la división azul. Tenía una máquina de bolas y cada día pagaba un completo al que más puntuación sacara. Mi amigo Porres y yo, a la salida del instituto íbamos todas tardes, saludábamos, echábamos dos pesetas a la máquina y en cuanto se despistaba el dueño, sacábamos la cuerda de un despertador que había destripado en mi casa, la metíamos por la ranura de cinco pesetas y sacábamos todas las partidas que nos daba la gana. Todos los días nos sacábamos el completo. Nunca nos descubrió y, además nos daba conversación.

  • racal

    El bar de enfrente del Iturza se llamaba Bar Govi, cuando empezó el meneo nocturno vieron el filón y se apuntaron al “chollo”. Recuerdo que eran una pareja mayor. Entrañable…

  • Jorge Alacid

    Atracaite, supongo que el delito ya habrá prescrito. Para mí el Bilbao será siempre, siempre, siempre el lugar donde salí de cena por primera vez, con 13 años tras acabar primero de BUP, la típica cena de fin de curso. No sé si había estado antes ni recuerdo volver a entrar. Sí me acuerdo de que hasta última hora discutimos si cenar allí o enfrente, en un restaurante que creo que se llamaba El Relicario

  • Jorge Alacid

    Gracias, Racal, lo había olvidado. El Govi, qué recuerdos. Cuando empezó ese filón juvenil del que hablas yo ya había desaparecido como cliente

  • pacoperez

    Antes habéis comentado lo de los “cachis” de 5 litros…yo los recuerdo en un bar que había (hay todavía, pero con diferentes dueños y nombre) al lado del Tío Tito, en Labradores, que creo que se llamaba “Vinos Miguelín”, pero que nosotros lo conocíaomos como “la tasca”. Y empezamos a ir allí de casualidad, año 1981-82, porque ponían pintas (entoces denominadas “tanques”) por 60 pelas, cuando el común en el resto de Logroño es que no bajaran de las 100-120. Todo un botellón bajo techo dados los precios de los bares y pubs cercanos…y se cenaba de p… madre!! ;)

  • Jorge Alacid

    Hola, Paco, esa bodeguina fue un territorio muy particular de cuando uno iba por la zona. Solía cenar allí y, en efecto, muy bien y por poco dinero. Aunque esa experiencia que citas me pilla (de nuevo) un poco mayor. Cosas de la edad