Tejero en el Bambi

Tejero, pistola en mano, en la tribuna del Congreso durante el 23F

Ahora que el venerable Bambi de la calle Laurel reabre bajo nueva dirección, desprovisto de su entrañable aspecto y carente (me temo: no lo he comprobado aún) de su patio interior con lavabos; y ahora que la familia Alcántara actualiza el 23F, traigo aquí este artículo publicado hace cuatro años en Diario LA RIOJA. Lo recupero para contestar a esa pregunta que todos nos hemos hemos hecho alguna vez: tú, ¿dónde estabas el 23 de febrero de 1981? Pues yo, en el Bambi. Así que aquí va.

El Bambi era uno de aquellos bares que durante años custodió el legado de los antiguos váteres a pedales. Mientras la modernidad alcanzaba ya a otros establecimientos del ramo en forma de taza con el logotipo de la empresa Roca, el Bambi, como el Villa Rica o el Tívoli, siguió fiel a esa antigua forma de obrar que nos musculaba el muslamen mientras ponía a prueba nuestra puntería. No era su único encanto. A bote pronto, se me ocurren otros dos: el primero, que para llegar al excusado había que pasar por un breve patio donde se apilaban las cajas de cerveza, de modo que en invierno se garantizaba alguna meada bajo cero. Su otra aportación consistía en despachar un vino de la casa que propició los primeros neogóticos de Logroño: dejaba un cerco tan negruzco en los labios que ríase usted del cantante de The Cure.

Lo antedicho explica el cariño que algunos sentimos por esta veterana barra de la calle Laurel, donde cierto día de 1981 nos sorprendió el famoso ‘Tejerazo’. En la noche célebre, entramos un poco alborotados a refugiarnos del frío en tan acogedor establecimiento cuando sus parroquianos nos chistaron al unísono, reclamando silencio (el dedo índice en los morros): por la radio hablaba Jordi Pujol. Venía de conversar con el Rey y trasladaba a la audiencia de la emisora el contenido de su conversación. «Dice que todo está controlado », anunció el Honorable. Y añadió: «El Rey me ha dicho:
‘Tranquilo, Jordi, tranquilo’». La clientela del Bambi recibió aquellas palabras con una carcajada general, acentuada por el acusado acento catalán con que fueron pronunciadas. Unos cuantos se pusieron a imitar al inimitable Pujol y el resto le rió la ocurrencia.

Yo no entendía nada. Hasta esa hora, desconocía lo que Tejero y sus secuaces perpetraban. Había salido temprano de casa y dado por buena la primera versión, según la cual un grupo de guardias había entrado en el Congreso porque
temían que hubiese un atentado de ETA. Permanecía ignorante al ‘Se sienten, coño’, al bochornoso forcejeo con Suárez y Gutiérrez Mellado y a la frase sobre la enigmática autoridad competente «militar, por supuesto». Un veterano de la Laurel tuvo a bien explicarme estos detalles, pero como el tipo parecía al borde del coma etílico (el mismo aspecto por cierto con que le sigo viendo aún, casi treinta años después), procuré ganar raudo la calle, alcanzar el hogar familiar y ponerme en manos de ‘El Butanito’: esa noche, José María García alcanzó la gloria radiofónica con su programa en directo desde el Palace. Aún no había señal de televisión, secuestrada como la soberanía popular durante unas horas que para mí seguían presididas por la llamada a la calma que proponía Pujol. Tranquilo, Jorge, tranquilo.

El resto, ya se sabe. Historia contemporánea. Salió el Rey por la tele, se marcharon los golpistas por un tragaluz del Congreso ya de buena mañana y se firmó el dichoso pacto del capó. Yo me aficioné al periodismo de tribunales siguiendo las crónicas de Martín Prieto sobre el juicio y atendí las batallitas de algún paisano a quien la mili había sorprendido en la Brunete o subido a un tanque de la base de Bétera, esos que Miláns paseó por Valencia. También asistí a la macromanifestación que tomó las calles de Logroño y poco después volví al escenario del crimen: en otro bar de la Laurel disfruté del amistoso que jugó España enWembley, donde íbamos festejando el triunfo de Santamaría y sus chicos. De repente la cámara se apartó de la cancha y se fijó en la grada, donde un tipo empuñaba una pancarta: había dibujado la efigie de Tejero y escrito algo en inglés. A su alrededor, todos se reían. En el bar, todos nos quedamos mudos; la mayoría, sospecho que por vergüenza. Lo que yo sentí fue una tristeza infinita. La misma que me asalta alguna vez, cuando pasó por el Bambi y pienso en su váter de pedales, en Pujol y en Tejero. Tristeza y una cierta tendencia a la ira, que logro controlar.

Tranquilo, Jorge, tranquilo.

P.D. Revisando los artículos que, como éste sobre el Bambi, escribí durante unos años en Diario LA RIOJA en una sección titulada ‘Desde Portales’, compruebo que unos cuantos divagaban en torno a Logroño y sus bares. Prometo irlos publicando aquí a medida que me parezca que siguen teniendo sentido.

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  • salva

    Yo recuerdo que estaba en mi casa. Tenía trece años y empezaba a picarme el gusanillo de escribir. Lo que pensaba sería mi primera novela, se desarrollaba tranquilamente cuando mi hermana, cinco años mayor, entró en mi cuarto y me contó lo del golpe de estado. Yo no sabía muy bien que significaba aquello, pero a grandes rasgos me dio ha a entender que podíamos volver al lío del que acabábamos de salir hace cuatro días. Curiosamente yo en lo que pensaba en mis inocentes trece años, que reconozcámoslo, no eran lo mismo que tener trece hoy en día, porque eramos bastante lelos, era en que mi carrera como escritor se iba a ver truncada por un señor con tricornio. Por lo demás no le presté mayor atención. Ya digo que eramos muy inocentes con esa edad. A, por cierto, el señor de tricornio no tuvo nada que ver, que con los años no me dedicara a esto de escribir de manera profesional aunque gracias a este invento de internet puedo dar la solfa de vez en cuando en sitios como este.

  • juliorioja

    Ese día tanto mi mujer como yo, trabajabamos de noche. Ella en el hospital, y yo en una fabrica de Oyón. Dejamos a nuestro hijo con mis suegros, y ellos se ocuparon de él.
    Pero antes, visite a un familiar cercano. Y no me sorprendió, que le pareciera bien, que aquel guardia civil tomara El Congreso. Yo, en un momento de lucidez, y tratando de no discutir, dije: ……….. (permite que omita el nombre), “hoy tengo trabajo, estoy seguro que dentro de unas semanas, no tedré”. Mi idea era hacer ver, lo que podía significar aquello.
    Nos fuimos al trabajo. Mi mujer, durante la noche, atendió enfermos, y yo en los descansos que me permitía la maquina y el encargado, escuche la retrasmisión del intento del golpe. Y ¿sabes quien lo estaba radiando? José María García. Incluso me acuerdo, que cuando llego Pardo Zancada, con la unidad de la Policia Militar, dijo, que se disponian a tomar El Congreso.
    Cuando hablo el Rey, todos quedamos más tranquilos.
    Yo conocía el ejercito español de entonces. No hacia mucho que había acabado la mili, y francamente muchos de los jefes, que tenían el mando en el RACA 46, venian de la Guerra Civil. Estaban apalancados en los regimientos, y eran leales a Franco. Franco, el dictador que no hacia mucho tiempo, que habia muerto, y que logro la jefatura del estado (permite que no utilice mayusculas), a través de una guerra de un millon de victimas.

    Y ahora Tejero, todavía se permite declaraciones. Este personaje, seguro que no le hubiera temblado la mano a la hora de fusilar a cualquiera que no pensara como él.
    En mis paseos habituales por Logroño, veo a personas ya ancianas, que hubieran participado de forma más activa en el golpe. Y yo me pregunto, ¿qué nivel de conocimientos, tenian entonces, para cambiar todo el sistema, personas que no habian hecho otra cosa que vivir en cuarteles, sin conocimiento de la España y de la Europa real?
    !Pero si eran analfabetos funcionales!.

  • pacoperez

    A mí me pilló…en el vestuario del polideportivo de Maristas. Yo tenía 13 años, y acabábamos de terminar el entrenamiento, y alguien comentó que la Guardia Civil había entrado por la fuerza en el Congreso, que habían habido disparos, pero que todo era muy confuso. Recuerdo el nerviosismo de mi padre en casa, y que me quedé hasta las tantas de la madrugada pegado al televisor, por vez primera con el beneplácito de mis padres, sabedores de que algo gordo podía estar pasando.

  • salva

    Paco Perez, 13 años, Maristas. Igual que yo. Pero debías de ir a otra clase porque no te recuerdo. Cursábamos octavo de EGB, y mi tutor era El Pollo, ahora no recuerdo como se llamaba. Era hermano marista, pero siempre iba de calle, con corbata. Bigote, gafas y no muy alto. Y mucha mala leche.

  • pacoperez

    Mi tutor era el Vampiro, si mal no recuerdo, 8º D, la clase de enfrente del Pollo ;) Fernando Lemos me suena?

  • Jorge Alacid

    En efecto, el Lemos era el famoso Pollo. Y el Vampiro, quién era. ¿El Calavera?

  • Pretextato

    Yo iba con mis hijas al pediatra. (que ademas era amigo) y allí estuvimos escuchando noticias del “sucedido”.
    Por la mañana, mi mujer me contó las cosas que habían pasado por la noche (estuvo toda la noche pegada al transistor) y yo durmiendo plácidamente.
    Según me levanté, me llamó un amigo de San Sebastian, vecino de Iribar, (portero en tiempos del At. Bilbao y la selección) que lo llamó por la noche para dejarle la llaves de su casa y él se piraba para Francia.
    Al margen de todo esto y en apoyo a ADEMAR, yo tambien fuí marista. Vi construir el edificio que se derribó. Y mi padre vió constrir el edificio que se mantiene en pie.

  • pacoperez

    El vampiro era un curilla joven que lo pillamos de novato ese año, Jorge, y que no debió de durar demasiado por el colegio. Se daba un aire a Zapatero, pero entonces, obviamente no lo sabíamos ;)

  • Jorge Alacid

    Hola, Paco, se me había pasado este último comentario sobre el vampiro, a quien sospecho que no tuve el gusto de conocer, aunque tengo que corregirte: ¿descartas de antemano que fuera el propio Zapatero en una encarnación anterior? Ahí lo dejo