La Rioja

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Elogio del tabernero
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Jorge Alacid | 17-05-2013 | 14:22

Rótulo del desaparecido bar Marzo, en Logroño

Tomo el diccionario de la RAE, busco la entrada bar y tropiezo con estas dos acepciones: 1.- Local en que se despachan bebidas que suelen tomarse de pie, ante el mostrador. 2.- Cierto tipo de cervecerías. Muy de acuerdo con la primera, desconcertado con la segunda. Sucede que tal palabra sirve para distinguir a diferentes realidades. Llamamos bar a cualquier cosa, cuando de hecho el idioma español nos permite alguna alegría más gracias a su muy rico vocabulario. Por ejemplo, noto que la voz taberna, que a mí me encanta, ha desaparecido casi del habla mal llamada vulgar. Y es una pena. Porque taberna (según la mentada RAE, “establecimiento público, de carácter popular, donde se sirven y expenden bebidas y, a veces, se sirven comidas”) es una tipología hostelera de gran arraigo entre nosotros. Y quienes pilotan este tipo de locales, los taberneros, nos remiten a una manera de interpretar el oficio ya en desuso: de cuando el tabernero ejercía como el rey de los camareros. Su aristocracia.

Toda esta digresión viene a cuento porque cada vez que visito la muy recomendable Taberna de Herrerías veo en su monumental espejo una reivindicación de la taberna con la que estoy muy de acuerdo. Eso es una taberna y lo demás son cuentos: ganas de marear la perdiz, que en este ámbito suele equivaler a marear a la clientela. Ya se sabe, además, que detrás de cada nombre raro se suele esconder una tarifa más elevada. La ropa vintage, por ejemplo, es la ropa usada de toda la vida, pero si le pongo semejante nombrecito, la cobro más cara. Y en la hostelería, otro tanto. ¿Qué es un gastrobar? Yo lo ignoro. Pero cuando me dicen taberna sé muy bien de qué me están hablando: un bar donde, como nos advierte la Real Academia, se sirven “a veces” comidas. La de Herrerías, sin ir más lejos. Su atractivo principal es obviamente el restaurante, cuyo alojamiento en el edificio esquina a San Bartolomé me sigue pareciendo un acabado ejemplo de cómo embellecer el Casco Antiguo y darle vida a un rincón casi moribundo. Ofrece una cocina familiar que antaño no era demasiado difícil encontrar en Logroño pero que hoy está en retroceso; es la misma cocina que se servía hasta su mudanza en otra taberna, la del Tío Jorge de la calle Galicia, donde uno reconoce el recetario de siempre llevado a alguna cumbre: sus alcachofas al horno, mi plato favorito en una carta que puede degustarse sentado a la mesa pero también subido al taburete, en la barra. En la taberna, por lo tanto.

Y de paso el cliente se puede entretener curioseando entre las fotos y carteles que adornan sus muros. Una de esas imágenes preside estas líneas: frente a la Taberna, donde hoy se alza la sede de la Seguridad Social, existió hace no demasiado un bar llamado Marzo que recordarán los logroñeses más veteranos. Hoy su imagen nos saluda frente a la barra. Yo lo conocí ya cerrado, pero su rótulo imantaba mi mirada cuando paseaba por allí: ese bar fue durante un tiempo remoto el bar de mi abuelo Ismael y me apetecía dedicarle esta entrada a su memoria precisamente hoy, 17 de mayo del 2013, cuando mi madre (su hija) cumple 80 años. Como recuerdo al tabernero que una vez fue mi abuelo, ahora que ese concepto parece pasado de moda… Aunque cuidado: la historia es pendular y atisbo en el firmamento señales de que la hostelería española emigra hacia la taberna, tipología que tal vez algún día acabará por diferenciarnos en nuestro globalizado mundo.

P.D. Sin salir de Logroño, uno tropieza todavía con unas cuantas tabernas, que tienen en común ser bastante recientes. En la calle Laurel se ubica La Taberna del Laurel; cerquita, en San Agustín, La Taberna de Correos; y en la calle San Juan, La Segunda Taberna. Son las que recuerdo así a bote pronto, junto a su pariente inglés, el pub llamado Sport Tavern, y otra taberna recientemente fallecida: La Taberna de Mere. Mere, nada menos: paradigma del tabernero.

  • Locusberonius

    A mi personalmente también me encanta la palabra TABERNA para definir la gran cantidad de establecimientos dedicados al ocio tabernero de este país. Pero parece que denominar de ese modo a un establecimiento es como hacerlo de menos, como algo “cutre”; pero todos, todos, son tabernas. Y muchas de ellas fantasticas.
    Gran artículo. Y gran debate el generado con las tapas gratis. Mi más sincera enhorabuena por este gran blog.

  • Jorge Alacid

    Gracias por tus elogios, Locusberonius. Me llenan de orgullo y satisfacción, como dice alguien. Un abrazo