La Rioja
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Fecha: enero, 2015
Bares sobre ruedas
Jorge Alacid 30-01-2015 | 9:45 | 0

El tren de Anita, un clásico del Logroño del siglo XX. Foto del archivo de Diario LA RIOJA

 

La cuesta de enero se sube mejor sobre ruedas. Un chiste, ejem, mejorable: lo sé. No se me ocurría otra cosa para iniciar esta entrada que quiero dedicar a una modalidad recién implantada en suelo patrio: los tragos portátiles que, acompañados de bocados muy logrados, se despliegan ante nuestros ojos a bordo de furgonetas, camionetas o vehículos ‘ad hoc’, en cuyo seno habitan misteriosos fogones, neveras diminutas y utensilios de variado pelaje que aseguran la administración de tentempiés de notable nivel. Una tendencia que, en esta vida fugaz por la que nos toca transitar, tiene toda la pinta de haber llegado aquí para quedarse.

En realidad, esos tragos provisionales reflejan muy bien el tiempo que nos toca habitar. De ahí que en esta España que tanto recuerda a aquella en blanco y negro parezca pertinente el regreso de hábitos que suponíamos superados. Porque de toda la vida hubo en Logroño empresarios hosteleros que, en vez de despachar su mercancía en un sitio fijo, distribuían su oferta a lomos de vehículos que forman parte ya del imaginario de cualquier logroñés que peine alguna cana. Es el maravilloso y emblemático caso del empresario apodado El Guaje, patriarca de una saga de emprendedores en el sector hostelero, que empezó ganándose el sustento con su aparatoso carro emplazado según recuerdo en la esquina de Hermanos Moroy con Marqués de Vallejo. Aquel ingenioso caballero esparcía los dones que expedía en tres subsectores: el rincón tropical, donde descollaban los cocos partidos en raciones de más o menos cinco grados (y que refrescaba con su pintoresca regadera de plástico), el área encurtidos, consagrada al pepinillo, las aceitunas y el llamado revuelto (coliflor, zanahoria y otros); y la zona marisco, que incluía como subsecciones el calamarro (también llamado cangrejo), el vígaro o caracolillo (también llamado magurio) y la quisquilla (también llamada camarón).

Nuestro encantador paisano puede ejercer como hipotético abuelo de cuantos luego han seguido su ejemplo en tales prácticas. Se citará en consecuencia esas increíbles camionetas que una bendecida mano transforma en gloriosas churrerías: las hay repartidas por Club Deportivo, la Glorieta, Murrieta y el parque Gallarza, hasta donde yo conozco. No hay que esforzar mucho la imaginación para ver en ellas el precedente de estos otros vehículos más sofisticados que vemos desplegarse por urbes de mayor población, aunque careciendo del encanto de los pioneros. Por ejemplo, ese otro caso que todos hemos frecuentado alguna vez: las furgonetas que se emplazan por El Ferial (vulgo: las barracas), especializadas en bocados más bien salados, con querencia acendrada por el universo alemán (vulgo: salchichas), cuya plancha sirve en esta renovada variante como elemento central para exquisiteces de mayor postín. Primas hermanas de las que desembarcan también por las fiestas de los pueblos llevando a bordo su suculenta mercancía.

Bares sobre ruedas todos ellos, antecedentes de los casos más sofisticados que vamos conociendo, que todavía no han llegado por Logroño pero que ya asoman por el resto de España: así ocurre con el cocinero riojano Koldo Royo, que anda por Mallorca, donde antes defendió un restaurante de larga fama iluminado por la Guía Michelín y sus estrellas, repartiendo bocados a bordo de una furgoneta. Cosas de la crisis. Lo veo por televisión y compruebo que el singular desafío no le arredra: combate la larga noche de la economía declinante radiante de ánimo y completa sus servicios sobre ruedas sirviendo cenas a domicilio. Y tanto la oferta furgonetera como los platos que cocina en casa ajena tienen muy buena pinta, así que me instala la duda de si cuajaría en Logroño una experiencia semejante.

Hablo por mí, pero yo no lo descartaría. Me confieso incondicional de los churros que así se nos despachan desde antaño, añoro también aquel carrito con sus cocos y sus caracolillos y fui igualmente adicto a la oferta salchichera que nos ofrecían por las barracas. No es que ahora no lo sea: es que ya me he ido quitando de las barracas en sí, así como del algodón de azúcar, del tren de la Bruja y de la tómbola donde (casi) nunca tocaba nada. Pero no rechazaría probar uno de esas gollerías que ofrece el paisano Royo ni me importaría ver cómo florecen (siempre que Hacienda y la ordenación jurídica vigente lo permitan) enotecas sobre ruedas, coctelerías sobre ruedas, cervecerías sobre ruedas: insisto, correctamente legislado su ámbito de aplicación y con unas tarifas que también obraran en consecuencia y garantizasen el éxito que persiguen sus promotores. No, no descartaría que triunfen por Logroño, donde tenemos ya la vista acostumbrada: qué otra cosa que tragos portátiles son los innumerables botellones que acampan entre nosotros cada fin de semana.Representan más o menos lo mismo, ese aire furtivo con que ahora parece pertinente despachar un trago. Y contamos con otra ventaja adicional para aceptar esa tendencia: que muchos logroñeses nos hicimos mozos comiendo las pipas que nos ofrecían en el único tren cuyo combustible era el girasol. El añorado tren de Anita que siempre veremos junto al Tívoli si cerramos los ojos: pionero en servir sobre ruedas su glorioso tesoro. Ni alcohol ni tapas, sólo pipas, que nos hacían igual de dichosos. Y es que, en efecto, está todo inventado: incluso la felicidad viajaba entonces sobre ruedas.

P.D. Un inciso para cerrar esta entrada: paso con frecuencia delante de su puerta, pero hasta hace poco no había reparado en el cierre de un local histórico, el despacho de vinos Néstor, sito en Ingeniero La Cierva. Mala cosa. Porque estas bodeguitas, a las que dediqué una entrada hace tiempo, representan una de las más acababas aportaciones riojanas al universo de los bares. Una tipología que se bate en retirada cuando hace no demasiado dotaba de color al sector hostelero logroñés. Sólo resisten Murillo y Gil en República Argentina: especies en vías de extinción. Si fueran animalitos, contaríamos con legislación al respecto para evitar su desaparición.

 

 

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Y la mejor croqueta de Logroño es… Sorpresa, sorpresa
Jorge Alacid 23-01-2015 | 10:04 | 0

Pablo Sotés y Óscar López, cocinero y propietario de Catedral. Foto de Andrea Aragón

Como decíamos ayer… En capítulos anteriores, este blog había ido recopilando las opiniones recogidas a lo largo de la semana, después de que el pasado viernes nos sumáramos a ese efémeride tan marciana del Día Mundial de la Croqueta, preguntando a los improbables lectores y a la audiencia de la web de Diario LA RIOJA cuál era la mejor de Logroño. En las primeras oleadas de respuestas, se detectó rápidamente un pugilato entre las despachadas en dos establecimientos señeros, el Buenos Aires y el Tondeluna, aunque progresivamente irrumpió un tercer contendiente que cuestionaba el liderato de ambos en este juego, concurso o lo que sea: el Catedral, local autoetiquetado como gastrobar, de apertura todavía reciente (poco antes de Navidad) y situado en la calle Portales, frente a (de ahí el nombre) La Redonda.

Pues bien: como uno no las ha catado no sabría decir si sus croquetas son en efecto las mejores de Logroño, pero desde luego el Catedral puede enorgullecerse de contar con la clientela más movilizada. En tan elevado número han ido votando sus parroquianos por las croquetas que prepara un caballero llamado Pablo que finalmente se ha llevado el primer premio de nuestra iniciativa, superando al Buenos Aires (segundo) y al Tondeluna (tercero). Así que felicidades, al citado Pablo, a los dueños del bar, a su plantilla y a su clientela. Y felicidades también a los dos establecimientos que le escoltan en el podio y, por supuesto, a todos los amigos que han ido participando en esta búsqueda de la mejor croqueta, ese bocado tan clásico de nuestros bares que al parecer en Logroño cuenta con encendidos seguidores.

La lista de enhorabuenas debe ampliarse a todos aquellos bares que han sido citados en los comentarios de nuestros lectores, incluyendo los ubicados fuera de Logroño. No me gustaría olvidarme de nadie, pero la lista es prolija y ha llegado hasta aquí por vías tan distintas que temo equivocarme. Espero que no. Ahí va. Torres, Carlos, El Muro, La Tavina, La Taberna del Tío Blas, Umm, La Cabaña del Tío Juanvi, Más que café, El Abuelo, Urbión, Virginia, La Senda, Ensenada, Las Cubanas, La Nuit, Donosti, El Rincón de Alberto, Bococa, Ende, el jamonero Jabugo de Siete Infantes, Lekken and Lekken, Matute, Volapié, Iruña, Kaiser, Portales 24, El Colmado de los Artistas, PanyVino, Eleyce y La Panza de Sancho. Y de fuera de la capital, Masip de Ezcaray, el Arriero de Sorzano, La Tapiada de Albelda, San Quintín de Oyón y el Alameda de Fuenmayor.

Como se podía pronosticar, una larga lista de encuestados se decanta por lo que todos cuando de croquetas, tortilla o paella se trata: que las mejores son las de su madre, la de su abuela o las de su pareja. Es lo que tiene haberse convertido en un plato común en el recetario familiar. A todos los que así opinaron, también felicidades. Por partida doble: por haber participado y por disfrutar de semejante gollería en la cocina de casa. Pero quienes opten por peregrinar por los bares de Logroño ahí tienen una estupenda relación de locales donde satisfacer sus ansias croquetiles. Empezando por el ganador, el Catedral, que gentilmente ha aceptado la propuesta de convidar a una ración de sus croquetas al ganador del sorteo que haremos entre los participantes. Seguiremos informando.

P.D. Los votos sobre este incruento concurso gastronómico/festivo se han recogido por distintas vías: los recibidos en este blog, por un lado; por otro, los dejados en la cuenta personal de facebook de quien suscribe; una tercera opción fue la cuenta corporativa de larioja.com en facebook. La suma de todos ellos dio como ganador al Catedral. Todos ellos, los lectores que amablemente han participado en nuestra propuesta y quieran conocer los pormenores de la croqueta ganadora harán bien en leer mañana, sábado, el reportaje que publicará Diario LA RIOJA en su suplemento Degusta y el vídeo que sobre este particular publicará por su parte la web del periódico.

 

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La mejor croqueta de Logroño es…
Jorge Alacid 20-01-2015 | 9:54 | 1

La mejor croqueta de Logroño es… De momento, no se sabe. Ese enigma se despejará en este blog este próximo jueves. Hasta entonces hay de plazo para seguir votando en el juego que ha lanzado la web de Diario LA RIOJA, con ocasión de esa efeméride tan rara que se celebró la semana pasada: el día de la croqueta. Con semejante coartada, preguntamos a nuestros lectores cuál era su favorita y un par de días después recapitulamos. Según las opiniones recogidas, así en la propia web como en su perfil de faceboo, la predilecta del público logroñés oscila entre las que ofrece el Tondeluna y las que despacha el Buenos Aires.

Desde ese día, apenas se han registrado novedades. Sigue en lo más alto de la tabla, que diría un periodista deportivo, el duelo entre ambos locales, sin incorporaciones llamativas al listado que ya registré en la anterior entrada de este blog y que ahora reitero: Torres, Carlos, El Muro, La Tavina, Catedral (que va ocupando el tercer puesto), La Taberna del Tío Blas, Umm, La Cabaña del Tío Juanvi, Más que café, El Abuelo, Urbión, Virginia, La Senda, Ensenada, Las Cubanas, La Nuit, Donosti, El Rincón de Alberto, Bococa, Ende, el jamonero de Siete Infantes y Lekken and Lekken. Debe añadirse a la lista alguna incorporación, como las del Asador Matute o sus vecinas, la taberna Volapié y el Iruña, así como las de la hamburguesería Kaiser o las de Portales 24. Julián San Martín aconseja las que sirve un nuevo bar, El Colmado de los Artistas, y hay quien continúa barriendo para casa (como ocurre en PanyVino) insistiendo en las bondades de las croquetas de sus propios establecimientos. Lo cual no es lo ideal, pero tampoco pasa nada. Se puede aceptar como orgullo de padre/madre.

Hay algún caso en que los clientes emigran fuera de Logroño y ahí están los ejemplos del Masip de Ezcaray, el Arriero de Sorzano y La Tapiada de Albelda para confirmarlo, como el San Quintín de Oyón o el Alameda de Fuenmayor. Y hay también lo previsto: aquellos que opinan que, como era fácil pronosticar, las mejores croquetas son las que hace su madre, su abuela o incluso ¡¡¡su marido!!!, una opción que yo hubiera descartado. Sin embargo, sucede que, al parecer, un caballero llamado Rafael García Romero es un auténtico as de los fogones, un artista de la bechamel, o al menos así lo considera su pareja, Rosa Martínez. Suerte que tiene.

En fin, que lo dicho: dejaremos de plazo hasta el jueves y con las opiniones que hayamos recogido entre nuestros lectores publicaremos al día siguiente el ganador. De premio, prometemos mediar ante el bar que haya sido elegido a ver si tiene un detalle con nuestros lectores. Me malicio que no habrá problemas: cuando a alguien le dice que sus croquetas son las mejores, seguro que le apetece obsequiarnos con una ronda.

P.D. La pregunta que lanzó larioja.com ha demostrado que, en efecto, el mundo de la croqueta moviliza como pocos no sólo los jugos gástricos, sino a la audiencia. Es uno de los bocados más populares de la hostelería española; me atrevo a decir que sólo compite con la tortilla tanto en calidad como en cantidad. No suele faltar en ninguna barra, tampoco se olvidan de ella en las mejores casas de comidas, y es también uno de esos platos populares con más raigambre en el recetario familiar. De ahí el aluvión de lectores que se han interesado por la noticia, a quienes damos las gracias y les invitamos a seguir votando. Ya lo saben, hasta el jueves hay tiempo.

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Mundo croqueta: duelo entre Buenos Aires y Tondeluna
Jorge Alacid 17-01-2015 | 9:31 | 0

¿Aceptamos Buenos Aires como bar? Bueno, vale, de acuerdo. Todo sea en memoria de cuando, en efecto, era bar: se enclavaba como sabe cualquier logroñés castizo en el corazón de la calle Laurel y era también, como en su actual encarnación, casa de comidas. Allí aseguran sus múltiples fans que hoy se cocinan las mejores croquetas de Logroño y, por lo tanto, queda incluido en el simpático pugilato que la web de Diario LA RIOJA ha establecido con sus lectores, en busca de la mejor croqueta de Logroño.

Como decíamos ayer, se trata de un duelo incruento. Ese tipo de pulsos que se mantiene cuando hay un fogón por medio y surge el recetario tradicional español en cualquiera de sus manifestaciones: todo el mundo hace la mejor paella, el mejor cocido, la mejor tortilla… y las mejores croquetas. Todo el mundo, incluyendo a las mamás y las abuelas de todo el mundo. Logroño no es una excepción. Más bien, la encuesta lanzada espontáneamente por esos mundos digitales confirma la regla: aparecen entre las respuestas, en efecto, unos cuantos paisanos a título individual, pero aquí buscamos las que ofrece el prestigioso sector hostelero local. Se mencionaba en la anterior entrada de este blog la fama nacional que distingue a las elaboradas por la familia Paniego, presente en la capital a través del Tondeluna y, como se podía sospechar, esa croqueta es mencionada por numerosos de los encuestados. Que por cierto han reaccionado en masa, valga el chiste malo: nada menos que 200 personas le han dado ya al ‘me gusta’ del facebook de larioja.com donde se divulga la noticia, que ha alcanzado a más de 16.000 personas.

Un impacto semejante al obtenido por quien escribe estas líneas en su propio perfil de la misma red social: abrumado se queda uno cuando comprueba que la entrada en el blog ha contado con 627 seguidores, a los que deben añadirse quienes además han tenido la gentileza de tuitearla. Lo cual corrobora la repercusión que tienen en este mundo nuestro los platos caseros, la gastronomía familiar de toda la vida, ese bocado sabio y nutritivo que manos amigas ponen a nuestra disposición desde que tenemos memoria. Que eso es también la croqueta: ingenio popular. Cómo convertir en alta cocina lo que, si se piensa bien, tan sólo es una mezcla de sobras: un poco de pollo que quedó de anoche, aquellas migas de bacalao guardadas en la fresquera, algo de huevo duro… Ingredientes humildes pero soberbios: porque cuando pasan por la sabiduría de nuestros cocineros favoritos se transforman en otra cosa. En un momento memorable, a condición de que incluyan el componente fundamental: amor. Mucho amor.

Y amor derrochan desde luego las dos favoritas (de momento) de nuestros lectores, los de este blog y los de la web de Diario LA RIOJA. La encuesta se ha convertido casi en un mano a mano entre Buenos Aires y Tondeluna, pero me gustaría incorporar otras referencias que hasta esta hora también aparecen. Espero no dejarme ninguna: Torres, Carlos, El Muro, La Tavina, Catedral (que va ocupando el tercer puesto), La Taberna del Tío Blas, Umm, La Cabaña del Tío Juanvi, Más que café, El Abuelo, Urbión, Virginia, La Senda, Ensenada, Las Cubanas, La Nuit, Donosti, El Rincón de Alberto, Bococa, Ende, el jamonero de Siete Infantes y Lekken and Lekken. Lo dicho, espero no haberme dejado ninguna, porque la nómina es muy amplia: tan amplia que incluye el desaparecido Ramitos y emigra fuera de Logroño, hacia el Masip de Ezcaray. A todos ellos, muchas gracias. Y que aproveche.

P. D. En los comentarios a la noticia tanto en la propia web como en las redes sociales hay un poco de todo: hay quien se nota que barre para casa en sus comentarios y quien (en su mayoría) se limita a trasladar su experiencia como cliente de alguno de estos establecimientos. Esto último es lo preferible, pero en fin… Nosotros seguiremos informando de cómo evoluciona este juego que hemos propuesto con tan cordial acogida y en las siguientes entregas del blog ofreceremos la clasificación final. Hasta entonces, lo dicho: que aproveche.

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¿Qué bar tiene las mejores croquetas de Logroño?
Jorge Alacid 15-01-2015 | 6:48 | 22

Francis Paniego, presumiendo de croqueta. Foto de Justo Rodríguez

Hace unos dias tropecé por televisión con el gran Francis Paniego enseñando el secreto mejor custodiado en su casa, el Echaurren de Ezcaray, en cualquier de sus encarnaciones (incluyendo nuestro logroñés Tondeluna): sus croquetas. El programa, de alcance nacional, resultó muy ilustrativo, al menos para quien esto escribe, puesto que se confiesa más bien inmune al encanto de tal bocado. Sí, bueno: ya sé que voy en contra de la corriente general adicta al croquetismo, pero son las cosas del servicio militar, vulgo mili. Quien haya vestido de caqui lo entenderá: si cada ser humano tiene fijada cuando nace la ingesta de un número determinado de croquetas, basta cumplir un año a las órdenes del Ejército español para que esa cifra sellada desde la cuna por el destino se multiplique. Exponencialmente. Croquetas cada día en el almuerzo, las sobrantes para la cena y no te las endiñaban de desayuno porque el sargento de cocina se apiadaba de nosotros.

Y sí, bueno: ya lo sé. Ya sé que aquella masa informe que solía llevar Findus de apellido poco o nada tiene que ver con estos exquisitos manjares que salen de los fogones de los cocineros riojanos, pero qué le vamos a hacer: uno ve una croqueta en un plato y se retrotrae, máquina del tiempo mediante, al tiempo en que gastaba uniforme del cuerpo de Ingenieros y gorra con aquel llorado eslogan: 81/8º. Yo ya me entiendo. Me veo con la bandejita metálica por el corredor de los comedores del cuartel y lo que veo no me gusta: en efecto, allí aparece la diaria ración croquetil, una engrudo que exigía una digestión elefantiásica, que se hacía fuerte en el área estomacal durante unas cuantas horas y cuyo sabor tanto me recordaba a los areneros de las piscinas de Cantabria. Una gollería, vaya.

De modo que todavía hoy, una glaciación después, tropiezo con una ración de croquetas, incluidas las mejores del mundo, y me dejan frío. No quiere decirse que sea ajeno a su degustación y de hecho he tenido durante largo tiempo entre mis tapas favoritas una de ellas: la croqueta de manitas que elaboran con singular encanto en el Vinissimo de la calle San Juan, aunque si soy sincero creo que me gustaba más por lo de dentro (las mencionadas manitas) que por el rebozo exterior. Citaré aquí otras que también me han tenido entre sus seguidores, como la de calamar que despachan en la Taberna del Tío Blas o la polifónica oferta que sirven en el Torres, pero la verdad es que me prodigo poco. Veo salivar a mis compañeros de ronda cuando se aproxima la cita croquetera en algún bar de confianza, observo a mi alrededor una legión de fans entre los seguidores del universo croquético y compruebo que triunfa entre nosotros una corriente que ha entronizado a la croqueta en general como el bocado entre los bocados, la tapa estrella, el tentempié ganador.

Todas estas digresiones vienen a cuento de que este viernes tenemos una cita con el rarísimo universo de los días mundiales. Por haber, hay un día en el calendario anual de días mundiales dedicado.. a los días mundiales. Como las muñecas rusas, más o menos. Así que como ahora toca el día mundial de la croqueta, que vaya usted a saber en qué consiste, he pensado en aquel reportaje de Paniego elaborando el plato estrella que ideó su madre Marisa Sánchez y humildemente me arrodillo. Abjuro de lo antedicho porque me dejó noqueado. La alta cocina se ha popularizado tanto que corre el riesgo de vulgarizarse: dejamos de conceder valor a lo que sí lo tiene. A esas obras de arte, auténticos trabajos de orfebrería e ingenio popular. A esa conclusión llegaba mientras me maravillaba con el delicado trabajo que ejecutaba Paniego, componiendo la mezcla de alimentos que luego mimaba como si fuera un bebé mientras hacía la bechamel, el exacto equilibrio entre ingredientes, la textura sublime que alcanzaba al final del proceso (visible incluso a través de la pantalla), la freiduría no menos minuciosa, la sabiduría transmitida entre generaciones que garantiza que esa croqueta es ‘la’ croqueta y no se parece en nada a la que usted o yo hacemos en casa (lo cual muy improbable en mi caso)…

Esas son las croquetas que el equipo de Tondeluna ofrece en El Espolón, candidatas como el resto de las que se despachan en los bares de Logroño a imponerse en el concurso (por llamarlo de alguna manea) que desde aquí lanzamos: cuáles son las mejores croquetas de Logroño. Y no vale responder con la clásica frase de “las que prepara mi madre”. Tienen que forma parte del menú propio de las barras acreditadas en la capital de La Rioja: como premio, una promesa. La promesa de que sortearemos entre los participantes una consumición de croquetas (claro) en el bar que resulte ganador. O, al menos, lo intentaremos. Nos aprovecharemos de la buena voluntad que distingue al sector hostelero local, sospechando que al bar cuyas croquetas sean las elegidas por nuestros improbables lectores le apetecerá tener un detalle con su clientela. Aunque sólo sea por presumir.

P.D. Los más prestigiosos críticos de cocina suelen coincidir en destacar las croquetas de la familia Paniego entre las mejores de España. Digo familia y digo bien, creo yo: porque además del talento de la matriarca del clan, doña Marisa, y del de su hijo Francis, a éste le entendí en el citado reportaje televisivo que también su padre metió la cuchara, nunca mejor dicho, para que el bocado resultara más tierno que crujiente. No excesivamente crocante, defecto en que a mi modesto juicio se suele incurrir cuando de croquetas se trata. En la imagen que acompaña esta entrada vemos por cierto al mencionado Francis presumiendo de croqueta; que no se vea favoritismo en esta foto. Porque esa misma crítica gastonómica que ha entronizado al Echaurren y sus hijos desconocerá seguramente las que se sirven en las barras de Logroño. Así que lo dicho. ¿Cuál es la mejor croqueta de Logroño? Y quien se anime a contestar, que recuerde lo que decía Coubertin: lo importante es participar.

 

 

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