La Rioja
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Los bares (nuevos) son para el verano
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Jorge Alacid | 14-07-2017 | 15:37

 

Ocurría antaño que las aperturas de bares en Logroño florecían allá por San Mateo. Como se ha contado aquí, no hace falta haber ganado el premio Nobel ni ocupar el Palacio de la Moncloa para poseer una inteligencia natural que permite concluir que los empresarios logroñeses se meten en ese jardín allá cuando pronostican mayor movimiento en la máquina registradora, un aliviador empujón muy agradecido cuando se empieza en todo negocio. Esto es, por fiestas mateas. Así que la lista de garitos que abrieron sus puertas en los días previos al cohete, que algún hortera llamará chupinazo, representa una fecunda tendencia logroñesa. Valga citar tres establecimientos emblemáticos, proteicos iconos de la historia local, para avalar semejante sentencia: nada menos que fue esa la época elegida, cada cual en su respectivo año, para inaugurar el café La Granja, la cafetería Milán y el pub Robinson. Que no son tres bares cualesquiera: son tres monumentos.

Con el paso del tiempo, ocurre que las fiestas no son lo que eran. O bien que cualquier momento del año es bueno para lanzarse a la piscina. Así se evidencia en el florecimiento de inauguraciones que han preludiado este verano pródigo en nuevos bares: porque, como ya avisamos aquí al improbable lector, renació el Baden bajo una nueva dirección, lo cual llenará de felicidad a quienes pensaban que Logroño quedaba medio amputado si perdía un local tan célebre.
Avanzamos. Seguimos nuestra caminata por la calle San Juan y observamos un curioso fenómeno: el Torres ha mutado. Mejor dicho, se ha desdoblado. Su segunda encarnación, sin renunciar por supuesto a mantener la actividad en la casa madre, se prolonga ahora hasta la calle Laurel, donde ofrece desde hace alguna semana su misma oferta. Estupendos bocados, prestigiosos vinos. Y un servicio eficaz, muy profesional, que rellena el hueco que ocupaba Casa Pali.

 

 

Este peculiar movimiento hostelero guarda alguna semejanza con otra pirueta protagonizada en el centro de Logroño. El Ritz, veterano y popular establecimiento, cerró durante unas cuantas semanas para someterse a una particular cirugía: reabrió luego de su cambio de manos, que vuelven a ser las originales, mientras que parte de quienes defendían hasta ahora esa barra se trasladan a avenida de España para situar bajo su tutela el Príncipe de Cameros.

Vamos concluyendo nuestra caminata. Regresamos al corazón de Logroño, donde El Rincón de Alberto también emigró hace nada unos pocos metros y abrió su nueva y esplendorosa sede en la misma calle San Agustín. Además, se anuncian otras aperturas en Herrerías y Portales, calle esta última donde ya iba haciendo falta algún que otro bar y alguna heladería (es sarcasmo). Y la pista de más y más estrenos se desperdiga por todo Logroño. Los nuevos bares, habrá que insistir, parece que son para el verano. Lo cual no evitará que cuando San Mateo asome por el horizonte germinen otros proyectos hoy en barbecho. Y que dentro de unos meses, quien esto escribe enchufe de nuevo el ordenador, afile el teclado y procure el interés del improbable lector mientras, inspirado por el ejemplo del colega Eduardo Gómez, ataque el enésimo listado de aperturas que se vislumbran en el horizonte: como decíamos ayer…

P.D. Como decíamos ayer… Tiene sentido la cita célebre porque el maestro Gómez guarda la saludable costumbre de recitar para esta casa los bares abiertos en las vísperas mateas. Que hace un año fueron abundantes: bastará recordar tres de ellos (Espacio Gastro 911, Donde Fede y Bar Vento) para acreditar que, en efecto, por Logroño somos fieles a esa tradición. Y que la tendencia contraria no tiene tantos adeptos: se abren bares en cada estación del año, pero ver alguno que cierra suele ser raro. Raro, raro, raro