La Rioja
img
Bares: ornamento sin delito
img
Jorge Alacid | 20-10-2017 | 07:27

Logos del Ibiza a lo largo de su historia

 

 

Una doble experiencia reciente me anima a compartir con el improbable lector unas cavilaciones alrededor de nuestro planeta favorito: el cosmos llamado bar. Que es un territorio que admite ilimitadas exploraciones, como acredita este blog, puesto que ya está a punto de cumplir ya cinco añitos. (Nota mental: habrá que celebrarlo). Ese impulso por duplicado me sobrevino casi coincidiendo en el tiempo: ocurrió que tropecé junto a los elegantes lavabos del Ibiza con esta imagen que me sirve de frontispicio para estas líneas apenas un par de días después de haber tenido el placer de presentar una mesa redonda sobre diseño, gentileza de Lovisual, cuyos ideólogos tuvieron a bien invitarme para tan placentero cometido.

Bares y diseño. Ocurrió que durante el vino que compartimos luego del Foro Lovisual, que reunió a doscientas personas (repito para mi asombro: doscientas personas) en la coqueta sala Gonzalo de Berceo concluimos lamentándonos por el mejorable aspecto que presentan nuestras calles y plazas, la vida en general, dominada por la propensión al feísmo que todo lo invade. Pero también celebramos, con gozo no menos común, que al menos los bares, o algunos bares, se esfuerzan por apartarse de la tendencia general y dedicar unos minutos antes de ser inaugurados a pensar qué tipo de identidad quieren ofrecer a sus potenciales clientes. Qué espacio pretenden conquistar, cómo organizarlo y hasta qué punto ornamentarlo. Ornamentarlo hasta incurrir en algún delito, lo cual también ocurre. O sin cometerlo, que es lo preferible.

La charla discurría, no por casualidad, en el Wine Fandango, bar sobre el que escucho opiniones de toda índole pero que a mí al menos me sigue convenciendo por el celo que acredita por apartarse del guión de lo más trillado. Un bar que obedece al mandato de decirnos algo, algo distinto, desde que ingresamos en sus puertas. Los detalles de decoración serán por supuesto opinables igual que la idea general de diseño, pero yo siempre reconoceré en este tipo de locales lo antedicho: que sus propietarios al menos dedicaron alguna energía a pensar cómo querían defender su negocio. Porque en esas cavilaciones en realidad están alumbrando la cuestión clave en cualquier bar: su identidad.

La defensa de semejante argumento llama ahora a declarar precisamente al Ibiza, otro local de deslumbrante (y opinable, por supuesto) apariencia. En esa mencionada sucesión de logos que han ido configurando su imagen corporativa a lo largo de los años podemos distinguir unas cuantas valiosas virtudes. Esa misma vocación por dotarse de una personalidad propia, el delicado rasgo icónico que acompañó a los logroñeses durante las largas décadas en que el elegante café del Espolón se convirtió en tótem ciudadano. Fruto de su capacidad de adaptación a las modas imperantes, la voluntad de trascender a su tiempo mientras, con idéntico fervor, también supo manterse fiel al contexto que reclamaba cada momento histórico. Y clausuramos la cháchara concluyendo que todos esos atributos, amiguitos, se condensan en el concepto de diseño. De diseño bien entendido.

Estas y otras reflexiones asomaron por nuestros caletres mientras compartíamos un vino durante la tertulia posterior a la mesa redonda, donde participaron tres invitados de postín (me encanta esta palabra, aunque no tanto como baladí). María Díaz del Río, Andrés Rubín de Celis y Diego Areso, de quien tomo prestada una especie de tablas de la ley del diseño que enarboló durante su intervención en la mesa redonda porque, aunque aluden al concepto genérico de esa disciplina, muy bien pueden servir como guía para quienes vayan a abrir mañana su bar y quieran proporcionar al flamante negocio de una especie de manual de instrucciones. Allá van estas cinco sugerencias (obsérvese su carácter irónico, un punto provocador). 1.- Un diseño es un diseño es un diseño: homenaje a las raíces. 2.- Las letras dicen cosas: himno a la tipografía y la rotulación esmerada. 3.- El diseño ordena: viva Descartes y hurra por el código napeoléonico. 4.- El diseño es identidad: tributo a la secuencia genómica. Y 5.- El diseño cuentas historias: bienvenidos a la era del relato.

Como avisaba arriba, estas consideraciones de carácter general admiten ser puestas a disposición de nuestros bares. Voy más lejos: yo diría que nuestras barras favoritas son aquellas que, acaso sin saberlo a veces sus promotores, reúnen a su alrededor todos esos rasgos. Ordenables, identificables, asimilables: un territorio sentimental que desde luego cuenta historias. Y si rinde de paso tributo a la belleza, se merece un trago. Un brindis por los bares más hermosos.

P. D. Esta entrada va de coincidencias. Por puro azar, mientras preparaba estas líneas, cayó en mi radar este enlace donde se recopilan los premios a los bares mejor diseñados, más elegantes o con mayor encanto, a nivel mundial. Triunfan como se puede observar el mundo anglosajón, aunque también domina un factor que me parece preocupante. El diseño globalizado, carente de raíces. Todos los bares, ay, son iguales. O al menos lo parecen.