La Rioja
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Porque nos gustan los bares: qué pasa (y los ganadores son…)
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Jorge Alacid | 01-12-2017 | 09:11

Fiesta de aniversario del Ibiza. Foto de Justo Rodríguez

 

Gracias, gracias, gracias… Me confieso abrumado por la respuesta de tanto y tanto improbable lector que aceptó participar en este juego/pasatiempo/sorteo que propuse hace una semana para festejar los cinco años de vida del blog. Y me reconozco agradecido por supuesto a las buenas gentes del Ibiza, Wine Fandango y Gurugú que generosamente aceptaron participar invitando a los ganadores a una consumición para celebrar lo que celebramos siempre que visitamos un bar (la vida, creo), mientras repaso en estas líneas algunas de las aportaciones que me han hecho llegar con la gentileza habitual los corresponsales desde el otro lado de la pantalla.

Así que ahí va una selección de algunas ideas arrojadas en respuesta a la consulta formulada entre signos de interrogación. Atención, pregunta: ¿por qué nos gustan los bares? A lo cual responde un amable lector con esta consideración que suscribo fervientemente: “Porque lo llevamos en el ADN. No hay que fiarse de aquellos que recelen de los bares”. Amén. Coincido asimismo con otra respuesta: “Porque el bar es la vida”. Y con esta tercera: “Son espacios en los que la razón se deja llevar por el aroma, el ruido y la sensación de que TODO está bien”. Hay quien subraya que acudir a los bares de guardia resulta una diversión preferible a quedarse en el sofá de casa, quien resalta que le parecen el escenario más pertinente para disfrutar “de los pequeños placeres de la vida” y quien reivindica su adecuación para lo antedicho: para celebrar la vida; ergo, para “compartir los buenos momentos con los amigos”.

 

Fiesta de aniversario del Wine Fandango

 

En total, he recogido más de sesenta respuestas a lo largo de esta semana. Las hay de todas las categorías. Las remitidas en tono humorístico (“Porque el camarero está leyendo el As con avidez. Ya en serio. Porque en alguno de ellos te encuentras como en casa y así te tratan”) y en tono melancólico: “Porque nos gusta disfrutar de los pequeños momentos de descanso y libertad que podemos tener fuera del trabajo o charlando con los nuestros”. También las hay de índole sociológica. O psicológica: “Porque dejamos los problemas en casa”. Aunque para concluir esta apresurada recopilación de las contestaciones que más me han llamado la atención rescato la que me lanza un lector con quien no puedo estar más de acuerdo: “Porque Logroño son sus bares”. Y porque a veces me parece acertada la frase célebre según la cual una imagen vale más que mil palabras, dejo que hablen por mí las dos fotos que ilustran estas líneas. Una, tomada el jueves en el Ibiza por Justo Rodríguez, durante los festejos de su primer año de vida: en esas caras de felicidad de su clientela puede reconocerse el improbable lector. Aunque para rostros dichosos, los semblantes de los ideológos del Wine Fandango durante su propia celebración: las propias de quienes festejan la alegría de vivir.

Concluyo con mi propia opinión. He reflexionado al respecto, mientras iba recopilando las contestaciones aportadas, y concluyo recordando lo que decía el maestro García Márquez. Cuando alguien le preguntaba por qué escribía, el maestro colombiano solía contestar que escribía para hacer feliz a sus amigos. Yo opino algo parecido: la idea del bar está en mi corazón íntimamente unida a la idea de amistad. En realidad, la vinculo con un concepto todavía más profundo, distinto. La noción de camaradería. Me malicio que en una barra tendemos a hermanarnos no sólo con los amigos y conocidos, sino también con los desconocidos. Nos reconocemos como miembros de una misma fraternidad, contra quienes suelen conspirar los poderes establecidos y la dictadura de lo políticamente correcto. Y, en efecto, como sentenciaba la célebre tonada: “No hay (nada) como el calor del amor en un bar”. Sí, ese calorcito amigo, que predispone a bucear alrededor de una sensación de la que soy muy fan, la que proclamaba Blanche DuBois en ‘Un tranvía llamado deseo’, cuando anunciaba que se disponía a entregarse “a la amabilidad de los extraños”. Lo cual asegura cierta dicha, aunque sea pasajera. Y en pocos lugares como los bares de Logroño uno ha sido tan felizmente dichoso. Tal vez sólo en Las Gaunas, dueño de una sensación parecida. La felicidad de la derrota.

P.D. Los ganadores del sorteo son… Se hizo por riguroso orden telemático: introduciendo una cifra aleatoria en una maquinita que fue alumbrando tres numeritos, mediante el sistema llamado Random Number Generator, que resultaron se los correspondientes a Esmeralda León, destinataria de la generosidad del Wine Fandango; Rosa Larrea, a quien le invitarán a una ronda en el Gurugú; y Rafa Benito, que se lleva el premio del Ibiza. A todos ellos, mi gratitud infinita. Por haber participado en este entretenimiento y por integrar el grupo de improbables lectores a quienes uno no pone cara pero a quienes siente al otro lado de la pantalla.