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Y la mejor croqueta de Logroño es… Sorpresa, sorpresa

Pablo Sotés y Óscar López, cocinero y propietario de Catedral. Foto de Andrea Aragón

Como decíamos ayer… En capítulos anteriores, este blog había ido recopilando las opiniones recogidas a lo largo de la semana, después de que el pasado viernes nos sumáramos a ese efémeride tan marciana del Día Mundial de la Croqueta, preguntando a los improbables lectores y a la audiencia de la web de Diario LA RIOJA cuál era la mejor de Logroño. En las primeras oleadas de respuestas, se detectó rápidamente un pugilato entre las despachadas en dos establecimientos señeros, el Buenos Aires y el Tondeluna, aunque progresivamente irrumpió un tercer contendiente que cuestionaba el liderato de ambos en este juego, concurso o lo que sea: el Catedral, local autoetiquetado como gastrobar, de apertura todavía reciente (poco antes de Navidad) y situado en la calle Portales, frente a (de ahí el nombre) La Redonda.

Pues bien: como uno no las ha catado no sabría decir si sus croquetas son en efecto las mejores de Logroño, pero desde luego el Catedral puede enorgullecerse de contar con la clientela más movilizada. En tan elevado número han ido votando sus parroquianos por las croquetas que prepara un caballero llamado Pablo que finalmente se ha llevado el primer premio de nuestra iniciativa, superando al Buenos Aires (segundo) y al Tondeluna (tercero). Así que felicidades, al citado Pablo, a los dueños del bar, a su plantilla y a su clientela. Y felicidades también a los dos establecimientos que le escoltan en el podio y, por supuesto, a todos los amigos que han ido participando en esta búsqueda de la mejor croqueta, ese bocado tan clásico de nuestros bares que al parecer en Logroño cuenta con encendidos seguidores.

La lista de enhorabuenas debe ampliarse a todos aquellos bares que han sido citados en los comentarios de nuestros lectores, incluyendo los ubicados fuera de Logroño. No me gustaría olvidarme de nadie, pero la lista es prolija y ha llegado hasta aquí por vías tan distintas que temo equivocarme. Espero que no. Ahí va. Torres, Carlos, El Muro, La Tavina, La Taberna del Tío Blas, Umm, La Cabaña del Tío Juanvi, Más que café, El Abuelo, Urbión, Virginia, La Senda, Ensenada, Las Cubanas, La Nuit, Donosti, El Rincón de Alberto, Bococa, Ende, el jamonero Jabugo de Siete Infantes, Lekken and Lekken, Matute, Volapié, Iruña, Kaiser, Portales 24, El Colmado de los Artistas, PanyVino, Eleyce y La Panza de Sancho. Y de fuera de la capital, Masip de Ezcaray, el Arriero de Sorzano, La Tapiada de Albelda, San Quintín de Oyón y el Alameda de Fuenmayor.

Como se podía pronosticar, una larga lista de encuestados se decanta por lo que todos cuando de croquetas, tortilla o paella se trata: que las mejores son las de su madre, la de su abuela o las de su pareja. Es lo que tiene haberse convertido en un plato común en el recetario familiar. A todos los que así opinaron, también felicidades. Por partida doble: por haber participado y por disfrutar de semejante gollería en la cocina de casa. Pero quienes opten por peregrinar por los bares de Logroño ahí tienen una estupenda relación de locales donde satisfacer sus ansias croquetiles. Empezando por el ganador, el Catedral, que gentilmente ha aceptado la propuesta de convidar a una ración de sus croquetas al ganador del sorteo que haremos entre los participantes. Seguiremos informando.

P.D. Los votos sobre este incruento concurso gastronómico/festivo se han recogido por distintas vías: los recibidos en este blog, por un lado; por otro, los dejados en la cuenta personal de facebook de quien suscribe; una tercera opción fue la cuenta corporativa de larioja.com en facebook. La suma de todos ellos dio como ganador al Catedral. Todos ellos, los lectores que amablemente han participado en nuestra propuesta y quieran conocer los pormenores de la croqueta ganadora harán bien en leer mañana, sábado, el reportaje que publicará Diario LA RIOJA en su suplemento Degusta y el vídeo que sobre este particular publicará por su parte la web del periódico.

 

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La mejor croqueta de Logroño es…

La mejor croqueta de Logroño es… De momento, no se sabe. Ese enigma se despejará en este blog este próximo jueves. Hasta entonces hay de plazo para seguir votando en el juego que ha lanzado la web de Diario LA RIOJA, con ocasión de esa efeméride tan rara que se celebró la semana pasada: el día de la croqueta. Con semejante coartada, preguntamos a nuestros lectores cuál era su favorita y un par de días después recapitulamos. Según las opiniones recogidas, así en la propia web como en su perfil de faceboo, la predilecta del público logroñés oscila entre las que ofrece el Tondeluna y las que despacha el Buenos Aires.

Desde ese día, apenas se han registrado novedades. Sigue en lo más alto de la tabla, que diría un periodista deportivo, el duelo entre ambos locales, sin incorporaciones llamativas al listado que ya registré en la anterior entrada de este blog y que ahora reitero: Torres, Carlos, El Muro, La Tavina, Catedral (que va ocupando el tercer puesto), La Taberna del Tío Blas, Umm, La Cabaña del Tío Juanvi, Más que café, El Abuelo, Urbión, Virginia, La Senda, Ensenada, Las Cubanas, La Nuit, Donosti, El Rincón de Alberto, Bococa, Ende, el jamonero de Siete Infantes y Lekken and Lekken. Debe añadirse a la lista alguna incorporación, como las del Asador Matute o sus vecinas, la taberna Volapié y el Iruña, así como las de la hamburguesería Kaiser o las de Portales 24. Julián San Martín aconseja las que sirve un nuevo bar, El Colmado de los Artistas, y hay quien continúa barriendo para casa (como ocurre en PanyVino) insistiendo en las bondades de las croquetas de sus propios establecimientos. Lo cual no es lo ideal, pero tampoco pasa nada. Se puede aceptar como orgullo de padre/madre.

Hay algún caso en que los clientes emigran fuera de Logroño y ahí están los ejemplos del Masip de Ezcaray, el Arriero de Sorzano y La Tapiada de Albelda para confirmarlo, como el San Quintín de Oyón o el Alameda de Fuenmayor. Y hay también lo previsto: aquellos que opinan que, como era fácil pronosticar, las mejores croquetas son las que hace su madre, su abuela o incluso ¡¡¡su marido!!!, una opción que yo hubiera descartado. Sin embargo, sucede que, al parecer, un caballero llamado Rafael García Romero es un auténtico as de los fogones, un artista de la bechamel, o al menos así lo considera su pareja, Rosa Martínez. Suerte que tiene.

En fin, que lo dicho: dejaremos de plazo hasta el jueves y con las opiniones que hayamos recogido entre nuestros lectores publicaremos al día siguiente el ganador. De premio, prometemos mediar ante el bar que haya sido elegido a ver si tiene un detalle con nuestros lectores. Me malicio que no habrá problemas: cuando a alguien le dice que sus croquetas son las mejores, seguro que le apetece obsequiarnos con una ronda.

P.D. La pregunta que lanzó larioja.com ha demostrado que, en efecto, el mundo de la croqueta moviliza como pocos no sólo los jugos gástricos, sino a la audiencia. Es uno de los bocados más populares de la hostelería española; me atrevo a decir que sólo compite con la tortilla tanto en calidad como en cantidad. No suele faltar en ninguna barra, tampoco se olvidan de ella en las mejores casas de comidas, y es también uno de esos platos populares con más raigambre en el recetario familiar. De ahí el aluvión de lectores que se han interesado por la noticia, a quienes damos las gracias y les invitamos a seguir votando. Ya lo saben, hasta el jueves hay tiempo.

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Mundo croqueta: duelo entre Buenos Aires y Tondeluna

¿Aceptamos Buenos Aires como bar? Bueno, vale, de acuerdo. Todo sea en memoria de cuando, en efecto, era bar: se enclavaba como sabe cualquier logroñés castizo en el corazón de la calle Laurel y era también, como en su actual encarnación, casa de comidas. Allí aseguran sus múltiples fans que hoy se cocinan las mejores croquetas de Logroño y, por lo tanto, queda incluido en el simpático pugilato que la web de Diario LA RIOJA ha establecido con sus lectores, en busca de la mejor croqueta de Logroño.

Como decíamos ayer, se trata de un duelo incruento. Ese tipo de pulsos que se mantiene cuando hay un fogón por medio y surge el recetario tradicional español en cualquiera de sus manifestaciones: todo el mundo hace la mejor paella, el mejor cocido, la mejor tortilla… y las mejores croquetas. Todo el mundo, incluyendo a las mamás y las abuelas de todo el mundo. Logroño no es una excepción. Más bien, la encuesta lanzada espontáneamente por esos mundos digitales confirma la regla: aparecen entre las respuestas, en efecto, unos cuantos paisanos a título individual, pero aquí buscamos las que ofrece el prestigioso sector hostelero local. Se mencionaba en la anterior entrada de este blog la fama nacional que distingue a las elaboradas por la familia Paniego, presente en la capital a través del Tondeluna y, como se podía sospechar, esa croqueta es mencionada por numerosos de los encuestados. Que por cierto han reaccionado en masa, valga el chiste malo: nada menos que 200 personas le han dado ya al ‘me gusta’ del facebook de larioja.com donde se divulga la noticia, que ha alcanzado a más de 16.000 personas.

Un impacto semejante al obtenido por quien escribe estas líneas en su propio perfil de la misma red social: abrumado se queda uno cuando comprueba que la entrada en el blog ha contado con 627 seguidores, a los que deben añadirse quienes además han tenido la gentileza de tuitearla. Lo cual corrobora la repercusión que tienen en este mundo nuestro los platos caseros, la gastronomía familiar de toda la vida, ese bocado sabio y nutritivo que manos amigas ponen a nuestra disposición desde que tenemos memoria. Que eso es también la croqueta: ingenio popular. Cómo convertir en alta cocina lo que, si se piensa bien, tan sólo es una mezcla de sobras: un poco de pollo que quedó de anoche, aquellas migas de bacalao guardadas en la fresquera, algo de huevo duro… Ingredientes humildes pero soberbios: porque cuando pasan por la sabiduría de nuestros cocineros favoritos se transforman en otra cosa. En un momento memorable, a condición de que incluyan el componente fundamental: amor. Mucho amor.

Y amor derrochan desde luego las dos favoritas (de momento) de nuestros lectores, los de este blog y los de la web de Diario LA RIOJA. La encuesta se ha convertido casi en un mano a mano entre Buenos Aires y Tondeluna, pero me gustaría incorporar otras referencias que hasta esta hora también aparecen. Espero no dejarme ninguna: Torres, Carlos, El Muro, La Tavina, Catedral (que va ocupando el tercer puesto), La Taberna del Tío Blas, Umm, La Cabaña del Tío Juanvi, Más que café, El Abuelo, Urbión, Virginia, La Senda, Ensenada, Las Cubanas, La Nuit, Donosti, El Rincón de Alberto, Bococa, Ende, el jamonero de Siete Infantes y Lekken and Lekken. Lo dicho, espero no haberme dejado ninguna, porque la nómina es muy amplia: tan amplia que incluye el desaparecido Ramitos y emigra fuera de Logroño, hacia el Masip de Ezcaray. A todos ellos, muchas gracias. Y que aproveche.

P. D. En los comentarios a la noticia tanto en la propia web como en las redes sociales hay un poco de todo: hay quien se nota que barre para casa en sus comentarios y quien (en su mayoría) se limita a trasladar su experiencia como cliente de alguno de estos establecimientos. Esto último es lo preferible, pero en fin… Nosotros seguiremos informando de cómo evoluciona este juego que hemos propuesto con tan cordial acogida y en las siguientes entregas del blog ofreceremos la clasificación final. Hasta entonces, lo dicho: que aproveche.

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¿Qué bar tiene las mejores croquetas de Logroño?

Francis Paniego, presumiendo de croqueta. Foto de Justo Rodríguez

Hace unos dias tropecé por televisión con el gran Francis Paniego enseñando el secreto mejor custodiado en su casa, el Echaurren de Ezcaray, en cualquier de sus encarnaciones (incluyendo nuestro logroñés Tondeluna): sus croquetas. El programa, de alcance nacional, resultó muy ilustrativo, al menos para quien esto escribe, puesto que se confiesa más bien inmune al encanto de tal bocado. Sí, bueno: ya sé que voy en contra de la corriente general adicta al croquetismo, pero son las cosas del servicio militar, vulgo mili. Quien haya vestido de caqui lo entenderá: si cada ser humano tiene fijada cuando nace la ingesta de un número determinado de croquetas, basta cumplir un año a las órdenes del Ejército español para que esa cifra sellada desde la cuna por el destino se multiplique. Exponencialmente. Croquetas cada día en el almuerzo, las sobrantes para la cena y no te las endiñaban de desayuno porque el sargento de cocina se apiadaba de nosotros.

Y sí, bueno: ya lo sé. Ya sé que aquella masa informe que solía llevar Findus de apellido poco o nada tiene que ver con estos exquisitos manjares que salen de los fogones de los cocineros riojanos, pero qué le vamos a hacer: uno ve una croqueta en un plato y se retrotrae, máquina del tiempo mediante, al tiempo en que gastaba uniforme del cuerpo de Ingenieros y gorra con aquel llorado eslogan: 81/8º. Yo ya me entiendo. Me veo con la bandejita metálica por el corredor de los comedores del cuartel y lo que veo no me gusta: en efecto, allí aparece la diaria ración croquetil, una engrudo que exigía una digestión elefantiásica, que se hacía fuerte en el área estomacal durante unas cuantas horas y cuyo sabor tanto me recordaba a los areneros de las piscinas de Cantabria. Una gollería, vaya.

De modo que todavía hoy, una glaciación después, tropiezo con una ración de croquetas, incluidas las mejores del mundo, y me dejan frío. No quiere decirse que sea ajeno a su degustación y de hecho he tenido durante largo tiempo entre mis tapas favoritas una de ellas: la croqueta de manitas que elaboran con singular encanto en el Vinissimo de la calle San Juan, aunque si soy sincero creo que me gustaba más por lo de dentro (las mencionadas manitas) que por el rebozo exterior. Citaré aquí otras que también me han tenido entre sus seguidores, como la de calamar que despachan en la Taberna del Tío Blas o la polifónica oferta que sirven en el Torres, pero la verdad es que me prodigo poco. Veo salivar a mis compañeros de ronda cuando se aproxima la cita croquetera en algún bar de confianza, observo a mi alrededor una legión de fans entre los seguidores del universo croquético y compruebo que triunfa entre nosotros una corriente que ha entronizado a la croqueta en general como el bocado entre los bocados, la tapa estrella, el tentempié ganador.

Todas estas digresiones vienen a cuento de que este viernes tenemos una cita con el rarísimo universo de los días mundiales. Por haber, hay un día en el calendario anual de días mundiales dedicado.. a los días mundiales. Como las muñecas rusas, más o menos. Así que como ahora toca el día mundial de la croqueta, que vaya usted a saber en qué consiste, he pensado en aquel reportaje de Paniego elaborando el plato estrella que ideó su madre Marisa Sánchez y humildemente me arrodillo. Abjuro de lo antedicho porque me dejó noqueado. La alta cocina se ha popularizado tanto que corre el riesgo de vulgarizarse: dejamos de conceder valor a lo que sí lo tiene. A esas obras de arte, auténticos trabajos de orfebrería e ingenio popular. A esa conclusión llegaba mientras me maravillaba con el delicado trabajo que ejecutaba Paniego, componiendo la mezcla de alimentos que luego mimaba como si fuera un bebé mientras hacía la bechamel, el exacto equilibrio entre ingredientes, la textura sublime que alcanzaba al final del proceso (visible incluso a través de la pantalla), la freiduría no menos minuciosa, la sabiduría transmitida entre generaciones que garantiza que esa croqueta es ‘la’ croqueta y no se parece en nada a la que usted o yo hacemos en casa (lo cual muy improbable en mi caso)…

Esas son las croquetas que el equipo de Tondeluna ofrece en El Espolón, candidatas como el resto de las que se despachan en los bares de Logroño a imponerse en el concurso (por llamarlo de alguna manea) que desde aquí lanzamos: cuáles son las mejores croquetas de Logroño. Y no vale responder con la clásica frase de “las que prepara mi madre”. Tienen que forma parte del menú propio de las barras acreditadas en la capital de La Rioja: como premio, una promesa. La promesa de que sortearemos entre los participantes una consumición de croquetas (claro) en el bar que resulte ganador. O, al menos, lo intentaremos. Nos aprovecharemos de la buena voluntad que distingue al sector hostelero local, sospechando que al bar cuyas croquetas sean las elegidas por nuestros improbables lectores le apetecerá tener un detalle con su clientela. Aunque sólo sea por presumir.

P.D. Los más prestigiosos críticos de cocina suelen coincidir en destacar las croquetas de la familia Paniego entre las mejores de España. Digo familia y digo bien, creo yo: porque además del talento de la matriarca del clan, doña Marisa, y del de su hijo Francis, a éste le entendí en el citado reportaje televisivo que también su padre metió la cuchara, nunca mejor dicho, para que el bocado resultara más tierno que crujiente. No excesivamente crocante, defecto en que a mi modesto juicio se suele incurrir cuando de croquetas se trata. En la imagen que acompaña esta entrada vemos por cierto al mencionado Francis presumiendo de croqueta; que no se vea favoritismo en esta foto. Porque esa misma crítica gastonómica que ha entronizado al Echaurren y sus hijos desconocerá seguramente las que se sirven en las barras de Logroño. Así que lo dicho. ¿Cuál es la mejor croqueta de Logroño? Y quien se anime a contestar, que recuerde lo que decía Coubertin: lo importante es participar.

 

 

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Bares favoritos: premio para… el Bretón

Interior del Bretón
Y el premio es… para el Bretón. Aunque en realidad no hay ningún premio: el título de esta entrada sólo sirve para este tontorrón juego de palabras que me permite descifrar el bar que concita más respuestas entre los encuestados por este blog en busca del favorito de sus seguidores. En el sondeo, que no tiene validez científica alguna como insisto en recordar, han participado unos cuantos lectores que fueron dejado sus opiniones de modo espontáneo y también quienes han contestado a mi requerimiento directo. Hubo tres entradas monotemáticas: las protagonizadas periodistas, políticos y logroñeses que viven fuera. Gracias a todas estas aportaciones, este experimento/juego/diversión o lo que sea, ya tiene ganador. El Café Bretón.
Y se impone el local de la calle homónima con seis votos de otros tantos logroñeses, sólo uno más de los recibidos por otros tres locales que ocupan las siguientes posiciones: Soriano, Torres y Tastavín. Un trío que se lleva cinco menciones cada cual y que completa con el mencionado Bretón una especie de itinerario de las barras logroñesas que ayuda a despejar la incógnita célebre: qué buscamos cuando vamos de bares. La respuesta es sencilla: un poco de todo. En el caso del Bretón, pienso que le beneficia su condición de bar total. Es decir, que estamos ante uno de esos locales que abre en prolongado horario porque cuenta con un público que responde por igual al desayuno matutino, el vermú, el café de media tarde… Una parroquia que tiene puestas sus complacencias también en él para la ronda de vinos, la copa noctívaga… Una clientela, en fin, tan adicta a los veladores del entrepiso con vistas a la calle Laurel como a la terraza con vistas al teatro.
De ahí esos seis votos, sospecho. Contribuye a pensar en el Bretón como el bar favorito de unos cuantos encuestados por otros dos factores: el paso del tiempo, que canoniza locales que cuando son neonatos apenas nos dicen gran cosa, y su condición de faro cultural de Logroño. El Bretón suele ser noticia más allá del sector hostelero, como puede comprobar cualquiera que fisgonee por google y de hecho hace unos años ya recibió un precio nacional concedido por los hosteleros patrios. Lo cual significa algo y puede no significar nada: como mantemos con los bares una conexión más bien sentimental, podemos elegir el que nos guste por la primera razón que nos venga a la cabeza (más bien, al corazón) y no tener que justificar nuestra elección. Ya lo decía el bolero: el corazón tiene que cosas que la hostelería no entiende.
De modo que tenemos una especie de bar de bares, de panbar si se me acepta el neologismo, en el primer puesto y un trío que le persigue con una oferta complementaria: Tastavin y Torres, que son vecinos por cierto en la calle San Juan, comparten un espíritu similar. Gran nivel de tapas y pinchos, esmerado servicio y una oferta muy suculenta de vinos por copas con énfasis en referencias poco conocidas y atención a las novedades que demanda un consumidor cada vez menos borrego en materia de Rioja. La fotografía de los gustos logroñeses se completa por lo tanto con el Soriano, que es justamente lo contrario: la devoción por lo conocido, la seguridad de saber que hay bares donde apenas nada cambia. Eso es el Soriano (con su ejemplar pincho de champiñón tan emblemático como bandera) y eso representan otros locales, como el recién desaparecido Perchas (que se lleva cuatro votos, por cierto) o el Sebas, premiado por tres encuestados.
También La Tavina, el Mesón Alfonso y el Pata Negra se hacen con tres votos y añadiré tan sólo al Tivoli de la larga lista de bares favoritos, porque recibió cuatro apoyos que resumen muy bien de qué hablamos cuando hablamos de bares: entre quienes lo citan como uno de sus bares predilectos figuran quienes en realidad votan al primer Tivoli, no al actual. Lo cual, como digo, confirma la impresión arriba citada, germen de hecho del nacimiento de este blog: que hay una especie de geografía sentimental encerrada en nuestro propio mapa personal e intransferible de bares, habitado tanto por los que son como por los que han sido. Y que tal vez sólo en materia de bares uno puede seguir prefiriendo votar por un fantasma y dejarse traicionar por la memoria: cuando votamos por uno de esos garitos ya difuntos, puede que nos estemos limitando a honrar el tiempo en que fuimos más jóvenes.
P.D. Los improbables lectores de este blog tal vez recuerden una entrada reciente dedicada al universo de los bares de carreteras. Como mi favorito mencioné entonces a El Duque de Medinaceli, situado en la travesía desde Logroño a Madrid por la N-111. Una visita reciente me permite avisar de que el bar estará cerrado durante este mes y parte de febrero porque se somete a cirugía. Espero que la visita del bisturí no lo desfigure ni le reste encanto: cruzo los dedos. La ¿buena? noticia es que cuando reabra se beneficiará de que un corte en la carretera por las obras de duplicación de vía obligará a los vehículos a cruzar de nuevo por Medinaceli. Por lo tanto, no será preciso durante una temporada dar un rodeo para detenerse a la puerta de un bar que lleva derrochando clase y mucho estilo durante más de medio siglo. Le deseo larga vida y que no cambie demasiado. Sus fans lo agradeceremos.

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Los bares favoritos… de unos cuantos políticos logroñeses

Año nuevo, hábito viejo. Me parece llegada la hora de ir concluyendo la encuesta lanzada semanas atrás en este mismo espacio en torno a cuál es el bar favorito… de los que contestan. Es decir: que no se trata del bar favorito del conjunto de los logroñeses, puesto que este sondeo carece de ánimo científico. Han ido respondiendo a la pregunta que lancé por facebook unos cuantos seguidores del blog y recopilando sus contestaciones. Hubo un sondeo genérico y luego otros sectoriales: entre periodistas, entre logroñeses trasterrados y concluyo con uno de políticos. Dirigentes del arco parlamentario regional han tenido a bien divulgar sus listas de bares predilectos. Hay quien no ha respondido al llamamiento, quien ha contestado muy prolijamente y quien ha sido más escueto. A todos ellos, muchas gracias. Y aquí va el resultado de sus respuestas, por riguroso orden alfabético.

Concha Andreu, candidata del PSOE a la Presidencia autonómica, se explica así: “Mi favorito en cuanto a manjares versión tapas es el Tastavin de la calle San Juan, me hace perder el entendimiento, tanta variedad y exquisitez. Mi preferido con terraza de día, el Umm! de la calle Torrecilla, 11. Además de cuidar los vinos, las cervecitas y tapas son totalmente de mi agrado. La terraza nocturna, aunque cada vez la practico menos por falta de tiempo, la del Café Bretón, es como estar en casa. Y como final y con especial cariño el Café Luz en Saturnino Ulargui, 12, donde a la hora del vermú, si Mariano tiene a bien, prepara un especial con angostura que a mí me lleva a dejar la prisa al otro lado de la puerta”.

Seguimos con otra mujer y también socialista: Beatriz Arráiz, alcaldable al Ayuntamiento de Logroño, contesta lo siguiente: “El Moderno, es un sitio singular como creo que no queda otro en Logroño, te introduces en un escenario del siglo XIX, pero con personajes variopintos, de toda clase y condición que filosofan, debaten, un ambiente fantástico. Un bar de barrio, de mi barrio que, sin embargo, descubrí tarde es el Alfonso, porque tiene los mejores morritos de Logroño, salvo prueba en contrario. Y el Tívoli, no sé si por la ubicación, por la nostalgia… No sé pero ese bar, ha tenido y tiene algo especial”.

Sin salir del salón de plenos logroñés, esta es la contestación de Conchi Bravo, diputada por el PP y también concejal. “Me gustan los bares, pero me estoy volviendo muy mayor… En fin, me gustan el Pata Negra, el Colonny y el Lolita”.

Y desde el mismo partido que Bravo, Conrado Escobar enseña su póker: “El García de la calle San Juan, El Soldado de Tudelilla, con el gran Manolo al frente, la estupenda Taberna del tío Blas y el Ibiza”.

Desde el PR+, su líder Miguel González de Legarra se extiende un poco más y viaja más allá de Logroño: “La verdad es que como yo soy muy de bares lo tengo un poquito complicado para elegir algunos, pero voy a intentarlo: sin duda los primeros, por encima de todos, serían los bares de la calle San Juan. La propia calle en sí creo que tiene un encanto especial. y se configura en mi ‘bar’ favorito. Hay un bar en Arnedo al que siempre que voy no puedo resistir entrar a comer una gordilla a la plancha, el bar Niza. La Herradura de Haro es otro lugar con mucha magia. Creo que podría decir varios más pero de momento termino con la cafetería del Círculo Logroñés, un lugar como de otra época pero muy actual donde siempre me encuentro cómodo y atendido por grandes profesionales”.

César Luena, diputado socialista por La Rioja, se decanta por cuatro bares: “Empezando por dos de mi barrio: el Alfonso en la calle Villegas y La Bellota en Manzanera. El Juan y Juan de Sagasta y El Noche y Día de la calle Portales”.

De los bares de hoy a los de siempre: el recorrido que propone el concejal logroñés del PP Ángel Sáinz Yangüela representa en cierto sentido un paseo por la historia del Logroño hostelero y por todo el mapa callejero. Ahí va: “Mis recuerdos de juventud pasan por unos vermús en la zona que constituían los Cibeles, Drugstore, Amazonas y Vivero. Si había hambre, Don Torcuato y el Beti ofrecían los mejores emparedados de Logroño. También forma parte de mi juventud las rondas por Laurel que comenzaban en el Tívoli y se hacían paradas obligatorias en El Perchas, Páganos, Calderas, extendiéndose a San Agustín con el Florida y el Carabanchel como lugares destacados. Las noches éramos parte del decorado de Lorca y se hacían frecuentes visitas a La Buhardilla y Tris Tras. Ahora, la tranquilidad de San Juan es una excelente alternativa al bullicio de Laurel y nos ofrece excelentes lugares en el Torres y Tastavin. Las noches nos recogen en tranquilas tabernas irlandesas, tipo Covent Garden o School Tavern, ambas en la zona de 7 Infantes, donde su tranquilidad nos reclama como alternativa a una Plaza del Mercado en la que ya me siento desubicado”.

Y concluimos con Julio Revuelta, exalcalde de Logroño por el PP, hoy alto cargo regionalista. Que también se concede un paseo por la historia logroñesa muy extenso. “No he podido elegir unos pocos bares, ya lo siento”, confiesa. “Y aunque he sido restrictivo, me gustan demasiado y en cada época he tenido mis favoritos, que me parecería injusto olvidar. El primer bar importante fue el Robinson Pub, propiedad de mi padre y de Joaquín Herrero y dirigido por Alfredo Barquín, donde cada domingo tomábamos el vermú familiar, antes de ir a comer al Boni (San Remo) o la La Merced (antigua). La adolescencia va unida al Drugstore y al Cibeles y, por encima de ellos, al Tizona y sus pinchos. Después vinieron el Zona Zero y el Saxo, sobre todo el Saxo, con su aspecto ibicenco y la música de Bob Marley. Y el Mere y el Ignacio para el bocata de tortilla. A Las Cañas le fui fiel apenas un par de veranos, pero fue inolvidable. El Trazos (en Jorge Vigón) y el Olympia llegaron justo antes y después de ser padre y disfrutar a diario del Parque del Carmen. El Swing Tavern fue mi favorito varios años y ahora y desde hace más tiempo de lo que me gusta recordar, frecuento el Dominó, a cualquier hora. Y me encanta mi barrio al completo: Zhivago, Real, Sojuela, Urbión, Nebraska, Umm…”

Así que dicho queda. Mientras voy anotando las respuestas para preparar la clasificación final, aprovecho que pasaba desear a todos los improbables lectores del blog un estupendo 2015. La próxima semana, prometo publicar la lista completa de bares, con el podio ocupado por… Bueno, lo dicho: hasta la semana que viene.

P.D. Incluyo en esta lista como coda final a un político… sin partido. ¿De momento? Bueno, mientras se desvela el misterio aquí os dejo la relación de bares que espontáneamente dejó en mi perfil de Facebook Julián San Martín, recientes aún los días en que lideraba a UPyD en Logroño, a quien le agradezco que respondiera a mi llamamiento en busca del bar favorito de los logroñeses. Esto nos cuenta: “Un copita en el 13, cervecita con una palomita en  Tolmay, varios en el Sebas y orejita en el Perchas”  (que todavía existía, en efecto) “matrimonio en el Gil, champi en La Cueva y el atún rojo del  Tastavin, tortilla de  La Travesía, cochinillo  en Las Cubanas y solomillo con foie en La Anjana, pincho-pote del ECU y el  Gurbindo”. “¿Quieres más?”, me pregunta. No, Julián, muy amable, le respondo: que se nos dispara el ácido úrico sólo leyéndote…

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