La Rioja
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Etiqueta: bilbao
Vermú, el retorno
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Jorge Alacid | 21-04-2017 | 11:04 |0

Oferta de vermús en el Barrio Bar de Logroño. Foto de Justo Rodríguez

 

Hace alguna década, cuentan los asiduos de las rondas por la calle Somosierra y alrededores (es decir, territorio Balsamaiso) que empezó a frecuentar los bares de rigor un simpático caballero llegado de allende los mares. Se trataba de uno de los primeros logroñeses procedentes de la lejana África, que se ganó el favor de sus vecinos no sólo por su extremada educación y bonhomía, que todavía derrocha, sino porque implantó entre ellos una costumbre que los más veteranos del barrio siguen sin olvidar: a la hora del vermú, se pedía sólo media dosis. Así podía prolongar sus andanzas durante el aperitivo sin miedo a que le atrapara el sopor que tantas veces nos invade si exageramos la ingesta de tan delicioso néctar. Un hábito que luego ha ido conquistando a los parroquianos conspicuos: yo también recuerdo alucinado los días en que era usual tomarse el vermú sin racionarlo. Y también me pregunto cómo aguantábamos en pie. Cómo resistimos hasta la llegada del querido ‘marianito‘ trasegando vasazos y más vasazos de generosa medida, ahítos de Martini y resto de la cofradía vermuteril. De modo que su encarnación en formato mini en la mentada zona de

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Bilbao en sus bares
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Jorge Alacid | 11-04-2014 | 15:35 |0

El Iruña de Bilbao

La primera vez que entré en el Iruña de Bilbao (en la imagen, foto de El Correo) fue en el verano del 82, suceso que sigo sin olvidar. En honor a esa epifanía, procuro volver sobre mis pasos cada vez que visito el Bocho, lo cual hago con cierta frecuencia, incluso desde antes del Guggenheim. ¿Por qué me deslumbró? Bueno, cualquier cliente del popular café puede responder conmigo: porque el Iruña emana clase, estilo, distinción. Puro Bilbao, por lo tanto. La bella caligrafía de sus paredes tamizadas de cerámica, el laberíntico espacio que ocupa, rico en rincones ocultos a la primera mirada, su doble y elegante barra, que incluye un altillo en desuso donde el día de mi bautismo como parroquiano actuaba un trío de jazz, allí izado no sé cómo.

Curiosamente, el batería era un libanés a quien había tratado cuando manejaba las baquetas en un local logroñés ya difunto, alojado en el subsuelo de avenida de Portugal. Esa coincidencia acentuó mi amor por el Iruña, cuyos camareros me han despachado siempre con profesionalidad extrema, ese tipo de atención hacia el cliente fría y eficaz, sin grandes confianzas, de la que soy muy fan. Aún más lo soy del bar a

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