La Rioja
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Etiqueta: Logroño
Malas noticias: hay ciudades con más bares
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Jorge Alacid | 16-06-2017 | 07:47 |0

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Hay mañanas en que uno se levanta con el cuerpo levantisco. Un 2 de mayo particular. Y como aquel de 1808, mientras repasas las noticias que llueven sobre la pantalla, te dan ganas de emular al célebre alcalde de Móstoles, don Andrés Torrejón, y promulgar la versión propia e indígena de su no menos célebre bando: “La patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles, acudid a salvarle”. Qué más da que el mentado bando sea aprócrifo y genere serias dudas sobre su autoría. En mi actualización, quedaría más o menos así: “Logroño está en peligro. Sus bares perecen víctimas de la perfidia castellano-leonesa. Riojanos, acudid a salvarle”. Un llamamiento que me brota natural del alma cuando tropiezo con esa información según la cual nuestra amada ciudad se sitúa en un discreto sexto lugar en una clasificación que debería encabezar: el número de bares por habitante. Un reciente sondeo nos ilustra sobre nuestro mejorable desempeño en cuestión tan trascedental: nos superan cinco capitales de provincia, castellano-leonesas la mayoría como se observará en el gráfico adjunto. Enhorabuena a León, ciudad

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Bares de altura
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Jorge Alacid | 10-03-2017 | 08:18 |0

Bar de la Casa de Granada en Madrid

 

Como cualquiera de mis improbables lectores, yo también he frecuentado bares raros. Entre los más raros, siempre recordaré aquella olvidada cantina que albergaba el hangar del parque móvil de la Policía Armada, al final de Murrieta (frente al viejo Hospital). Un cubículo oscuro donde despachaban los botellines de cerveza más baratos de Logroño, incongruencia que nunca me tomé la molestia de aclarar. Así que si ahora escribo que acabo de conocer uno de los bares más raros (pero raros, raros) de mi vida, yo mismo siento una extrañeza genuina: porque, en efecto, tiene que ser muy raro. Muy pero que muy raro.

Se ubica en Madrid, junto a la plaza de Tirso de Molina. Su primera peculiaridad es el acceso: puesto que se aloja en un edificio de viviendas, el potencial cliente deberá pulsar el timbre del último piso. La puerta se abrirá como suele cuando el portero automático es más automático que de costumbre y se ingresará entonces en el portal, que es un portal como otro cualquiera: gemelo de los propios de todo inmueble construido durante el franquismo. Tan idéntico que el potencial parroquiano seguirá creyendo que se ha equivocado de sitio. Que aquí hay

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Una lágrima por el Suizo
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Jorge Alacid | 10-02-2017 | 10:51 |0

Publicidad antigua del Suizo de Haro

 

Que no se moleste nadie, pero si tengo que elegir una cabecera de comarca riojana donde tenga puesta mis complacencias siempre reconoceré mi devoción por Haro, destino de habituales incursiones festivo-hosteleras. Aparcar cerca del coqueto Cid Paternina, curiosear por la carnicería Mendoza (prueben sus morcillas, perdón, delgadillas: imperiales, oiga usted), descender admirándome de la elegante sucesión de edificios finiseculares (dotados de una delicada carpintería propia de orfebres) y detenerme en la plaza de la Paz… Observar entonces su bello templete, la armoniosa porticada, la esbelta torre de Santo Tomás allá al fondo, la prometedora Herradura, el Beethoven, el Chamonix y tantos otros… Y, sobre todo, la posibilidad de maravillarnos porque todavía sobrevive entre nosotros su benemérito Café Suizo, testigo majestuoso de otra época. De otra época, sí: de la época en que su terraza no dejaba que pasara el tiempo y sus veladores del interior rebosaban de un gentío ahora ausente.

Esa otra época en que su barra no ofrecía el lánguido (pero encantador) aspecto que hasta hoy te recibía. Una imagen ya borrosa, difusa. Porque la propiedad del Suizo

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¿2017? Nos vemos en los bares
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Jorge Alacid | 30-12-2016 | 11:30 |0

Obra de Diego Ortega y Néstor Santo Tomás

 

Cierra el año y este blog le dedica su última entrada: no sé si el 2016 casi difunto se lo merece, pero como todo quien navega por la red (y por la vida analógica) ofrece su particular resumen, Logroño en sus bares no puede ser menos. Sobre todo, porque uno va recibiendo invitaciones a iniciarse en el noble ejercicio de los balances, listas y otras gaitas y, puesto que se debe a su público como cualquier cantante folclórica, acaba aceptando el reto.

Primera invitación. Javier García, seguidor de twitter a quien no tengo el gusto (pero al que envío un saludo), me propone lo siguiente: “Le animo a que elabore un raking de los bares de Logroño. De hoy y de ayer”. Y aunque también me advierte que semejante desafío “es complicado” de ejecutar, le contesto sin pausa. Porque la respuesta es sencilla: me decanto por los que ya no existen. Los que añoro. El Capri, el Continental y el viejo café La Granja. Y agradezco su oferta de crear con estas cavilaciones mías por los bares de confianza lo que el señor García llama ‘El tripalacisor’. Pero tengo que rechazarla: aparte de que el nombrecito propuesto se las trae, necesitaría otra vida para cumplir con

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Como riojanos vuestros que son
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Jorge Alacid | 17-06-2016 | 10:41 |0

Bodega del Riojano, en Santander. Foto publicada por El Diari Montañés

 

Pasatiempo marciano para amigos de los bares que sean naturales y residentes en La Rioja: navegar por google observando el largo cúmulo de referencias dedicadas a glosar cuantos bares llamados El Riojano, Riojano, Rioja o algo parecido encuentra uno a su paso por el éter. Más de 400.000 referencias. Gloria bendita. Sí, ya sé que no es nada científico, sino un paseo virtual que, en mi caso, acompaña al que me concedo cuando visito alguna ciudad y me maravillo ante un letrero donde una nomenclatura semejante me reconcilie con el añorado y perdido universo de las bodeguilla. Una tipología que apenas sobrevive en Logroño y alrededores. Y que, en efecto, lejos de entre nosotros tendía a ser así denominada: con la marca Rioja bien visible.

Se trataba de un tipo de bar que tuvo sentido, sentido pleno por cierto, cuando lo defendían aquellos paisanos que recorrieron España proclamando la buena nueva, que sabía a vino de Rioja. Y para que no hubiera dudas, en efecto bautizaban así sus negocios: Rioja, ya entonces, era sinónimo de vino, bebida por excelencia en aquel tiempo. Años 50, 60 o 70 del pasado siglo: sin la parafernalia actual, oculta en grandes barricas

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A la rica patata frita
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Jorge Alacid | 12-02-2016 | 08:57 |0

Ración de patatas fritas gratis en El Flechazo de León

 

Cuando uno era crío solía, como los de su quinta, acostumbrarse con poco, entre otras cosas, porque no había alternativa. La resignación era tendencia nacional: más o menos, todo el mundo se conformaba con casi nada. En materia de bares, por ejemplo, valía con una tostada en La Granja repartida en plan asambleario con el resto de la prole para recompensarnos, bastaba una coca cola compartida en La Rosaleda también entre varios morros, un Cacaolat si era fiesta, pero fiesta grande… La consigna era no importunar a los mayores ni a sus bolsillos, doctrina que juzgo desaparecida: ahora se ha implantado la dictadura infanto-juvenil con aquiescencia generalizada, entre el beneplácito común. Una moda tan extendida, que si cuentas como me dispongo a hacer que hubo un día en que un humilde cucurucho de patatas fritas colmaba tus expectativas parecerá que retrocedo al pleistoceno. Lo cual por cierto es verdad.

Ese añorado cucurucho se servía en la churrería emplazada durante largos años en el tramo inicial de Portales, aunque entonces la calle se llamaba General Mola y era en realidad el tramo final: por aquella época se contaba desde Murrieta. Con ocasión de

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Nuestro hombre en la barra: Colo Cortés, centinela de la calle Bretón
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Jorge Alacid | 30-01-2016 | 10:52 |0

Colo Cortés, en una imagen antigua, en el Bretón

 

Centinela de la calle Bretón de Logroño, Colo Cortés y su café ejercen de faro de esa arteria principal de Logroño, cuya barra célebre pilota, así en su anterior ubicación como en su actual sede. A su condición de tabernero a la antigua (es decir, ese tipo de camarero que conoce por su nombre al parroquiano conspicuo y goza de visión periférica para atender con un ojo la terraza exterior, con el otro la barra indoor y con el sexto sentido, los veladores del piso superior), el profesional apodado Colo agrega su faceta como mecenas de la cultura local.

Así que larga vida al Bretón y larga vida por lo tanto a Colo, quien confiesa que ingresó en la cofradía de los bares hace 29 años. «Fue algo fortuito», admite. «En realidad, el Bretón lo montó el exmarido de mi mujer cuando ya llevaban dos años separados», prosigue. Y añade: «Le ayudamos en muchas cosas y le presentamos a su socio, pero luego tuvieron algunos problemillas entre ellos y nosotros lo solucionamos entrando de socios» del negocio. Era el 1 de enero de 1987. «Sin ninguna experiencia, Isabel y yo», rememora Cortés, «cogimos los mandos de la cafetera y la bandeja de servir mesas. Y

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El mejor bar del mundo
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Jorge Alacid | 02-01-2016 | 11:09 |0

Bar Savoia, en la localidad italiana de Amalfi

 

Muere el año, llegan las listas: tradición navideña que este blog no puede ignorar. Aunque será una lista heteredoxa: en la búsqueda del mejor bar del mundo, procuraremos no salir de Logroño. Porque esa clasificación que cada año elabora no sé quién (y elige en el primer puesto al bar Artesian, de Londres: no tengo el gusto) suele tener en cuenta aspectos que (me parece) nada tienen que ver en que este bar y no otro nos lleguen al corazón o nos dejen indiferentes. Se suele valorar dos aspectos que a mí me dejan frío: las elevadas tarifas concentradas en su lista de precios y ese tipo de lujos contemporáneos que quienes hemos sido educados en el añorado y confortable universo de cabezas de gamba y serrín en el suelo ignoramos con educada gentileza.

Así que olvidando lo que cuenten los gurús de este negocio, aporto mi propia lista. La suma de todas entradas debería formar el mejor bar del mundo, pero tampoco de eso estoy muy seguro: a veces el orden de los factores altera el producto final. Porque falta lo esencial: falta la magia. Y ese es un componente intangible que suele aparecer cuando no se le convoca… aunque yo no dejo de llamar a su puerta.

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A las cinco en Chevalier (Relato corto)
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Jorge Alacid | 12-09-2015 | 09:59 |0

Chevalier

 

El amigo César Cantabrana se dirigió al guardián de este blog meses atrás, animado a compartir aquí sus reflexiones a partir de una mención entonces reciente al bar Chevalier, garito ubicado en avenida de Colón allá en el Pleistoceno. Como me encantó lo que escribió, le propuse publicarlo aquí, cosa que aceptó encantado. Así que allá va, con mi agradecimiento. Seguro que quienes lo lean disfrutan tanto como yo. Sobre todo, si conocieron el Chevalier en su época de mayor esplendor.

“Entraron los cuatro amigos riéndose a carcajadas, dándose empujones como los borricos, vamos como cada sábado por la tarde en la que, después de ver la serie Heidi, quedaban a las 5 en punto en la puerta del Chevalier. Nadie entraba hasta que el último amigo llegaba para pasar todos juntos una divertida tarde de sábado. El Chevalier era una cafetería que se inauguró algunos años antes con muchas pretensiones y que, pasado el tiempo, no había sido capaz de cuajar entre la gente mayor y bien de Logroño que seguía prefiriendo los viejos establecimientos instalados en el Espolón como el Ibiza, el Ringo o el Noche y Día, en la calle Sagasta La Granja, el mítico Los

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Réquiem por Las Escalerillas
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Jorge Alacid | 04-09-2015 | 10:01 |0

Aspecto que presenta el antiguo edificio de Las Escalerillas.

 

Cuando este blog inició su andadura, aproveché para proclamar mi devoción incondicional por el desaparecido bar Pachuca, cuya imagen me sirve como emblema (foto cortesía de Justo Rodríguez). El Pachuca era un bar alojado en Marqués de Vallejo como podrá observar cualquier logroñés que descienda hacia Portales y detecte su elegante rótulo saludando entre Ollerías y Hermanos Moroy. Un bar que me tuvo de cliente de muy niño. Tan de niño que mis recuerdos son más bien vagas fantasías, inconcretas. Se trata en consecuencia no tanto de un bar como de un Grial, un ensueño al que agarrarse cuando repasas tu historia sentimental de bebedor de fondo y compruebas que pasan los años. Y que cuando despiertas, el Pachuca sigue ahí.

Señalé entonces al Pachuca como el bar que yo abriría en Logroño si un día los astros se aliaran para permitirme semejante ocurrencia. Ahora añado otra, de parecido destino: irrealizable, me temo. Recientes expediciones nacionales e internacionales me invitan a concluir que hay un tipo de bar que merece su propia resurrección, porque engarza con una línea de garitos que menudean lejos de nosotros, a los que Logroño ha ido

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