La Rioja
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Etiqueta: Moderno
¿Cuál es la mejor terraza de Logroño?
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Jorge Alacid | 21-07-2017 | 10:20 |0

 

Ser fiel a tu ciudad exige lealtad a tu pasado. Una frase cuyos factores también pueden leerse al revés, lo cual en el caso de la devoción al universo de los bares reclama un compromiso adicional no sólo con los que resisten, sino también con los difuntos. De modo que cuando uno revisa, mientras peina sus canas (metáfora), su propia biografía debe aceptar que el verano le sabe a muchas cosas. A siestas memorables (ah, ese reguero de salivilla incluido), galvana canicular (ah, el gozo de no hacer nada) y desenfreno juvenil y noctívago (ah, esas resacas dominicales). También me sabe a pipas: los girasoles del tren de Anita, tantas veces citados en este blog, que nutrían las interminables tardes de la adolescencia apoltronados en la terraza del primer Tívoli.

Porque, en efecto, las terrazas eran para el verano. A diferencia del tiempo presente: las cosas de la ley contra el tabaco poblaron de veladores acristalados España entera, allá penas si afuera hiela o nieva. Antaño, la clientela se aposentaba en sus terrazas de confianza cuando asomaban los primeros indicios de buen tiempo y abandonaba semejante costumbre allá por San Mateo. Cada cual probaría

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Tragos, rumbas y rocanrol
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Jorge Alacid | 31-05-2016 | 09:17 |0

Nuria, en la puerta del Maltés. Foto de Justo Rodríguez

 

Un bar donde sonaran Los Ronaldos y Peret, por supuesto. Donde se profesara la devoción que merece Celia Cruz, desde luego. Un bar donde siempre se escuchara de fondo alguna tonada, donde la música naciera también del magín de sus clientes, quienes entregarían en la barra su botín en forma de cedés o casetes para construir una banda sonora colectiva a mayor gloria de la rumba y del rocanrol. Sería un bar pilotado por una maga, una hechicera. Una camarera que mezclara sutil en sus pócimas alcohol, sonrisas y un toque de pícaro misterio. Una camarera llamada Nuria que lleva en su corazón el bar que quería y lo comparte con quienes visitan estos metros cuadrados de armónica complicidad dispuestos en la calle Bretón: el bar se llama Maltés, ejerce de faro, guía y brújula como se exige a los mejores bares para noctívagos y resto de la fauna logroñesa que encontró hace 16 años en Nuria a su confidente favorita y en este bar, su bar predilecto.

Ocurrió en el año 2000, recuerda Nuria. Quienes hayan seguido sus sigilosos pasos por Logroño la recordarán en otras encarnaciones como camarera que ella recita como

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Bares de nuestros padres
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Jorge Alacid | 03-07-2015 | 07:34 |0

Foto antigua de la terraza del Ibiza, obra de Tomás Asensio. Archivo Municipal de Logroño

Hace unos días, mientras asistía al parlamento con que Félix Revuelta agradecía el premio Mercurio, caí en la cuenta de que nuestra experiencia como clientes de los bares favoritos se nutre de varios caminos: por un lado, los bares que elegimos según se lleve esa temporada. Por otro lado, aquellos que nos resultan más cercanos a nuestro corazón, los bares adonde acudimos una y otra vez porque representan para nosotros algo más, algo más que bares. Y una tercera vía: los bares que fueron propios de nuestros padres, de donde nos fugábamos espantados porque nos olían a naftalina… y donde sin embargo acabamos desembocando por una pura cuestión biológica. Es decir, a medida que alcanzamos la edad que tenían nuestros padres cuando sus bares predilectos nos parecían demasiado viejunos. Camps. Carrozas, palabra que por cierto ha desaparecido de nuestro vocabulario.

En su discurso de agradecimiento, Revuelta recordaba ante los convocados por el Club de Marketing su propia trayectoria como logroñés. Incluía un emocionado recuerdo a su etapa de pinche en el estanco familiar, que todavía se aloja hoy frente a la fuente de Murrieta, repartiendo según las consignas

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Los primeros chinos
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Jorge Alacid | 20-02-2015 | 08:13 |0

Jugarse la ronda a los chinos

Entre las más acendradas tradiciones que el viento de la modernidad expulsó de nuestros bares figura una cuya ausencia clama al cielo: la tertulia. Quiere decirse que el bar no es sólo el lugar donde quedamos a tomar esa consumición frugal y si te he visto no me acuerdo, el cafelito vertiginoso, un vino y vamos al siguiente, una cerveza y para casa. Antaño, el bar era un lugar donde apalancarse un rato largo, tal vez porque había más tiempo y más tiempo que perder, expresión que me encanta porque encierra una profunda sabiduría. Perder el tiempo suele ser una manera elegante y sabia de ganar algo: ganar conocimiento, capacidad para la empatía, habilidad para el duelo dialéctico… Todos esos valores sí que se han perdido, incluyendo cierta predisposición a atender lo que otros tienen que contarnos. Que en eso consiste la tertulia de toda la vida, no la actual, dominada justamente lo contrario. Hoy, un tertuliano es más bien alguien que aburre al otro con su palabrería y la tertulia, una confrontación de monólogos.

Encuentro que de un tiempo a esta parte, sin embargo, hay alguna posibilidad de redención. Tropecé la otra tarde con un reportaje de la revista

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La ciudad que yo quiero
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Jorge Alacid | 31-10-2014 | 17:08 |0

 

Las pistas que este blog ha ido dejando desde que inició su andadura, hace ya un par de años, permiten construir una teoría según la cual la aportación de los bares a nuestra educación sentimental discurre en paralelo a otra condición que les concede un estatus simbólico de elevado poder: su contribución a hacer ciudad, que diría un urbanista. Pocas veces podremos observar con tanta claridad como ahora su aportación al caso concreto de Logroño: por una de esas felices y raras casualidades, coincide la celebración del centenario del edificio que alberga al entrañable café Moderno con la reapertura del antiguo Las Cañas, convertido ahora en Wine Fandango. Que no se me enfaden los dueños, pero yo le seguiré llamando al viejo estilo: Las Cañas.

Pocos bares logroñeses me llegan más directamente al corazón como éste, por razones que no viene a cuento explicar. Cierro los ojos y parece que vuelvo a ver su antigua decoración en bambú, la larguísima barra, los Remón al frente. Su reciente reinauguración es otra belleza. Sólo le hace falta que el tiempo añada brillo al local, lo llene de recuerdos y por lo tanto se integre en nuestro itinerario

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Tiempo de terrazas
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Jorge Alacid | 07-06-2013 | 16:00 |0

Concurrida terraza del Moderno, hace una eternidad

El rito de la terraza cuenta con amplio seguimiento entre nosotros, incluso en este tiempo invernal con que se disfraza este año la primavera. Una costumbre observada en todo el mundo civilizado, que alcanza probablemente en Francia (París, señaladamente) su paroxismo, pero que dispone de seguidores en toda la Europa meridional y encierra incluso cierta filosofía de la vida: uno se sienta al aire libre delante de su bar favorito y ve pasar las horas. Ni siquiera es necesario pedir una consumición: a veces basta con gorronear la que está tomando el vecino de mesa. Apoltronados en la silla, parapetados tras el café o la cerveza o el vino o lo que sea, disfrutamos de la caricia del sol del mediodía o de la brisa cuando cae la tarde, vemos anochecer, improvisamos una tertulia y saludamos a los conocidos. De paso veneramos a nuestros abuelos, que instituyeron esta tradición en la noche de los tiempos como se comprueba en la foto que ilustra este post, cuando el café Moderno se llamaba Oriental: cuántos logroñeses habrán pasado alguna vez por ese rincón tan castizo de Martínez Zaporta.

Entre ellos, el que escribe estas líneas. La terraza del Moderno ostenta el

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Lo más Moderno
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Jorge Alacid | 19-11-2012 | 10:55 |0

El elenco de 'Calle Mayor', a las puertas del Moderno
Manda la tradición que junto a la sede de cualquier periódico se aloje un bar. Por ejemplo, el decano de la prensa regional, el más que centenario Diario LA RIOJA, ha quedado asociado en la memoria ciudadana con el emplazamiento donde todavía lo recuerdan los más veteranos logroñeses: puesto que sentó sus reales en Martínez Zaporta, puede concluirse que la barra que acogería con mayor frecuencia y cariño a sus redactores sería la del Moderno. Eduardo Gómez, perito en bares y doctor en periodismo por la universidad de la calle, lo confirma, aunque agrega: “También se iba mucho al Tigre y al Negresco”.

Para mí, sin embargo, la barra del Moderno es otra cosa: el eslabón que conducía desde la cercana Laurel hacia la Mayor, en la época en que esta última calle aún no había sido abducida por las legiones juveniles. Un semiclandestino pasadizo facilitaba el tránsito entre los dos ventrículos de este corazón tan logroñés, de modo que uno muy bien podía acceder al Moderno por la puerta central (junto al teatro, hoy multicines) y ausentarse por la que conducía hacia la Mayor, donde emergía a la altura del restaurante La Bombilla: ese mismo espacio hoy

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