La Rioja

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Etiqueta: Pascali
Vermú, el retorno
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Jorge Alacid | 21-04-2017 | 11:10 |0

Oferta de vermús en el Barrio Bar de Logroño. Foto de Justo Rodríguez

 

Hace alguna década, cuentan los asiduos de las rondas por la calle Somosierra y alrededores (es decir, territorio Balsamaiso) que empezó a frecuentar los bares de rigor un simpático caballero llegado de allende los mares. Se trataba de uno de los primeros logroñeses procedentes de la lejana África, que se ganó el favor de sus vecinos no sólo por su extremada educación y bonhomía, que todavía derrocha, sino porque implantó entre ellos una costumbre que los más veteranos del barrio siguen sin olvidar: a la hora del vermú, se pedía sólo media dosis. Así podía prolongar sus andanzas durante el aperitivo sin miedo a que le atrapara el sopor que tantas veces nos invade si exageramos la ingesta de tan delicioso néctar. Un hábito que luego ha ido conquistando a los parroquianos conspicuos: yo también recuerdo alucinado los días en que era usual tomarse el vermú sin racionarlo. Y también me pregunto cómo aguantábamos en pie. Cómo resistimos hasta la llegada del querido ‘marianito‘ trasegando vasazos y más vasazos de generosa medida, ahítos de Martini y resto de la cofradía vermuteril. De modo que su encarnación en formato mini en la mentada zona de

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Llanto por el vermú desaparecido
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Jorge Alacid | 03-12-2012 | 08:53 |0

Allá por el 2006 publiqué en Diario LA RIOJA un artículo titulado ‘Vuelve el Tontódromo’  donde elucubraba sobre la reaparición de hordas adolescentes en el paseo de las Cien Tiendas. Ignoro si la recuperación de tal enclave como paso de paloma para los púberes logroñeses ha fraguado finalmente: lo que tengo seguro es que su recuperación como cabeza de puente para el vermú dominical sigue sin cuajar. Entre otras cosas, porque el vermú en general ha dimitido. Falleció años ha en Logroño, vaya usted a saber por qué. En aquel artículo me maliciaba si habría perecido a manos de Valdezcaray: la costumbre de visitar la estación de esquí riojana y sus gemelas pirenaicas despobló de potencial clientela aquellos bares del entorno de Jorge Vigón y Juan XIII, así como al resto del sector hostelero. También admito que los nuevos usos noctámbulos que imponen regresar a casa de amanecida quita encanto a eso de despertarse al mediodía y encaminarse hacia la barra favorita, de modo que Logroño parece un desierto a la hora del aperitivo cada domingo. Excuso comentar entre semana. Una pena.

Sobre todo, si se compara con las ciudades vecinas, donde tan

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