La Rioja
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Etiqueta: sagasta
Nuestro hombre en la barra: Mere, camarero de camareros
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Jorge Alacid | 26-06-2017 | 07:52 |0

LOGRONO. La Taberna del Mere. Duquesa de la Victoria. Hermenegildo Garcia Nájera, el Mere. 20 junio 2017. Justo Rodriguez

 

Hermenegildo García, Mere para el mundo. Hijo de Manolo y de Consuelo, nieto de Julia, «la de La Chatilla», sobrino de Amada, hermano de Manolo, Moisés y Enrique. Leyenda viva de Logroño, taurino indesmayable, fanático del frontón, eterno fumador de habanos («Me he llegado a fumar hasta nueve al día, apunta: Montecristo del tres, 898 o Fonseca del uno»), amigo de la buena mesa, inagotable conversador y mejorable contador de chistes. A quien el improbable lector recordará de cuando con apenas ocho añitos defendía ya la barra del negocio familiar en La Chatilla de Mercaderes. O de cuando, tres años después, estrenó con el resto de su progenie (su tío Lorenzo, asociado con el futbolista Zubillaga) el bar Bambi de la Laurel, fundado como marisquería y cafetería. Sí, ese es Mere: aquel crío que no olvidarán los logroñeses más veteranos, encargado de rellenar las botellas con vino de garrafón y otros menesteres menores en esa academia de camareros que fue la hostelería de su tiempo.

Sigamos su rastro, que Mere recita con su privilegiado memorión desde la barra (tapicería de cuero, filigrana de marquetería) que le hizo célebre en la ciudad

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Nuestro hombre en la barra: una saga de camareros logroñeses
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Jorge Alacid | 26-06-2016 | 17:14 |0

Emiliano padre y Emiliano hijo, en La Tarasca. Foto de Justo Rodríguez

 

En el paisaje de los bares logroñeses menudea un paisanaje distinguido por militar en una estirpe común: un linaje familiar. De modo que resulta habitual, así antaño como hogaño, que miembros de la misma saga defiendan barra tras barra, tanto el negocio donde se destetaron acompañando a padres (incluso abuelos), como el propio local donde la última generación de camareros se aposenta para hacer lo que su familia hizo toda la vida: ejercer el noble oficio de camarero. Se suele reconocer a estos eméritos profesionales por un sello peculiar: que lucen como divisa honrar a sus antepasados desempeñándose con un suplemento adicional de esmero.

Una cierta elegancia. Es el caso de Emiliano Sáenz, hijo de otro Emiliano Sáenz: al primero lo reconocerán los clientes del bar La Tarasca, en Siete Infantes. Que no es sólo bar. Funciona como casa de comidas, dispensa copas cuando anochece y encarna el ideal de todo hostelero: prolongar la jornada cuanto haga falta porque tiene respuesta para cada tramo horario. «Como pasaba en el Tívoli», aclara Emiliano hijo, que defiende La Tarasca con su socio Iñaki y con el visto bueno del patriarca, quien asiente: «Sí, el

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Portales, nuevos en esta calle
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Jorge Alacid | 10-06-2016 | 08:13 |0

Principal de Portales, vista desde San Agustín. Foto de Justo Rodríguez

 

Una entrada reciente a propósito del bar llamado Calenda, antaño Doblón, condujo mis pasos hacia la calle donde se asienta, Portales, que fue la mía durante mis primeros veinte años de vida. Y recordé que hasta la apertura del mentado local, y de su vecino Merlín al que prometo regresar un día de éstos a través de persona interpuesta, la calle apenas contaba con bar alguno. El sector hostelero le era ajeno, salvedad sea la añorada churrería de Samaniego y algún otro hito que ahora no recuerdo. Nada que ver, por lo tanto, con su fisonomía actual. La calle ha mudado su piel casi por completo. Han desaparecido algunos de los comercios más queridos (¡Dulín y La Mariposa de Oro resisten!) y en su lugar, ya se sabe: aparecen bares. Bares y nada más que bares. Que será el destino de otros negocios próximos a agonizar, por razones que la razón no entiende.

No me extenderé más en esta manía de ampliar el sector hostelero que nos ha dado ahora por Logroño. Prefiero centrarme en aquello que tiene de positivo. Por ejemplo, una apertura reciente: se llama Principal, ocupa un ancho espacio en la manzana lindante entre San Agustín y Gallarza donde se alzó

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Nos vemos en los bares (Bares dedicados VII)
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Jorge Alacid | 04-01-2013 | 09:14 |0

Portada del disco 'Nos vemos en los bares', de Celtas Cortos

A petición de una gentil corresponsal, dedico esta entrada a la reivindicación no tanto de un bar o de una ruta de bares como de una tendencia hostelero-sentimental a la que, de verdad, yo he sido bastante ajeno. Ella se refería a ese rito iniciático en las cosas de Cupido que tenía como escenario el entorno de ciertos garitos, improvisados pasos de paloma para la exhibición hormonal y el coqueteo juvenil a la hora del recreo escolar. Según su experiencia, lo de menos era el bocado que sirviera de tentempié a media mañana: lo esencial de aquellas excursiones entre clase y clase era acertar con un punto de encuentro a mitad de camino entre los colegios de chicos y de chicas, división entonces habitual. Un lugar intermedio donde observar la correcta evolución de cada objeto de deseo generacional o comprobar si las nuevas hornadas se desarrollaban según lo previsto. Un sitio para ver y ser visto, donde hacer buena esa frase hecha según la cual todos en Logroño nos vemos en los bares. Como dirían (y cantarían) los Celtas Cortos. Que sin embargo eran de Valladolid. Y bastante pesados, por cierto.

Me cuentan que un enclave estratégico para este intercambio

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