La Rioja
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Etiqueta: tívoli
¿Cuál es la mejor terraza de Logroño?
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Jorge Alacid | 21-07-2017 | 10:20 |0

 

Ser fiel a tu ciudad exige lealtad a tu pasado. Una frase cuyos factores también pueden leerse al revés, lo cual en el caso de la devoción al universo de los bares reclama un compromiso adicional no sólo con los que resisten, sino también con los difuntos. De modo que cuando uno revisa, mientras peina sus canas (metáfora), su propia biografía debe aceptar que el verano le sabe a muchas cosas. A siestas memorables (ah, ese reguero de salivilla incluido), galvana canicular (ah, el gozo de no hacer nada) y desenfreno juvenil y noctívago (ah, esas resacas dominicales). También me sabe a pipas: los girasoles del tren de Anita, tantas veces citados en este blog, que nutrían las interminables tardes de la adolescencia apoltronados en la terraza del primer Tívoli.

Porque, en efecto, las terrazas eran para el verano. A diferencia del tiempo presente: las cosas de la ley contra el tabaco poblaron de veladores acristalados España entera, allá penas si afuera hiela o nieva. Antaño, la clientela se aposentaba en sus terrazas de confianza cuando asomaban los primeros indicios de buen tiempo y abandonaba semejante costumbre allá por San Mateo. Cada cual probaría

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Bares underground
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Jorge Alacid | 24-03-2017 | 08:31 |0

Bar Badulaque, en Logroño

 

Respondo a una amable invitación lanzada días atrás por un fiel seguidor de este blog, el amigo José Luis Ouro, quien a propósito de una entrada dedicada a los bares alojados en las cimas de ciertos edificios del universo mundo echaba en falta algún artículo destinado precisamente a lo contrario: los bares underground. Esos abrevaderos subterráneos cuya mística los emparenta con un turbio universo de tragos clandestinos, propios del Chicago aquel de los años de la prohibición y garitos semejantes. En Logroño, cavilaba yo mientras sopesaba si aceptar la invitación de Ouro, algún local de tales características ha alumbrado nuestro desempeño como clientes: así que finalmente reconocí que, en efecto, merecía la pena pasar a limpio el listado de aquellos bares que albergó o alberga el subsuelo logroñés, porque encarnan una cierta mirada distinta sobre un sector demasiadas veces demasiado predecible.

Y si asumí el encargo fue porque, revisitando mi propio archivo de entradas, descubrí que alguna vez me había detenido en homenajear a una serie de bares difuntos que exigían descender a sus entrañas como en aquella novela de Julio Verne: ahí figura por

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Regreso al Villa Rica
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Jorge Alacid | 23-12-2016 | 12:00 |0

La entrada del Villa Rica de la calle Laurel. Foto de Justo Rodríguez

 

Hace una semana, publiqué en este mismo espacio una entrada dedicada a glosar al venerable Villa Rica de la calle Laurel, disparando los recuerdos de su época más gloriosa para mí a partir de una imagen donde un grupo de colegas de generación disfrutaban del bar y de su célebre juego del volante. Aquel dibujo, debido al ingenio de Néstor Santo Tomás a quien no me canso de agradecer su suculenta contribución, también disparó la nostalgia de unos cuantos lectores, a quienes igualmente agradezco sus felicitaciones y comentarios. Entre ellos, los de un antiguo colaborador de esta sección, el amigo Poty Foronda. Quien se vuelve a animar a compartir sus reflexiones, puestas por escrito con la clase que le distingue en sus correrías literarias. Así que, con mi gratitud eterna, publico a continuación el artículo que firma el señor Foronda. Espero que os guste tanto como a mí.

 

RODANDO EN EL VILLA RICA

 

Regresa de tomar un café con Jorge, me hace sentar frente a la máquina y me pide que escriba. Empieza confesándome que su aversión a las máquinas electrónicas le viene de la adolescencia. Es firme: era un maula. No tardó en darse cuenta. Un poco más

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El volante del Villa Rica
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Jorge Alacid | 16-12-2016 | 09:31 |0

Néstor Santo Tomás dibujó a su cuadrilla en el Villa Rica de esta guisa en los años 80

 

Tomarse unos vinos por la calle Laurel exigía en mi mocedad el estricto cumplimiento de una serie de ritos que, luego de confirmarse, concedían a quienes superasen tales pruebas el carné de logroñés. Algunos ya se han citado aquí. Por ejemplo, aposentarse a comer pipas en la ventana del Tívoli, otro tanto en el alféizar del Taza. Engullir en invierno patatas asadas, que no calentaban tanto el estómago como las manos. Adivinar cuándo abría el Blanco y Negro, por supuesto. Someterse a la inclemencia del frío invernal en el wáter del Bambi, desde luego. Y hablando de wáteres, taza y media, con perdón: en el Villa Rica de la esquina con Albornoz aguardaba un examen doble. Hacer puntería en su inodoro de pedales (que tanto ayudó a reforzar nuestros abductores) e iniciar las prácticas del carné de conducir pilotando esa maquinita que se ofrecía a mano derecha según se entraba.

Esto último no era sencillo. Para empezar, porque solía estar ocupada. Los pasatiempos de aquella época eran tan escasos que cualquier nadería disparaba el entusiasmo y concitaba el interés de la potencial clientela. Además, había que aprovisionarse de calderilla, lo cual

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Los bares añorados
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Jorge Alacid | 11-11-2016 | 08:52 |0

Dibujo de Néstor Santo Tomás

 

Hace un tiempo, un corresponsal de este blog me hizo llegar por correo el dibujo que decora estas líneas. Me enterneció: por ahí, por esa cuadrícula de bares logroñeses que festonean la calle Laurel y alrededores, debía andar yo en la lejana fecha en que el autor del croquis lo pintó, negro sobre blanco. Corría el año de 1984 y uno acababa de volver de la mili, con prisa por recuperar el tiempo perdido huérfano de sus barras predilectas. Como ahora compruebo, mientras tanto (en paralelo, sin yo saberlo), un paisano y compañero de quinta, Néstor Santo Tomás, se entretenía durante sus rondas por levantar este mapa que me sabe ahora a nostalgia, desde luego, pero también a vino negruzco servido en vasos, a los ajos del Florida y a la magia y la poesía depositadas en algunos locales que ya perecieron (ah, La Simpatía; ah, el Bambi) o en los que mudaron su piel. Y ya no: ya no son iguales.

Pero el dibujito también me despierta una emoción más profunda. Me desata el cariño. Hacia el Logroño que fue, hacia lo que nosotros fuimos. Así que mientras absuelvo a todos, a la ciudad y a las distintas generaciones que la han poblado, de nuestros innumerables

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Nuestro hombre en la barra: una saga de camareros logroñeses
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Jorge Alacid | 26-06-2016 | 17:14 |0

Emiliano padre y Emiliano hijo, en La Tarasca. Foto de Justo Rodríguez

 

En el paisaje de los bares logroñeses menudea un paisanaje distinguido por militar en una estirpe común: un linaje familiar. De modo que resulta habitual, así antaño como hogaño, que miembros de la misma saga defiendan barra tras barra, tanto el negocio donde se destetaron acompañando a padres (incluso abuelos), como el propio local donde la última generación de camareros se aposenta para hacer lo que su familia hizo toda la vida: ejercer el noble oficio de camarero. Se suele reconocer a estos eméritos profesionales por un sello peculiar: que lucen como divisa honrar a sus antepasados desempeñándose con un suplemento adicional de esmero.

Una cierta elegancia. Es el caso de Emiliano Sáenz, hijo de otro Emiliano Sáenz: al primero lo reconocerán los clientes del bar La Tarasca, en Siete Infantes. Que no es sólo bar. Funciona como casa de comidas, dispensa copas cuando anochece y encarna el ideal de todo hostelero: prolongar la jornada cuanto haga falta porque tiene respuesta para cada tramo horario. «Como pasaba en el Tívoli», aclara Emiliano hijo, que defiende La Tarasca con su socio Iñaki y con el visto bueno del patriarca, quien asiente: «Sí, el

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¿Todos los bares son iguales?
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Jorge Alacid | 08-05-2015 | 08:23 |0

Imagen del desaparecido Casa Taza de la calle Laurel. Foto de la web de La Rioja Turismo

Cerró el Perchas, falleció hace tiempo La Simpatía, resisten el Sebas, el Iturza, el Gurugú, el Soldado y otros clásicos, llegan otros nuevos y… Peligro: regreso sobre mis pasos para hacer mío (con permiso del copyright) el concepto que acuñó en este blog el trasterrado colega Guillermo Sáez y aprovecho para alertar sobre el riesgo de caer en ese fenómeno que llamó con acierto donostización. Es decir, que todos los bares logroñeses corren el riesgo de ser iguales, en el vano intento de emular a los pretendidamente hermanos ricos de San Sebastián, que desde luego lo son… por las facturas que endosan. Y si nuestros queridos bares pierden su identidad, perderán también su misterio y su encanto, una amenaza que cualquier parroquiano puede atisbar con sólo darse una vuelta por sus bares de confianza.

Ocurre que algún decorador ha debido entregar original y copia de algún hallazgo en materia de bares y de repente todos son casi idénticos. Si además los disfrazas con vocablos tipo gastrobar o neotaberna, el resultado es que llegará el día en que pasear por Valladolid, Granada o Logroño mientras te zampas un pincho o te tomas un trago será como jugar al

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Nos vemos en los bares
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Jorge Alacid | 25-07-2014 | 08:02 |0

Bar Umm de Logroño. Foto de Fernando Díaz

Desde que este blog empezó a dar sus primeros pasos, pronto hará dos años, ya descubrí para mi asombro que debía haber tocado alguna tecla que hasta entonces permanecía oculta: resultó que numerosos e improbables lectores participaban del mismo espíritu con que había nacido Logroño en sus bares. Así me lo hacían saber conocidos y desconocidos con quienes me cruzaba (hubo una mujer que vino un día ante a mí para presentarse ¡¡¡porque le hacía mucha ilusión conocerme!!!) y esta aventura en principio banal empezó a contar con cierto seguimiento que se manifestaba en múltiples pruebas de cariño que me tienen todavía noqueado y muy agradecido.

A partir de aquellos balbuceos sospeché que su sorprendente impacto tenía que ver con el don de la oportunidad: poco después, hasta la célebre multinacional de la chispa de la vida lanzó una campaña que pretendía reivindicar la España hostelera en cualquiera de sus manifestaciones. Lo cual confirmaba que me había situado en la trayectoria correcta. Que había un público afín al otro lado del espejo que, como quien esto escribe, consideraba la barra amiga como una prolongación de su hogar: bar, dulce bar.

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Tívoli, de noche y de día
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Jorge Alacid | 04-07-2014 | 08:45 |0

Entrada al nuevo Tívoli, llamado Noche y Día. Foto de Jonathan Herreros

La historia del Tívoli se ha contado un millón de veces. Entre otros sitios, aquí mismo: este blog ha ido haciendo memoria de la aportación decisiva del castizo bar a la construcción de un cierto Logroño, de una cierta mirada sobre Logroño. Se ha relatado su condición de antro favorito de la abigarrada multitud empleada en variopintos oficios en la aledaña plaza de Abastos, recordado su condición de faro ciudadano en los convulsos años 80, cuando una nueva generación se aposentó en los garitos que hasta entonces detentaban más sus abuelos que sus padres, y saludado su inminente reapertura en cuando se tuvo noticia de que la manzana que otros apodarán Los Gabrieles (pero que aquí siempre defenderemos como la del Tívoli) se preparaba para su reconversión, luego de tantos, de demasiados años varada.

Bueno, pues el nuevo Tívoli acaba de abrir sus puertas y suma su atractiva barra a la renovada oferta hostelera de Logroño. Lo hace bajo una nueva encarnación, un exitoso capítulo más de la factoría conocida como Noche y Día, que tomando como ejemplo el primitivo local de la calle San Juan, ha ido sembrando de negocios con ese nombre media ciudad. En la

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Laurel, al filo de la medianoche
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Jorge Alacid | 13-06-2014 | 07:56 |0

Vista de la calle Laurel. Foto de Miguel Herreros

El pasado 9 de junio, Diario LA RIOJA regaló a sus lectores un espectacular suplemento que pretendía retratar (más o menos) la vida en nuestra región durante 24 horas. Me tocó recorrer un rincón muy sensible de nuestra tierra: la calle Laurel durante un sábado por la noche. Me ha parecido oportuno rescatar aquí el reportaje de mis andanzas.

Uno lleva cerrados unos cuantos bares de la calle Laurel. A medianoche, en el eterno invierno logroñés, descendíamos hacia el Tívoli cuya luz ejercía como imán para la última ronda (la espuela, que le llaman) y a sus dos flancos nos saludaban los bares a punto de echar la persiana, iluminados por el lánguido fluorescente. Camareros fregando vasos y echando un ojo al Telefunken, en la triste compañía de los clientes habituales al filo del cierre: bebedores furtivos, dipsómanos habituales, una pareja de mirada turbia que renuncia a regresar a casa, un viajante despistado. Con el buen tiempo, nos resignábamos a las mismas escenas cuando asomaba la medianoche. Quiere decirse que Laurel siempre fue una fiesta para los sentidos, cierto, pero entonces carecía de su polifonía actual, esa paleta muy rica en colores con que ha

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