La Rioja
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Etiqueta: trébol
¿Cuál es la mejor terraza de Logroño?
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Jorge Alacid | 21-07-2017 | 10:20 |0

 

Ser fiel a tu ciudad exige lealtad a tu pasado. Una frase cuyos factores también pueden leerse al revés, lo cual en el caso de la devoción al universo de los bares reclama un compromiso adicional no sólo con los que resisten, sino también con los difuntos. De modo que cuando uno revisa, mientras peina sus canas (metáfora), su propia biografía debe aceptar que el verano le sabe a muchas cosas. A siestas memorables (ah, ese reguero de salivilla incluido), galvana canicular (ah, el gozo de no hacer nada) y desenfreno juvenil y noctívago (ah, esas resacas dominicales). También me sabe a pipas: los girasoles del tren de Anita, tantas veces citados en este blog, que nutrían las interminables tardes de la adolescencia apoltronados en la terraza del primer Tívoli.

Porque, en efecto, las terrazas eran para el verano. A diferencia del tiempo presente: las cosas de la ley contra el tabaco poblaron de veladores acristalados España entera, allá penas si afuera hiela o nieva. Antaño, la clientela se aposentaba en sus terrazas de confianza cuando asomaban los primeros indicios de buen tiempo y abandonaba semejante costumbre allá por San Mateo. Cada cual probaría

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Continental, bar de cuatro hojas
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Jorge Alacid | 08-02-2013 | 11:37 |0

Foto del bar Continental publicada en Diario LA RIOJA en el 2007, obra de J.M. Zorzano

Hoy traigo aquí un bar resucitado. Es una entrada antigua, datada en abril del 2007, cuando publiqué un artículo en Diario LA RIOJA dedicado a uno de los bares de Logroño que más frecuenté en mi lejana mocedad, el célebre Continental, acaso una de las barras más hermosas de la ciudad, curvada e interminable. Es un bar que llevo pegado al corazón; se situaba en el vientre de la Concha del Espolón y en su primera encarnación se llamó Trébol. Tal vez  alguien más comparta esta evocación. Ahí va.

“Los bolos son ese entretenimiento con que te distraías de crío a la orilla de la playa, el juego que llevaba bajo el sobaco Pedro Picapiedra camino del duelo semanal que mantenía con su colega (¿podía llamarse Rocabruno?) en la tele que emitía en blanco y negro desde Flinstone. Los mismos bolos que regresan a Logroño en formato yanqui ya fueron el argumento central de la historia escrita décadas atrás en esas boleras donde apenas penetraba la luz del sol, cuya clientela atemorizaba a la chavalería atraída por el lado oscuro de la ciudad. Su catedral se llamó Trébol y se cobijó en el corazón logroñés: en las mismísimas entrañas de El Espolón.

El

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