Eficacia y reformas para los CIES

Hace algunas semanas, a finales de diciembre, y en calidad de vocal de la Comisión Mixta de Relaciones con el Defensor del Pueblo, tomé parte en un debate con la Defensora del Pueblo en el seno de dicha Comisión de las Cortes Generales acerca de la situación de los centros de internamiento de extranjeros, los conocidos como CIES. El debate venía propiciado por los sucesos ocurridos en el CIE de Aluche, en Madrid, durante el mes de octubre de 2016, y el informe que la Defensora hizo de los mismos. El día anterior al debate, visité el centro, y si es cierto que solo puedo hablar bien de las autoridades y personal que me atendió, también lo es que confirmó las conclusiones a las que estábamos llegando, después de estudiar a fondo el asunto en el seno del Grupo Socialista, en torno a la situación de estas instalaciones, de sus carencias y de las disfunciones del sistema actual, conclusiones que recojo en este artículo.

Siendo la principal de estas la seguridad, tanto la de los internos como la de quienes les custodian. La ausencia de medios policiales, la disminución de las plantillas (recortes y más recortes) constatan el descontrol que se ha instaurado en la gestión de los CIES, gestión que resulta además opaca y conduce a los mismos a una situación insostenible, dicho sea de paso. Le sigue el abandono al que estos centros están sometidos por quienes debieran ser los máximos interesados en luchar contra el mismo: los responsables de su gestión, es decir, el Ministerio del Interior a través de la Dirección General de Policía.

Así pues, descontrol, abandono y opacidad son las categorías con las que podríamos definir la situación real que se da en estos centros. Y ante la misma, ¿qué hacer?: desde luego que no se puede carecer de los mismos, suprimirlos, pero tampoco emprender una política que tienda a su privatización, como a veces parece pretender el Gobierno. El camino es otro, debe ser otro: mejorar su gestión y reformar su funcionamiento para que sean eficaces.

Eficaces en relación con las instalaciones, y aquí quiero advertir una cuestión trascendental: la ley deja claro que los CIES no tienen carácter penitenciario. Pues bien, si no lo tienen, no pueden tener ni condiciones ni apariencia penitenciaria, y en ocasiones las tienen y así lo parece.

Y eficaces también en la propia entidad de los centros y su uso. El carácter dual, básicamente, de los internos de estos centros (según sean personas con delitos penales o con una simple infracción administrativa) merece que se ofrezcan alternativas para el segundo grupo (puesto que la coexistencia de los dos grupos es uno de los problemas también), tales como la comparecencia diaria, la localización electrónica o los pisos tutelados.

Una política adecuada para los CIES, actual y comprometida con los derechos humanos, necesita reformas profundas, como una evaluación de la situación real existente entre los centros de internamiento de extranjeros, que cuente con la participación de todos los agentes con competencia en la materia y con las organizaciones sociales, necesita que se garanticen las condiciones de vida digna, especialmente la asistencia sanitaria, jurídica, social y familiar, y necesita, sobre todo, una financiación suficiente para adecuar los CIES a las exigencias del Estado de derecho (hoy no lo están en muchos aspectos) y a las que se derivan de nuestros compromisos internacionales, empezando por algo elemental: que el ingreso en un centro de internamiento para extranjeros nunca comporte limitaciones o privaciones de derechos.

Por todo ello, los socialistas tenemos registrada una iniciativa en la Cámara para asegurar que los centros son utilizados con el propósito exclusivo que deben ser utilizados, como un lugar de tránsito y de estancia temporal muy limitada. Para que se cumpla, es necesario que el Gobierno dicte instrucciones precisas para que no se solicite el internamiento, excepto cuando el mismo se estime indispensable para una repatriación y no existan otras medidas cautelares menos restrictivas de derechos, es necesario que facilite el ejercicio de los derechos del interno previstos en la legislación en vigor y que esto se haga de manera que dicho ejercicio sea real y efectivo, y, por último, es imperativo que revierta de manera urgente el estado de abandono y descontrol de los centros de internamiento de extranjeros, merecedores de una atención a la altura de la dimensión de la realidad que soportan cada día. Las reformas y la eficacia han de llegar a los CIES. Esperamos que no sea, en algunos casos, demasiado tarde.

Artículo de opinión publicado en Diario La Rioja el 03/03/2017

Recuerdo de una generación desengañada

La casualidad ha hecho coincidir la publicación de la última novela de Javier Cercas, El monarca de las sombras, con el estreno en Madrid, en el teatro María Guerrero, de la obra La quinta del biberón. In memoriam. Ambas obras guardan una relación entre sí: las dos habla de una generación (o quinta) desengañada.

La quinta del biberón. In memoriam

La quinta del biberón. In memoriam

Creo que la gran frustración de nuestra historia que es la guerra civil, está lo suficientemente estudiada, analizada y lo más importante para una sociedad, comprendida. El gran historiador británico Hobsbawm defendía siempre la categoría de la comprensión en el análisis histórico. Y eso es lo que a mi entender aportan tanto la obra de Pasqual como la novela de Cercas: comprensión. O un esfuerzo de comprensión.

Y esto es así porque en las dos se nos muestra a los lectores y a los espectadores la historia de unos jóvenes, en el caso de Pasqual, y de un joven, en el caso de Cercas, que sonde alguna forma engañados o forzados para que se incorporen al frente. Tanto los jóvenes catalanes (casi todos) como el protagonista de Cercas (Manuel Mena) encontrarán la muerte en la escabechina que fue la batalla del Ebro.

Pero, ¿por qué engañados o forzados? Las razones las dan Pasqual y Cercas. Para el primero, porque no sabían adónde iban ni en qué (pésimas) condiciones, y apenas lo que defendían, aunque sí que creían en ello. Pronto repudiaron y maldijeron su participación en la guerra. Para el segundo porque Mena fue envenenado y forzado (no obligado) por las ideas falangistas y, aunque creía en ello también, también al final, de haber podido elegir, hubiera abandonado el frente y la guerra.

Manuel Mena

Los protagonistas de la obra de Pasqual son la famosa quinta del biberón, nacieron entre 1920 y 1921, y reforzaron al bando republicano aportando 30.000 hombres. El protagonista de la novela de Cercas es un oficial falangista, Manuel Mena, que nació en 1919.

La historia, más allá de revisionistas fatuos, ha dictado ya una sentencia lo suficientemente solvente y ecuánime sobre el golpe, la guerra y la dictadura, sobre sus causas y consecuencias también. Pasqual y Cercas, el teatro y la literatura, arrojan elementos de comprensión comunes a una generación (o quinta) de españoles ideologizados y que lucharon de acuerdo a sus ideas y a su concepto de sociedad, una generación que compartió un desengaño: el de comprender, estando ya irremediablemente tocando la puerta de la muerte, que no había nada más importante que la (propia) vida.

Los riesgos que debe evitar el PSOE: una reflexión

Escribí en este mismo medio con motivo de la celebración del comité federal del 23 de octubre, y que finalmente aprobó la decisión de abstenerse ante la segunda investidura de Rajoy. Entonces defendí que la responsabilidad es la coherencia y defendí el voto contrario a la investidura a Rajoy.

Pero el PSOE se abstuvo, Rajoy gobierna y toca no sólo hacer oposición, sino ejercerla con liderazgo y constituirse en la alternativa a la derecha desde la izquierda.

También he defendido en varios artículos la necesidad de que el PSOE tenga cuanto antes un debate congresual que elija una nueva dirección, reconstruya nuestro proyecto y orientación política y actualice, para fortalecerla, nuestra relación con los socialistas catalanes, con el PSC.

Hoy quiero dedicar unas líneas reflexivas sobre los riesgos que corre el PSOE si transita demasiadas veces entre una oposición dura y contundente, que sume y obligue al gobierno, y otra pactista, aún exigente, reivindicativa y útil, con el gobierno del PP. Un ejemplo es la negociación del techo de gasto y objetivos de déficit, acompañada de la gran noticia de la subida del salario mínimo.

En todo caso, el enfoque estratégico del ejercicio de la oposición parece adecuado y correcto. Consiste en articular mayorías que obliguen al gobierno a reaccionar en los distintos temas que de momento han protagonizado las sesiones parlamentarias y la agenda política. La educación, la seguridad ciudadana, la violencia de género y el debate previo presupuestario. En este último caso, con una medida magnífica auspiciada por el PSOE, como es la subida del SMI de un 8 %, aunque quizá poco compartida con los sindicatos, nuestros aliados de referencia en la oposición social.

Desde luego que la oposición que ha de ejercerse tiene que ser pragmática y muy posibilista, pensada y ejecutada desde las prioridades nacionales, y debe tener un componente claramente diferenciador con la derecha.

Va a ser un tiempo de diálogo, consenso y pactos. Debe serlo y el PSOE debe estar. Eso es la centralidad. Pero debe forjarse también una posición clara y tajante como alternativa a la derecha, que el juego de exigencias y logros (pactadas) del PSOE con respecto al gobierno puede, aunque parezca paradójico en ocasiones, colocar en una posición dudosa al partido ante el electorado de izquierda, ya de por sí disgustado con el PSOE, como están indicando todos los datos demoscópicos disponibles.

Así, la pregunta a resolver, los riesgos a superar, desembocan en una decisión de fondo, sobre la posición en la que el partido puede ser percibido por el electorado, una parte muy importante, si percibe que las maneras, más allá del denominado nuevo tiempo pluripartidista, pueden tornarse en un adelanto, ensayo o versión suave de la llamada gran coalición. Es decir, y hablo siempre de posibles percepciones, el dilema puede plantearse acerca de si la línea de oposición del partido, útil y pactista en ocasiones, hace que para una parte del electorado a recuperar (en la abstención grosso modo) para ser mayoritarios de nuevo, deje de percibir al PSOE como esa alternativa de izquierdas con fuerza, capacidad y proyecto autónomo y diferenciado para sustituir y ganar en las urnas a la derecha.

No tengo elementos para decir ahora que esto esté siendo así, o que vaya a ser así. Pero sí me atrevo a adelantar este dilema como nuclear en las próximas decisiones de fondo, a largo plazo, que adopte el PSOE, sobre todo en el órgano y proceso que corresponde, su congreso federal y la elección mediante sufragio universal de los militantes de su secretario general. Es un dilema que puede plantearse en forma de riesgos. Que la derecha y otros grupos a la izquierda (su electorado al menos) del PSOE confronten, diluyéndose la autoría de muchas mejoras y progresos impulsados por el PSOE, y que nuestra útil oposición convierta en inútil el esfuerzo por ser percibidos por la mayoría social como aquello que motivó nuestra fundación como partido en 1879: una alternativa a la derecha.

En mi opinión, la oposición debe ser contundente y alejada de pactos como norma. No es nuestro papel. Las decisiones es mejor que vengan de la mano de la exigencia parlamentaria y de la soledad del gobierno, que de la ocupación de un espacio de entendimiento y gestión con el gobierno del PP que no corresponde al PSOE como norma, porque la centralidad que nos otorga es un vano espejismo en términos de rendimiento electoral posterior. Porque la utilidad puede ejercerse desde la oposición sin que pueda percibirse como otra cosa, que tampoco será buena para el funcionamiento general del sistema por otro lado.

Termino. Debemos ser decisivos y sacar partido de la conformación de la cámara, pero en nuestro sitio. Y ya se sabe que en esto, además de serlo, hay que parecerlo.

 

Artículo de opinión publicado en El Huffington Post el 14/12/2016

Ganar al regreso

Es una evidencia ya a estas alturas que la crisis financiera mundial estructural, de sistema, ha causado unos daños en las economías reales, cuyo mayor impacto ha sido aumentar la desigualdad entre las distintas sociedades en el ámbito global, y también en el seno de las sociedades mismas. Las oportunidades han retrocedido y las expectativas individuales de prosperidad, progreso y futuro, protegidas en un marco más amplio (llamémosle país, Estado, comunidad, familia…etc.) han retrocedido con ellas. Por eso, a estas alturas podemos afirmar no sólo que el progreso no es permanente o inevitable, sino que el regreso le está ganando la batalla.

Tras la victoria de Trump y la extensión del uso y conocimiento de la posverdad, pareciera que hayamos despertado de repente en un mundo ajeno al que hemos construido. Y estamos construyendo. Aludía al inicio a la crisis, por ser la causa madre de cuantas se hallan en el origen del actual estado de cosas, y como nos enseña la historia, no debiéramos olvidar que las crisis no son solo una amenaza, también son una oportunidad.

La principal amenaza de la crisis la estamos sufriendo en forma de desigualdad y, por tanto, de regresión en las condiciones de vida, pero sobre todo en forma de crisis política que desgasta y erosiona el funcionamiento de la democracia y de las instituciones, y que arrincona al sistema de partidos bajo las peligrosas formas del populismo en sus distintas variantes y del nacionalismo. Así, populismo y nacionalismo, por separado o juntos, son una mezcla explosiva, como bien conocemos en la historia reciente de nuestras sociedades.

Entre los primeros tiempos donde se invocó la responsabilidad, los siguientes en los que el estupor y la tendencia a la espera paciente sustituyeron a la determinación necesaria, ha llegado el momento de la reacción definitiva. Porque la crisis política en la mayoría de las sociedades occidentales, por emplear un término homogéneo y suficientemente abarcador, necesita de una reacción, la oportunidad, que camine en la dirección que en el pasado han seguido las soluciones de progreso: una oferta social y política nueva que pueda ser comprendida y aceptada por la mayoría de la sociedad: las clases medias empobrecidas, las clases trabajadoras y las clases que están saliendo del sistema, empujadas por la crisis.

La socialdemocracia como producto político y el federalismo como sistema de convivencia (más allá de las formas políticas de los estados-nación) fueron las dos grandes palancas sobre las que se asentaron después el Estado del bienestar y el de derecho en su plenitud. En mi opinión, sobre las dos mismas palancas hemos de construir esa nueva oferta política y social.

Hoy, el regreso está ganando, y ni siquiera hay un empeño sólido (la candidatura de Clinton como último ejemplo palmario) de tomarnos en serio la necesidad de administrar un tiempo de reacción, que debe ser contundente, a la altura de la amenaza. Un tiempo para adaptar a la socialdemocracia y que así se reconcilie, empezando por la izquierda, con la mayoría social. Es la única forma de ganarle al regreso que, por ahora, recuerden, va ganando.

El italiano Renzi parece ir en esa dirección. El próximo domingo se libra una batalla muy importante en la guerra entre el progreso y el regreso. La pelota está en el tejado de los italianos esta vez. Ojalá el lunes podamos celebrar que el punto de inflexión en favor del progreso ha comenzado.

 

Artículo de opinión publicado el 02/12/2016 en el Huffington Post 

Unidos en la diversidad

Creo que casi todos los dirigentes del PSOE (cuantos han sido y serán) han recibido con muestras de sorpresa primero, y enfado después, alguna determinada decisión adoptada por el PSC en algún momento de nuestra historia. La compleja, y rica, relación que mantenemos los socialistas (entre el PSOE y el PSC) ha suministrado el escenario descrito, y sin duda lo suministrará en el futuro.

Esto es así por la historia de nuestras organizaciones y por la relación, también histórica, que mantenemos (espero que por mucho tiempo). En realidad, es así también dentro del propio PSOE, donde nuestro funcionamiento federal permite y garantiza este tipo de controversias. Recuerdo ahora las discrepancias, por poner un ejemplo, con el PSPV-PSOE acerca de su voluntad de concurrir con Compromís en las últimas elecciones, o la decisión, al margen del acuerdo del Comité federal del PSOE, de formar parte del gobierno de la ciudad de Valencia. Es decir, la diversidad supone en muchas ocasiones duros debates, flexibilidad en otras y unidad siempre.

Dos son las variables principales de la relación y colaboración entre el PSOE y el PSC. La política y la orgánica. En lo político, se sustancian en que el PSC mantiene un espacio propio de decisión en Cataluña, pactado -en lo principal- con el PSOE. En lo orgánico, se basan en la participación del PSC en el PSOE mediante una fórmula eficaz, justa y productiva para ambas organizaciones.

Estos días, como en otras ocasiones similares ha ocurrido, se debate acerca de qué manera pueden optimizarse esas relaciones. Creo que es un debate certero. Pero creo que no es ni el momento ni el contexto político adecuado para llevarlo a cabo. Justo después del desgarro que todavía sufre el PSOE por los acontecimientos pasados y por las decisiones adoptadas en las últimas semanas. Y justo antes de la celebración de un Congreso federal. Es tan evidente este último argumento que no emplearé más líneas en desarrollarlo.

Es mejor que lo empleemos en el fondo de la cuestión. Lo que se dirime es cómo preservar la autonomía organizativa del PSC como partido sin que ésta cause perjuicio alguno al PSOE o a sus intereses por un lado. Por otro, que el PSC sea un partido federalista, nunca soberanista, y que el PSOE profundice ese federalismo, sin escorarse: ni a un centralismo en retirada, ni a un confederalismo (en nuestro funcionamiento interno) muy peligroso. Y por último, se trata de que ambas organizaciones sigamos manteniendo una relación y una dinámica que permita forjar un espacio mayoritario reformista y de izquierdas en España, con el concurso central de Cataluña.

En mi opinión, eso es de lo que hablamos, y para debatir, pero bien, sobre esos puntos, tanto el PSC como el PSOE necesitamos un contexto adecuado y un momento oportuno: el propio Congreso federal o inmediatamente después del mismo. Si hacemos de nuestra relación una cadena de decisiones precipitadas y más pegadas a intereses orgánicos particulares y no generales, como a veces parece que quiere impulsar el órgano provisional y quienes lo sustentan, cometeremos (cometerán) un error cuya responsabilidad tendrá que ser asumida en el futuro.

Lo mejor para el socialismo, en mi opinión, reitero, es escoger primero los objetivos que debemos marcarnos para, después, en torno a ellos, perfilar y mejorar la relación y colaboración entre el PSOE y el PSC. Aporto tres de forma muy sucinta.

  • Uno. Discutir los fines e instrumentos de la socialdemocracia en España en el siglo XXI. Porque somos un proyecto mayoritario pensado para defender el progreso, el bienestar y las oportunidades, los derechos y las libertades.
  • Dos. Impulsar la reforma constitucional para alcanzar la España federal en una Europa federal. Dos pasos importantes se dieron bajo los mandatos de Rubalcaba (Granada, 6/7/2013) y Sánchez (Madrid, 28/10/2015). Demos el paso definitivo
  • Tres. Modernizar nuestras estructuras internas. Debemos adaptarlas al tiempo actual. Urge.

 

“Unida en la diversidad” es la divisa de la Unión Europea desde el año 2000. Bien podría servirnos de ejemplo y de estímulo para acometer el trabajo pendiente que nos espera al PSOE y al PSC. Puede ser una buena guía para fortalecer nuestros lazos y nuestra relación: unida en la diversidad.

 

Artículo publicado el 18/11/2016 en El Huffington Post

Hagamos de la necesidad virtud

Arranca una legislatura de muchas incógnitas y de muy pocas certezas. Todo está por hacer. Más que nunca en esta ocasión. Conocen bien los lectores mi posición y la de los socialistas riojanos en torno a la investidura de Rajoy. Pero permítanme una breve digresión inicial. El PSOE tiene una obligación, un reto: liderar la oposición, contundente y constructiva a la vez. Y tejer, al mismo tiempo, la alternativa a la derecha. Tengo confianza en que lograremos ese propósito, así se lo traslado a ustedes, pero a condición de que en breve un congreso federal del PSOE, y sucesivos congresos autonómicos, renueven y fortalezcan el proyecto del PSOE. No hay excusas, esa convocatoria es inaplazable. Proceso que debe ponerse en marcha ya, y que es compatible con un debate profundo y sereno. Siempre ha sido así.

Esas condiciones de novedad de las que hablaba al principio debemos trasladarlas también a La Rioja. Ni un segundo que perder, hagamos de la necesidad virtud. Tantas veces recordamos la indolencia con la que el PP trata, con la complicidad y sumisión de Ceniceros y Sanz, a La Rioja que la insistencia quizá haga perder la eficacia del mensaje mismo. Por eso hoy recurro a un dato: 16.1 %. Ese es el nivel de ejecución de los presupuestos de 2016 en nuestra Comunidad, el quinto más bajo de toda España. Dirán que, claro, porque el Gobierno estaba en funciones. Efectivamente, en funciones estaba para las otras 14 comunidades y ciudades autónomas que nos superan en nivel de gasto ejecutado. Luego indolencia.

Llegados a este punto, me pregunto si seremos capaces de afrontar y empezar a resolver el gran problema al que nos enfrentamos como colectivo, como sociedad, como región. Los socialistas creemos que sí. Y lo creemos porque el diagnóstico empieza a ser compartido por una mayoría de riojanos. Perdemos peso económico, industrial sobre todo, población, estamos fuera del mapa principal de infraestructuras de comunicación, sin ambición científica o cultural específica…etc., es decir: estamos a gusto en una cuesta abajo permanente que nos lleva a la decadencia y a la inercia, a la resignación, nuestro gran problema.

Aprovechemos esta legislatura, diputada de Podemos y miembros de Ciudadanos, para marcar el camino de las soluciones y de las iniciativas. En la inercia y en la indolencia poco vamos a encontrar de positivo. Por nuestra parte, los socialistas riojanos planteamos, grosso modo, los tres grandes campos de actuación para revertir el camino de la resignación en un camino de oportunidad y de avance.

Primero, la industrialización y el empleo. Urge una actuación concreta en nuestra tierra. Necesitamos empleo, empleo de calidad, y eso exige potenciar nuestro menguante tejido industrial, en una situación cada vez más crítica.

La Rioja tiene que ser un espacio en el que se pueda creer y donde se pueda volver a crecer. El futuro de nuestra Comunidad pasa por revitalizar una política industrial a la deriva que sabe más de cierres y abandono que de creación de empleo.

Segundo, las infraestructuras de comunicación. Debe ser la legislatura, por fin, de la alta velocidad: de su planificación definitiva y de la programación, razonable, de su puesta en marcha. Reitero aquí la necesidad de alcanzar un pacto social y político de región en esta materia. Y la legislatura que vea hecha realidad la ronda sur de Logroño, así como, al menos, las variantes principales de la duplicación de la Nacional 232. Se dan condiciones para que sea la legislatura que confirme al eje del Ebro como la zona de natural expansión y de plena realización de las potencialidades de la Comunidad.

Y tercero, la educación. Sobre todo la universitaria. Nuestras posibilidades son inmensas en este campo. Financiar el gasto corriente del campus no es suficiente. Es lo mínimo exigible. La ambición pasa por favorecer grandes proyectos de investigación, orientados a la especialización y a la internacionalización, que atraigan alumnado y profesorado y se conviertan en polos de innovación y conocimiento, en pilares de la nueva economía que nos está esperando.

Los socialistas no nos resignamos, sabemos que el futuro requiere empleos, industria y una educación de calidad como la que tiene que prestar la Universidad de La Rioja, que deber ser la punta de lanza de nuestro desarrollo en un futuro inmediato.

Es por tanto una legislatura para que las distintas fuerzas de la oposición riojana, estén o no en el Parlamento nacional, actuemos con sentido de responsabilidad regional, al margen de acuerdos suscritos, aquí o allí, o de estrategias previas, para resolver el gran problema que nos acecha desde hace tiempo: la mutación en una Comunidad con más pasado que futuro. Defendamos pues el futuro.

Artículo de opinión en Diario La Rioja el 06/11/2016

Acepto, pero no comparto. Sigo, para cambiar el PSOE

En marzo del año 2000 me afilié al Partido Socialista. Desde entonces milito en el que considero mejor espacio político para transformar la sociedad que ha existido nunca en España. También desde entonces, he participado en el partido para cambiarlo, para abrirlo, para mejorarlo, para hacer de él cada vez más un espacio político plenamente adaptado al siglo XXI y a la sociedad española actual. Es decir, más útil a la mayoría social de nuestro país. Ese ha sido siempre el sentido de mi militancia.

He ocupado, y ocupo todavía, puestos de responsabilidad en el PSOE. También candidaturas, y soy actualmente diputado por mi tierra, La Rioja. Tanto como militante como dirigente del partido he defendido, y defenderé, que el Partido Socialista debe tener como única referencia a la mayoría social de España, al interés general. Y he defendido, y defenderé, que la organización de nuestro partido y el cumplimiento de sus decisiones, adoptadas en los órganos legítimos, son la garantía de la eficacia y el éxito de nuestras políticas, proyectos y programas.

Como ya he escrito recientemente, creo que la decisión adoptada en el comité federal del pasado 23 de octubre es legítima. Incluso estando ciertamente deslegitimada al no haber consultado a la militancia, opción no obligada, pero lógica y necesaria, por cuanto estábamos cambiando, de forma indirecta, un compromiso electoral del partido. Y eso es así, porque nuestra abstención es dejar gobernar al PP y a Rajoy. No se les apoya, pero se les deja. Incumplimos nuestra palabra y desoímos a la militancia, en mi opinión, y además no le damos la oportunidad de opinar, como hubiera sido lo deseable.

El PSOE ha decidido pues que la mejor opción es la abstención, para desbloquear la situación política y evitar terceras elecciones. No lo comparto. Nada de ello. Me he opuesto a dicha decisión. Creo que mantener el no era lo mejor para el PSOE y para España. Pero me incumbe, pues la decisión adoptada en un comité federal es la decisión del partido, y repito que a pesar de no haber consultado a la militancia, gravísimo error cometido por el órgano provisional que dirige el partido y la mayoría del comité que le apoya, es la posición del partido. Torpemente, no han querido después aplicar esta decisión de una forma inteligente, para evitar más desgarro y división. Con la abstención del mínimo de diputados necesario hubiera bastado. Torpe y, quién sabe, interesada aplicación de la decisión.

En suma, creo que es un error. No comparto la decisión, posiblemente tampoco es compartida por la mayoría de los militantes y votantes del PSOE, pero acepto que es la decisión adoptada de acuerdo a la legalidad del partido, la misma que yo he defendido cuando he tenido responsabilidades cuando se quería violentar la misma (no hace mucho ante una avalancha de dimisiones de miembros de la CEF).

Durante los pasados días he pedido a la militancia que se quede, a los simpatizantes que se afilien y a los votantes que militen. Es el camino de la esperanza.

Tras el comité federal del uno de octubre y el viraje progresivo del partido hacia la abstención he dudado de si dar un paso atrás era lo más correcto en este momento. Lo he pensado. Y he concluido que lo correcto es lo contrario. Seguir y luchar para cambiar este partido y reforzar su papel en España.

Sí, hay que seguir. Militando y en las responsabilidades que cada uno tenga. Y hay que luchar. El PSOE debe preservar su autonomía, trastocada y desdibujada en las últimas semanas, debe profundizar su democratización (nunca más las bases pueden ser ignoradas en decisiones como la que hemos tomado), debe mejorar su funcionamiento federal y evitar una confederalización peligrosa, y, sobre todo, debe renovar sus cuadros dirigentes y adaptarse a la realidad española y a la sociedad española actual. Si no nos adaptamos a la España actual, no podemos servir a la España actual.

En breve habrá un congreso en el PSOE, que será una oportunidad. Todos debemos seguir y muchos tienen que venir para que sea el momento del verdadero cambio que necesita nuestro partido para ser más útil a los ciudadanos y, concretamente, a la mayoría social de izquierdas.

Pedro Sánchez acaba de anunciar que renuncia a su acta de diputado. Toma una decisión muy respetable en lo personal y muy responsable en lo político, tal como acaba de explicar.

Termino estas líneas con un agradecimiento por su trabajo y sobre todo por su compromiso, que permanece. Como dice Sabina, se va, pero se queda. Y esa es una buena noticia, la única buena noticia de hoy.

A los socialistas

Me dirijo a ti: militante, simpatizante, votante, socialista que dejaste de votar al PSOE hace un tiempo, ciudadano progresista y de izquierdas. Y lo hago como militante y dirigente de este partido, pero sobre todo lo hago como socialista como tú. Porque no es tan distinto lo que sentimos. Ni tan dispar lo que queremos para el futuro.

Lo primero de todo, perdón. Entre todos, algunos con más responsabilidades que otros, hemos ofrecido una imagen bochornosa, que no se corresponde ni con lo que somos ni con lo que defendemos. Por eso, perdón.

Sé que estos días, a muchos de vosotros, os recorre una imparable sensación de desilusión y desasosiego por la decisión que adoptó el comité federal del PSOE el pasado domingo. Sé también que muchos de vosotros estáis pensando en dejar de militar, muchos ya no lo haréis si estabais pensándolo y muchos pensáis en dejar de votarnos o en no hacerlo ya, aunque estabais pensándolo.

Os escribo para que no abandonéis. Para que sigáis y suméis. En momentos como el actual es normal que nos inunde un sentimiento de paso atrás, de dejar el compromiso aparte y abandonar. No lo hagáis, no lo hagamos.

El PSOE sigue siendo el mejor el espacio de participación y de fuerza para transformar la sociedad. La decisión adoptada, sin escucharos a muchos de vosotros, no es buena, pero no es irreversible ni definitiva. Hay un mañana. Y depende de vosotros, de nosotros.

A lo largo de nuestra historia hemos sufrido crisis profundas y dolorosas, pero nos hemos levantado y recuperado. Nuestra historia es nuestra identidad, y también la referencia que nos enseña a no desistir. Porque es vuestro partido, el nuestro.

Dentro de muy poco, un congreso, con la voz y voto de muchos de vosotros,  del partido decidirá el camino a seguir. De ti depende, de todos vosotros, que ese camino sea uno, o en cambio sea otro. Por eso os pido que os quedéis, que no os vayáis. Una mayoría de españoles os necesita, para que contribuyáis a cambiar y a adaptar al PSOE, de una vez por todas, a la realidad actual española, para que siga siendo el partido autónomo por excelencia en España, sin influencias en sus decisiones, para que siga siendo un partido federal y de los militantes, no confederal y de dirigentes.

No puedo garantizaros muchas cosas, pero sí en cambio una: lo que el PSOE deba ser será lo que la mayoría de vosotros decidáis. Este partido tiene mucho que aportar, tiene mucha vida, pero no lo podrá hacer sin la fuerza de vuestro compromiso y de vuestro apoyo.

Gracias por vuestra paciencia y por vuestra comprensión.

La responsabilidad es la coherencia: en defensa del No

Coherencia: actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan.

¿Qué es la responsabilidad? La responsabilidad es la coherencia. Y desde la noche del 26 de junio, una mayoría amplísima del partido es consciente de que los votantes de izquierdas, socialistas y progresistas que optaron por la papeleta del PSOE lo hicieron para que el PSOE fuera la alternativa al PP, no para que gobernara con el PP o le dejara gobernar. Hablo del PP, no de Rajoy, del PP. Nuestro rechazo a la investidura de Rajoy es coherente con nuestras promesas, con nuestros principios y con nuestra palabra.

El PSOE debate pasado mañana si cambiar esta posición o mantenerla. Bien es cierto que el debate no se ha planteado nunca en estos términos, pues los partidarios de la abstención (con todo su derecho a defender esta posición) se han movido en términos de ambigüedad. Votaré mantener la posición del No (por responsabilidad y coherencia); eso sí, con la frustración de que no se haya consultado a la militancia sobre esta decisión tan trascendental para España y que traerá consecuencias para el PSOE (catastróficas en caso de virar a la abstención).

Aunque según nuestras normas esta decisión es competencia del Comité federal, hurtar la posibilidad de que las bases del partido se pronuncien (opción que ha rechazado el órgano provisional que dirige ahora el partido) conlleva un riesgo claro y muy peligroso: adoptar una decisión totalmente legítima en lo normativo, pero absolutamente deslegitimada por la militancia del PSOE.

El PSOE, como proyecto autónomo en sus 137 años de historia y trayectoria, ha aprendido (y forma parte de su cultura) que los intereses del partido y los de España son los mismos. Separarlos es un error de enfoque que pagaremos muy caro. Mantener esa coincidencia de intereses es la máxima responsabilidad que puede tener hoy mismo, con esta coyuntura, el partido.

Porque la responsabilidad no es dejar gobernar a Rajoy (para que no haya terceras elecciones se dice), sino que es continuar el proceso de reconciliación con un electorado de izquierdas que está esperando a ese PSOE que se adapte a la sociedad actual y ofrezca una alternativa renovada y moderna. Esa reconciliación es la que nos acerca a posiciones progresistas y de cambio de mayoría social. La abstención en cambio nos lleva al rincón del incumplimiento y a la irrelevancia, ni siquiera a una quiebra en nuestra credibilidad, sino a una pérdida absoluta de confianza por parte de nuestros votantes actuales y potenciales.

Por todo ello, defiendo el No a una nueva investidura de Rajoy y del PP. Y por todo ello, pido desde aquí a todos los militantes que se queden en el partido, y pido a votantes y simpatizantes descontentos con todo lo sucedido en las últimas semanas que se afilien y que hagan valer su voz y su voto en el próximo Congreso (que no puede demorarse nada más que lo imprescindible en lo organizativo) del PSOE. Tome la decisión que tome (legítima y estatutaria) el Comité federal del próximo domingo, serán los militantes quienes decidan el futuro del partido. Y por eso creo que hay todavía una oportunidad para la esperanza.

 

Artículo de opinión publicado el 21/10/2016 en el Huffington Post 

En defensa de los pensionistas y empleados públicos

Es el Gobierno el que está en funciones, no el país. La interinidad del Ejecutivo no es un parapeto para sus ministros, ni debe ser una excusa para la inacción, como parece interpretar Mariano Rajoy este paréntesis. El Parlamento está constituido y abierto a las propuestas de los Grupos Parlamentarios. Conscientes de ello, los socialistas hemos presentado hoy una iniciativa para que el Gobierno en funciones apruebe, en caso de prórroga presupuestaria, el incremento de las pensiones públicas y del personal al servicio de las administraciones públicas y del sector público.

El Gobierno de Mariano Rajoy puede y debe hacerlo.

Ambos colectivos, pensionistas y funcionarios, se han visto particularmente afectados por la crisis. El primero, porque se ha visto sometido a un progresivo empobrecimiento por culpa de las medidas regresivas del PP y el segundo porque ha comprobado cómo sus salarios se han devaluado y perdido poder adquisitivo de forma muy acusada en los últimos años.

Esta iniciativa, oportuna y necesaria, llega al Congreso de la mano del PSOE a la espera de la respuesta del resto de grupos políticos. Espero que sea positiva. Desde aquí, insto a las formaciones de La Rioja representadas en el Parlamento a defender los intereses de los 67.000 pensionistas riojanos y de todos los trabajadores públicos de nuestra Comunidad.

Es una iniciativa útil y justa que hace frente y planta cara a la amenaza –falsa, otra mentira del PP- de no actualizar pensiones y sueldos de funcionarios con la excusa de la interinidad del Gobierno. No es cierto. Puede y debe hacerse para que pensionistas y funcionarios recuperen parte de lo que es suyo y paliar las consecuencias de las malas políticas del PP, tan injustas como ineficaces.

La Rioja

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