La Rioja
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CAMBIO DE ESCENARIO
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César Luena López | 12-06-2018 | 15:30| 0

Escucho estos días a muchos compañeros, analistas o periodistas advertir sobre cómo “el PSOE ha vuelto a ocupar el centro del escenario”. Sin embargo, creo que más bien el PSOE (en realidad Pedro Sánchez y el núcleo dirigente actual) han llevado a cabo un cambio del escenario para, a continuación, ocupar no solo el centro, sino la mayor parte del espacio (el que aspira a ocupar un partido de mayorías) dentro de él.

La debilidad del sistema político e institucional, causada por el descrédito absoluto del Gobierno, hacía necesaria una reacción del poder legislativo a la altura de la sentencia del poder judicial. Pocos creían con certeza y determinación, entre los que no me encuentro, que activar la solución constitucional de la moción de censura constructiva, era la idea a presentar a la sociedad española y la iniciativa política a defender, y que además tendría éxito. Pero sí creyeron en ello Sánchez y su equipo. Y no solo acertaron, sino que pusieron las bases para provocar ese cambio de escenario.

Acto seguido, y tras el desglose de un conjunto de objetivos ante el Congreso, el presidente Sánchez armaba un Gobierno que en su conformación reúne dos requisitos esenciales para apuntalar el cambio de escenario: será un Gobierno que cumplirá con los objetivos presentados al Congreso durante el debate de la moción de censura, y será un Gobierno que desarrollará un proyecto político modernizador y transformador para España.

El hecho de que el feminismo y el europeísmo sean las grandes ideas del proyecto de ese Ejecutivo completa el círculo que nos permiten asegurar que no solo ha habido un cambio de Gobierno o de ubicación de actores en el ecosistema político, sino que lo que estamos viviendo es un cambio en el fondo de la política española, y que no ha venido de la mano de los “nuevos partidos”, paradójicamente.

Lo cual no significa que todo esté hecho. Más bien al contrario. Casi todo está por hacer. Pero sí hay una cosa segura, y es que la pericia y acierto (con la responsabilidad de Estado en el núcleo) del presidente Sánchez y de su equipo, sin ser infalible –ojo-, han permitido no solo activar una solución institucional ante un tapón obstaculizador (recuérdese el no al Rey de 2016) como Rajoy y el actual PP, sino que ha posibilitado la apertura de un nuevo escenario político, que de confirmarse (más allá de la fecha de la próxima convocatoria electoral) se convertirá en ciclo o etapa.

Un buen regalo sin duda para nuestra Constitución, en su 40 cumpleaños. Y un mejor regalo para un partido como el PSOE, tan zaherido en los últimos cuatros años, que ha recibido un verdadero soplo de autoestima y fuerza por parte de su líder y secretario general (impulsado por sus bases). Le toca ahora al partido devolverle ese esfuerzo en forma de apoyo y adaptación a ese nuevo escenario político (que en España se está configurando de la mano, otra vez, de la socialdemocracia), para acompañar y, por qué no, también proponer ideas y alternativas al nuevo Gobierno. Le toca trabajar, con muchas dosis de humildad, para ocupar ese espacio protagonista y mayoritario en las urnas cuando llegue el momento. El cambio de paradigma impulsado por Sánchez hace apenas quince días apunta en esa dirección.

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El peso de la responsabilidad
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César Luena López | 01-06-2018 | 09:51| 0

En alguna otra ocasión he aludido a esta referencia bibliográfica, del historiador británico Tony Judt. Si mal no recuerdo, fue con motivo de las sesiones de investidura, celebradas en marzo de 2016 después del encargo del Jefe del Estado, en las que Pedro Sánchez intentó conseguir una mayoría para gobernar España. Recuerden que Rajoy había dado la espantada (al mismísimo Rey) y había provocado una crisis institucional inédita en las últimas cuatro décadas en España.  El PSOE y Sánchez asumieron la responsabilidad.

El pasado 24 de mayo, conocimos la sentencia (la primera, porque vendrán más) sobre Gürtel. Queda confirmado. El PP fue condenado por corrupción, y Rajoy tocado seriamente por los tribunales: advertido y amonestado. Y de nuevo está España ante una crisis institucional provocada por Rajoy. Como hace dos años, el PSOE, con Pedro Sánchez al frente, han asumido el peso de la responsabilidad de salvar el buen nombre y funcionamiento de nuestras instituciones democráticas.

Desde hoy, el PSOE tendrá responsabilidades de Gobierno en España, al triunfar con claridad la moción de censura, y Pedro Sánchez será presidente para cumplir con los objetivos que hemos asumido ante el Congreso y ante los españoles: apartar a Rajoy para tener un Gobierno limpio, estabilizar la vida política e institucional y convocar a los españoles a las urnas.

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Mi intervención en la presentación de los libros monográficos en homenaje a Andrés Saborit
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César Luena López | 12-04-2018 | 16:59| 0

«Cartas de Ginebra. Voces de nuestro siglo XX. Andrés Saborit»

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Presupuestos del Estado: peor, imposible
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César Luena López | 08-04-2018 | 09:00| 0

Creo que todos nos hemos equivocado. Decíamos, y pensábamos, que peor era imposible, pero entre Rajoy, Rivera y Ceniceros lo han hecho posible. Con los Presupuestos Generales del Estado para La Rioja del 2018 empeoramos más aún. Nos ocurre a los riojanos con los Presupuestos del Estado en la era Rajoy (da igual la coincidencia con el autoritario e ineficaz Sanz, que con el apático y resignado Ceniceros) que cada año es peor que el anterior. Y los riojanos queremos otros presupuestos, no los mismos con que nos vienen atizando un año tras otro desde el 2012.

Lo vengo repitiendo en años anteriores: se presupuesta poco (bastante menos que la media nacional), se ejecuta menos (bastante menos que la media nacional) y se abandonan los grandes proyectos que debe abordar un presupuesto estatal: las infraestructuras viarias y ferroviarias en el caso riojano.

Para este 2018, el trío Rajoy-Montoro-Ceniceros (con la colaboración de Rivera, últimamente perejil de cualquier salsa que se precie, –y la muy posible de los nacionalistas vascos, ya se sabe que a tanto el voto…–) nos presentan unas Cuentas que, en líneas generales, consolidan la desigualdad y la precariedad contra la que la calle está movilizándose cada vez de forma más importante, dan el sablazo a los pensionistas con el 0,25 tristemente famoso y se afanan en mantener los recortes en el gasto social y productivo.

El ínfimo gasto en educación (un 3,7 % del PIB por un 5 % de media que se invierte en la UE), el más que insuficiente aporte a la sanidad y a la dependencia y la conservadora política fiscal, por la que se sigue beneficiando al 10 % más pudiente de la población y perjudicando a la mayoría social de clases medias y trabajadoras, desmiente tajantemente la propaganda oficial. Estos Presupuestos están muy lejos de ser sociales, más bien son lo contrario: la reiteración de la política del PP que se desentiende de los débiles y de los que más sufren.

Además, los Presupuestos de 2018 adolecen de varios problemas que a día de hoy condicionan su capacidad de influir en la política económica del país. Esto es así, porque su capacidad de vigencia se limita a medio año y porque su formulación está más pensada en la capacidad de influir en el calendario electoral que en los problemas de España.

Por todo ello, podemos afirmar que este proyecto de Presupuestos Generaleas del Estado deja sin resolver problemas tan urgentes como la reforma del sistema de pensiones y la reforma del sistema de financiación autonómica; y, en lo referente a la modernización del sistema productivo, el crecimiento de las partidas es, en muchos de los casos, menor que el crecimiento de la actividad económica.

En La Rioja, y conociendo los antecedentes, cualquiera hubiera dicho que peor era imposible. Pero la realidad supera muchas veces las expectativas agoreras y de nuevo nos encontramos ante unas cuentas rácanas que apuntalarán la dirección cuesta abajo que todos los indicadores están señalando para nuestra comunidad. Con este planteamiento damos un paso más hacia la insignificancia.

Insignificancia que se constata cada día en los datos: somos la comunidad que menos crecemos y nuestro PIB se desploma, desciende la población ocupada mientras en España sube, y el Índice de Producción Industrial baja un 5,9 % en La Rioja, pero sube en España un 2,9 %. El resultado lo hemos conocido hace bien poco: hemos pasado del puesto 76 al 112 en el escalafón de las regiones europeas. ¡Bravo, Ceniceros! Un presupuesto que cae un 16,3 %, cuando el resto de comunidades (menos Navarra, cuya foralidad le atribuye competencias en infraestructuras) crecen en inversión. Un presupuesto que en un momento de debilidad económica en nuestra comunidad (sin duda el peor de nuestra historia reciente) no ayuda nada en forma de inversión pública estatal. Las Cuentas del 18 son la puntilla a la situación crítica por la que atraviesa la economía de La Rioja.

Cada año la desvergüenza va en aumento. Ahora ni hay proyectos, ni se van a ejecutar los que hay. Además de crueles, mentirosos. Las grandes actuaciones pendientes están marginadas y olvidadas: la duplicación de la 232, la ronda sur o nueva circunvalación de Logroño, por no hablar de la alta velocidad. Nos acordaremos, más pronto que tarde, de todo el tiempo perdido que estamos tirando a la basura en relación con el AVE. De espaldas a la conectividad que representa la alta velocidad ferroviaria no hay nada. Sencillamente el aislamiento y la inferioridad. La nada.

Y por no mencionar tampoco áreas como la cultura o la seguridad, donde sencillamente La Rioja queda relegada del todo (Interior) o rácanamente tratada (Cultura). Lo peor, con todo, no es que no haya inversiones, es que las cuentas del PP y Ciudadanos (¡ay! el sello naranja) nos anuncian un horizonte sin ellas.

Por todo ello, vamos a votar no a estos Presupuestos. Presentaremos una alternativa social y productiva a los mismos y, en caso de que supere el trámite de totalidad, presentaremos enmiendas que aumenten la inversión en La Rioja y corrijan el abandono de Rajoy y de su cómplice Rivera y la resignación de Ceniceros, quien ha demostrado, y van demasiadas veces, que no pinta nada y que su nulo espíritu reivindicativo perjudica a La Rioja. Pero, a pesar de todo, corregir, mejorar y avanzar es posible. Ese es el empeño de los socialistas riojanos.

 

Artículo de opinión publicado en Diario La Rioja 08/4/2018

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Los PGE 2018 consolidan la desigualdad y la precariedad y apuntalan los recortes sociales
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César Luena López | 27-03-2018 | 16:58| 0

Rajoy, con el apoyo de Rivera, acaba de aprobar en el Consejo de Ministros los presupuestos para el 2018.

Los dirigentes, y sus partidos, empeñados en competir por el espacio de derechas en España, se han puesto de acuerdo para aprobar unas cuentas que consolidan la desigualdad y la precariedad, ratifica el sablazo a los pensionistas y apuntala los recortes sociales que hacen sufrir a las capas más necesitadas de la sociedad española.

La semana que viene podremos ver la letra pequeña en lo que concierne al trato en las cuentas a La Rioja. Los antecedentes que tenemos no auguran nada bueno, pero siempre hay espacio para la esperanza. Los socialistas vamos a votar que no a estos malos presupuestos y presentaremos una alternativa que recupere un impulso público al gasto social y productivo que demanda una mayoría de la sociedad española.

En el caso de que superen el trámite de totalidad, los socialistas vamos a defender, con enmiendas, los intereses de La Rioja que no han sido defendidos ni por Rajoy, ni por Rivera, en los últimos años.

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Ante el debate de hoy en el Congreso
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César Luena López | 15-03-2018 | 11:02| 0

Hablemos con claridad. La disputa que en el más puro estilo de “Los juegos del hambre” están protagonizando el PP y Ciudadanos les lleva a situar debates, legítimos por supuesto, en el momento menos adecuado. Este tipo de situaciones suelen darse cuando se colocan por delante del interés general dos cosas: los intereses partidarios y el posible rédito electoral a obtener.

Los socialistas hemos mantenido, por coherencia y de acuerdo a nuestros principios, nuestra posición contraria a la prisión permanente revisable, que está basada en muchas razones, que resumo en estas dos:

  • Porque las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad están orientadas hacia la reeducación y reinserción social, según reza nuestra Constitución.
  • Y porque el sistema penal español es ya el más duro de Europa, puesto que en España los delitos graves están penados con 40 años de prisión, que se cumplen íntegramente.

 

Varios expertos han redactado un texto de lectura muy recomendable:

https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Manifiesto-prision-permanente-revisable_6_749685080.html

manifiesto-contra-la-prision-permanente-revisable-106-primeras-firmas

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LA CAUSA DE LA MAYORÍA, LA MISIÓN DE LA SOCIALDEMOCRACIA
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César Luena López | 09-03-2018 | 15:05| 0

Se ha establecido un consenso en torno al alcance, dimensión y significado de la masiva movilización y lucha de las mujeres plasmada en todo el mundo el pasado ocho de marzo. En principio, y siguiendo ese consenso, estaríamos ante un movimiento casi tectónico, por su fuerza, justicia moral y transversalidad, que va a transformar nuestras sociedades, configurándose estas de forma igualitaria, zanjando así las principales desigualdades que existen entre hombres y mujeres, y que no solo abarcan reivindicaciones de carácter económico, sino injusticias más graves como son la violencia que sufren las mujeres o la discriminación arraigada y “tolerada” en nuestra cultura, de la mujer por ser mujer. Comparto ese consenso.

Puede que este movimiento sea el último de todos los que occidente ha protagonizado en la historia de la humanidad. Pero desde luego será el más revolucionario y el que más impacto genere en lo que será el legado del siglo XXI para la evolución de nuestras sociedades. Y también puede que, tras la lucha social de los movimientos obreros, la lucha feminista, enraizada de alguna forma con esta, se constituya como la gran causa de la mayoría. Si acaba resultando así, como creo, será la misión, y nuevo papel, de la socialdemocracia. Sumarse y servir a esta causa.

Tras la segunda guerra mundial, el conocido como pacto entre capital y trabajo permitió generar unas condiciones de progreso y bienestar como nunca antes se habían dado en la historia. Pero no surgió de la nada, sino que fueron los movimientos socialistas, sindicatos y partidos, quienes abanderaron una causa mayoritaria convirtiéndola en la principal razón de ser de su existencia, en su misión.

Paradójicamente, el éxito, parcial y nunca absoluto, de la socialdemocracia se convirtió en una de las causas de su declive (irrelevancia en algunos casos), además del avance del neoliberalismo, los cambios en las estructuras laborales y sociales, como consecuencia de la revolución tecnológica e informacional, y la gran crisis y recesión económica, que “obligó” a incumplir a la mayoría de los partidos socialdemócratas con sus postulados y programas electorales.

Desde entonces, el populismo primero y el nacionalismo después, ocuparon la parte central de la escena (nueva política se ha llamado), y compartida después con figuras liberales, más conservadoras que progresistas, asentadas en personalidades como Trudeau o Macron. Y entonces, la gran causa de la mayoría en el siglo XXI ha hecho despertar a la historia.

La causa de la igualdad es la causa del socialismo democrático, el fundamento de su origen como ideología y como estructura organizativa en partidos políticos y sindicatos. Los partidos, que operan en espacios estatales sobre todo, deben tener un proyecto de país, pero además una causa que los distinga del resto de alternativas y un programa concreto para asegurar su desarrollo, su triunfo. La lucha por la igualdad de la mujer, el feminismo, tiene en la socialdemocracia a su mejor socia y plataforma para conseguir lo que se llama igualdad real.

Es más, la archidiscutida renovación de la socialdemocracia es su adaptación pendiente para que la trasformación social de clase evolucione (recuperando a la vez bienestar y protección) hacia la transformación social por la igualdad. La igualdad entre clases, aquel remover los obstáculos que impiden la igualdad en las sociedades, debe perseguir la demolición de los obstáculos que marginan a las mujeres condenándolas a sufrir desigualdad crónica, aunque las sociedades avancen.

No le hace falta nada a la causa feminista para organizarse y triunfar. A las pruebas me remito. Pero la socialdemocracia, que solo existe por y para la igualdad, debe hacer de esta causa su misión en el siglo XXI. Todo lo construido en el siglo XX no ha sido suficiente. Puede reivindicar la socialdemocracia su legado. Desde luego. Pero, sobre todo, debe reclamar su utilidad en el futuro.

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Costes de una apuesta equivocada
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César Luena López | 04-03-2018 | 10:04| 0

Hay aniversarios que conviene recordar. Es más, sirven para renovar compromisos prioritarios y urgentes hoy en la sociedad española. Hace seis años que el Partido Popular optó por una apuesta equivocada: una gran devaluación salarial y de la calidad de los puestos de trabajo como forma de competir en una Europa en crisis. La reforma laboral que Rajoy aprobó a inicios de 2012 tenía un propósito claro, su gran objetivo: reducir los salarios, facilitar el despido y abaratar su coste. Las consecuencias las conocemos: precariedad, pobreza salarial, explotación, abusos, temporalidad, proliferación de figuras como la del falso autónomo, las pensiones públicas en jaque y un agravamiento de la brecha salarial entre hombres y mujeres, quienes tienen los peores contratos y los perores salarios del país.

La gran apuesta de Rajoy se basó en implantar esa devaluación interna a través de contratos precarios y recortes de los derechos de los trabajadores. En España hoy, el despido objetivo se ha convertido en la norma habitual, las empresas pueden tramitar un ERE sin autorización administrativa previa, los jóvenes pueden ser contratados durante un año para después ser despedidos sin derecho alguno a indemnización, el empresario puede modificar el salario de forma unilateral, por no hablar de la prevalencia de los convenios de empresa sobre los de sector, lo que ha dinamitado la negociación colectiva. Todo esto les suena, pero ahora toca decir que, además de injusticia y desigualdad, ha provocado un gran fracaso, porque en España trabajan un millón y medio menos de personas con respecto al año 2008.

La causa de este fracaso es la apuesta de Rajoy por la devaluación interna, que es la que ha provocado la reducción de las plantillas y de los costes salariales, beneficiando a los empresarios y perjudicando a los trabajadores (se han transferido 2,4 puntos de rentas de la remuneración de los asalariados al excedente empresarial). Por si fuera poco, todas las prestaciones contributivas, así como los subsidios, han sido recortados en este tiempo, aunque el paradigma de nefasta gestión es el aumento del déficit de la seguridad social y la práctica desaparición del Fondo de Reserva.

Con datos del INE, y para el caso de La Rioja, podemos decir que dicha reforma no ha dado los frutos que se nos prometieron a la hora de generar empleo. En 2016 el empleo total era inferior al del 2010 en 4.700 trabajadores y en el caso concreto de los asalariados (sin autónomos) presentaba las mismas diferencias. Por otra parte, menos empleo, ha generado igualmente menos horas cotizadas (más de 10 millones de horas menos), y lo mismo ocurre para el caso de los estrictamente asalariados, que también ha perdido horas trabajadas por importe de 10, 5 millones de horas. Entre 2010 y 2016, hemos perdido remuneraciones de 135.4 millones de €.

Todo ello, nos lleva a comprobar cómo la participación de los asalariados en la riqueza regional ha pasado en este tiempo a ser un 0,6% inferior a la del año 2010 (49% frente a 48.4%), frente a la tendencia contraria ocurrida para los excedentes de explotación que han sido los que han ganado en este periodo ese 0,6%. Para terminar con los datos, el número de trabajadores afiliados a la Seguridad Social en La Rioja permanece en los mismos números que en el año 2010, e igual consideración podemos obtener cuando comparamos la diferencia entre el coste de la mano de obra de La Rioja con respecto a la del conjunto del país, que es aproximadamente un 5% más barato en La Rioja que en España.

Pero esta legislatura mortecina y al ralentí dará paso a una nueva de reformas y recuperación de derechos y de modelos de crecimientos justos e incluyentes. Por eso, en este tétrico sexto aniversario de la reforma laboral, los socialistas volvemos a comprometernos con las prioridades del país, que pasan por derogar la reforma laboral y aprobar un nuevo Estatuto de los Trabajadores que reinstaure la negociación colectiva, impulse la inserción laboral de los jóvenes regulando las prácticas y potenciando el contrato relevo, acabe con los abusos de la contratación temporal, prohíba las horas extraordinarias para los trabajadores a tiempo parcial e iguale los salarios entre hombres y mujeres. En definitiva, recuperar los derechos y asegurar unos buenos empleos. La propuesta socialista, seis años después, sigue creyendo en que la sociedad española puede afrontar el futuro sobre la igualdad, la modernidad y los derechos, y no sobre la precariedad, la devaluación interna y la resignación a retroceder en derechos y en calidad de vida.

 

Artículo de opinión publicado en Diario La Rioja (04/03/2018)

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El profesor Álvarez Junco en el Congreso
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César Luena López | 08-02-2018 | 12:34| 0

El pasado 31 de enero, el Catedrático emérito de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Políticos y Sociales de la Universidad Complutense de Madrid, José Álvarez Junco, compareció en la Comisión de Evaluación y Modernización del Estado autonómico del Congreso de los Diputados. A todos los que estábamos allí, nos pareció verdaderamente magistral la lección que dio sobre los nacionalismos y también sobre nuestra historia desde la Historia. A continuación os dejo, la primera parte de su intervención tal y como consta en el Diario de Sesiones. También podéis verlo en el siguiente enlace.

“Buenos días a todos. Les aseguro que para un historiador y politólogo estar en un sitio como el Congreso de los Diputados es no solo un enorme honor, sino también una emoción, a pesar de que todos sabemos cómo es la política y asistimos por los medios de comunicación a espectáculos a veces no muy ejemplares, pero estar en el sitio en el que ha estado, sin ir más lejos, don Práxedes, siempre suscita emoción para los que hemos hablado y leído tanto sobre él. Entonces, señor presidente, para hablar sobre este tema ¿dispongo de tres horas? (Risas). Se me ha ocurrido que en una comparecencia como la de hoy, para hablar de naciones, nacionalismos y del caso español, era mejor hacer un enfoque lo más distanciado posible. Es decir, a veces para entender mejor los problemas conviene no acercarse tanto a ellos, no vivirlos intensamente, no participar de las emociones que se están desarrollando allí. Se dice si no estás allí no puedes entenderlo, en fin, ese tipo de cosas; todo lo contrario, hay que ver cómo han tratado las ciencias sociales este tipo de fenómenos, qué ha ocurrido con los grandes libros de los últimos años o décadas, cuál es nuestra manera actual de verlos, y estudiar o mencionar brevemente algunos ejemplos que puedan ser comparables y arrojar alguna luz sobre el caso español.

Lo primero que tengo que decir es que sobre naciones y nacionalismos se ha escrito muchísimo en ciencias sociales en los últimos cuarenta o cincuenta años. Es realmente un tema estrella, hay miles y miles de libros. Yo trabajé bastante en este tema, sobre todo en los años noventa durante los diez años que pasé en Estados Unidos, leí los grandes libros de Benedict Anderson, Ernest Gellner, Eric Hobsbawm y tantos otros, y he escrito algunas cosas sobre la revolución que se ha producido. Sintetizándoles esta revolución, en contra de lo que nos enseñaban a los estudiantes hace cincuenta años; en contra de lo que piensa todavía mucha gente que lógicamente no está al día sobre cómo avanzan las ciencias sociales; y en contra sobre todo de lo que piensan los nacionalistas, las naciones no son fenómenos naturales ni eternos. En contra de lo que me enseñaban en las escuelas franquistas en las que nos decían que España es eterna; pues mire usted, si hay algo que la ciencia puede asegurar es que España no era eterna. Es decir, hace tres mil, cuatro mil o cinco mil años España no existía, y dentro de tres mil, cuatro mil o cinco mil años -para que nadie se ponga nervioso-, España no existirá. No sé cómo se va a producir ese proceso, si va a ser lento, rápido, violento, pacífico, pero desde luego no existirá. Cataluña tampoco, se lo dije una vez al presidente Pujol y me vino muy nervioso a decir luego: ¿Así que dentro de mil años no existirá? ¡Pues los judíos existen desde hace cinco mil! Se comparaba con el pueblo judío, lo cual es lógico, propio de los nacionalismos; todos se quieren comparar con el pueblo elegido y formado por Dios y destinado a un destino sobrenatural. Bien, pues no, las naciones no son naturales ni eternas; las naciones son productos de la historia, son productos de circunstancias políticas -subrayo políticas y vuelvo a subrayar políticas-, culturales, económicas, aunque poquito, poca importancia de la economía. De los grandes libros que se han escrito sobre estas cosas en los últimos años, algunos vienen de la antropología, otros de sociología, de historia, pero de economía más bien pocos, los economistas han aportado poco. No es un fenómeno fundamentalmente económico. Frente a lo que dice la gente de que todo es cuestión de dinero, pues no, mire, las naciones tienen mucho de emocionalidad, tienen mucho de cultura y tienen muchísimo de política. Se formaron centros políticos en un determinado sitio, y una institución, por ejemplo, una monarquía belicosa, acumuló recursos económicos, acumuló recursos políticos, acumuló burocracia, acumuló ejércitos, pudo ir controlando un territorio y, a continuación, convenció a los habitantes de ese territorio de que formaban parte de una entidad comunitaria llamada nación. Las naciones son, por tanto, productos de la historia, son productos coyunturales, aparecen y desaparecen, se hacen y se deshacen con el paso de los tiempos.

Segundo, las naciones son construidas muchas veces no intencionadamente,  pero a veces intencionadamente por unas élites a las que llamamos nacionalistas, que son normalmente las élites político-culturales que están en el centro que domina esa nación y las principales beneficiarias de que la población se convenza de que forman parte de una comunidad llamada nación. Por tanto, al revés de lo que piensan los nacionalistas, no son primero las naciones que están ahí y luego surgen unos nacionalistas que las descubren y las explican, sino que son primero los nacionalistas que se inventan las naciones y convencen a la población de que existen; primero los nacionalistas y luego las naciones, al revés de lo que dice una lógica muy extendida. Esto no quiere decir que sea plenamente instrumental, en fin, maquiavélico, que todo se hace al servicio de intereses; no, hay bloques construidos, elementos culturales heredados, por ejemplo, las lenguas, que están ahí y sin esos bloques culturales es muy difícil construir una nación. No puede llegar un señor y decir: pues me voy a inventar una cosa que se llama Padania. Y de repente, todo el mundo empieza a creer en Padania. Pues no, es bastante difícil que la gente empiece a creer en una cosa de la que nunca han oído hablar; en Tabarnia o en alguna otra invención que puede ser más o menos ingeniosa, pero no es fácil que la gente llegue a creer en ella. Es decir, hay una mezcla de herencias culturales y de utilización de esas herencias culturales al servicio de un proyecto político, que es construir un centro de poder que controle un territorio y sus habitantes.

Dicho esto, si quieren ustedes casos europeos, en general las grandes identidades europeas se han construido alrededor de monarquías que surgen a finales de la Edad Media, algunas veces a mediados de la Edad Media, allá por el año mil, la francesa o la inglesa son las más antiguas. Algunos que incluso ocupan presidencias de Gobierno dicen que España es la nación más antigua, pues, perdón, lo lamento mucho, pero no; nadie podía hablar de España en el año mil, en absoluto, a no ser que se refirieran a Abderramán III, que no creo que sea el caso. En cambio, sí se podía hablar de monarquía francesa y de monarquía inglesa ya entonces, que no eran lo mismo que ahora, pero, en fin, ya se podía hablar de eso. Pues esas monarquías van constituyéndose en centros de poder, son grandes señores feudales que acaban imponiéndose sobre el resto de los señores feudales y controlando un territorio alrededor de una capital donde está la corte, París o Londres en estos casos, y van construyendo esas grandes identidades europeas. Ese es el origen en general.

En el caso español tiene ese origen también, es una monarquía igualmente. En el origen está una monarquía belicosa, Castilla, que por supuesto abarca la parte central y más extendida y la parte más poblada y más rica de la Península con gran diferencia allá por el año mil quinientos, a finales del siglo XV. Como todos sabemos, Castilla se funde con Aragón, es mas bien una ocupación de Castilla por Aragón que al revés, porque Castilla es la que se ha quedado sin rey. Hay dos mujeres, una es la hija – que no termina de estar claro si es legítima o no- y otra es la hermana del rey difunto, que están compitiendo y que están apoyadas una por el príncipe heredero de Portugal y otra por el príncipe heredero de Aragón. El príncipe heredero de Aragón es más rápido, falsifican una bula papal, consiguen casarse, forman un ejército y dominan Castilla derrotando a los portuguesistas de Juana la Beltraneja. Entonces, dos de las cinco unidades políticas que había en ese momento en la Península, Castilla y Aragón, se unen; con ese ejército que han formado en la guerra civil subsiguiente conquistan también Granada; muerta Isabel se conquista Navarra -ya son cuatro de las cinco unidades políticas- y todavía hacen enlaces matrimoniales para intentar unir a Portugal, que en algún momento se logra transitoriamente. Por tanto, lo primero que hay en el caso español es una unidad política mucho antes que una nación, no se habla entonces de naciones modernas. Nación en el sentido moderno del término quiere decir una comunidad humana que cree compartir ciertos rasgos culturales, que vive en un territorio y se considera dueña de ese territorio, y que como ente colectivo toma las decisiones fundamentales sobre ese territorio. Pues bien, en los siglos XV, XVI y XVII nadie pensaba eso de España. Si al padre Mariana -que repite la palabra nación y dice varias veces: Quiero defender las glorias de mi nación injustamente despreciada por otras naciones- le preguntan quién es el soberano de este territorio, hubiera dicho su majestad el rey Felipe II, no lo hubiera dudado, no hubiera dicho los españoles. Por consiguiente, no tenía una idea moderna de nación pues la soberanía no radica en la nación, en absoluto. Sin embargo, se va formando una identidad y esa monarquía adquiere un protagonismo mundial gracias sobre todo al descubrimiento del continente americano y a las rentas que le generan ese imperio, y gracias a la fusión con los Habsburgo que ocupan en ese momento el Sacro Imperio Romano Germánico, de modo que esa monarquía adquiere protagonismo mundial y se ve involucrada en múltiples guerras, prácticamente en todas las guerras a lo largo de trescientos años, entre los años 1500 y 1815, el final de las guerras napoleónicas. Es una potencia mundial importante, en algunos momentos potencia hegemónica y eso genera un sentimiento de solidaridad entre sus súbditos; alrededor del monarca al que servimos apenas hay guerras entre castellanos, aragoneses, vascos, etcétera y, en cambio, hay guerras constantes con los franceses, con los ingleses, con los protestantes, con los turcos. Eso genera un sentimiento de solidaridad entre los súbditos de esa monarquía y también alrededor de un segundo elemento importantísimo que es la religión, el catolicismo. Vivimos los tiempos de la Contrarreforma, el papado ha sido atacado por una sección rebelde de la Iglesia situada básicamente en el norte de Europa, acaudillada por Lutero y luego por otra serie de líderes religiosos. La monarquía española se alinea del lado del papado y es el puntal más importante de la Contrarreforma. Eso genera identidad hasta el punto de que la monarquía no se llama monarquía española ni hispánica, sino monarquía católica. No es que la monarquía sea católica, es que es monolíticamente católica y absolutamente todos los súbditos son católicos por definición. La legislación castiga a los no católicos o a los que se apartan de la ortodoxia católica por medio de instrumentos tan eficaces como la Inquisición. Incluso hay una operación de limpieza étnica con los procedentes de otras minorías religiosas como judíos y musulmanes a través de los estatutos de limpieza de sangre. Por tanto, se va formando una identidad cultural alrededor de la lealtad a la monarquía y la lealtad al catolicismo. De todos modos, eso sigue sin poderse llamar nación moderna hasta la guerra napoleónica.

Con la reunión de las Cortes de Cádiz, como ustedes saben, se produce un vacío de poder. La familia real está ausente del país al completo, Napoleón se cuida de que no quede ni un niño de cinco años de la familia real dentro del país y, por tanto, no hay nadie de quien recibir órdenes. Se convocan unas Cortes y los liberales, bien organizados, a pesar de no ser mayoritarios en la opinión del país toman el poder. Lo primero que hacen esas Cortes es declarar la soberanía nacional: España no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona; España pertenece a los españoles y los españoles representados por nosotros, por las Cortes de la nación, somos los que tomamos las decisiones fundamentales sobre el país. Ya está el nacionalismo moderno. Enunciado el nacionalismo moderno, no basta con enunciarlo, a continuación hay que construirlo, hay que convencer a todos o a la mayoría de los habitantes del país de que son españoles y tienen unos derechos individuales y colectivos. Esa es la tarea más difícil y la que, lógicamente, se realiza con mayores problemas porque el siglo XIX y tres cuartos del siglo XX son momentos muy agitados políticamente, de muchísimas divisiones políticas entre liberales y absolutistas, entre liberales moderados -que de moderados no tenían nada, eran extremadamente conservadores- y liberales progresistas, entre monárquicos y republicanos, republicanos unitarios y republicanos federales, vuelta a la monarquía, monárquicos de los Borbones y monárquicos de los Saboya, vuelta a la monarquía con los Borbones; en fin, constantes agitaciones políticas hacen que en el país sea muy difícil construir un sentimiento de comunidad nacional. Por ejemplo, una cosa básica para un nacionalista es diseñar una bandera que nos una. Lo primero que hace un grupo nacionalista que decide ponerse en marcha es diseñar una bandera. Pues bien, en el siglo XIX en España no se hereda una bandera, se heredan tres: la blanca con la Cruz de San Andrés de los carlistas, la roja y gualda de los monárquicos liberales y la tricolor de los republicanos. No se hereda un himno, se heredan dos como mínimo: el Himno de Riego y la Marcha Real. No se hereda una fiesta nacional porque el Dos de Mayo al final solo se celebra en Madrid, y pasamos por seis o siete fiestas nacionales sucesivas especialmente en el siglo XX. En fin, no hay unos símbolos comunes en los que reconocernos. Incluso el himno que se hereda es sin letra y no es por casualidad, sino porque es muy difícil ponerle letra. Es muy difícil hacer referencia a unos valores políticos comunes compartidos por todos. ¿Qué vamos a poner en el himno? ¿Vamos a cantar a las carabelas, la conquista de América y la defensa del catolicismo? ¿Vamos a cantar las libertades conseguidas tras la muerte de Franco? ¿Vamos a cantar a la pluralidad cultural? Es que no está claro, no estaríamos de acuerdo sobre qué es lo que tenemos en común todos los españoles como valores políticos. Esto viene de las dificultades políticas de los siglos XIX y XX.

A eso se añade que el Estado está sin construir. El Estado es muy viejo, he dicho que viene de finales de la Edad Media. Lo primero que se construyó es el Estado al unirse Castilla y Aragón; sí, pero ese Estado que se ha construido es un imperio que desaparece justamente en tiempos de la guerra napoleónica, y las estructuras que vienen del imperio no sirven para el siglo XIX. Por ejemplo, la estructura fiscal no sirve para nada, desde luego los metales preciosos de América ya no llegan y otra serie de cosas; hay que inventarse todo un sistema fiscal, hay que inventarse todo un sistema administrativo, hay que inventarse una normativa jurídica, que viene toda del siglo XIX porque el Estado se construye en este siglo a la vez que se construye la nación. Y si el Estado es instrumental para la construcción de la nación y no hay Estado, pues es un bucle difícilmente superable, es muy difícil construir la nación y el Estado a la vez. Ahí no tendríamos que ir a ejemplos europeos, iríamos más bien a ejemplos latinoamericanos; lo que fue el viejo imperio español en América Latina a lo largo del siglo XIX pasó dificultades parecidas a las que estaba pasando España en ese momento o en general las excolonias en el mundo, han tenido que construir el Estado y la nación a la vez.

Un Estado que es débil, que no tiene recursos y que no puede crear, por ejemplo, un sistema escolar, difícilmente puede difundir la idea de nación, difícilmente puede construir españoles si al final el sistema educativo -el escaso sistema educativo que había- se acaba dejando en manos de la Iglesia Católica, puesto que la Iglesia Católica lógicamente no construye españoles, construye católicos, como es natural. Sin ir más lejos, en los años cuarenta y cincuenta del franquismo lo primero que me enseñaron fue desde luego historia sagrada, mucho antes que historia de España; lo primero que te enseñan lógicamente son los mitos católicos antes que los mitos nacionales españoles. Un Estado que es muy débil tampoco puede tener un buen sistema militar. En un sistema de reclutamiento como tiene la III República Francesa, todos los franceses salen de su pueblo durante dos, tres o más años, aprenden una lengua que no es la que hablan en su pueblo, sino el francés de París, y les enseñan unos valores patrióticos que se creerán más o menos, pero que están ahí y forman parte de su preparación. Un Estado que es débil no puede crear una buena red de infraestructuras, de carreteras, de ferrocarriles, etcétera, que cree un mercado único. Las noticias que se elaboran en los periódicos de París la tarde anterior, a la mañana siguiente están hasta en el último pueblo de la república. Eso no ocurre en España porque no hay un mercado cultural unificado. Francia que tenía tanta diversidad lingüística como España a comienzos del siglo XIX, desde luego tiene muchísima menos que España a finales de ese siglo XIX y comienzos del XX. ¿Por qué? Porque han alfabetizado y qué quiere decir alfabetizar, pues enseñar a leer y escribir en el francés de París, no en los patois que se hablan en las distintas regiones. Todas estas cosas el Estado español no las puede hacer porque está dividido, peleándose, y muy escaso de recursos a largo del siglo XIX.

Toda esta situación complicada acaba culminando en los regeneracionismos del primer tercio del siglo XX, distintos proyectos para rehacer el país y el sistema político que casi siempre incluyen un proyecto de nacionalización en distintos sentidos según los esquemas políticos de cada cual, y finalmente en la guerra civil de 1936 a 1939. La guerra civil es ganada por los rebeldes, por Franco, y a continuación viene una dictadura de casi cuarenta años, en la cual sí que se nacionaliza o se intenta nacionalizar fuertemente. Se hace el mayor esfuerzo nacionalizador de la historia de España, sin duda ninguna, pero con unas características bastante negativas que socavaban su mismo intento. Una nacionalización bastante impuesta, bastante brutal, con métodos militares. Por supuesto, una nacionalización católico-conservadora excluyendo a lo que llamaban la anti-España, más o menos media España que no estaba de acuerdo con sus presupuestos, y una nacionalización contra la cual nos acabamos rebelando los jóvenes de los años sesenta. Así como la España representada por el régimen era lo arcaico, lo autoritario, en las otras identidades que se oponían o que competían con la española, en la catalana, la vasca o la gallega, veíamos refugios de modernidad, de democracia y de europeísmo. Naturalmente en ese ambiente se hizo la Transición con una descentralización muy seria y muy importante del país, completamente irrenunciable frente al Estado extremadamente centralizado que había sido el franquismo. Y eso no ha terminado con el problema porque sobre todo los más radicales de los nacionalistas siguen estando en unas posiciones en las que piden el máximo que es la independencia y, entonces, habría que buscar un término medio porque, si no, el futuro es la balcanización, es la creación de una serie de Estados independientes que nunca estarían satisfechos ni con las fronteras ni con la población que les ha tocado dentro, siempre seguirían los irredentismos que tratarían como población de segunda a las minorías culturales que hubieran quedado en su interior, etcétera. Ese es el origen histórico del problema, como ustedes comprenderán, simplificando muchísimo porque el tiempo me obliga”.

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El PP y la sequía: el triste año 2017
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César Luena López | 03-01-2018 | 09:00| 0

De los distintos desaires y perjuicios que el Gobierno Rajoy ha ido provocando en La Rioja a lo largo del año que acaba de finalizar, hay uno que sobresale, que desborda, paradójicamente, los niveles de desdén, insensibilidad e incompetencia. Me refiero al trato que el Gobierno del PP y el organismo Confederación Hidrográfica del Ebro han dado a los agricultores y ganaderos riojanos afectados por la sequía, un trato discriminatorio y que roza lo vejatorio.

En varias ocasiones, hemos pedido los socialistas que se aprobase una declaración de sequía, pero ésta no ha llegado nunca. Peor aún. Cuando el PP tenía la posibilidad de enmendar todos sus errores, ha metido aún más el pie en el barro de la desconsideración hacia La Rioja. ¿Era posible? Sí, votando en contra de los acuerdos entre distintos partidos, adoptados a iniciativa del PSOE, que perseguían ampliar las ayudas y otras medidas para agricultores y ganaderos de otras cuencas, como la nuestra del río Ebro y especialmente su margen derecha, que están teniendo muchos problemas en forma de pérdidas cuantiosas y más gastos de los previstos. Un desastre sin paliativos, como se diría.

El PP no tiene culpa de la sequía, nadie puede tenerla. Pero ni ha sabido ni ha querido anticiparse a la sequía, ni tampoco gestionar los riesgos que advertían de unos ciclos de sequía cada vez más intensos y frecuentes. Ese es el problema de concebir el agua como un  tema de utilización partidista y electoral. Reitero, el PP no tiene la culpa de la sequía, pero sí es responsable de sus peores consecuencias por no planificar debidamente, sobre todo las infraestructuras de regadío, y por no tomar las decisiones políticas a su tiempo.

Ahora bien, de lo que sí tiene culpa el PP es de las decisiones políticas que (no) se han ido tomando durante este año, decisiones que, una tras otra, han ido dejando fuera de juego a La Rioja, por más que el propio Gobierno regional, patéticamente, pidiera a su propio Gobierno, del mismo color, que atendiese las peticiones de regantes, agricultores y ganaderos. La culpa de tolerar actitudes displicentes como la del inefable responsable, esperemos que no por mucho tiempo, de la CHE o de los burócratas del ministerio, siempre dispuestos a repetir de pepitoria las condiciones legales que prevén la declaración de sequía, condiciones que utilizan como obstáculo siempre.

Estábamos en éstas, cuando llegó la tramitación del Real Decreto que atiende, desde hace meses, la situación gravísima en la cuenca del Duero, y que el PSOE, junto con otros grupos políticos, pidieron que se tramitase como Ley con el objetivo de poder ampliar el número y tipo de ayudas, y además de poder extender éstas a otras Demarcaciones Hidrográficas, como la del Ebro.

Y aquí ya no vale esconderse detrás del inefable responsable de la CHE, de la burocracia ministerial o de las estadísticas. Hay que fijar una posición política. Y ya lo creo que la fijaron. Y que mantienen, por cierto.  En contra. Dirán ustedes, pero ¿de qué? En contra de todo. De todo.

El PSOE planteó entonces, hace escasos días, “establecer medidas de apoyo y, en su caso, la concesión de ayudas a los titulares de las explotaciones agrarias situadas en los ámbitos territoriales afectados por la sequía en el presente año agrícola, que hayan sufrido pérdidas de producción bruta en los cultivos o en los aprovechamientos ganaderos”. Esta propuesta salió adelante, y el PP votó en contra.

El PSOE planteó también flexibilizar la aplicación de las medidas para atender las situaciones de sequía, como la sufrida durante el 2017. Se aprobó, y el PP votó en contra.

El PSOE pidió la creación “de un Fondo Extraordinario de lucha contra la sequía y sus consecuencias destinada a financiar medidas de ayuda para compensar las pérdidas producidas por la sequía y otras adversidades climáticas en las explotaciones agrícolas y ganaderas”, propuesta que salió adelante, y el PP votó en contra.

Por último, el PSOE planteó que se contemplase la posibilidad de poder contratar dos potencias diferentes en cuanto a las redes de transporte y distribución eléctrica para regadíos que tuviese en cuenta la necesidad de suministro en cada momento del año. También se aprobó, y (para no estropear la función) con el voto en contra del PP.

Este texto está en el Senado y volverá al Congreso. Desde estas líneas le pido al PP que, aunque sea tarde, mal y nunca, corrijan su incomprensible posición y apoyen las decisiones que una mayoría en las Cortes están impulsando, y que no bloqueen estas medidas en el Senado, porque, de hacerlo, solo ustedes serán los responsables de las pérdidas enormes de muchas familias agrícolas y ganaderas de la región que no merecen su displicencia como partido y el olvido como Gobierno.

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Sobre el autor César Luena López
Logroño, 1980. Doctor por la Universidad de La Rioja. Diputado socialista por La Rioja en el Congreso de los Diputados.