Un Sí por La Rioja

En estos últimos días hemos escuchado cómo José María Aznar reprochaba a Mariano Rajoy no haber sido capaz de corregir el déficit. Ocultaba Aznar que la artificial bonanza económica de su periodo no se debió a un milagro como todavía sostiene, sino a un truco: la Ley del Suelo y la consiguiente burbuja inmobiliaria de finales de los años 90. Como es sabido, mientras los ingresos fueron extraordinarios, los gastos se limitaron a ser ordinarios. Cuando la burbuja explotó, el milagro también: los ingresos desaparecieron y el déficit se disparó. Aznar, que pide políticas de máxima austeridad, fue el primer artífice del desequilibrio, pero aun siendo corresponsable, tiene razón en su crítica.

Rajoy, que prometió reducir impuestos y mantener el estado de bienestar y ha incumplido ambos propósitos al aumentar la carga impositiva, recortar los servicios públicos una media del 20% y liquidar la mitad del fondo de pensiones, ha batido también su propio récord de ineficacia y logrado que la deuda pública española supere el 100% del PIB por primera vez en un siglo.

Pero Rajoy y el PP, lejos de reconocer su fracaso, amenazan con repetir la misma promesa imposible en las próximas elecciones generales. En el colmo de la desvergüenza, lo hacen mientras piden a las instituciones europeas que no multen al Gobierno por haber incumplido con el déficit, aplazando nuevos recortes cuando pasen las elecciones.

Lo cierto es que el PP, perdiendo la oportunidad de abrir un proceso reformador de sobriedad y eficiencia del gasto público en España a raíz de la crisis, la aprovechó para cumplir objetivos clásicamente conservadores, instintivos en la derecha y fáciles de ejecutar cuando se desprecian las consecuencias y a los ciudadanos. Un ejemplo palmario son los recortes en los servicios públicos, que convierten la última legislatura en el tiempo de mayor crecimiento y desarrollo de las empresas privadas ligadas a sanidad y educación. La única realidad es que la pobreza ha aumentado, la igualdad ha disminuido, los servicios públicos han ido a menos y los privados a más, el Estado del Bienestar sigue estrechándose el cinturón y la apuesta por una transformación de la estructura económica de España continúa pendiente.

Pablo Iglesias, que hace meses predicaba su deseo de sustituir el debate izquierda-derecha por la dicotomía viejo-nuevo y despreciaba a IU por representar un conglomerado de ideas caducas y casposas, según su propia denominación, ha dado la vuelta a su pretendida transversalidad certificando por la fuerza de los hechos que no le importaba el cambio ni lo nuevo, sino sólo el pasado con forma de pinza junto al PP diciendo no a un presidente socialista y sí al inventor de la vieja fórmula: Julio Anguita. Para Iglesias solo importa la conquista del poder aunque ello requiera inventar un paraíso con recetas mágicas y soluciones simplistas.

España necesita reformas y para ello necesita voluntad de cambio y estabilidad. España necesita al PSOE. El PSOE ha sido siempre la máquina del cambio y de transformación de España y sigue siendo la única fuerza que garantiza el entendimiento y el acuerdo para llevarlo a cabo. Queremos transformar nuestro país, romper con la corrupción y la intolerancia. Nuestro proyecto se basa entre otros elementos en regeneración, honestidad y justicia social. España necesita diálogo y el acuerdo, no oportunismo o intransigencia.

La Rioja lleva muchos años viviendo en el conformismo, ajena a los problemas, dentro del falso cuento de la región perfecta, incapaz de ver cómo las regiones vecinas se desarrollaban más y mejor. La famosa ‘mirada acomplejada’ era la auténtica. El diagnóstico del PP siempre ha sido equivocado. En poco tiempo hemos descubierto que La Rioja decrece en población, se envejece, se empobrece, está aislada, no hay inversiones y cada vez menos oportunidades de empleo. “El futuro no está aquí” gritan los jóvenes riojanos. Cada día amanece con una nueva noticia de desaparición de industrias y de puestos de trabajo.

Hace pocos meses me comprometí públicamente, hoy lo vuelvo a hacer. Me pongo a disposición de mi tierra. Desde la autenticidad. Sin magia ni paraísos, con ilusión y ganas con esfuerzo y trabajo. Con toda la fuerza del Partido Socialista. 

Artículo de opinión publicado en Diario La Rioja 28/05/2016

A #LaGenteDelSí en La Rioja

Ante la próxima celebración de las elecciones generales del 26 de junio, vuelvo a encabezar el deseo de cambio de muchos riojanos al frente de la candidatura del PSOE en nuestra Comunidad. Es un honor y una responsabilidad que afronto con tanta ilusión como humildad, consciente del reto que lideramos los socialistas: decir sí a un futuro con oportunidades y no -un no definitivo- al pasado que representan cuatro años de recortes en derechos sociales, con más desigualdad y menos libertades.

Ese es el objetivo de todos los socialistas. Estoy seguro de que lo compartes y por eso te agradezco antes que nada la confianza que depositas en mí como candidato. Te aseguro que asumo este compromiso de cambio con más ganas e ilusión que nunca, porque si hace cinco meses era necesario abrir un tiempo nuevo de oportunidades, modernización y cambio, ahora es, más que necesario, vital.

La Rioja no sólo no ha mejorado desde las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, sino que en los últimos meses hemos conocido noticias muy preocupantes que nos hablan de la permanente condena al abandono y la resignación a la que Rajoy y el PP han sometido a nuestra comunidad.

El aislamiento, el desinterés y la desindustrialización lacerante son la tarjeta de visita del PP en La Rioja. Tanto es así que la primera iniciativa parlamentaria del PSOE en esta corta legislatura abordó precisamente estos problemas de nuestra Comunidad, para situarla en el lugar de atención que los socialistas estamos convencidos que merece.

Igual que tú, no me resigno. Los socialistas no aceptamos que esta condena a la nada por parte del PP sea perpetua como parecen pretender los gobiernos de la derecha en Madrid y en La Rioja y ahora tenemos una oportunidad inmejorable de despertar a nuestra comunidad de este letargo con nuestro voto. Tenemos una nueva ocasión para decir sí al cambio, sí al empleo de calidad, sí a un gobierno limpio y sí a las soluciones posibles y creíbles desde la moderación, el entendimiento y el diálogo.

Ese es nuestro compromiso. Gracias de antemano por tu confianza. Gracias por decir sí al cambio. 

Un sí para el cambio

En las últimas elecciones generales asumí el reto doble de situar a La Rioja en el lugar que necesita dentro del proyecto de cambio en España que lidera el PSOE. Asumí el compromiso de trabajar contra la resignación y el abandono, que es la condena a la que el PP ha sometido a nuestra Comunidad.

Hoy, cinco meses después, ante la celebración de unas nuevas elecciones generales, me reafirmo con más fuerza que nunca en este compromiso porque es aún más necesario. Con tanta ilusión como entonces, y con la misma humildad, asumo el reto y la responsabilidad de encabezar la lista del PSOE de La Rioja al Congreso de los Diputados.

En nuestra Comunidad tenemos los mismos problemas que hace cinco meses y que son, desgraciadamente, dificultades muy similares a los que padecíamos hace cuatro años, agravadas, eso sí, por la pésima respuesta del PP. Tenemos problemas estructurales que hay que revertir, por lo que tenemos que apostar por parar el declive industrial en la región, frenar la pérdida de población y resolver los problemas de conexiones y el déficit en infraestructuras ferroviarias.

No me resigno, igual que no se resignan los riojanos. Dejar atrás estos problemas y abrir en nuestra Comunidad un tiempo nuevo, de futuro y oportunidades, es mi compromiso si los riojanos me dan la confianza que me ha dado el PSOE. Sí, también en La Rioja, lo socialistas apostamos por un sí para el cambio.

 

Austeridad, compromiso ético

La austeridad es una actitud ética que los socialistas entendemos que está indisolublemente unida al compromiso público, al margen de siglas. Siempre hemos seguido este principio. También ahora, con la propuesta que he planteado hoy al resto de formaciones políticas para reducir en la medida de lo posible el coste económico que supone para los ciudadanos la repetición electoral del próximo 26 de junio.

Los socialistas entendemos que los ciudadanos no tienen por qué pagar el precio de la falta de acuerdo, sean quienes sean los responsables de no haberlo alcanzado, y más aún en un contexto económico como el actual, en el que una amplia mayoría social sufre las consecuencias no sólo de la crisis, sino de la mala respuesta, injusta e ineficaz, de la derecha frente a la crisis.

La propuesta se sustancia en tres puntos:

  • Cada partido o coalición electoral reducirá su presupuesto en un 30% respecto a las pasadas elecciones del 20 de diciembre.
  • Asumir el compromiso de no utilizar vallas, banderolas o cualquier otro elemento de publicidad exterior más allá de los carteles que se fijen en los espacios habilitados por los ayuntamientos.
  • Ajustar el gasto de los envíos electorales a un máximo de 0,15 euros por elector.

 

La suma de estas medidas, si fueran compartidas por todos los partidos, conllevaría un importante ahorro de dinero público. En todo caso, sea cual sea la respuesta del resto de formaciones, la aplicaremos en primera persona, la próxima campaña electoral socialista, igual que introdujimos un estricto criterio de austeridad en la anterior, al reducir el gasto en más de un 30%. La iniciativa, por tanto, no es un gesto aislado, sino la continuación lógica y coherente de lo que los socialistas venimos haciendo de manera continuada en las últimas convocatorias electorales.

Sí, se puede. Pero ¿se quiere?

Partiendo de que nos encontramos ante una nueva etapa de nuestra historia reciente, dado que los cambios políticos son inexorables y tienen su causa en los cambios sociales, hay una premisa que nos obliga a todos: ante nuevos escenarios, comportamientos nuevos. En este mes, el PSOE ha demostrado, asumiendo el peso de la responsabilidad, que se podían abrir nuevas dimensiones en la política española.

Una, que la actitud constructiva —y para sumar hay que ceder— es la que más conviene al interés general, porque con ella se encuentran soluciones a los problemas. No se crean nuevos ni se agravan los existentes.

Dos, que existen espacios comunes de cambio que ensanchan las posibilidades para alcanzar acuerdos, como el suscrito entre el PSOE y Ciudadanos, que permitan la constitución de un Gobierno del bien común.

A tiempos nuevos, pues, ¿viejas derivas? No parece que sea esa la solución. Cuando los socialistas afirmamos que no hay mayoría suficiente para la conformación de un Gobierno que se apoye exclusivamente en fuerzas políticas de la izquierda constatamos la realidad del tablero político. No da la suma, se mire como se mire. Y cuando decimos que un acuerdo transversal es la solución lo hacemos porque incorpora las dos condiciones ineludibles: asegurar un cambio en el Gobierno y garantizar la aprobación de propuestas, con carácter inmediato, apoyadas por una mayoría clara de la sociedad.

Hemos demostrado, y nadie todavía lo ha refutado, que al menos 140 de las 200 mejoras incluidas en el acuerdo del PSOE con Ciudadanos podrían tener el apoyo de 200 diputados en el Congreso. ¿Entonces? Si hay una línea establecida más allá de la necesidad de impulsar un cambio no se nos ha comunicado, al menos con claridad, todavía. Conocemos la línea de Rajoy, acompañado (por compasión, dicen ahora algunos) por su dócil y sumiso partido: resistir para sobrevivir.

Si la línea de Iglesias consiste en un conjunto de tácticas preparatorias ante unas posibles nuevas elecciones, provocadas por él y su compañero de No, Rajoy, deberían comunicarlo cuanto antes. El nuevo tablero político —muy reivindicado por Podemos, por cierto— es incompatible con las actitudes excluyentes o de bloqueo. Si se arguye una especie de pureza frente a la virtud ecléctica del acuerdo, que es el futuro, se está escamoteando a las capas sociales que más necesitan el cambio político que este se convierta en política real: en empleo digno, políticas sociales para la igualdad, recuperación de derechos, un pacto educativo, lucha contra la corrupción y reforma de nuestras instituciones.

Por tanto, a intereses generales muy coincidentes en nuestra sociedad, y que confluyen en los deseos de que arranque la legislatura y con otro Gobierno, la respuesta sigue siendo sumar cediendo para construir espacios comunes de cambio. Lejos de todo programa máximo o excluyente que lo impida. Muchos, pronto mayoría, no entenderán que pudiendo, no se quiera.

 

Artículo de opinión publicado en El País el 10/03/2016

Cambio y acuerdo

Es posible que nadie haya entrelazado tantas veces en la tribuna del Congreso los conceptos entendimiento, diálogo y acuerdo como hizo ayer Pedro Sánchez. Quizá nunca se había defendido su necesidad con tanta determinación como empleó el líder socialista en su discurso de investidura. Si alguien tenía alguna duda de que hemos estrenado un nuevo tiempo político, sólo tiene que repasar sin prejuicios la invitación a sumar para el cambio que lanzó a todas las formaciones que hacemos, de este valor, parte de nuestro proyecto.

El reto al que nos enfrentamos tiene forma de pregunta, y dos respuestas diametralmente opuestas: ¿queremos un cambio de gobierno basado en el acuerdo, sí o no? Los socialistas tenemos muy clara nuestra respuesta: inequívocamente sí. La misma voluntad de cambio ha encontrado eco en otras formaciones que, con idéntica generosidad, han puesto las luces largas, han cedido para sumar y dialogado para construir.

La pregunta, planteada por Pedro Sánchez al hemiciclo, sigue viva. De su respuesta depende algo más importante que el éxito o no de la investidura. Depende el horizonte vital de millones de personas que han sufrido con dureza las consecuencias de la respuesta ineficaz e injusta del Gobierno frente a la crisis, y no pueden permitirse ahora que quienes tienen en su mano la posibilidad de cambiar las cosas dejen escapar esta oportunidad.

Hay tiempo, y los socialistas mantenemos intacta la disposición de sumar más cambio a quien apueste de verdad por él. No nos distraigamos de lo que importa, que no es otra cosa que poner fin a los recortes, la desigualdad y la corrupción, y abrir la puerta para que gobiernen el diálogo, el acuerdo y el entendimiento, la defensa de los intereses comunes y no el interés particular o partidista. Todo, desde el principio que reiteró ayer Sánchez: ceder “no es una derrota, sino un puente hacia el entendimiento”. Hay tiempo para recorrerlo juntos.

¿Dónde conduce este puente? “Defiendo un Gobierno del bien común. Basado en el bien general y en el sentido común. Basado en la humildad de representar a una minoría parlamentaria y la ambición de aspirar a conseguir un acuerdo mayoritario por el cambio del gobierno y de la forma de gobernar”, explicó ayer Sánchez. Un gobierno que plantée soluciones desde el acuerdo a los grandes desafíos de nuestro país: el desempleo, la desigualdad, la regeneración democrática y el combate contra la corrupción, el papel de España fuera de nuestras fronteras y la crisis de convivencia entre territorios dentro de ellas.

En las últimas semanas, con trabajo y voluntad de entendimiento, los socialistas hemos propuesto varios acuerdos a todas las formaciones políticas que han manifestado su apuesta por el cambio. Algunos han fraguado, otros siguen sobre la mesa. Hay 200 propuestas compartidas que suman los votos de nueve millones de personas. Pedro Sánchez adquirió ayer nuevos compromisos para hacer más fuerte aún su voluntad de liderar un gobierno progresista y reformista que ponga fin a una legislatura del PP perdida para el empleo, la igualdad y los derechos.

“Pongamos en marcha el cambio que esperan millones de españoles”, apremió ayer Sánchez al Congreso. No nos permitamos el lujo de decir “no” a un cambio tan posible como necesario.

Artículo publicado en El Huffington Post el 02/03/2016

Una consulta para el cambio

El PSOE ha sido siempre el partido innovador y pionero en la profundización democrática de las formaciones políticas en nuestro país. Fuimos los primeros en incorporar las primarias a nuestro sistema de elección de candidatos, los primeros en impulsar la igualdad entre hombres y mujeres mediante las listas cremallera y los primeros en elegir mediante el voto directo de la militancia a nuestro secretario general. Coherentes con esta trayectoria, con la misma valentía e idéntico orgullo, los socialistas damos ahora un nuevo paso, sometiendo a la opinión directa de todos los militantes los acuerdos propuestos y alcanzados con el resto de fuerzas políticas para apoyar el cambio que necesita nuestro país, un cambio que pasa necesariamente por la investidura de Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno.

Los socialistas estamos llamados a participar hoy y mañana en una consulta pionera por su planteamiento, trascendencia y garantías. Es una consulta innovadora por el fondo y por la forma en que se desarrolla. Por el fondo, porque profundiza en el compromiso adquirido por Sánchez tras su elección como secretario general de abrir a la valoración directa de la militancia las decisiones de especial relevancia. Por su formato, porque por primera vez participamos también online con la misma seguridad que confiere la papeleta introducida en una urna.

También el contenido de la consulta constituye un ejercicio inédito del que nos sentimos orgullosos. El pasado 20 de diciembre, los españoles votaron cambio y acuerdos, diálogo y entendimiento, y los socialistas hemos trabajado sin descanso desde entonces para cumplir este mandato.

Hemos entendido que el nuevo tiempo político que se inició en las pasadas elecciones generales nace de la generosidad política y hace de esa misma generosidad un valor. Por eso, pensando en el interés común por encima de cualquier interés partidista, el PSOE ha celebrado decenas de encuentros, mesas y reuniones para buscar puntos de encuentro con otras formaciones que deseen, como nosotros y la sociedad española, un cambio que ponga fin a la derecha en el Gobierno y que reponga a nuestro país de las consecuencias de su mala política: desigualdad, paro y corrupción.

Sometemos ahora a la militancia el resultado de ese esfuerzo de entendimiento en forma de acuerdo. Teniendo siempre muy presentes los valores centenarios del Partido Socialista, hemos trabajado una propuesta que suma más de 200 iniciativas de progreso para poner en marcha, sin perder un minuto, las reformas de calado que necesita nuestro país.

La militancia socialista tiene ahora la voz y la palabra. No hay una opinión más cualificada en el PSOE. Es un motivo de orgullo saber que siempre aciertan.

Publicado el 26/02/2016 en El Huffington Post

El peso de la responsabilidad

Pensaba estos días en una idea que pudiera resumir los acontecimientos que nuestro país ha vivido en las últimas semanas y, más en concreto, la actuación y el comportamiento del Partido Socialista, cuando recordé la obra de Tony Judt El peso de la responsabilidad,que trata sobre tres intelectuales del siglo XX francés.

Es la idea, el peso y la razón de la responsabilidad. Primero, para no confundirla con el fraude, como expliqué en un artículo anterior en este mismo diario. Segundo, para someter cualquier interés partidista, por legítimo que sea, al interés general y al bien común.

Nunca antes en nuestra Historia un presidente en funciones y líder del grupo parlamentario más numeroso en la Cámara, había bloqueado y utilizado las instituciones como Rajoy, virus paralizante del sistema y superviviente solo preocupado por su continuidad o decorosa salida de la vida política.

Nunca tuvimos dudas. Debíamos asumir la responsabilidad en caso de recibir el encargo. La responsabilidad no puede declinarse. Debe abordarse con liderazgo social y compromiso político. El siglo XXI, particularmente a partir de la segunda mitad de la primera década ha sentado las bases de los cambios sociales y políticos en España, cambios que tienen su origen en una tremenda y grave crisis económica y sus consecuencias (desempleo y desigualdad), pero también en un nuevo enfoque, auspiciado en parte por un relevo generacional, de la vida pública y de la responsabilidad política, que pasa por el diálogo, los acuerdos y la pluralidad.

Pero sobre todo y, de nuevo, por la responsabilidad. Cuando Pedro Sánchez aceptó el pasado martes día 2 de febrero el encargo del Rey para intentar formar Gobierno aceptaba dos cosas a la vez: desbloquear la situación de impasse que el irresponsable Rajoy había creado e intentar que la legislatura eche a andar con un Gobierno que combine progresismo y reformismo. Los mimbres existen, puede haber una mayoría de progreso y de cambio.

La responsabilidad exige que la negociación sea rigurosa (sometida a contenidos) y abierta (exenta de vetos). Nadie entendería, menos aún los votantes de Podemos y de Pablo Iglesias, que se antepongan los puestos y los vetos a las políticas y el diálogo. Si ceder siempre es sumar, hoy ceder es construir. Sin embargo, mantener la táctica y el veto puede taponar el cambio y asegurar la continuidad de un hoy ya pasado Rajoy.

“Voy en serio”. Fue el compromiso de Pedro Sánchez cuando aceptó el encargo del Rey. Así asumía la (y su) responsabilidad. Espero que su peso contagie a los actores del momento.

 

Artículo publicado en EL PAÍS el 11/02/2016

Diálogo, pluralidad y reformas progresistas

Defiende John Carlin que la palabra pactar, entendida como intercambio mutuo de decisiones, es un concepto “ajeno a la cultura hispana”. “Al menos no ha logrado calar en ella”, sostiene en un artículo publicado en este diario. Puede ser cierto, pero no hay regla sin excepción. Los socialistas lo sabemos muy bien. Siempre, con mayorías o sin ellas, el PSOE ha practicado el diálogo y defendido la pluralidad. Forma parte de nuestra trayectoria porque está incrustado en nuestra cultura. Somos muy conscientes de que la fuerza no reside sólo en los votos, sino en la capacidad de entendimiento. Esa es una riqueza democrática que cobra especial relevancia en este tiempo de “incertidumbre” al que se refería el profesor Antón Costas al calificar el domingo en EL PAÍS los resultados del 20-D como una gran oportunidad para el acuerdo que fructifique en una legislatura del cambio. Hagamos pues de la necesidad virtud.

Los españoles han pedido cambio en las urnas, un concepto diametralmente opuesto a lo que encarna y significa Mariano Rajoy. Por tanto, primera aclaración frente a los cantos de sirena: los socialistas no confundimos responsabilidad con fraude. Como hemos dicho desde el primer instante, no apoyaremos al PP, ni a un Rajoy que es sólo cálculo y supervivencia y que sigue sin aclarar qué planes tiene para España a pesar de que es su tiempo y le corresponde la obligación de hacerlo.

Es el momento de Rajoy; esperamos por tanto. Si finalmente no es capaz, se abrirán otros horizontes para conjugar el concepto pactar. Sumar para cambiar. Con la sociedad y en las instituciones. Hablar, entenderse. El PSOE sabe hacerlo y está dispuesto a intentarlo con rigor y compromiso progresista, cuando corresponda. Entretanto, somos muy conscientes de que a veces la política habla tanto de lo urgente que olvida lo importante. Mientras unos no hacen nada y otros viven ensimismados, los problemas no esperan, y por eso los socialistas tampoco queremos hacerlo.

El PSOE es la segunda fuerza parlamentaria y la primera del cambio en el Parlamento. Desde esa responsabilidad hemos sido los primeros en presentar en el Congreso un conjunto de iniciativas —posibles, reales y realistas—, para afrontar las grandes transformaciones que tienen que presidir este tiempo. Un futuro mejor para los ciudadanos de nuestro país exige un gran acuerdo por la recuperación justa, los buenos empleos, sobre todo para los jóvenes, las pensiones y un sistema fiscal justo. Un futuro mejor precisa de un pacto por la educación, la ciencia y la cultura. Un futuro mejor reclama a las fuerzas políticas un compromiso compartido a favor de la regeneración democrática, la calidad institucional, la lucha contra la corrupción y la puesta al día de nuestra Constitución blindando derechos sociales, regenerando nuestras instituciones y federalizando nuestro modelo territorial.

Lo inmediato nos exige un acuerdo nacional contra la pobreza priorizando la pobreza infantil y demanda entendimiento en defensa del Estado del bienestar. La sociedad no puede esperar y pide con urgencia un pacto social, político e institucional contra la violencia de género.

Esta es a muy grandes rasgos la hoja de ruta de los socialistas en este nuevo tiempo recién comenzando. Trabajamos sin distracciones, dejando claro que hemos entendido el mensaje de cambio, encarnado en el nuevo presidente del Congreso, el socialista Patxi López, que es el primer fruto del acuerdo que han pedido los españoles con sus votos como subrayó el propio López —ya tercera autoridad del Estado— en su primera intervención como presidente ante la Cámara: “La pluralidad ideológica y la diversidad de identidades son la sangre que alimenta a una sociedad democrática. La discrepancia y la crítica, pero también el diálogo y el acuerdo son los elementos fundamentales de la vida política en democracia”.

España ha pasado del rodillo de una mayoría absoluta a un modelo en el que nadie gana absolutamente, permitiendo así una oportunidad inédita y esperanzadora, para que ganemos todos al prevalecer el acuerdo sobre cualquier interés partidario. Esto es algo que debieran comenzar a entender también quienes han dedicado las últimas semanas a pensar sólo en ellos mismos, ignorando las necesidades de quienes aspiran a representar.

Ha comenzado un nuevo tiempo que tiene que estar presidido forzosamente por el diálogo, la pluralidad, el cambio y las reformas. Y hablar de cambio es hablar del PSOE, porque Rajoy no sabemos qué quiere, pero sí conocemos muy bien qué ha hecho y las desastrosas consecuencias que ha tenido para la gente. Por eso, cuando los tiempos de la legislatura recién estrenada así lo indiquen, si es por el PSOE habrá un cambio progresista y reformista. Los ciudadanos han votado con el deseo de que arranque una nueva legislatura que afronte los problemas sociales, económicos e institucionales, no otra campaña electoral. Apliquémonos a la tarea.

 

Artículo publicado hoy 21/01/2016 en EL PAÍS 

Constitución de todos, para todos

Celebramos 37 años de Constitución. Son casi cuatro décadas de convivencia libre y democrática. Nunca en la historia de España habíamos disfrutado de un recorrido tan largo de concordia ininterrumpida ni tan fructífero en resultados y modernización. Esa es la primera conquista que tenemos que reivindicar hoy. Es una buena noticia.

La Constitución es el mayor logro colectivo de nuestro país en las últimas décadas. Ahora que algunos pretenden ponerlo en cuestión, es más importante que nunca valorar como merece este éxito de todos. Hoy, cuando conmemoramos la aprobación de la Constitución en el referéndum de 1978, no sólo celebramos el marco de convivencia que nos ha permitido asentar nuestra democracia sino que, sobre todo, reconocemos el enorme mérito cívico de los hombres y mujeres que lo hicieron posible con su voto. Por tanto, a quienes abrieron el camino: reconocimiento y gratitud.

Los socialistas fuimos motor de la Constitución de 1978. Nuestra aportación sumó para construir con otras fuerzas el edificio que todos compartimos. La perspectiva de los años permite comprobar quién estuvo a la altura del momento histórico y quién falló –en nuestra comunidad y en estas páginas, editadas con otra cabecera, José María Aznar dio buena cuenta de ello con su firma–. Como no podía ser de otro modo en un partido que ha conocido la persecución y el exilio, el PSOE estuvo desde un principio al lado de la Constitución.

Ahora, casi cuatro décadas después, los socialistas seguimos sintiendo nuestro el texto que refrendaron mayoritariamente los españoles –con el 86,5% de votos afirmativos en La Rioja, una de las tres comunidades con una abstención más baja en el referéndum del 78–.

Han pasado 37 años. Toda una generación entre la que me incluyo no había nacido en el momento en el que la voluntad mayoritaria de los españoles alumbró la Constitución. Desde su nacimiento han transcurrido muchos años que han dado paso a nuevas realidades plenamente consolidadas que entonces eran impensables.

Reformar la Constitución para renovarla es, por ese motivo, una necesidad que los socialistas asumimos con el mismo rigor y responsabilidad que empleamos para consensuarla en 1978. Porque la queremos tanto como a nuestro país, los socialistas creemos que ha llegado el momento de reformar, con tanto cuidado como ambición, el edificio que habitamos. Al contrario que los inmovilistas, entendemos que mejoraría con reformas; al contrario que revisionistas y rupturistas, rechazamos una voladura que reduzca a un solar lo que todos hemos construido con esfuerzo e ilusión durante casi cuatro décadas. Hay que reformar la Constitución porque la estructura del edificio se ha resentido con la crisis, ha debilitado la convivencia, abonado una desafección legítima que requiere una respuesta serena y abierto una brecha de desigualdad, desempleo y pobreza. Soy consciente de que las tensiones más visibles son las territoriales. Siendo importantes, no son las más dolorosas para el día a día las personas. Por eso, los socialistas abogamos por una reforma que actualice nuestra Constitución -siempre con un acuerdo plural y mayoritario- y organice la convivencia y el funcionamiento de un Estado mucho más complejo que el que éramos en 1978, pero también apostamos por una modernización que blinde los derechos que protegen a la ciudadanía frente a arbitrariedades y recortes como los impuestos por el Gobierno de Mariano Rajoy con la crisis como excusa.

Porque siempre hemos defendido la Constitución y el Estado autonómico, los socialistas estamos convencidos de que ha llegado el momento de actualizarlo haciéndolo avanzar hacia el federalismo. Ofrecemos un acuerdo a la ciudadanía y a todas las fuerzas democráticas para superar fricciones y desencuentros. Estamos convencidos de que sólo podemos liderarlo desde el PSOE porque únicamente los socialistas ocupamos el espacio de centralidad e interlocución capaz de forjar el gran acuerdo necesario.

Sabemos hacerlo bien. Lo hicimos hace ya 37 años y hemos cuidado desde entonces nuestra Constitución con el respeto y la responsabilidad que merece. Ahora queremos mejorar nuestro modelo de convivencia con una inyección de modernidad que garantice su plena vigencia al menos durante otras cuatro décadas.

La Rioja

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