
Si un día, la vida te para de golpe, de frente, y te coloca una valla de espinas, para que no saltes; entonces, baja de la cruz y emprende el retorno, al umbral donde las cordilleras de la alegría, comiencen a despuntar su nieve; entonces, escarba con los dientes, las veredas honestas de otros paisajes, y vuelve a inventarte…
Sentirás un redoble de sangre, palpitando alto en los litorales del pecho.Sentirás un yacimiento de indómita alegría, quitándote el arpón que ahogaba tus sueños. Bajarás lentamente, las escaleras de tu vida rota, vieja, inservible y desmoronada –la vida- y la pondrás delante del hospicio, para que haga penitencia e intente salvarse de los oprobios del pasado.
Si un día, la vida te para, acéptalo y escucha el sonido del mar, destapa las vidrieras de tu alma, súbete a la almena más alta de tu cuerpo, para pedir caracolas, para rezar por la sometida aurora que ciñe tu frente y la despeja de lluvia…tu pálida frente, donde se estrella la estocada que rompe el aire y lo deja vencido.
El cielo te dará la respuesta. La encontrarás también, en los pendientes de tu risa, recordándote para siempre, que sigues viva, a pesar de que la vida, te puso en la encrucijada.
Si un día la vida te para, siéntate al borde del camino y comienza a rezar.
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