Fin de año, propósitos y deseos

¿¿¿Cuántas veces nos hemos hecho propósitos para empezar el año??? Es verdad que hay herramientas, tipo coaching por ejemplo, que nos pueden ayudar en el empeño pero… qué difícil es que algo perdure! qué difícil es que no desplacemos el “daño” que queremos cambiar, a otro lugar (del fumar al engordar, por ejemplo)! Pero bueno, así es la vida y así nos entretenemos ;)

Fin de año puede ser una buena escusa para pararse, dejarse sentir cómo ha ido el año, prestar atención a la brújula interna. Se puede hacer sólo o con buenos amigos, aunque lo ideal es combinar ambas: el otro me apoya, el otro ve mis “ángulos muertos”; sin embargo, no hay que olvidar que lo hace con sus propias gafas de ver la “realidad”, y que es igual de importante que yo aprenda a escucharme.

Soy una célula de la Tierra. Todo es un juego. No soy libre de mis condicionamientos por mucho que lo trabaje, me empeñe y lo crea, pero puedo avanzar en el camino de “hacer y hacerme menos daño” y respirar el instante. 

La felicidad se había convertido en otro producto de consumo…  digo “había” porque está cambiando con esto la “crisis”…  pastillas, terapias, gurús, que prometían este todo al que todos aspiramos, al haber mutado en nuestras cabezas el “tengo que cumplir con mi obligación” de nuestros padres en el “tengo que ser feliz” contemporáneo.

Os dejo a este respecto, un interesante  vÍdeo sobre el “sé tú mismo, create, sé feliz” como herramienta de los mercados y el poder: “El Siglo del Yo. Cap 3: Hay 1 policÍa en nuestra mente“, una hora para reflexionar sobre el individualismo y el “todo es posible” . 

En la misma línea, os recomiendo un magnífico ensayo: “Deseo sobre deseo” de Fernando Colina, que quiero releer y quizás escribir un post a partir de él. Habla también del deseo de poder, que es, a mi entender, variable fundamental al considerar la ética de nuestros comportamientos: el dinero es energía, es poder ¿a quién doy yo dinero?

Este deseo insaciable del “yo, yo, yo, mi satisfacción y, como mucho, la de los míos”  nos ha dominado en las últimas décadas, poniendo en riesgo al planeta. Se nos exige estar continuamente con objetivos, deseando: en caso contrario, estoy “deprimido” y eso es “malo”. El desapego budista dice que está bien desear pero teniendo presente que nada nos dará la felicidad, coincidente “curiosamente” con la afirmación de los psicoanalistas lacanianos sobre que siempre nos faltará algo.

Pero como dice Carl G. Jung “la verdad más bella no sirve de nada si no se ha convertido en la experiencia más íntima del individuo. Toda respuesta unívoca, ‘clara’, permanece estancada en el cerebro y penetra sólo en casos muy raros hasta el corazón. No nos urge ‘saber’ la verdad, sino ‘experimentarla.’ El problema grave no es poseer una concepción intelectual, sino encontrar la senda hacia la experiencia interna, irracional y quizás inarticulable…”

Buen caminar, compañeros, y hasta el año que viene!

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La Rioja

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