Relato: Castigo
A petición de Ignacio he escrito esta tarde un relato. En el, he utilizado un personaje que inventé hace casi cosa de dos años mientras estuve ingresado en el hospital. El relato no es la leche, era una idea que tenía pensada desde el día que cree al personaje a modo de presentación. En el pasado tenía intenciones de escribir varios relatos acerca del personaje o quizás adaptarlo para un tebeo. Como siempre la falta de tiempo y de ganas hizo que se quedase en otro proyecto mas sin terminar.
Castigo
-Y hasta aquí puedo leer.- Parodió Marina mientras cerraba el libro de lectura.-…Bueno, chiquillo, aquí te quedas durmiendo. La semana que viene volveré para verte. A ver si para la próxima vez aprendes a no quedarte dormido antes de que termine el relato. Descansa…
Marina se levantó de la silla que había enfrente de una cama de hospital donde yacía un joven dormido. Metió el pequeño libro que había traído para leerle al joven en un gran bolso que descansaba en el suelo y que ahora tenía que soportar con su hombro izquierdo. Se acercó al joven, le arropó como una madre arropa a sus hijos, le pasó la mano por el pelo y le besó la frente.
-Me marcho.- Susurró al oído del joven. Y Marina salió de una habitación cualquiera de ingresados del hospital. Se oían sus tacones, marcar un ritmo firme y repetitivo mientras se alejaban. Cuando el joven escuchó que Marina había recorrido el pasillo hasta el ascensor, lo había llamado, bajado cinco plantas, llegar al garaje, abrir el coche y sacar el coche del garaje, el joven abrió los ojos.
El joven observó la habitación en la que llevaba ingresado varios meses. Había estado en otras del mismo piso y todas le parecían iguales, iguales de frías, iguales de aburridas, iguales. Llevaba un par de días sin un compañero de habitación. El último había sido un hombre mayor al que le quedaba poco para dejar este mundo. El joven no habló con el durante la estancia del anciano pero supo que había tenido una vida triste y no merecía morir conectado a máquinas y tubos de plástico.
El chico miró el paisaje que ofrecía la ventana de su izquierda. Anochecía con velocidad ese día de invierno. Levantó los ojos, como intentando escuchar el ruido que se producía en el pasillo, a las afueras de la habitación. Las ruedecillas de una camilla rodaban como un automóvil por el circuito por el que entrena día tras día. El joven decidió perder su vista momentáneamente para agudizar su escucha. Al oír el chirrido de las ruedecitas de la camilla que alguna enfermera arrastraba calculó el peso del cuerpo que aguantaba la cama. Por el peso debía ser un hombre de unos 80 kilos, lo suficientemente alto como para ocupar la mayoría de la largura del colchón, si hubiese sido más pequeño, las ruedas de atrás hubiesen sufrido mas el peso del varón que por el momento era incógnita para el joven. Escuchó como la camilla iba perdiendo velocidad y dejó de afinar el oído para recuperar su vista ya que la camilla que ahora era la comidilla del joven iba a entrar por la puerta de su habitación.
-Necesito mi teléfono móvil, caballero, debo volver a casa.- Le replicaba un hombre de unos 35 años al enfermero mientras giraba absurdamente el cuello para intentar verle la cara al enfermero, por supuesto su cuello no era todo lo móvil que el quería y no veía al enfermero que desde detrás empujaba su cama.
-Ya le he dicho, señor, que no puede volver a casa hasta que se recupere. Podemos llamar a algún familiar para que se lo traiga…- El nuevo paciente de la habitación del chico se sobresaltó durante un segundo y luego intentó ocultarlo como buenamente pudo.
-No se preocupe, caballero.-cambió de idea el ingresado.- Ya los llamaré yo.
“Pero si no tiene el móvil a mano” pensó el joven que observaba la representación. El hombre de supuestos 35 años respondía al nombre de Carlos y despachó con prisas al enfermero que segundos antes le suplicaba ayuda. El enfermero acostumbrado a este tipo de chiflados, no tardó en abandonar la sala pensando en las horas que le quedaban para terminar el turno.
El joven volvió a observar la nocturnidad urbana que rodeaba el paisaje exterior mientras que Carlos revolvía su propia mente con nerviosismo para encontrar un plan para recuperar su móvil. Después de unos minutos cavilando una solución, no encontró una y golpeó el colchón que respondió con un sonido mudo.
-¡Mierda! Me van a despedir.
El comentario del adulto llamó la atención del ingresado mas joven de la sala que giró lentamente la cabeza –casi tetricamente- de un extremo al otro de la habitación. Se fijó en el hombre desesperado y resopló por la nariz a modo de corta risa.
-¿Te hace gracia, cabrón?
El joven levantó las cejas a modo de sorpresa y decidió seguirle el juego. El chico asintió con la cabeza con aires de superioridad. Carlos empezó a blasfemar y el chico volvió a girar la cabeza para volver a disfrutar del paisaje de la ventana. Esto irritó mas al tipo que se tiró hablando solo hasta que el enfermero trajo la cena. Después de cenar, los dos durmieron.
A las 3 de la mañana, el joven se desveló. Observó que el hombre mayor descansaba. Se aburría de sobremanera. Quería salir de la habitación. Decidió salir a dar una vuelta. Se levantó de la cama, se quitó la vía que lo unía al suero y se acercó hasta la taquilla de Carlos. Empezó a rebuscar por los bolsillos de la camisa y los pantalones hasta que dio con la cartera del “moviladicto”. Sacó el DNI del sujeto y descubrió donde vivía. “Vamos a traerle el teléfono al gilipollas este” pensó y se acercó a la ventana una vez se vistió y cogió las llaves del piso. Tras abrir la ventana, se subió al marco de esta y confirmó con un vistazo que los setos seguían cuatro pisos mas abajo. Perdió la vista, el tacto, el olfato, el gusto y tras verificar que nadie se encontraba cerca del lugar con el oido, perdió ese sentido también y se dejó caer.
“¡¡Jodeeeeeeeeeer!!” después de aterrizar en los setos y partirse la mayoría de huesos del cuerpo empezó a sentir un dolor terrible. El muy imbecil se había olvidado de desactivar el sistema nervioso. Y quince minutos después, tras que se le regenerase el cuerpo de las roturas y las heridas, se levantó. Se limpió como pudo y empezó a andar camino a casa de Carlos.
Cuando entró al piso, se dio cuenta de que era un piso alquilado por la forma en la que estaban dispuestos los muebles de diferentes estilos. Nadie podía tener un gusto tan malo para decorar una casa, era un piso de paso en que no se reparaba en su imagen. El lugar estaba bastante ordenado y pulcro. Revisó la cocina, el salón, el baño y finalmente el dormitorio. Al primer vistazo en este último cuarto se encontró el móvil que descansaba en la mesa de escritorio. Y cuando ya estaba lo bastante cerca para cogerlo con la mano, reparó en el ruido que producía un ventilador de ordenador que estaba encendido. El joven se sentó en el asiento destinado para el ordenador y encendió el monitor que previamente estaba apagado. La curiosidad de por qué el ordenador andaba encendido y trabajando pronto dio su respuesta. Un servidor casero, distribuía imágenes de niños desnudos, además de abusos y relaciones sexuales con niños y niñas. “Vaya” pensó para si mismo mientras recordaba la vez que intentaron abusar de el hace 10 años y hace 15 y hace 50 y hace 100 y hace 1000….
Formateó el ordenador de forma que no se encontrase foto y video alguno. Empezó a buscar por la casa y dio con cintas de video, dvds y álbumes de fotos. Los destrozó y los metió en una bolsa de basura. Cogió el teléfono móvil, lo guardó en el bolsillo y salió del piso. Tiro en el primer contenedor que vió todo el material que había encontrado.
Cuando ya estaba dentro de la habitación del hospital, cerró la ventana, se cambió de ropa y colocó el móvil en la mesilla del otro ingresado. Balanceó al hombre que dormía tranquilamente. -¡Eh! Despierta…
El tío abrió los ojos y vió al joven de pie observándolo. – Tu movil, ahí lo tienes.
El hombre descubrió el movil y empezaron a recorrerle sudores fríos.
-Y sí, lo he visto.
-¿Q-q-quien eres?- Le temblaba la voz, el cuerpo, no sabía si estaba soñando, si era una mala pesadilla o si en verdad estaba pasando lo que le acontecía. Era un manojo de nervios. El joven pulsó el botón del timbre de la camilla del hombre y se dirigió a la cama para tumbarse. El hombre miraba atónito la escena y veía como el joven se alejaba y cuando llegó a la otra cama, se metió y le dio la espalda.
-¿Quién soy?....Castigo…
La enfermera de guardia vió encenderse la luz de aviso y tiró por los aires la revista de prensa rosa que estaba leyendo por los aires y salió volando, como la revista, de camino a la habitación de donde procedía el timbre. Allí se encontró a un niño que dormía y un hombre que descansaba ya muerto por un infarto de corazón.
Sobre este blog
Mi madre no estará orgullosa
José Antonio Lázaro EspilaJosé Antonio Lázaro Espila. Nací y vivo en Logroño desde el 87. Estudio Ingeniería Técnica Informática en la Universidad de La Rioja, lo que me convierte en un chaval friki y me obliga a salir los jueves. Llevo pululando por internet desde hace tiempo. He creado varias comunidades virtuales que se hundieron como el Titanic (HispaMUGEN, Bitsunami..) y llevo "blogueando" unos cuantos años.
Vivo con papi y mami hasta que me peguen la patada o los precios de los pisos bajen. Busco ese negocio feliz que me haga dejar de estudiar. Hasta entonces, me pago los cubatas gracias a los derrochadores compradores compulsivos de eBay.
Mi correo: neokensou@hotmail.com
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13 comentarios · Escribe aquí tu comentario
plcm dijo
"chapó" Expresión que sirve para manifestar admiración o aprobación
José Antonio Lázaro Espila dijo
Gracias, plcm.
Ignacio Rubio Pérez dijo
Me ha gustado bastante. El final lo mejor ;)
OZN dijo
Muy bueno el relato y la historia mi joven Gaiman, veo que el dejarte los tomos de sandman dan sus frutos y esque este relato me ha recordado mucho a cualquiera de las historias de los eternos, en especial a la joven muerte.
MICROmor dijo
y si iba a cargarse al tio para que elimina todas las pruebas de que era un peter file?
José Antonio Lázaro Espila dijo
Porque podía salpicar a su familia y matarlo le parecía suficiente castigo. Sacar las pruebas a la luz hubiese sido otra manera pero aplicar las dos no le apetecía. Si las pruebas no eran destruidas llegarían tarde o temprano a terceras manos.
Nines dijo
O bien no lo mató. Sabía que al verse descubierto moriría, cosa que es distitna. Yo prefiero pensar que no es un asesino, sólo que conoce la naturaleza humana y la resistencia física de cada uno.
José Antonio Lázaro Espila dijo
Estoy pensando en continuar el relato. Hay intención de que vuelva a aparecer el protagonista y un nuevo personaje que también tendrá habilidades especiales.
Epi dijo
Muy bueno el relato pero en la parte final tienes un pequeño fallo, repites dos veces la misma frase: "tiró por los aires la revista de prensa rosa que estaba leyendo por los aires".
Me ha gustado mucho.
José Antonio Lázaro Espila dijo
Lo cambiaría pero el sistema este de blogs si editas una entrada te actualiza la fecha de publicación y se te pone la primera cronológicamente y paso.
MICROmor dijo
sin contar que si es un ente inmortal que finge ser un crio en un hospital pa que coño tiene familiares que van a visitarle xD
José Antonio Lázaro Espila dijo
¿Pero quien ha dicho que sean familiares suyos?
OZN dijo
No son familiares, un ser eterno puede crear y alterar la realidad a su antojo, si aparece en el mundo real tendrá sus referencias y como tan pronto aparece desaparece, los que lo conocieron ya no lo recuerdan solo tendran una extraña sensacion de que esa cara les suena.
Grande ese relato, algun dia habia que desarrollar mas ese mundillo junto al alter ego.
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