Agredió a la mujer de su vida hasta la muerte
Esta tarde me he puesto a escribir y ha salido esto. El relato puede resultar violento. Esta ambientado en una transfondo para un juego de rol que empecé a escribir hace unos años en la que los protagonistas eran personajes con una doble personalidad en la que cada una de ellas tenía unas habilidades especiales que la otra no tenía. Al juego lo llamé Alter Ego y lleva bastante tiempo muerto. OZN me pidió hace unos días que escribiese sobre esa ambientación y esto es lo que se me ha ocurrido. Si alguien se queda con dudas después del relato, quizás le venga bien leer este artículo.
Agredió a la mujer de su vida hasta la muerte.
Cascote se refugiaba de la lluvia bajo el techo de un par de cartones. El ruido de la ciudad había dado paso a la sinfonía de la lluvia. Cascote no había reparado en ello, estaba concentrado. Como todos los días, Castote rellenaba cuadernos de hojas cuadriculadas sin descanso. Escribía sin parar formulas y ecuaciones que una musa le susurraba al oído. Su cerebro trabajaba a unas velocidades que jamás había pensado. Parecía que escribía por intervención divina. Sin embargo, Cascote estaba seguro de que si un Dios existiese, no iba a reparar en un sin techo como el.
No todos hemos nacido para ser buenas personas.
Javier Hernández nunca fue un tipo con suerte. De pequeño vivió en una casa destrozada por el alcohol y las drogas. Su padre era un camello que siempre volvía a casa bastante afectado por las drogas. Sus cambios de humor eran bastante drásticos y su madre o él eran conscientes físicamente de la furia del patriarca de la casa. Javi, como le llamaba su madre, no se preguntaba porque su progenitor se comportaba así, era como lo había conocido y no tenía otra razón de ser. Su madre decidió abandonar a su padre y se llevó a Javier con ella. La pobre mujer recibía amenazas de su marido y un día fueron localizados en el piso alquilado que su madre tenía. Su padre tiró la puerta del nuevo hogar de Javier abajo y agredió a la mujer de su vida hasta la muerte. Javier echó a correr por la calle.
Javier fue encontrado un día después por una amble vieja que le llevó ante la policía. Se le llevó a un piso de acogida y creció con otros jóvenes de similares características: Una familia que no podía seguir viviendo con el. Javier hizo amigos y cuando cumplió la edad necesaria pudo salir de la casa de acogida.
Consiguió un trabajo en un garaje. No estaba mal pagado y podía pagarse un piso en alquiler. Pasaron los años y conoció a Marta. Se conocieron en un bar y terminaron viviendo juntos. Tuvieron un hijo y tenían en camino un segundo, decidieron casarse. El nunca fue el mejor marido ni ella la mejor esposa del mundo, pero se soportaban y apartaban sus almas del vacío existencial.
Una noche Javier se desveló. No podía volver a dormir y empezó a pensar en cosas en las que nunca había reparado. Preguntas sobre el por qué de las cosas. Tras un cigarro, se dio cuenta de que la inquietud que le devoraba por dentro no era calmada con la nicotina. Se fue hasta el salón, abrió un cuaderno, se sentó en el sofá y empezó a escribir.
Al día siguiente, fue despertado por su mujer alarmada.
-Cariño, te has quedado dormido, vas a llegar tarde a trabajar.
-¡Cállate puta! – Respondió mientras se despertaba, la golpeó, cogió el cuaderno y salió por la puerta de casa.
Ese día, Javier Hernández no acudió al trabajo. Se sentó en un banco de un parque cercano a su casa y siguió rellenando el cuaderno. Cuando terminó de escribirlo, paró un segundo y repasó todo lo que había escrito durante la noche anterior. Eran fórmulas físicas, ecuaciones matemáticas y datos de genética que jamás había estudiado porque nunca había mostrado el mas mínimo interés por los estudios. Lo que mas preocupaba a Javier es que entendía el trabajo que había realizado. Decidió ir a la biblioteca.
Hasta que no llegó la noche, Javier se había pasado el día entero en la biblioteca leyendo libros. Estudios, biografías, proyectos… Nunca había sido aficionado a los libros y recordaba costarle mucho leer. Ahora pasaba las hojas en segundos, entendiendo todo lo que sus ojos repasaban. Conseguía memorizar las páginas de memoria y llevaba 42 libros leídos más otros 54 hojeados. Volvió a casa con 7 libros en préstamo. No dijo ni hola al entrar por la puerta de casa, se encerró en un cuarto y no salió hasta la mañana siguiente. Oía a su mujer Marta preguntar por el, si andaba todo bien, mas tarde escuchaba como lloraba mientras golpeaba la puerta y finalmente notaba como seguía acurrucada al lado de la puerta, sentada en el suelo, sollozando.
Amaneció y Javier Hernández había rellenado 11 cuadernos de 500 hojas cada uno. Repitió la jugada del día anterior, acudió a la biblioteca y siguió revisando libros. Cada día trabajaba mas rápido, necesitaba alimentarse varias veces al día para producir la energía suficiente para no quedarse dormido. Rendía más de lo normal. Para el cuarto día, se había quedado sin libros en la biblioteca que pudiese leer. Esto le hizo enloquecer. De vuelta a casa, su mujer le esperaba en el pasillo de su casa. Le llamó de todo a su marido. Marta lo empujó y empezó a golpearle en el pecho. Javier, en un ataque de ira como la primera vez que golpeó a su mujer, pocos días antes, agarró a la mujer y la estampó contra la pared del pasillo. La mujer empezó a chillar y a intentar escurrirse de la nueva amenaza de casa. Javier la agarró del pelo y la arrastró hasta el baño. Allá empezó a golpearla, cogió la cabeza de su mujer y la estampó repetidas veces contra el bidé. El charco de sangre empezó a hacerse demasiado grande, Javier cerró los ojos y los volvió a abrir. Se asustó de lo que veía. Su mujer sangrando en el suelo, sus manos manchadas de sangre. Se notaba cansado, terriblemente cansado. Oía la voz de su hijo preguntando entre lloros si todo iba bien. Su mujer no paraba de llorar tumbada en el suelo pidiéndole entre ahogadas voces que la dejase en paz. Se intentó quitar las manchas de sangre y salió corriendo del que un día había sido su hogar con todos los cuadernos que había escrito.
Pasaron los días y Javier Hernández era un hombre buscado por maltrato. Durante esos días, Javier empezó a preguntarse que había pasado. No entendía ni un dígito de lo escrito en sus cuadernos que solo sabía que eran importantes. Recordaba la imagen de su mujer llorando ensangrentada. No entendía como pudo pasar aquello. Nunca había seguido los ejemplos de su padre maltratador y sin embargo, la historia se volvía a repetir una vez más. La ira se había apoderado de él en varios momentos pasados en los que trabajaba sobre aquellos cuadernos misteriosos. No encontraba una razón lógica al asunto. Su cerebro ya no trabajaba tan rápidamente como antes y su comprensión lectora era ridícula. Mientras caminaba por un callejón dándole vueltas a la cabeza, varias personas le dieron el alto. Hombres encapuchados le cerraron el paso, le golpearon hasta que lo dejaron inconsciente y se lo llevaron junto con los cuadernos.
Cascote no recuerda muchos datos de su pasado. Se acuerda de pequeños recuerdos demasiado distorsionados. Siempre que recuerda uno, se lo apunta en otro cuaderno que tiene específicamente para ello. Ya lleva escritas varias páginas, sabe que aún le queda mucho para recordar quien fue una vez. Tiene una marca debajo del brazo que simula un siete y que a veces le duele. No recuerda haber nacido con ella. También recuerda haber trabajado con los datos que ahora escribe en sus cuadernos pero no sabe porque no tiene los cuadernos en los que juraría que un día los escribió anteriormente. En sus cuadernos se encuentra una nueva forma de energía renovable, la cura contra el Cáncer y el Sida y la forma de viajar a la velocidad de la luz. Por el momento guarda estos descubrimientos con recelo, han venido varias veces a arrebatárselos. Ha conseguido recudir a 15 de estos curiosos y tuvo que matar en varias ocasiones a sus perseguidores. Su fuerza y reflejos son humanamente imposibles pero todavía siguen viniendo. Un día le paró una mujer por la calle. Ella rompió a llorar y le pidió que volviese a casa con ella y sus hijos, le dijo que le perdonaba mientras le abrazaba. Cascote con miedo a que fuese otra trampa de sus perseguidores, echó a correr y dejó a la mujer llorando de rodillas.
Sobre este blog
Mi madre no estará orgullosa
José Antonio Lázaro EspilaJosé Antonio Lázaro Espila. Nací y vivo en Logroño desde el 87. Estudio Ingeniería Técnica Informática en la Universidad de La Rioja, lo que me convierte en un chaval friki y me obliga a salir los jueves. Llevo pululando por internet desde hace tiempo. He creado varias comunidades virtuales que se hundieron como el Titanic (HispaMUGEN, Bitsunami..) y llevo "blogueando" unos cuantos años.
Vivo con papi y mami hasta que me peguen la patada o los precios de los pisos bajen. Busco ese negocio feliz que me haga dejar de estudiar. Hasta entonces, me pago los cubatas gracias a los derrochadores compradores compulsivos de eBay.
Mi correo: neokensou@hotmail.com
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