Voy camino de récord

Toroprensa y por ende yo mismo con mismidad hemos vuelto a quedar finalistas de los Premios Web de La Rioja, lo que constituye todo un récord. Este certamen, que de forma tan simpática organiza desde hace ocho años larioja.com, vivió ayer su tradicional gala de entrega de premios. (pinchar aquí si se quiere acceder a ella). Yo ya me temía que me iba a quedar finalista –que es la forma fina de decir que he perdido– porque los otros dos candidatos eran singularmente buenos. Ganó ‘Sexo en Madrid‘, para su autora, Lorena G. Díaz, mi enhorabuena, al igual que para el fotógrafo Miguel Ángel Palacios, que en su fotoblog ‘North Of Spain’ expone preciosas instantáneas.

o (En esta foto de Fernando Díaz se puede ver un momentico de la gala de ayer en la que aparecen Luis Piedrahita, que llevó el acto, Joseba Basterra, Miguel Ángel Palacios, Lorena G. Díaz y yo mismo con mi mismidad)

Así está Curro

Ahí está Curro, a punto de encenderse el cigarrillo, con el pitillo en la boca, con la presión exacta y contenida para saber que lo tiene levemente asido pero que se sujeta y no se cae. Ahí está Curro, tras un cristal haciendo no sé qué, pero con esa seriedad para nada retórica que le adorna, con esa impresión de que todo lo que mira, divisa o espera tiene el valor añadido de su ansia. ¡Pero si Curro no tiene ansia! ¿Qué dices? He ahí el maestro, con una comisura que lo dice todo sin desprender sílaba, verbo o adjetivo alguno; sin el chasquido de los labios te emociona con esos ojos de senador romano, de magister, de Escipión el Africano, de Don Antonio Chacón, porque Curro tiene los ojos de Papa del toreo y se le pone rictus de sabio cuando le da la gana y quiere. Y qué me decís de su frente, tan ampliamente despejada, tan limpia como el horizonte del Aljarafe; me estoy dando cuenta de que Curro tiene una frente preclara, una frente de imponente sobriedad, como su mirada, como sus labios que presionan con sutil y delicada armonía el cigarillo rubio que está a punto de encenderse. Ahí está Curro, el faraón, en un momento de intensa calma, como si supiera por dentro lo que es y estuviera hondamente satisfecho. (Foto: Matito, de www.sevillataurina.com).

Contra la barbarie

Se me antoja imposible tratar de describir un maravilloso concierto de flamenco cuando el dolor, el sonrojo y la indignación se amontonan en el corazón de los españoles. Se me antoja imposible, incluso baladí, recordar ahora que Enrique Amador ‘Musi’ es un pianista con talento mientras la sangre de dos servidores de la libertad rueda por una cuneta de Capbreton; mientras la vida continúa siendo algo sin importancia para un grupo de asesinos que lleva disparando a la democracia antes, incluso, de haber nacido.
Qué más da una soleá, unos tanguillos o unos zapateados. Qué importancia puede tener que el flamenco a ‘Musi’ le brote del corazón cuando las personas son vilmente asesinadas porque sí, porque no, o porque le da la gana a una pandilla de iluminados que dice actuar en nombre de un pueblo.
El flamenco, la música, la cultura, son hijos del pueblo y parece un insulto que el mismo pueblo, la misma libertad, puedan ser evocadas para asesinar con la maldita rutina con la que lo hacen estos sicarios y todos los que les acompañan, disculpan o legitiman.
Me resulta imposible hablar de la preciosa e intimista rondeña que desgranó este Amador de Zaragoza; explicar la sutileza del discurrir de sus dedos por el teclado, sus pausas coloristas, la ternura de sus diálogos con la percusión o la brillante travesera de Simón Fernández.
Lo siento, pero no me pregunten si me gustó la taranta de ‘Konfu’ o el apoteósico baile de David Jiménez. No me pregunten si la guitarra sonó o no sonó como mandan los cánones. Todo palidece ante la barbarie, todo carece de importancia cuando el único grito que merece la pena ser entonado sólo tiene dos palabras: «¡Basta ya!».

II ciclo flamenco de bodegas riojanas

Tercer y último concierto
Piano: Enrique Amador ‘Musi’. Percusiones y compás: Jesús ‘El Patas’ y Josúe Barrés. Guitarra: Rubén Jiménez. Flauta: Simón Fernández. Cante y baile: ‘Konfu’ Hernández y David Jiménez
Auditorio de Bodegas
Riojanas, en Cenicero: Lleno
Viernes 30 de noviembre de 2007

Trece años después

Es un día extraño pero gozoso. El Diario de Noticias,de Pamplona, saca en la edición de hoy esta página sobre lo que sucedióel 14 de julio de 1994. En la información, brillantemente redactada, seobvian algunas cosas, pero me da igual porque ha pasado mucho tiempo.Como decía el maestro José Antonio Iturri, los años tienen el defecto de acumularse. Estoy feliz, 13 años después he vuelto a publicar un artículo en Diario de Noticias, y no un artículo cualquiera. Gracias a todos los responsables de que haya sucedido así. Muchas gracias, de verdad.

o El Cossío incluye en su antología 1981-2007 un artículo de DIARIO DE NOTICIAS

o EL TEXTO DE PABLO GARCÍA MANCHA CRITICA EL RABO CONCEDIDO A JESULÍN EL 14 DE JULIO DE 1994

o La última edición de la enciclopedia sobre tauromaquia contiene 10 volúmenes con las mejores crónicas de la historia

PAMPLONA.La ultimísima edición del Cossío, enciclopedia exhaustiva de todo lorelacionado con la tauromaquia, ya está en la calle con sus nuevos 30volúmenes actualizados hasta el presente 2007, en lo que constituye unaobra magna, de referencia ineludible para todos los profesionales de lafiesta y de consulta muy recomendable para cualquier aficionado. Enel último de esos 30 volúmenes, que salió a los kioskos el pasado 4 denoviembre, se incluye entre los mejores artículos periodísticos delperiodo 1981-2007 una crítica taurina aparecida en DIARIO DE NOTICIASel 15 de julio de 1994. Firmada por el periodista Pablo García Mancha,opinaba con dureza sobre el rabo concedido a Jesulín de Ubrique en laúltima tarde sanferminera.

El episodio
Un rabo que trajo cola
Cortarun rabo en una plaza de toros siempre es un hecho singular: este trofeosignifica casi, casi, acercarse a la perfección taurómaca en todos lostercios y eso requiere, de manera implícita, que el toro sea un animalde calibre. Al típico toro artista y tontorrón nunca se le deberíacortar el rabo. Siesto es así en una plaza normal, se multiplica notablemente en plazasde espíritu torista, y Pamplona es una de ellas o la más importante.Aquí cada vez que la presidencia otorga un rabo es objeto de discusiónen todo el orbe taurino. Siempre se debate sobre esa concesiónacaloradamente, y rara es la ocasión en la que hay un acuerdo amplio.En el caso del rabo que Teresa Moreno, concejala de UPN entonces yahora, concedió a Jesulín de Ubrique en los Sanfermines de 1994 hubo unacuerdo casi aplastante: la concesión de aquel trofeo fue una vergüenzaporque el de Ubrique, con una orejilla, iba hasta demasiado bienservido. Pero la presidencia se dejó contagiar del espíritu verbenerode la solanera en tarde de despedida, del salero de un torero joven yguapo que llevaba entonces una temporada penosa que, gracias a laseñora Moreno, remontó y de los efluvios de una juerga general quellevó, incluso, a una pareja joven con un bebé a saltar al ruedo con eltoro recién despenado para fotografiarse con el héroe mediático yrevolucionario. Enlos últimos 40 años apenas se han concedido cinco rabos en laMonumental de Pamplona. Curiosamente, tres de ellos se entregaron en elúltimo toro de la última corrida de la Feria. Por algo será. Es como siel presidente de turno se quisiese conceder un homenaje a sí mismodespidiendo la fiesta y el ciclo taurino en plan campeón. Pasó esto conel rabo que cortó Antonio José Galán a un toro de Miura el 14 de juliode 1973 (arropado por cuatro orejas), con el lamentable de Jesulínfrente a un toro de Osborne el 14 de julio de 1994, y con el no menoslamentable de Antonio Ferrera frente a un toro artista de VictorinoMartín (que había enviado un encierro impresentable) el 14 de julio de2006. Los tres eran el sexto de la tarde. El de Galán, eso sí, no sólono fue discutido, sino que hubo aclamación general en favor delmalogrado diestro. Losotros dos rabos que faltan en este recuento fueron conseguidos porAntonio Ordóñez en 1968 y por Pablo Hermoso de Mendoza en la despedidadel mítico Cagancho, el 6 de julio de 2002. Lapamplonesa Feria del Toro tiene tantas singularidades que impresiona.Una de ellas es que la prensa local escribe, mucho y bien, de lo queacontece en cada tarde en la Monumental. Probablemente no haya ningunaotra ciudad en el planeta taurino en el que se hace tanta crítica (ycrónica) y de tanta calidad. Un suceso como la concesión de un rabo nopuede pasar desapercibido. Y si esa concesión no se sostiene, lasplumas se afilan de modo notable. Yeso es lo que pasó aquel 14 de julio de 1994 después de que Jesulínengatusase a la presidencia de manera chabacana, y ésta cayese en sucelada de modo incomprensible. Las plumas se afilaron y toda la prensaespecializada era, al día siguiente, un clamor. La local y la nacional.Este periódico, como es habitual, publicó numerosas crónicas,redactadas con mayor o menor fortuna. Todas ellas coincidían en que laactuación de Tere Moreno, curiosamente procedente de familia deganaderos de bravo, había sido lamentable. Una,sólo una de todas aquellas opiniones, ha merecido los honores de serincluida, ya para los restos, en el Cossío, que viene a ser como laBiblia del mundo de los toros. La firmaba Pablo García Mancha, enaquellos momentos crítico taurino de este periódico, y se titulaba Elrabo de la señora presidenta. Ahora forma parte de una antología de lacrítica taurina de los últimos años, seleccionada de modo riguroso. >D.N.

o Pinchar aquí para leer el artículo: ‘El Rabo de la señora presidenta’

El sueño de la razón produce premios; monstruos quiero decir

Nunca he creído en los premios taurinos, en los cinematográficos ni en los literarios. Por muchas razones, pero principalmente porque la subjetividad y los intereses de los jurados suelen imperar sobre la justicia. He visto en alguna feria riojana premiar como bravo a un toro que se había repuchado varias veces en el caballo y decir a algún jurado que tal torero tomaba la muleta por el extremo del estaquillador cuando lanceaba por la derecha. He visto premiar con parabienes de lujo estocadas defectuosas, quites lamentables o confundir chicuelinas con tafalleras o medias verónicas. Los jurados, en la mayoría de los casos cuando fallan hierran y cuando aciertan fallan. Y digo todo esto porque me acabo de enterar de que los premios de la Comunidad Autónoma de La Rioja a la mejor faena de la temporada en la región y el del Ayuntamiento-Club Taurino Logroñés sobre lo mismo, pero exclusivamente de la Feria Matea, han ido a parar al alimón a manos de Julián López ‘El Juli’.

Y no me ha sorprendido en absoluto, aunque estoy triste, decepcionado y enfadado porque en esta ocasión creo que era de justicia haberle concedido alguno de los dos –o ambos– a Diego Urdiales, autor del indulto de ‘Molinito’ y protagonista del suceso más alucinante que se haya vivido en la plaza de Logroño desde que yo tengo uso de razón y desde que mi abuelo la alcanzó a tener. Eso quiere decir que ‘El Juli’ estuvo mal. En absoluto. El torero madrileño realizó una extraordinaria faena a un toro que tuvo que mantener en pie al principio y que luego, tras sujetarlo, dio tres excelentes tandas por la derecha. Tras la primera fue volteado, volvió a la cara del astado como un jabato, siguió como una gran figura del toreo que sin duda es y despenó al Zalduendo de una buena estocada en la que se salió clamorosamente de la suerte. Gran faena. No lo dudo, pero a un medio toro protestado de Zalduendo de muy deficiente presentación para lo que un día fue la plaza de Logroño.

Diego Urdiales llegó a San Mateo en la penúltima oportunidad de su vida y tras dos años sin torear (excepto tres festivales y una corrida en agosto de Baltasar Ibán en Alfaro en la que toreó maravillosamente y se entretuvo en cortar tres orejas y un rabo). Triunfó por derecho con la corrida de Cebada Gago y lo pusieron en la de Victorino. Toreó superiormente al primero, con el que volvió a tocar pelo, y se jugó la vida y de qué manera frente a Molinito. Lo cuajó con el capote, llevó la lidia con absoluta solvencia colocando al toro frente al caballo como les gusta a muchos que presumen de toristas, enceló al victorino en un gran inicio de faena y tan bien estuvo con él que un toro que nunca humilló pero que era un vendaval embistiendo se llevó el mayor premio que un astado puede disfrutar en un ruedo. La plaza era un clamor. Urdiales, el torero con el que nadie contaba, había logrado un sueño, un anhelo con el que ni siquiera se hubiera atrevido a soñar. El delirio. Y el torero siguió lanceando. La gente lloraba; mis amigos toristas estaban derretidos. Grandioso, mágico, histórico.

Y llegaron los jurados para poner las cosas en su sitio. Los dos premios más importantes que se conceden en La Rioja para ‘El Juli’, que tiene cientos de salas de trofeos rebosantes de galadornes, placas, esculturas de todo tipo y tamaño. Habrá de oro, de plata y platino, de bronce, de mármol de Carrara, de madera de boj, de pino montano, de cristal, de plástico, de tela. Me imagino cuadros allí, esmaltes, fotografías, huecograbados, bajorrelieves, trompetillas, cristos de cristal y de ámbar, estoques carmesí, zahones, espuelas, radios, orejas de oro, rabos de metacrilato. Y aún más cosas que mi torva imaginación no me permite alcanzar. Pues bien; ahora tiene dos más y el de la Comunidad repetido.
Y en Arnedo Diego Urdiales, entrenando, confiando en sí mismo, preguntándose las razones. No las busques torero. El sueño de la razón produce premios; monstruos quiero decir.

José Tomás, un torero de verdad

Sobre José Tomás creo que se ha escrito casi todo. Pero es curioso, quizá en lo único que se han puesto de acuerdo Alfonso Navalón y 6Toros6 (recuerdo un artículo largo y tedioso de Michael Wigram que parecíapuritísma copia de lo escrito por el primero) es en que el diestro deGalapagar no sabe torear. Vale, José Tomás ni sabe torear ni se colocaen el sitio y encima es torpe, llevo leyendo varios días en tribunas y bitácoras a las que aprecio y respeto, pero con las que estoydiametralmente en desacuerdo. También escucho a muchos críticos taurinos –Molés, Posada y alguno más que ni quiero nombrar y que prefiero no teclear– indignados porque “se deja coger demasiadas veces”. Vaya, encima de no saber torear, de no colocarse en el sitio y de ser algo torpe, además se deja coger. Vamos, que es una especie de suicida estúpido sin conocimiento alguno de causa. Y lo siento, vuelvo a discrepar y si me lo permitís me gustaría expresar mis sensaciones sobre José Tomás.

a) José Tomás y ‘El Cid’ son las únicas figuras del toreo que este año he visto pisar un terreno donde el toro o obedece la muleta o coge al torero. Es decir: cargar la suerte; es decir, situarse en ese sitio fatídico en el segundo muletazo, cuando sin apenas inercia, el toro tiene donde elegir: la carne del matador o el trapo. A esto se le puede llamar dejarse coger, sin duda. Yo le llamo valor.

b) En Barcelona José Tomás fue volteado. Estaba toreando, claro. No dando respingos, no descargando la suerte. En Bilbao viví una situación parecida. Por fortuna no viví la temida cornada, pero necesaria e insoslayable cuando llega. Y llegó, y llegará siempre.

c) He visto las famosas fotos de Tony en su web. No puedo decir nada de ellas; hablan por si solas. Sin embargo, yo vivo rodeado de fotógrafos y sé a la perfección cómo una imagen (o muchas) no sirven para explicar una faena. Para bien y para mal. No estuve en Donosti; pero no me sirve. Recuerdo hace unos años cómo el exdirector de Aplausos –Salvador Pascual– contrató a un fotógrafo de Logroño para que fuera a Haro para hundir una corrida de Alfonso Navalón. La recuerdo como si la estuviera viendo ahora mismo y yo era casi un crío. Publicó una página entera de toros por los suelos y constituyó una mentira colosal, grandiosa y putrefacta. Se caían, sí; pero no se derrumbaban, fueron bravísimos y dieron una tarde maravillosa. Eran astifinos, encastados y nobles y muy serios.

d) Por lo visto ahora la torpeza en un torero es dejarse coger. Me duele y no lo entiendo. José Tomás ha reaparecido de una forma absolutamente gloriosa; con una entrega alucinante, con un valor magnífico que le permite torear mejor que antes, con más lentitud, con más belleza. Ah, pero eso se paga; siempre se ha pagado en la tauromaquia: los grandes toreros están cosidos a cornadas; están remendados como un pantalón de la posguerra. ¿Es torpeza no dar toques hacia afuera con la muleta? ¿es torpeza pasarse los toros por la barriga? ¿es torpeza no hacer faenas asépticas? ¿es torpeza salir al ruedo a decir algo maravilloso cada tarde? ¿es torpeza acaso la torería? ¿ha sido torpe César Rincón en sus mil batallas por los ruedos?

e) Siempre andamos los aficionados quejándonos de que no se torea con el capote ¿Habéis visto a José Tomás cómo torea ahora? La pureza que destila, la forma en la que lleva prendidos a los morlacos, la sinceridad que emana de su toreo desde que toma el engaño ¿Se puede negar esta evidencia?

f) No ha ido a Madrid. Inobjetable. Bien; a Logroño tampoco: Ya irá. Llevamos muchos años echándole de menos. ¿Por qué lo de Mesías? Acaso ha sido él el que ha dicho que viene a regenerar algo. Ha venido a torear, a torear y a torear.

g) No le tragan los taurinos: todos le ponen pegas. Razón: no le controlan; no le alcanzan y creo que a él no le interesan. José Tomás es todo lo contrario a la mediocridad actual, a la monotonía de toreros con técnica defensiva. No quiero nombrar ahora a nadie, no me apetece, pero este hombre no sabe mentir; ni quiere; ni le apetece.

h) Está llenando las plazas y de qué forma. Cada corrida suya es un acontecimiento del toreo, de nuestra fiesta y a mí, personalmente, en Barcelona, me hizo sentir orgullo de ser aficionado. Ah, y la gente me pregunta por la calle sobre él. ¿Quién es José Tomás? ¿Por qué nos conmueve? Y el rollo mediático le trae al pairo. La portada sangrienta del Abc, con Manolete ¿es acaso culpa suya? Creo que hay periodistasque no le tragan porque no lo pueden controlar; porque ha dignificado el toreo con su entrega apasionada. No es por dinero, es porque vive para torear y el toreo aprisiona su alma. Le da igual la pasta (me imagino que la tendrá toda). Él es feliz toreando, se deshace con un capote, con una muleta, con un toro.

i) Ha vuelto a los ruedos y nos ha hecho felices. Claro que me gustaría verlo con Victorinos, con doloresaguirres. Por supuesto y espero que lo haga porque ya lo ha hecho alguna vez. Y mantengo lo que escribí sobrelo sucedido en Ávila.

j) Lo digo y siento discrepar de forma tan radical con personas a las que respeto profundamente y con las que comparto infinidad de opiniones; pero creo que José Tomás es el más grande de los toreros porque toreacon la mayor verdad: valor, entrega y respeto. Tiene fallos, a veces está mal… Claro es un artista, no es un autómata; es un ser humano.

K y última) Cada vez que veo a José Tomás sangrando e impávido, o desmadejado e impávido, lo admiro más. Otros toreros también lo han hecho (y alucino tanto o igual). Es torero como López Chaves en Zaragoza; Liria y Encabo en Madrid con Adolfos o en invierno Castella con una cornada en elpulmón en América. O cómo César Rincón destrozado por el toro Bastonito, pero torero, o en Sevilla este año o tantos toreros más en tardes inolvidables.

Calahorra: la corrida basura y una gran pena

Calahorrafue una plaza donde el toro era santo y seña. Tenía una aficiónexigente y amable con los toreros. Pues bien, ahora en Calahorra sesuelen lidiar reses impresentables –excepto cuando viene doña DoloresAguirre (qué alegría Dios mío)– y los toreros se toman –en su granmayoría– las corridas con el mismo ahínco de la siesta. Un rato por laderecha, después se dan la vuelta, al rato retozan, se levantan aorinar cuando les da la gana y al final silban con esa cara deincredulidad que se le pone al que se sabe mediocre y elevador defavores. Dudo mucho que los toreros que vienen a Calahorra sepan a loque vienen. Unos van porque están de vuelta: Julio Aparicio ayer en suversión más patética. Otros caminan porque no saben qué hacer con lamuleta: Rivera Ordóñez pueblerino total, muletazos amorfos, oblicuos,perpendiculares, estrambóticos y el toro (mejor dicho mona, por elsuelo, dando tumbos y costaladas, pizpireto, como si tuviera elestómago revuelto). Y al final Antonio Barrera, desbordado por unchochón de Manolo González con el que estuvo a la deriva, sin recursos,sin poder adelantar ni una sola vez la muleta. No sé si por miedo o pordesesperación, o por desesperanza de ver una corrida de torosconvertida en el espectáculo más vulgar que uno pueda echarse a lacara. En Calahorra los taurinos han conseguido que no brillen ni losalamares. Todo es gris: la mansedumbre, los tendidos, los toros, hastael capote de Aparicio es gris, hasta las mulillas asomancariacontecidas. Y me da pena, una pena enorme porque no pareceimportarle absolutamente a nadie.

o Por cierto, en la corrida del día 31 –jornada grande de las fiestas y que coincide con la fecha de hoy– no viene Manzanares y será sustituido por Luis Vilches. Nadie dice nada, absolutamente nada, de Diego Urdiales,que vive a unos 15 kilómetros de Calahorra (es de Arnedo), cortó tresorejas y un rabo en Alfaro y además se entretuvo en torear. Pero claro,no está en nómina en ninguna empresa, tampoco paga ni consiente que nole paguen por torear y además cree en sí mismo. ¿Será por eso que loignoran? ¿Será esa la razón por la que no ve un pitón? ¿Será que estorero dentro y fuera de la plaza? ¿Será que los riojanos no nosacordamos nunca de nuestra gente salvo si triunfa fuera?

o Y para terminar. Esto no lo tengo confirmado, pero ayer en la plaza deCalahorra hubo una gran pelea en el tendido. Según me ha contado elvicepresidente del Club Taurino de esta ciudad, unos partidarios deRivera Ordóñez (que grababan la corrida) se encararon con un grupo deaficionados calagurritanos que por lo visto estaba increpando lasformas de torear del madrileño. Tuvo que subir la Guardia Civil a ponerorden. Mañana, si Dios quiere, remataré la faena. La foto del altercado es de Justo Rodríguez.

Francisco Umbral, la palabra en esencia

El estilismo no está en las palabras sino en la manera de usarlas, escribía Francisco Umbral en uno de sus libros de memorias –titulado Trilogía de Madrid– en un capítulo en el que hablando de Camilo José Cela decía que aplicaba a palabras como «culo» o «cojones» el mismo tratamiento que Rubén Darío había otorgado a «nenúfar». Y he aquí una de las claves más poderosas de Umbral, su manejo de la lengua y el habla para llegar a la esencia de las palabras ofreciendo literatura a cambio de ideas; sin medias tintas. Por eso admiraba a Pemán y a Ruano, «porque siendo tan diferentes los dos, ambos poseían el secreto del artículo y yo me consideraba un articulista nato». Y ha sido el gran articulista. Umbral se inventó a sí mismo; hizo de su pluma un personaje brutal y tiernamente desconsiderado que recuerda –salvando las distancias que imponen el tiempo, las nacionalidades y las ideas– al inefable Chateaubriand, otro animal de la literatura, otra máquina poderosísima de escribir que prefería la arrogancia de su pesimismo airado a los sinsabores de las tabernas. Umbral se recogía a sí mismo e hizo de la columna periodística la mejor de sus bazas, la más genuina. Si las memorias de Chateaubriand –tituladas de Ultratumba– se componen de más de 42 volúmenes, la obra de Umbral supera ampliamente los cien libros. Sin embargo, es en el temblor que supone el ejercicio periodístico diario donde mejor se aprecia ese espíritu desbocado del autor de ‘Larra, anatomía de un dandy’, una singular visión de sí mismo a través de la vida y la obra del pionero del periodismo de la crítica social. Y por eso cada mañana había un asombro: «El vino para los españoles es como una persona más», escribió cuando desde la Unión Europea se planteó el arranque de 350.000 hectáreas de viñedo. Unos años después, a través de Javier Villán, su principal biógrafo, tuve la fortuna de charlar con él sobre el vino, el periodismo, la literatura y la vida. «El vino es un ser vivo ya que se han hecho experimentos y se ha comprobado que reacciona de diferentes maneras. Y por ello da vida al que lo bebe razonablemente», dijo. Pero también reconocía que se emborrachaba con whisky y que en Estados Unidos bebía Coca-cola porque sabía mejor que la española.

El Cid se juega la vida con guapeza

Jesulín de Ubrique anda de despedidas. Pues bien, ayer dijo adiós en Alfaro y vio a consecuencia de los tres avisos que sonaron cómo su primer Urcola se fue mansamente al corral. El dice que sólo oyó dos, pero le dieron tres y el otrora espigado ubriqueño dejó patente el nivel de su maestría para la pobrecita afición que sufrió su agobiante mecanicismo o su indefendible forma de andar por los ruedos (y por la vida, aunque yo no sea nadie para reprocharle nada personal a ningún semejante). En fin, que se nos convocó en Alfaro para ver al de la despedida y para disfrutar de la torería de ‘El Cid’, que estuvo en maestro con una plenitud sincera y profunda. Salió una corrida importante de Caridad Cobaleda, con envergadura y con algún toro bellísimo, como el primero del de Salteras. Al conjunto le faltó fondo aunque peleó en varas. Hubo tres astados que derribaron limpiamente a la acorazada; el primero –el de Jesulín– se llevó tres puyazos de libro. Acometió con prontitud y aunque se quedaba debajo del peto, salió suelto de los tres encuentros. El quinto de la tarde, de Vicente Barrera, fue el más completo del encierro y embistió incansable y con son en una faena deslabazada en la que el valenciano recurrió su toreo perfilero y de poca sustancia: medios pases, cercanías y bastante poco sentido del temple. ‘El Cid’ dio una lección en su primer oponente. El toro derribó al piquero de mala forma y el caballo salió como loco empotrándose literalmente contra la barrera. Destrozó el maderamen y se introdujo en un callejón angosto justo al lado de donde faenan dos fotógrafos. No pasó nada. El piquero Manuel Espinosa se libró, los ocupantes del burladero vieron cómo se les disparó el ritmo cardíaco y el caballo sólo sufrió dos o tres arañazos, tal y como me aseguraron los monos cuando acabó el festejo. Pues bien, en éstas, salió ‘El Boni’ y quiso meter al toro en el caballo del que hacía puerta que había venido a cubrir la baja de su compañero. El presidente había cambiado el tercio y sólo una enérgica orden de ‘El Cid’ evitó que trituraran al astado de Caridad Cobaleda. Y ‘El Boni’ volvió a dar la nota en banderillas firmando un mitin apocalíptico. Al maestro de Salteras se le salía el corazón por la garganta. Y cogió la muleta, ensayó la media distancia y se puso a torear. Y uno tras otro empezaron a brotar bellísmos y cadenciosos lances. El toro no se comía a nadie y con un temple magnífico ‘El Cid’ estaba dando una lección. Ni un aspaviento, ni una duda. Sólo torería; sólo recursos; sólo esa maravillosa medicina llamada lidia. Y mató por arriba y el Urcola se tragó la sangre amorcillándose y negando con bravura a doblar la cerviz. Una oreja. Qué más da. Había toreado; nos habíamos encontrado con la figura de un torero en sazón y en una plaza de tercera. Qué dignidad la suya. El sexto fue el más complicado de la corrida. De salida ‘El Cid’ le robó seis verónicas a pies juntos y una garbosa media. Le hizo un extraño con el capote y a punto estuvo de arrollarlo. El toro era incierto y se quedaba por debajo o se acostaba. Sin embargo, le robó algún natural excelente y lo despenó de otra magnífica estocada en la que el toro se le vino directamente al pecho. Lo sacaron a hombros con justicia; había dado una lección y se había jugado la vida con guapeza. (La foto es de Alfredo Iglesias)

Mis recuerdos con ‘Gabo’

«Pablo, he llegado tan alto que ya no me das envidia», relata Hermoso de Mendoza sobre una conversación que mantuvo con Gabriel García Márquez

Hermoso de Mendoza no tiene límites. En el caballo ofrece sensaciones inverosímiles, como ayer a lomos de Sármata, ese equino feucho y con pelaje ceniciento que se atreve a morder los lomos de los toros, que se entrega en cada cite como si le fuera la vida en ello. Pero una vez que echa pie a tierra, Hermoso de Mendoza solidifica su palabra y, de pronto, recuerda una conversación con uno de sus amigos: «Pablo, ya he llegado tan alto que no me das envidia», cuenta que le dijo el mismísimo Gabriel García Márquez en una de sus apoteósicas tardes mexicanas, cuando las ovaciones se confunden con el aroma del tequila más suave y primigenio del mundo o cuando el toreo se dice al ralentí de palabras vagas y arrastradas con melancolía. Y a pesar de que Gabo le diga semejantes cosas, el estellés no levanta los pies del suelo ni un milímetro. Y por eso admira a José Tomás: «Te arrebata porque hace que cada corrida sea un acontecimiento; tiene misterio, lo da todo y eso llega de una forma implacable a la gente. Por eso el público huele cada pisada suya, cada lance». José Tomás llevaba tres orejas en San Sebastián y Pablo cuenta que habló con él tras su primera tarde donostiarra: «Se subió a la última fila de la grada y allí medio escondido me dijo que se embelesó con Chenel y Sármata». Y entonces, más tomasista que nunca recuerda su tarde de Barcelona: «Fue maravilloso pero va más allá del valor. Le salieron canas en dos meses, por su entrega, por su responsabilidad. Y por eso es José Tomás, el torero más grande». Pero Pablo, además de sus recuerdos con Gabo y del maestro de Galapagar, tuvo también tiempo para analizar su actuación de ayer en Alfaro: «Me encanta esta plaza, este público y sabía que no les podía defraudar. Los toros no me han acompañado pero con Sármata en el segundo he podido hacer vibrar a la gente. El toro era muy deslucido por parado y con Fusilero he logrado momentos interesantes, pero este caballo es impresionante y me deja acortar los terrenos hasta la saciedad». También tuvo un momento para valorar la actuación de Sergio Domínguez: «Ha estado muy bien y me ha gustado mucho con Gallito». El rejoneador riojano Sergio Domínguez estaba muy satisfecho: «Creo que he tenido una buena actuación; tanto en el primero con Gallito como después a lomos de Ronda y Diamante. La tarde ha sido muy buena para mí porque torear frente a Hermoso de Mendoza y Joao Moura siempre es una enorme responsabilidad. Además, he estado certero con el rejón de muerte y he podido salir a hombros». El calagurritano valoró especialmente la seriedad de su actuación: «Había que estar a la altura y demostrar que puedo competir con cualquiera».

La Rioja

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