La Rioja
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Autor: jcampos
Chiquito hasta en el pleno
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Javier Campos | 14-11-2017 | 12:48| 0

Se nos fue el más grande y, por ello, hasta este pequeño espacio quincenal se salta esa norma no escrita de referirse al día a día de la ciudad para recordar su figura. Algo le debe el ‘Diario de un hombre loco’ al genio y a la figura de Gregorio Esteban Sánchez Fernández, más allá de que su autor tuviese la suerte de vivir durante sus años universitarios en la calle –la calzada de la Trinidad– de la que tomó su nombre artístico en su Málaga natal. Que Chiquito se metió en nuestras vidas es un hecho, como lo es que tantos años después lo hiciese para quedarse. Se quedó en Andalucía y también en La Rioja, pues su huella se siente… hasta en el salón de plenos del Ayuntamiento de Logroño (al final va a ser que es inevitable hablar de la capital de La Rioja en esta columna, ya ven). Desde su aparición televisiva, en este país ya nada volvió a ser como antes. Cuántas veces se ha despedido un concejal de la prensa terminada una sesión de varias horas con un ‘hasta luego, Lucas’, cuántas se ha oído un ‘no puedor’ al anunciar que se votará en contra de tal o cual moción, cuántas alguien ha soltado un ‘¿cómor?’ desaprobando lo que decía su interlocutor… ‘¡Al ataquer!’. El sábado no era de extrañar que desde la Casa Real hasta la Policía Nacional o la Guardia Civil (la también conocida como la ‘Meletérica’) lamentasen su pérdida. Tampoco faltaron partidos políticos en general y cargos públicos en particular. Sus formas y su fondo han calado hondo. Desde el ‘auan, apeich, agromenauer…’ para hacer cuentas cuando tocan los presupuestos a ‘que la cosa está muy malita’ hablando de la crisis económica pasando por esa manera tan suya de caminar, manos a las lumbares, usada por tantos logroñeses y logroñesas para evitar caerse, que no la ‘caidita de Roma’, cuando las aceras se congelan con los rigores del invierno. Como para no darse ‘cuen’, por la gloria de mi madre.

Hasta siempre, don Gregorio. / Daniel Pérez (EFE)

Hasta siempre, don Gregorio. / Daniel Pérez (EFE)

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El turismo es un gran invento
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Javier Campos | 12-10-2016 | 5:45| 0

Ni Paco Martínez Soria, José Luis López Vázquez y Antonio Ozores en ‘El turismo es un gran invento’, oiga. Vale que no se esperase un aluvión de ‘guiris’ en busca de sol y playa tal y como pretendían hacer tres de nuestros cómicos patrios en Valdemorillo del Moncayo, de acuerdo, pero lo de tener cerrada la oficina de turismo de Logroño entre dos horas y media y tres horas y media en plenos sanmateos pues como que tampoco. Imagínense la escena. Sábado, 17 de septiembre. 16.45 horas de la tarde. Un grupo de turistas de Madrid se acerca a la puerta a interesarse por las ‘Visitas narradas por los caminos del vino’, que estas fiestas de la Vendimia han sido incluidas en el programa de actos, concretamente a la ruta que comienza a las 17.30 horas desde la puerta del Revellín pues, según piensan, allí sacarán la entrada.

Oficina cerrada, que los sábados se baja la persiana a las 14 horas y no la vuelven a subir hasta las 17.30. Da igual que Logroño haya disparado el cohete anunciador de su ‘semana grande’ hace unas horas, porque nadie parece caer en la cuenta de que a lo mejor, solo a lo mejor, alguien haya podido pensar en Logroño como plan de fin de semana. Total, si tenemos a Fonsi Nieto… Miércoles, 21 de septiembre. Festividad de San Mateo. 16.15 horas. Un grupo de turistas de cualquier otro sitio que les salga. Tres cuartos de lo mismo. Un cartel, qué deferencia, anuncia que el horario de atención al público ese día es de 10 a 14 horas y de 17.30 a 19.30 horas. Suficiente, pensarán, para atender a los ‘despistados’ que se les ocurra en una jornada de fiesta como esa pasarse por una oficina de turismo. ‘Despistados’ que dejan caer un ‘no me lo puedo creer’. Y luego se nos llena la boca hablando de lo mucho que tenemos que ofrecer y mostrar… tanto como a esos visitantes que, mucho me temo, dirán que lo hacemos con la puerta cerrada.

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Sorpresa
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Javier Campos | 05-10-2016 | 6:49| 0

Decía Gonzalo Peña, portavoz de Cambia al explicar su abstención al ‘enésimo’ plan de recuperación de la Villanueva, que el proyecto que Logroño aprobaba por la vía de urgencia para acceder a financiación europea le resultaba como un ‘huevo Kinder’, «del que se conoce el chocolate pero no sabemos la sorpresa que lleva». La sorpresa, de momento, ha sido el ‘no’ de la Secretaría de Estado de Presupuestos y Gastos del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas a un proyecto, varias veces modificado, y que no ha logrado la nota mínima exigible. Resulta que, una década después de que Siza aterrizase en Logroño para devolver la vida a la zona de las ‘siete calles’ y tras no pocas idas y venidas, todo sigue igual de moribundo en la mal llamada Judería.

Resulta que, tras dar vueltas y más vueltas sin que nadie tuviese ninguna prisa, el comienzo de todo pasaba por «ajustar» la demorada regeneración a una convocatoria para la que técnicos y políticos trabajaron contrarreloj –dejando lo justo de Siza, para más inri– y poder presentar sobre la bocina la documentación necesaria… tanto como el último día de plazo. La pregunta, llegados a este punto, es ‘y ahora, qué’. La respuesta, y no vale otra, es que no acceder a los fondos FEDER no debe servir de excusa, pues queda claro que la Villanueva es un barrio de Logroño no ya alejado de Bruselas, sino también de Madrid. El problema es de ciudad y la solución, por lo tanto, pasa por aquí. No hay sorpresa que valga… Ni ‘no’ que conforme a los vecinos.

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Franco… Battiato
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Javier Campos | 06-09-2016 | 11:58| 0

Y las dudas se despejaron de momento… sin molestias ni perjuicios, sin filas y sin colas, sin más gastos que lo que suponga la adquisición de las placas. Y la calle Calvo Sotelo seguirá siendo Calvo Sotelo, la plaza Martín Ballestero seguirá siendo Ballesteros y el parque González Gallarza seguirá siendo Gallarza. No sería de extrañar que Juan Yagüe, en el futuro, pase a ser Yagüe, es decir, que siga siendo Yagüe. «Grotesco», según La Barranca. El Ayuntamiento, casi 9 años después, cumple con lo que dice la Ley de Memoria Histórica en relación a sus calles. El problema es que el nombre de las mismas siempre tiene una motivación y no vale que aprovechando que el Pisuerga pase por Valladolid –y el Ebro por Logroño– alguien caiga en la cuenta de que ministro de dictadura y presidente de democracia compartan apellido –que también fue, por cierto, el de un equipo de fútbol–.

 

El debate sobre las calles 'franquistas'... sigue en el centro de gravedad.

 

Si Innerarity tiene –tenía– una calle no era por otro motivo que «por los merecimientos contraídos con ocasión y durante el Glorioso Movimiento Nacional», ahí es nada. Y es que más allá de las denominaciones, los motivos tampoco son inocentes. Dicen que con Capitán Cortés se pensó incluso en sustituirlo por Hernán Cortés «pero parecía un poco forzado». Supongo que será de agradecer que a nadie se le ocurriese la opción de dejar el Capitán y sustituir el Cortés por un Trueno. Y vaya usted a saber si para Ballesteros se pensó en Severiano. Y, con tales precedentes, quien sabe si para las restantes Víctor Pradera pasa a ser ‘La casa de la pradera’, pues seguro que los hay muy de Michael Landon. Al final, habría que decir tanto a PSOE y PR+, que no lo hicieron cuando pudieron, y al PP, que lo hace ahora de aquella manera, que no era para tanto. Que General Franco, ya puestos, bien pudo ser Franco Battiato en lugar de avenida de la Paz. Un chiste, sí, pero de muy mal gusto.

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Ganzábal, que estás en los cielos
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Javier Campos | 14-07-2016 | 10:41| 0

Hablar de Alejandro Ganzábal es hablar de prácticamente un desconocido cuando, sin embargo, su vida (Yurreta, Vizcaya, 1840 -Logroño, 1906) está ligada a los grandes acontecimientos en La Rioja del siglo XIX. Llegó como cantero a Logroño con motivo de la construcción de la línea férrea de Castejón a Miranda y terminó sus días como maestro de obras, entre las cuales le encomendaron la construcción de las murallas provisionales de la tercera guerra carlista (1872-1876).

 

 

El nombre de Ganzábal, muy ligado a todo lo que tuviese que ver con trabajos de cantería en la ciudad en aquellos años, como la construcción de los diferentes puentes sobre el Ebro, también lo está a tragedias tales como el hundimiento de la barcaza que transportaba a soldados de una orilla a otra del río en 1880 o la del descarrilamiento del tren en Torremontalbo en 1903, donde no dudó en encabezar la ayuda. Un personaje, en definitiva, cuya vida y obra serviría para vertebrar el relato histórico del Logroño en blanco y negro y que, sin embargo, sale a la luz casi por casualidad y de la peor manera posible. Y es que si su casa en vida, la que en su día llegó a ser la única casa al otro lado del puente de Piedra, se alza como ruina del pasado capitalino abandonada y condenada al olvido (ahora ya derribada, pues esta columna salió originalmente publicada en Diario LA RIOJA el pasado 2 de noviembre); su casa en muerte, es decir, su panteón, amenaza derrumbe en el corazón del camposanto logroñés.

 

 

Que su lápida esté tapada por tablones de obra y su tumba llena de sacos de arena y cemento puede llegar a tener su gracia tratándose de un constructor. O no. Justo al lado, el doctor Zubía, el que fuera su amigo y al que levantó un panteón gemelo, se ve condenado a la misma segunda muerte. Él también vio desde allí arriba peligrar su ‘casa’ en vida, el Instituto Sagasta… e incluso su obra, su colección científica. E igual lo de la glorieta y el busto ni le compensa.

 

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