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Carlos Dívar

Viaje con nosotros
Javier Campos 22-12-2014 | 10:47 | 0

Ya lo dijo Carmen Calvo, ministra del PSOE, en lo que se justificó como un lapsus. «Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie». Claro que entonces era hace 10 años, es decir, cuando éramos ricos y ‘nadie’ parecía cuestionarse que con el dinero público no se juega… La caída del magistrado Carlos Dívar cuando ya mirábamos la pela con lupa puso en el ojo del huracán los viajes de políticos y autoridades del Estado a cargo del erario público. Ahí también caímos en la cuenta de la débil frontera entre lo público y lo privado, la falta de control o la poca trasparencia que hasta entonces rodeaba a unas autoridades que desde ese momento no han parado de perder autoridad. Ahora nos dicen que sus señorías –diputados y senadores– viajan gratis en el ejercicio de sus funciones. Gratis no, habría que precisar, pues sale de las arcas públicas: de sus bolsillos y de los míos, para que nos entendamos. En barco en elefante en tren… cual Willy Fog ‘apostador’. Y todo ello sin tener que justificar nada porque no tienen obligación.

 

 

Los viajes de mi paisano Monago –por aquello de que ambos somos extremeños– no son más que la punta del iceberg… justo la semana en la que un vecino me preguntaba si el año que viene, electoral como pocos, volverá el presidente Sanz a ‘hacer las Américas’, y justo días después de que la alcaldesa Gamarra viajase a Colombia a participar en un congreso latinoamericano, del que hemos sabido cuando la oposición ha denunciado. No se dan cuenta de que la trasparencia no se predica, sino que se practica, y que no sólo tenemos derecho a saber dónde van, sino a qué van, con quién y cómo lo pagan. Hubo un tiempo en el que todos aspirábamos a los viajes gratis del ‘Un, dos, tres’ o de ‘El precio justo’. El caso es que tantos años después de que Mayra Gómez Kemp y Joaquín Prat lo dejasen, algunos se empeñan en seguir jugando.

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Abrir ventanas o derribar muros
Javier Campos 05-02-2013 | 12:21 | 0

El hedor comienza a ser insoportable y no hay nariz, por muy superlativo que sea el cuerpo al que esté pegada, que lo resista. Que algo huele mal estaba al alcance de cualquier pituitaria desde hace tiempo, pero el grado de descomposición cada día que pasa comienza a resultar tan fétido que las autoridades sanitarias deben estar a un paso de advertir que respirar puede matar.

Si la sociedad es un ser vivo, el diagnóstico sobre la enfermedad que aqueja al paciente no admitiría lugar a dudas: tocados todos y cada unos de los órganos vitales lo que peligra es su mismísima vida. No hay poder del Estado que esté a salvo -ni ejecutivo ni legislativo ni judicial- y el pronóstico reservado de instituciones como la Corona hacen temernos lo peor. De hecho, la pestilencia impregna el ambiente: gobernantes, políticos, jueces… periodistas.

Que aquí huele a muerto ya lo percibe hasta quien se empeña en olfatear en sentido contrario. La sintomatología de la dolencia se ha ido presentando poco a poco, si bien actualmente no hay día en el que no aparezca un nuevo signo de putrefacción que obligue a llevarse el pulgar y el índice a las napias y apretar lo más fuerte que se pueda: que si un Iñaki Urdangarin, que si un Carlos Dívar, que si un Luis Bárcenas, que si una Ana Mato…

A un paso de morir por asfixia no queda otra que abrir las ventanas de par en par y, si no da resultado, derribar los muros. No basta con airear un poco la habitación. No valen pactos para hiperventilar pues la oxigenación pasa por construir algo nuevo. Y es precisamente ahí, en los cimientos, donde cada uno debe aportar su granito de arena. Quedarse en casa con las puertas cerradas es ser cómplice de tal podredumbre.

 

Más de El Roto, aquí... http://elpais.com/autor/el_roto/a/

 

P. D.

Artículo publicado en la columna quincenal ‘Diario de un Hombre Loco’ de Diario LA RIOJA que, haciendo una excepción ante la situación general de las cosas, trasciende de lo puramente local y se cuela en el blog ‘Nanay de Logroño’…

 

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