La Rioja
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Fecha: agosto, 2016
Comienza la cuenta atrás
Luismi Cámara 28-08-2016 | 3:26 | 0

Hoy voy a empezar por el final. No voy a mantener la emoción durante buena parte del post. ¡¡¡Comienza la cuenta atrás!!! Como en el despegue de una nave espacial, el Objetivo 25 kilos ya ha empezado a restar por debajo de 10. Ya he superado la barrera psicológica de la decena y ahora hay nuevas fronteras en el horizonte. Ya he perdido 16,400 kilos en total desde los 122,2 de los que partía. Es decir, me quedan 8,600 kilos. Si en el anterior paso por el peso me quedé en los 108,5 kilos (1,700 menos), en el último la báscula ha marcado una rebaja de 2,700. Ahora mismo, mi peso oficial actual es de 105,800 kilos.
Veo más cerca que nunca la posibilidad de bajar de los 100 y ahora comienza una fase que seguramente será la más dura pero que es también la más atractiva. Es posible que la pérdida de peso comience a estancarse un poco y que, por tanto, los avances no sean tan evidentes. Hemos ido deprisa hasta el momento, por encima incluso de lo esperado (al menos por mí), así que no hay ninguna ansiedad a la hora de seguir avanzando.

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(Sin) sangre, (con) sudor (mucho) y (ninguna) lágrimas
Luismi Cámara 19-08-2016 | 7:13 | 0

Tuve un profesor en el instituto que, cuando le fui a reclamar un sobresaliente en Educación Física, me respondió que “había sudado menos que los demás” para conseguir unos resultados que merecían la máxima nota. Me quedé con el notable y con la cara de pazguato que te deja una explicación de este calibre, similar a justificar una nota en Historia en función de la tinta de bolígrafo empleada en el examen. Este post no es una venganza en frío un cuarto de siglo después de esta anécdota estudiantil, pero el vídeo que lo acompaña deja claro que sudar, sudo. Una barbaridad. Siempre lo he hecho, incluso en aquellos tiempos en los que mi profesor me restaba puntuación por lo contrario. Juro que todo lo que sale de esa camiseta es fruto de mi trabajo… o de un problema de hiperhidrosis, que también puede ser.
Si la capacidad para calar las camisetas es un baremo válido para medir mis esfuerzos para cumplir con los retos que me va planteando Roberto Molina en Objetivo 25 kilos, mi ángel deportivo debería estar muy satisfecho. Quizás no dé más de sí, pero cada entrenamiento hago lo que puedo por cumplir con los mandatos de mi entrenador. Mi ropa empapada tras cada sesión así lo atestigua y las agujetas que sufro en el culo (y en otras partes del cuerpo) desde hace tres días tras una nueva sesión de chaleco lo corroboran.
Haciendo mía, aunque adaptada, la célebre sentencia de Winston Churchill, podría decir que mis entrenamientos son “(Sin) sangre, (con) sudor (mucho) y (ninguna) lágrimas”.

 


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Cocido, marisco y albariño vs.Objetivo 25 kilos
Luismi Cámara 08-08-2016 | 5:08 | 0

Primer día: Astorga. Cocido maragato con todos sus sacramentos. En primer lugar, las DIEZ carnes -lacón, panceta, oreja, pata, morro y tocino de cerdo, morcillo de ternera, gallina, cecina de Astorga, chorizo y relleno-. Después, los garbanzos (¡qué garbanzos, madre! ¡Mantequilla pura!), acompañados de verdura y patata. De tercero, sopa de cocido, con el fino fideo espesando el caldo. De postre, natillas caseras con roscón maragato. Todo esto, regado con un buen vino del Bierzo (dos botellas -¿o fueron tres?- para cuatro), café y un gintonic final que ejercía de bajativo necesario.
Segundo día: Cambados. Desayuno continental en condiciones. Para comer, zamburiñas, pulpo, pimientos del padrón, bacalao a la gallega y alguna cosa más, con albariño para refrescar y unas espectaculares tartas de Santiago y de queso de postre. Después, copas vespertinas varias -no diré el número ;-)- y picoteo nocturno (jamón, pimientos, los mejores mejillones al vapor que me he comido nunca…) con cerveza y vino.
Tercer día: Portonovo. Volandeiras, xoubas, más pulpo, más pimientos del padrón, unas croquetas que quitan el sentido… y albariño para comer.
Combarro (maravilloso su casco antiguo). Cena con empanada de maíz y zamburiñas, pulpo… y más albariño.

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La salchicha peleona y la comunidad del chaleco
Luismi Cámara 03-08-2016 | 6:52 | 0

Ya soy uno de ellos. Ya formo parte de la selecta comunidad del chaleco. Me lo probé hace unos días y sin preaviso y, después de tres sesiones, ya me puedo considerar uno de aquellos que, hace no tanto, consideraba los elegidos.
Ya os conté que Roberto Molina me había amenazado con un giro de tuerca, pero éste no me lo esperaba tan pronto. Hace unos días, llegué a entrenar al Centro de Fisioterapia y Medicina Deportiva Las Gaunas y, nada más entrar, me miró con su perenne sonrisa y me dio el regalo: una bolsa con la ropa que significaba que ya me veía preparado, que podía ser uno de ellos. “¿Pero ya?”, pregunté entre emocionado y preocupado. “Sí. Te iba a avisar, pero era mejor así. Para qué te iba a poner nervioso antes…”, me respondió con cierta sorna.
En mis primeros entrenamientos de Objetivo 25 kilos, mientras corría a ritmo de toro manso en la Alter G y sufría con los ejercicios de activación que me marcaba Roberto, veía a pocos metros a hombres y mujeres sudando la gota gorda, frunciendo el ceño, apretando los dientes y tensando sus músculos.
Metidos en sus ajustadas camisetas y mallas oscuras, totalmente combinadas con un chaleco ajustado, una especie de faja a la altura de los glúteos y unas cintas del mismo tono colocadas en los brazos y en los muslos, aquellos cuerpos espiraban, suspiraban, e incluso jadeaban, mientras realizaban sus sesiones físicas.

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