La Rioja

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Comer con educación
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Luismi Cámara | 30-01-2017 | 19:42

Objetivo 25 kilos ha empezado 2017 con más fuerza si cabe que como terminó 2016. Las navidades apenas pasaron factura, con un aumento de peso de 100 gramos que reafirman mi convencimiento de que estoy cada vez más asentado en los hábitos saludables de alimentación y deporte que durante todos estos meses me han ido inculcando Roberto Molina y Paula Fernández.
De hecho, en la siguiente (y última) revisión en el Centro de Nutrición y Dietética Nutrium la tanita volvió a demostrar que nos hemos hecho buenos amigos en este tiempo y me volvió a sonreír, marcando un descenso de 1,300 kilos, con lo que mi peso actual está en 93,300. No recuerdo, en toda mi edad adulta, haber estado en esta cifra.
Mientras tanto, seguimos inmersos en el nuevo reto dentro del reto, la media maratón del 28 de mayo. Avanza sin descanso mi proceso de aprendizaje. Paula ejerce de paciente profesora y ahora toca comenzar a entender y comprender al cuerpo y saber qué necesita en función de los esfuerzos que se le exigen. Así que mi ángel de la alimentación se ha empeñado en que el día de la carrera, un año después de que una masa informe llegara a su consulta, esa masa ya más saludable y con unas curvas mucho más sanas y razonables sepa qué comer antes, durante y después de correr los más de 21 kilómetros de la prueba. Estoy seguro que lo conseguirá… y mira que el que escribe se ha tirado muchos años peleando contra rutinas cabales en la mesa.
Además, sigo entrenando a las órdenes de Roberto en el Centro de Fisioterapia y Medicina Deportiva Las Gaunas y haciendo kilómetros en la calle. No es el único objetivo de mi preparador físico, un apasionado de los desafíos, y él mismo se ha planteado el suyo propio: completar la maratón de Roma. Un imposible para mí pero un lance al alcance de unos pocos fenómenos como Roberto. Motiva tener ejemplos como éste para mirar con optimismo mi meta. Sin esfuerzo no hay recompensa, me ha repetido en numerosas ocasiones, y ver los sacrificios que él hace para alcanzar sus propios propósitos supone todavía más palmadas en la espalda y un estímulo mayor para levantar la cara y mirar hacia el sol. Ayuda a buscar fuerzas más allá de uno mismo. Corro por mí, por los profesionales, familia y amigos que están apoyando en este camino y por los muchos boicoteadores que se han convertido (muchos de ellos sin saberlo) en los necesarios animadores.
Con el tendón de Aquiles como nunca, es el gemelo el que me da algo de guerra estas semanas, pero ahí están Alberto y Miguel para arreglarlo con sus manos mágicas. Soy un aficionado al que tratan como un profesional e intento responder a ese esfuerzo de todos de la mejor manera posible.
Este Objetivo 25 kilos no me está dejando más que cosas buenas. Es la enésima vez que lo digo y todavía tendré que repetirlo muchas veces más.
Lo último ha sido lo vivido la pasada semana. Roberto Molina es profesor de Educación Física en el colegio Agustinas de Logroño y, en su afán por enseñar los hábitos saludables para que los niños los adquieran desde bien pequeños, organizó unas charlas para los alumnos del segundo curso de la ESO. Paula Fernández les explicó las bases de una vida marcada por la salud, mientras que un servidor fue el encargado de servir como ejemplo de todo lo malo de estar enganchado a los vicios alimenticios y la dejadez deportiva y el camino hacia la enfermedad que esto conlleva y de lo bueno que es adquirir un estilo de vida sano en la mesa y en el deporte.
Aquí podéis ver las imágenes de las charlas.
La experiencia fue enriquecedora. Paula y Roberto comulgan con los mismos principios y ambos tienen claro que la nutrición y el deporte deberían formar parte fundamental en la educación. Me sumo a ciegas a sus ideas. Creo que es primordial que desde bien pequeños los niños aprendan qué comer, qué les están dando y vendiendo (muchas veces, malo por bueno), cómo y cuándo comer, por qué hacerlo. Todo para alcanzar la combinación perfecta de alimentación, deporte y salud.
Considero que es una obligación de todos (en los centros educativos y en el entorno familiar) hacer que tengan todas las herramientas para poder convertirse en adultos sanos. Una persona sana es una persona capaz de conseguir sus objetivos. Una persona enferma está limitada para poder optar a muchas de las cosas que persigue. Lo digo desde la experiencia personal.
Por eso, desde este blog que tanto me está dando, voy a seguir pidiendo: quiero que la Educación Física se entienda como una parte esencial en el proceso de formación educativo y que la nutrición también lo sea, como base incuestionable de ese proceso hacia la formación integral de los niños. En algunos centros ya se comienza a tener en cuenta, el objetivo es que se convierta en algo habitual y normalizado. No es tan difícil y el premio merece la pena.
Al final, hacerlo supone invertir en el futuro, invertir en la salud. Incluso es una forma de recortar gastos en Sanidad: unos ciudadanos sanos requieren menos atenciones médicas.