Manuel Camblor
15 May 2008
El día en que se metieron con la música...
Me acaba de llegar un mensaje de Decanter.com con las noticias
Resulta lo siguiente:
http://www.decanter.com/news/256206.html
Para los que insisten en no leer inglés, va de que Montes, el megaproductor de impotables chilenos, ha comisionado un “estudio” por científicos de la Universidad de Edinburgo para demostrar que acompañar ciertos vinos con ciertos tipos de música puede mejorar en X porciento la impresión que le hace a uno el vino. Así, según el artículo y por ejemplo, el cabernet sauvignon Montes Alpha resulta “un 60% más opulento cuando va acompañado por “una pieza poderosa como ‘O Fortuna’, del Carmina Burana de Carl Orff”.
¡Orff!. ¡Uf! Rimbombancia deluxe. Francamente, yo no podría. Bueno, para los efectos no es que se me vaya a ocurrir tampoco comprar y abrir el Montes Alpha. Pero bueno, se entiende la compatibilidad, dada en un individuo la confluencia de ciertas proclividades estéticas y sentimentales.
No quiero ni comenzar a imaginarme lo que maridaría esta gente con Luis Miguel. O, si son old school, con Julio Iglesias o El Puma. Porque no pueden estos “artistas” andar muy lejos de ese tipo de imaginación. Y me imagino que cuando hablan de oir “pop” con chardonnay, pues, será algo bien chusco y cuarentaprincipalero.
Que quede claro, no escribo estas breves líneas para objetar contra lo de los maridajes música-vino. Quienes me han leido aunque sea un par de entradas en este blog, o en alguno de esos foros de los que ya ni de coña participaría, sabrán que el nexo entre la música y el vino es para mí esencial. Este blog ha ofrecido a sus lectores una abundancia de sugerencias musicales. Incluso, algunos amigos han disfrutado de las ocurrencias pinchadísquicas de ese singular recluso, DJ Camblor NO, en dos discos que emitiera hace unos meses, uno de los cuales se titulaba: Confort y música para beber.
Y no sólo soy yo el que dedica buena parte de sus energías blogueriles a ofrecer música que acompañe al vino y la discusión sobre él. Un generoso puñado de ejemplos me vienen a la mente,
Mi problema con esto de Montes es que el marketing que pretenden hacer se basa en clichés insufriblemente horteras, a estas alturas. Claro, te meten un par de “clásicos” entre las pistas sugeridas para acompañar a sus vinos—pistas sobre cuyos méritos por sí solas no se discute. Así hablan de combinar sus cabernets con “All Along the Watchtower” de Hendrix o “Honky Tonk Women” de los Stones, el chardonnay con “Atomic” de Blondie y el merlot con “Sitting on the Dock of the Bay” de Otis Redding. ¿El resultado? Que hacen que piezas de música que he admirado de toda la vida de repente se me abaraten, hasta me den repelús.
Y luego están esas otras recomendaciones de canciones que me resultarían eméticos efectivísimos por sí solas… ¿Enya? ¿”Chariots of Fire” de Vangelis? ¿Cómo ingerir vino cuando se está combatiendo desesperadamente las náuseas y las ganas de abrirte las venas por culpa de cursilerías y horteradas
Ahora bien, también podemos pensar en de dónde viene la cosa. La gran industria internacional
Me quedé yo pensando, tras leer el artículo de Decanter.com en lo raro que me resultaría recomendar música en el futuro, sin sentirme puteado. Pero se me pasó enseguida. La cosa con estos supermercantes de enoproducto es que no sabrían lo que es vino de verdad aún si éste viniera y les mordiera una nalga. Igual con la música… Ahora me voy a buscar un vino que vaya bien con este clásico moderno de los de verdad:
09 May 2008
Batallitas del abuelo 2: Noche campestre, con maldición
Era la primera convocatoria cuyo tema incluía una “despedida”. También lanzaríamos una especie de pre-celebración de mis cuarenta, pero lo que más me impactaba era el recordatorio de mi inminente partida hacia un lugar de perspectivas vínicas muy inciertas.
Llegué temprano a Grand Central Station, donde había quedado con el Dr. K, Brad Kane y Victor L. Allí íbamos a tomar el tren expreso hasta Croton-on-Hudson y la residencia del Profesor Gilman, nuestro anfitrión para una velada con tema doble: Frédéric Emile y Rioja.

-Al fondo de la estación, jueves, seis de la tarde.-
Exageraba un tanto. Pero la verdad es que sobrecoge ver, a las seis de la tarde, el torrencial tráfico de gente que retorna a los suburbios tras un día de trabajo en la metrópoli.
Perdonen. Esto en realidad no viene al caso y me estoy dejando llevar por un sentimentalismo nostálgico nada decoroso. Aquí en
Pero vamos, Nueva York es Nueva York y rememorar episodios pasados me resulta muy reconfortante. Así, Croton y amigos viejos y nuevos, con vino y comida, unos días antes de que cumpliese yo los cuarenta… Aparte de los ya mencionados, estaba también presente Dan Sullivan, entre los viejos y un par de nuevos personajes que, a la media hora de iniciada la velada, me parecía conocer de toda la vida.
La cosa comenzó en la cocina del Profesor, con quesitos y piscolabis y la vertical de Frédéric Emile, lo que, en teoría, siempre debiera marcar el mejor comienzo. El primer vino fue el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 2001, que estaba cantando polifónicamente, con una armonía bastante rara, pero placentera. El primer impacto es graso, pero a la vez cítrico. El segundo es vivaz, floral. El tercero es de frutas de hueso, un impacto compacto, localizado. El cuarto es herbáceo y en diagonal. Y luego te das cuenta de una nota de acero vibrando en el fondo, uniéndolo todo. Otra manera de describir el efecto es “jugueteos celebrales atados a un corazón duro, durísimo, de piedra”. Un vino provocador, jovencísimo. -Quesitos, piscolabis y riesling en la cocina, pero...-
Continuamos ocn una botella del el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1997 que salió imperdonablemente oxidada. El corcho exhibía, según el Profesor, un jaspeado azul sospechoso. Nos dimos a especular un rato sobre si el problema de oxidación prematura en los blancos se habría extendido de Borgoña a Alsacia. El Profesor bajo veloz a su cava y apareció con una nueva botella
El Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1996 que siguió estaba infernalmente oxidado, moribundo… De nuevo las especulaciones ante lo que de repente amenazaba con convertirse en nefasta racha. Por suerte apareció el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1995 para clamar el negativismo. Perfecta botella, ésta. El implacablemente apretado centro mineral, rodeado de capas y exquisitas capas de cítricos, melocotón blanco y níspero. Larguísimo, con mucho nervio, pero suculento. P-R-E-C-I-O-S-O.
Siguió el Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1994—otra botella alarmante pues, aunque no estaba estropeada, se mostraba demasiado avanzadita para su edad. Llana, con tonos de anís, cardo, piel de limón y minerales, pero falta de chicha y frescura, cosas que debería tener en cantidad. Hay que joderse.

-El Dr. K busca palabras; su cara lo dice todo...-
Estábamos ya encontrando un peculiar patrón de intermitencia en las botellas. Salía una buena y una mala… Con el corazón en la boca vimos

-Sonrisita picarona de caballero con gran botella entre manos-
Pero claro, ya casi ni pudimos disfrutarlo, pensando en que la maldición intermitente nos depararía un Trimbach, Riesling “Cuvée Frédéric Emile,” Alsacia 1990 de algún modo fastidiado. Porque
M-E-R-D-R-E (No es un error, espero que lo sepan).
¿No sospecharían ustedes tongo en una situación así?
Me entraron dudas existenciales sobre si la suerte me sonreiría en mis cuarenta, pues parecía venir de mala hostia, la muy…
Bueno, interlúdicamente había yo infiltrado en el asunto dos botellas de vinos riojanos elaborados por amigos nuestros. El primero era un Contino, Blanco, Rioja 2006 en una botella sin etiqueta, dedicada por Jesús Madrazo a nuestro grupo de su puño y letra. El vino es una cuvée experimental, no comercializada en lo absoluto. Si mal no recuerdo está hecho con viura, malvasía y garnacha blanca (aquí me puedes corregir, Chus, si me equivoco, aunque creo que te me vas a mosquear por lo que he de reportar).
Indignación, protestas y luego coñas típicas de los miembros de mi círculo, que no tienen piedad con nadie. De la copa sube
Luego vino el primer tinto de la noche, también infiltrado por mí, de otro amigo al que imagino bien cabreado en un par de minutos, cuando termine de leer lo que viene. El Aldonia, Rioja 2004 lo habíamos probado junto con Iñaki Gómez Legorburu cuando éste nos visitó en
Yo traté de dar un giro positivo al asunto, señalando que al menos el Aldonia no andaba todo enmaderado y que además, tanto Iñaki
En este punto y en otras circunstancias hubiese yo estado declarando “Una pena”, o algo por el estilo. Pero el comportamiento de la suerte ya estaba cargándome desde hacía rato. La muy puñetera no daba señales de querernos dejar disfrutar tranquilos.
Y entonces apareció un R. López de Heredia, “Viña Bosconia” Gran Reserva, Rioja 1981: Bellísima botella. Abre especiado, con notas de agua salada, violetas, té negro y ciruela roja. Y muchísimo más, expresado con una serena elegancia, en voz moderada y armónica, incluso cuando suelta un tonito volátil. Vivaz y muy complejo en boca. Te deja un elemento floral en el posgusto que me recuerda un poco a incienso. Largo y delicioso.
Un Bodegas Riojanas, “Viña Albina” Gran Reserva 1978 salió de tono altísimo, casi supracanino en el registro, con una volatilidad lacerante. Carnes curadas, canela, comino, nueces tostadas, cuero, arándano seco, cereza, piel de naranja… Hay muchos aroma y sabores y bastante persistencia, pero al final la volatilidad resultó demasiado impertinente, aún para los amantes
Llegó un delicioso asado de cerdo con pilaf de cuscus y hierbas. Pretnedíamos acompañar al menos una primera ronda con el Marqués de Murrieta Ygay, Reserva, Rioja 1978, pero el vino nos salión más cocinado que el cerdo. Completamente estropeado y sin salvación. Yo comencé a decir que quizás alguno de mis enemigos se había ideado una maldición de vudú especialmente dolorosa y estaba viendo los primeros efectos… Alguien me señaló que mi inglés parecía haber adquirido repentinamente un extraño acento hindú. Me preocupé. Puede que la brujería sea más compleja de lo que imagino.
Esforzándome para normalizar mi habla me enfoqué en el Profesor, que comparecía a la mesa, botella de Bodegas Riojanas, “Monte Real” Gran Reserva, Rioja 1968. No traía buena cara. Esa la había aportado yo,
Yo:
“¡&^%$#$@$%♣≠®%$#^*&^%^*)__(*@♫◊◙₪ﭏﭲﭯﭱﭳﭫﮏﮍﮌ1###(&^Oﯕﯔﯤﯟﻰﻟﻍﻌۻ۩۷۵۳Ẅ۞ڽמҰлЉЃЂǾŹ۞ڽќӨ†•™€₧₣⅜╬◘◄שּׁךּזּבּﮮﯓﻼ!”
Usualmente no me corto en lo absoluto a la hora de incluir tacos en mis narraciones. Este es un blog para adultos, que refleja los pormenores de la vida de un individuo que, aparte de enochalado, alguna vez fue profesor de filología y siempre ha sido bastante malhablado. Amén. Aquí lo que dije hasta a mí me ruboriza. Creo haber inventado un par de nuevas expresiones, de paso. Brad Kane pareció, por primera vez en muchos años, genuinamente alarmado por el despliegue de improperios que salía de mi boca, aparentemente a৬n con el acento hindú
Es que no hay derecho, carajo… Vale que me hayan salido corchadas la mitad de las botellas de aquel sustancial lote de Monte Real Gran Reserva 73 que compré muy barato en
Tratando de no pensar en este nuevo trauma me concentré en la botella que tenía delante, de uno de los riojas más radicalmente variables que conozco, el Marqués de Riscal, Reserva, Rioja 1968. Cuando lo llamo “variable” es porque en los últimos veinte años lo habré probado unas veinte veces de especímenes sanos y todas las botellas han sido tremendamente distintas una de otra, abarcando todos los registros, desde la abyecta mediocridad hasta el esplendor. El resto de los comensales tenía similar experiencia con el vino y se aprestaba al juego de ruleta rusa que era de esperarse.
La verdad es que esta, fiel al tenor de la velada, estaba entre las malucas. Menta y mucho roble americano viejo. En boca resulta denso, un tanto rústico, dominado por la
Canturreaba yo la letra de “Pedro Navaja”, aquel versito que va “éste no es mi día/hoy estoy salá…” cuando se suscitó,
Estaba la mesa de un deprimido que no veas, pero de repente apareció un mágnum de CVNE, “Imperial” Reserva, Rioja 1973 que resultó ser uno de los poquísimos puntos brillantes de esta noche de infelicidades. Muchas veces he dicho que los reservas tienden a sorprender por la longevidad que muestran. Mi hipótesis es que se embotellan preservando aún mucha más chicha que los grandes reservas, aunque estos últimos sean—al menos en teoría—vinos superiores. Este es un Imperial clásico donde lso haya, elegante, delicado y complejo de aromas y sabores. Especias de pastelería, cuero, cedro, cáscara de naranja, té blanco, anís, fresa y cereza. Se va a cítricos bellamente después de un paso de boca fresco y especiado.

-Lo que nadie entendía era por qué Brad estaba tan risueño...-
Gran parte de
Era el Marqués de Murrieta, “Castillo de Ygay” Gran Reserva, Rioja 1934, la última botella que le quedaba a mi querido amigo John. Cuando digo “querido” es con sentimiento, de verdad. Uno piensa que las mejores relaciones humanas obedecen a aquellas “afinidades electivas”,
Bueno, retrospectivamente quizás la mala suerte de esa noche fuese lo mejor, pues me ayudaría a apreciar más aún las bondades de las que siguieron sin idealizar demasiado las cosas. Pero no me adelantaré. Otro día les cuento. Ahora,
08 May 2008
¡Ay, el fregadero! Coda

-Jean-Paul Brun-
Ayer acababa yo de colgar mi post—lamentando la penosa suerte de tantos pobres fregaderos en el mundo y hablando de los peligros
Puede que, dada la nueva normativa de seguridad instituida después de que el foro fuese hackeado y su base de datos borrada, tengan que inscribirse. Háganlo. Vale la pena. Es el mejor lugar de la red para discutir sobre vino. Lo prometo.
El caso es que mi buen amigo e importador estrella de vinos de verdad a EEUU, Joe Dressner, reporta que fue denegada la AOC a más de cinco mil cajas del Beaujolais “L’Ancienne” 2007 de Jean-Paul Brun, una de las indiscutibles luminarias autenticistas de la región. ¿La razón que dió el organismo regulador? Que este vino, siempre tan fiel a su terroir, tradicional, puro, transparente y delicioso sencillamente “no es típico”.
El
Vamos, me encuentro el escenario plausible pues, aunque no viniera la condena y la descalificación de parte de autoridades oficiales (¿o sí?), recuerdo como hace algunos años tuvimos algunos que defender fieramente el honor de marcas como López de Heredia y otras históricas de la Rioja contra modernistas empedernidos que se empecinaban en instituir el mamarracho superalcohólico, megaextraido e hiperebanístico de “alta expresión” como el único estándar a emular, el “eso o nada”. Se instauró un flaz sentido de que los vinos tradicionales sencillamente no debían existir, pues la "alta expresión: era la verdadera expresión de la gloria riojana, etc., etc. Vamos, una imbecilidad total, propagada con toda la insolente arrogancia del farsante, el timador, o el loco perdido.
Y la anécdota aquella del individuo que desechó su cosecha entera pues ésta le parecía “demasiado francesa” y él “quería hacer vino californiano” como que también se siente reverberando.
Joe Dressner achaca responsabilidad por la declasificación
Me gustaría tener mucha ms información antes de llegar a alguna conclusión, pero la verdad es que esto me da mucho que pensar en cuanto al clima actual
06 May 2008
¡Ay, el fregadero!

Estoy esperando que me llegue en los próximos días el nuevo libro de Alice Feiring. Entre tanto, hoy me leí este artículo de
http://www.latimes.com/news/opinion/commentary/la-oe-feiring5-2008may05,0,2812496.story
Casualmente, estas mismas razones hicieron que yo también abandonara el vino californiano a mediados de los noventas sin mucha esperanza de retorno. Tal
Claro,
La cosa es que el título
Lo de los enemigos a mí igual… Pero resulta que los vinos argentinos en cuestión podían haber respondido muy bien a la descripción que da
¿Que a qué viene esto, que suena—la veldá—un tanto a refrito? Pues a que es precisamente así la mayoría de lso productos vínicos que me he encontrado en oferta al llegar a
No es que vaya yo a condenar a quienes sientan una predilección—en este mercado que ahora me ocupa o en cualquier otro mercado—por syrahs que sepan (
No diré yo nunca nada en contra de cualquier mercado que se abre al vino. Ahora bien, en estos tiempos de globalización rampante, me parece que debemos considerar la cosa desde más de un par de ángulos, tratando de entender que por cada beneficiario
No criticaré a nadie que pretenda ceñirse a vender un producto exitoso, que se le hace fácil vender. De lo que me maravillo es de la infinita dificultad que enfrentarían los que hacen y aspiran a vender un producto agrícola artesanal a nivel de la multitud de mercados internacionales que hoy se presentan. ¿Cómo compite en un mercado incipiente un elaborador pequeño y desconocido contra Concha y Toro o Yellowtail? ¿O confundo las cosas y sencillamente no tiene nada que ver el negocio
Nada, una para los que creen en “marketing alternativo”. Commentez et discutez. De paso va y alguien se atreve a explicarme la extraña
Un videito, precisamente porque es el día que es: Josh Rouse es un tipo que encuentra su inspiración en partes de los setentas que en realidad no debieran inspirar a nadie que haya pasado la preadolescencia. Pero de las cursilerías que alguna vez fuesen las leyendas de AM este muchacho saca algo extrañamente mágico y definitivamente adulto…
01 May 2008
Batallitas del abuelo 1: Improvisaciones con Montsant
Inicio aquí una serie de entregas retrospectivas que tratan sobre las últimas semanas de mi residencia en Nueva York. Algunos podrán argumentar que bebí suficiente
Por lo de mantener los pies, por virtuales que sean, sobre la tierra, intercalaré entre estos posts otros referentes al presente, quizáscomparando mis situaciones de entonces y ahora para entretenerme un poquito, quizás buscando comprender mejor lo que voy observando en
Pero remontémonos a la Gran Ciudad…
Lo bueno de las presentaciones de la Peñín Guide en Nueva York—o al menos lo bueno cuando podía asistir a ellas con tan solo un breve recorrido en un taxi amarillo desde el Upper East Side hasta Union Square—es que siempre traen cola. Llega algún elaborador que conozco, u otro que muestra interés en conocerme y que promete en cuanto a estar abierto a ideas diferentes sobre lo que constituye “vino de calidad…” En fin, que de que ocurren un par de comiditas interesantes en torno a estos eventos, ocurren.
Ya les conté hace unas semanas que mi amigo Alfredo Arribas, célebre arquitecto barcelonés convertido ahora en bodeguero, estaba entre los que presentaban sus vinos
Pues tenía pendiente hacerle un jeebusito a Alfredo. Durante su anterior visita a
Nos reunimos, de manera bastante improvisada, en casa de SFJoe,
Pero bueno, lo que apunté… Comenzamos con un Luneau-Papin, “L d’Or”, Muscadet de Sओvre et Maine Sur Lie 1989, vino del que les conté cuando la visita a Nueva York de Iñaki Gómez Legorburu y que, desde entonces, no se ha movido mucho en ninguna dirección. Sigue siendo la más efectiva lección sobre las verdaderas bondades de un gran muscadet, manteniéndose eminentemente fresco y enérgico a sus casi veinte años. Recién abierto muestra una deliciosa redondez frutal, aunque en el paladar medio aprieta y te muestra su verdadera sustancia con un despliegue mineral alucinante. Con aire la redondez comienza a traducirse específicamente en crema de naranja y la mineralidad se traduce en algo deliciosamente marino, entre caracolas y ostras.
Seguimos con un Nigl, Urgesteins-Riesling “Senftenner Hochhacker”,
Yo, en mi espíritu eternamente provocador, había traido un blanco mediterráneo que considero ejemplar, para reforzar a Alfredo en su dirección de crear blancos de Montsant frescos, característicos y de verdadero detalle. Ya, ya… Seguro que adivinaron que le serví el famoso “muscadet
Siendo SFJoe SFJoe, no faltó una saludable dosis de Huet con edad. El primero de la velada fue el Huet, “Le Haut Lieu” Sec, Vouvray, Vouvray 1956. En un principio hay un aroma conflictivo de mejillones en conserva que me aturde un poco, pero luego se va, dejando paso a una panoplia de bellezas térreas. Manzanas asadas, especias, rayadura de limón, jengibre en conserva, licor de naranja, yerbabuena… En boca es ligero y muy preciso, con bonita frescura cítrica y un posgusto muy largo.
Un Domaine du Closel, “Clos du Papillon Cuvée Spéciale”, Savennières 1996 estaba muy pulido y redondito de entrada, con aromas y sabores de membrillo, humo y pera. Ligero en boca, considerando… Aprieta de repente en el paladar medio, dejando pulsaciones especiadas, cítricas y minerales en un final ni muy corto, ni muy largo.
No hay que decir que probamos también los Santbru blancos de Alfredo en sus versiones
Pasamos a un par de tintos exóticos salidos de mi haber, botellas únicas de mi cava que ya debían ser consumidas, para bien o para mal.
Continuando, abrí la única botella un pelín más antigua que tenía de un vino que mereció, con su añada 2005, uno de mis premios El Botellazo™ el pasado diciembre. Pero donde brillara el 2005, el Bertalde, “Gorrondona”, Bizkaiko Txakolina 2004 cargaba un nivel de bretanomices más allá de lo tolerable. Demasiado culo en mi copa… Suerte que el 2005 y el 2006 resultaron como resultaron, porque si ésta hubiese sido la única impresión de chacolí tinto que me hubiera quedado, no estaría nada feliz con el género.
Sentados a la mesa y con la comida nos dedicamos a una botella del Ridge, “Monte Bello”, Santa Cruz Mountains, California 1991. Mi única nota sobre él consistía en la exclamación: “¡Coño, cómo me gustaba a mí el vino californiano!”
Y es que es verdad. A principios de los noventas quien me conociera sabe que yo era un gran amante de California y sus caldos y que el Monte Bello siempre ocupó un lugar especial en mi estima. Esta botella estaba perfecta, de maravilla, con amplia fruta, pero también con caracteres térreos secundarios sumamente atractivos. Estructurado, pero generoso. Largo y profundo. Otro gran vino, indiscutiblemente. Lástima que toda California haya dejado, con vinos más recientes, de causarme este tipo de placer.
Alfredo nos había traido también algo de sus tintos. Probamos el Portal del Montsant, Santbru, Montsant 2005 y la verdad es que toda duda que me quedara después de la otra vez en que lo caté, en Trestle on Tenth hace unos meses (me llevé a casa las sobras de una botella, que decayó rápidamente tras 24 horas en mi nevera) se disipó. Un vino moderno muy bonito y sabroso (pace, Beny Moré), aterciopelado de textura y con excelente estructura. Como ejemplo de lo que puede dar su región, me parece magnífico y anuncia a Montsant como posible futura cumplidora de las promesas que, a causa de veleidades enológicas y tonterías puntistas, ha incumplido para mí el Priorato. Aquí hay calidez mediterránea, pero con frescura y viveza, a la vez que una intrigante mineralidad. El tratamiento de madera es felizmente mesurado.
De este punto en adelante en mi libreta todo se vuelve confuso. En algún instante posé una copa de pie mojado sobre la página y lo que escribí se ha vuelto ilegible. Sé que dice algo de que con los quesos (creo) tomamos un Huet, “Le Haut Lieu” Demi-Sec, Vouvray 1971 y que estba divino, etéreo pero con tremenda presencia y persistencia. “Profundamente delicado y delicadamente profundo”, lo llamé.
Claudia, la hija de Alfredo, quien nos acompañó durante una buena parte de esa noche, dice que contó muchas más botellas al final de las que aquí menciono. Es enteramente posible y probable. Yo, al menos, puedo imaginarlas, desfilando sobre la mesa y provocando una de esas conversaciones excelentemente lubricadas por buen (y alguno que otor pintorescamente mal) vino que tanto me deleitan y animan y que ahora mismo, en mi escritorio del Caribe, tanto echo de menos. Por el momento les dejo de nuevo con el clip de una canción que a cada rato les canto a mis bebés, a la hora de dormir. El grupo—o mejor dicho, el duo—es The Weepies y la canción, en mi actual ánimo (de abuelo que cuenta sus batallas y capea con ellas una realidad que le resulta tan tormentosa como ajena), es otra que tiene todo el sentido del universo y un poco más…
30 Abr 2008
Señales de vida...

Hace siete días que caí y, al despertar cada mañana, aún me invade esa extrañeza y la pregunta: “¿On toy?”
Sospecho que pasaré así mucho tiempo. Pero bueno, es
La mañana el jueves 24 de abril me monté en la limosina
El vuelo de Nueva
”Adaptarse o perecer”, dije. La verdad es que aquí me siento
No sé si se trataba de un peculiar momento de Schadenfreude, pero alguien comentó el otro día que me imaginaba buscando vino en las góndolas de los supermercados. Eso precisamente he hecho ya un par de veces y el panorama es tan deprimente
La primera noche en nuestro espacioso nuevo domicilio Josie y yo decidimos aplazar lo inevitable, bebiendo con la cena ese divino néctar nacional dominicano que es la Cerveza Presidente, Tipo Pilsner, Cervecería Nacional Dominicana NV: Ligera, fresca y con una serie de dejes florales y cítricos que por momentos me recuerdan a un buen riesling QbA seco cruzado con un igualmente buen muscadet.
Con subsecuentes comidas hemos ingerido otras cosas, ya designadas en el lenguaje actual
Pero no. Los chicos no lloran. También, en el espíritu de no someterme innecesariamente a aspiraciones madereras seguí con otro chileno
Por lo de no parecer ensañado contra
Concluyo la secuencia de blancos de precio módico en el supermercado con un Solar de la Vega, Verdejo, Rueda 2006: Un deje volátil, luego lanilool (ese químico del olorcito de los Froot Loops, el cereal gringo para niños con el tucán en la caja) y una tropicalidad maquillística de las que me provocan mi tan habitual mueca superciliar—piñita y fruta de la pasión (chinola, como le dicen aquí en Santo Domingo) en versión vitamina para párvulos (parecería ser tema recurrente lo del infantilismo, ¿no?). Nada más de ahí, me temo. Globular y fofo en boca, con acidez marginal. Anónimo y sin rastro de
Claro, no podía faltar, en un producto ibérico pos-posmoderno de este género, la contraetiqueta pintoresca. Aquí es donde viene la diversión. Les copio parte
“NOTA DE CATA: Tonos verdosos de múltiples matices, brillante, de fino y delicado perfume, fresco, vivo, sedoso, con amplitud de caracteres sensoriales.
SUGERIMOS servir muy frío, de 4-6 grados C y su atrevida y jovial personalidad hará disfrutar de la espléndida cocina de nuestros mares y campos mediterráneos”.
El derroche adjetival es de pelarse de la risa. Lo de "servir muy frío", pues, lo dejo a la imaginación de cada lector.
Puedo asegurar que el único vino bebido en estos cinco días que llevo aquí dle cual voy a comprar más es el La Rioja Alta S.A,, “Viña Arana” Reserva, Rioja 1997. Abrí esto el lunes y, sonriendo deseé todo lo mejor a mi amigo y cobloguero de Lomejordelvinoderioja.com, Julio Sánz. El vino está bonito y gentil. Tiene aún bastante
Inspirado porque a alguien se le ha ocurrido traer los vinos de La Rioja Alta acá, abrí anoche una botella de La Rioja Alta S.A., “Viña Ardanza” Reserva, Rioja 1999 de las que sobraron de mi boda hace año y medio. Esta vez acompañaba un improvisado y muy dominicanizado moussaka elaborado por mí ya tardecito en la noche. Un ardanza de tono alto, con mucho nervio, pero perfumado y sabroso. Sorprendentemente achocolatado en estos momentos y con excelente acidez. Otro para repetir.
Ya dirán algunos que la comparación es injusta entre los pobrecitos blancos que probé y estos dos tintos, que debo irme a tiendas “especializadas” en vez de a supermercados y que debo abrir mi mente a otro concepto de “calidad”. Lamentablemente, las primeras impresiones son lo que son y, acabado de llegar, tengo que apañarme con lo que encuentro. Trato de no sacar conclusiones aún y, si los rumores que oigo son correctos, va y hasta más cosas decentes que beber hay. Pero a ellas no he llegado.
Luego les contaré más sobre el inexplicable tintocentrismo en esta calurosa isla del Caribe (en uno de los supermercados que visité había un solo vino blanco entre un montón de tintos) y sobre una multitud de revistas sobre vino de las cuales me esperaba un montón de ejemplares de muestra en mi oficina cuando llegué.
Por lo pronto, seguimos vivos. Los próximos posts me verán en Nueva York, en los últimos días de aquel período de gloria, que ahora parece distante. Se bebió mucho de bueno y no tan bueno. Mis amigos me celebraron y despidieron
18 Abr 2008
Aprieto el botón y...

Se habrán dado cuenta de que no estoy ni posteando ni respondiendo a mucho comentario. Ayer en la madrugada Josie salió para
Yo, por mi parte, quedo en
Mis prioridades… Una, lamentablemente, no va a ser La otra botella. Me tomo un tiempecito para mudarme tranquilo. Si me extrañan, lean posts viejos, que aún, si mi e-mail es algún indicio, dan lucha (Hoy recibí una queja-diatriba sobre algo que escribí en enero, vaya ujté a sabé). Por lo pronto, estaré fuera de servicio por una, dos, tres, o las semanas que sea. Cuando vuelva les contaré sobre los últimos días en
Peace out, amigos. Me silencio un tiempecito. Pero volveré en cuanto recobre las energías.
Un abrazo en tránsito a todos,
Manuel
p.d. Quizás al final de esta odisea pueda cantarles algo así, aunque no con la sublime gracia de Róisin Y Moloko... Es un disco que estoy oyendo mucho en mi iPod en estos días. No sé por qué. La vida es así y su banda sonora la hace un loco genial.
14 Abr 2008
Tengo 40 años...

Eso.
Nací un 14 de abril de 1968 y la cuenta no es muy complicada. Hoy cumplo cuarenta años. Es una mañana preciosa, soleada y fresca en
Tengo mucho que agradecer. Están esos amigos, claro. Está mi bella mujer, que me dió mis bellísimos y risueños hijos mágicos. Están mis padres y mi hermano. Están todas las posibilidades que da una cierta prosperidad. Están la comida y el vino que llevo más de media vida amando. Está la voluntad de aprender, entender, escribir, joder la paciencia… Está el hecho de que sigo vivo aún, tras veintinueve años de luchar contra una cruel enfermedad que a cada rato me roba una tajada de dignidad u otra de bienestar. ¿Por qué saco a colación esto? Pues porque me diagnosticaron la diabetes un par de días después de mi undécimo cumpleaños. Desde entonces, cada vez que cumplo años no puedo evitar recordar.
Es extraño, sentirse que ya ni de casualidad nadie va a pensar en ti
Esta mañana, al levantarme, me puse a mirar el regalo que me hice en nombre de mis hijos. Lo ven en la foto. Algunos hombres, cuando entran en esta edad, van y se compran un Ferrari (en mi caso hubiese sido un Maserati, que son los que me gustan ahora), o se echan una querida. Yo, por mi parte, afrontando la peculiar versión de una “crisis de media vida” que he elegido, opto por recuperar la música una vez más. Quizás forme una banda con otros gordos viejos y calvos, escriba canciones… O quizás me dedique a tocar las canciones de otro. 
13 Abr 2008
Escenas de Manhattan en primavera, con Peñín (y 2)

Nunca he sido amante de las “catas” multitudinarias en las que has de ir de mesa en mesa, copita de cristal barato (o algo peor) en mano, pidiendo muestras a distintos representantes de comercios y bodegas. En mi experiencia acaba uno agobiado y sin catar mucho en realidad. Y en las más concurridas se agrava el tema con el tener que competir contra cientos de otros asistentes para obtener la atención del bodeguero X o Y, las maniobras estratégicas para mantenerse uno al lado de la escupidera (único modo de no terminar ebrio perdido a los veinte minutos), el andar con la pila de brochures que te van dando en ristre, el calorcillo y los tufillos que despide la masa humana, aún con el aire acondicionado a toda pastilla...
Vamos, que es que
En el caso de la muestra de vinos que siguió a la dscusión de panel para el lanzamiento de la Peñín Guide 2008, había un par de elementos reconfortantes. El primero es que, al celebrarse en el mismo lugar que el año anterior, conocía ya bien los recovecos
Ya, ya... Algunos estarán dando chilliditos preorgásmicos y exclamando: “¡Mira, primo, Camblor se contradice! ¡Ahora está declarando que, después de todo, las guías pueden ser útiles! ¡Lo mangamos, joio!” Y yo me veré obligado a aguarles un poco el festejo diciendo que utilizo la guía en polaridad inversa. Me importan poco los puntos y las loas hiperbólicas, la propaganda y la plepla. Allá el grueso de los vinos españoles que se mueva en el rango de puntuación que se mueva. Si me informas con datos sobre la elaboración
Bueno, claro, existe una instancia en que los puntos también me sirven para eliminar un vino de mi lista de “posiblemente interesantes”: Cuando sé que el puntuador es un enohortera perdido,
No que éste sea el caso con la Peñín Guide, valga la aclaración. Ya en el evento
Pero perdón por el rollo descriptivo
El Portal del Montsant, Santbru Blanc, Montsant 2006 es una cuvée de 90% garnacha blanca, 7% macabeo y 3% chardonnay con cinco meses en barrica y me sorprende a la primera olida por varios factores. Lo primero es que carga solamente 13.5% de alcohol, lo que en estos días y en su región es casi un milagro de moderación. Lo segundo es que, a diferencia de tanto vino de garnacha blanca de por esos rumbos que he tenido que sufrirme, no resulta ni pesado, ni sobreglicérico, ni fofo. Todo lo contrario. La nariz es dulcemente voluptuosa, pero muy fresca. Manzana y pera con acentos de jengibre en conserva, lirio y una mineralidad juguetona. Limpio. En boca es redondeado, pero con acidez bien puesta. Cremoso en el paladar medio y largo de posgusto. Lo que se me ocurrió poner en mi libreta sobre el final es que resulta “transparente”, con todos los componentes claramente a la vista y en armonía.
Alfredo también me dió a probar el Portal
Dos vinos muy bien logrados. Y, para los malpensados, que siempre los hay , no lo digo porque considere a Alfredo Arribas un buen amigo. Más vinos así, puros, expresivos y con tratamientos discretos de
Yo aquí, llena que te llena cuartillas, y voy sólo por dos vinos. Hay que seguir... Pasé a
Con los tintos de esta bodega me fue mejor. Lo que me había atraido originalmente a la mesa era la mención en la libretita verde de que elaboran vinos a partir de variedades
El Quinta da Muradella, Gorvia Tinto, Monterrei 2005 es mencía, caiño redondo y bastardo. Floral y jugoso. Un tinto fresco y limpio que te hace la boca agua.Aromas y sabores de cereza con un deje de anís. Facilísimo de beber. Esto con un filete de salmón a la plancha tiene que ir muy bien.
El Quinta da Muradella, Bastardo, Monterrei 2005 ya intenta ser un vino más grandecito. Aromas de bombón de frambuesa, crema de vainilla y una interesante mineralidad de fondo. Hay en el todo un deje fresesco sin llegar a aparecer aromas o sabores directamente de fresa, lo que es un efecto interesante. Frutal y sabroso en boca, con buen agarre de acidez y taninos.
Me dí una vueltecita, cotejando las mesas con la información de la libretita verde. Una bodega de Ribera del Duero se autodefinía
De repente, en esta ronda eliminatoria me ví ante una mesa con dos individuos detrás donde se proponían unos cuantos vinos gallegos más. Los dos personajes eran Rodrigo Méndez y Fleki Barruti. Me presenté y resulta que Fleki me conocía de foros de debate en esta internet
Primero, el albariño. El Forjas del Salnés, Albariño “Leirana”, Rías Baixas 2006 carece de los afeites fermentatorios de la gran industria albariñera. Me dice Rodrigo que levaduras naturales y dejar que la uva haga y dé. El vino es delicadamente floral, con notas de lías que no dominan, pero están presentes sobre un corazón cítrico. Sobre el todo se siente un decidido aire marino. Ligero y firme en boca. Erguido, fresco y bonito. Posgusto pronunciadamente mineral. Crustáceos acabados de capturar y sal era lo único que me hubiese faltado para completarme una feliz mesa.
Seguimos con los tintos. El Forjas
El Forjas del Salnés, Goliardo, Rías Baixas 2006 es caiño y me gusta inmediatamente. Violetas, té negro, jazmín y la misma salinidad de los otros sobre fondo de frutas
Mientras yo cataba todo esto, Fleki había desaparecido. Las obligacioens

Gerry Dawes me había dicho que entre el contingente de la DO Vinos de Madrid había alguno que otro ejemplar que mostraba “sorprendente mesura”. Como mi exposición a esa DO se limita a mis cada día (lamentablemente) menos frecuentes visitas a La Pinta y la Viña, un delicioso local cerca de donde suelo quedarme en muchas de mis visitas a Madrid, me había asignado catar alguito, a ver. Pero la agenda de eventos en torno a la Peñín Guide 2008, incluía al día siguiente un almuerzo en Boquería con protagonismo, precisamente, de Vinos de Madrid. Decidí dejar para mañana y cometí un error, pues el día
Otra vez será.
Dos bodegas nuevas de Rioja presentaban sus vinos y, habitando mi blog donde habita, decidí que ambas requerían mi atención indivisa durante un rato.
La primera de las bodegas era Launa, donde comencé probando el Bodegas Launa, Antonio Alcaraz Crianza, Rioja 2004. Cuenta la libretita que esto es 90% tempranillo y 10% mazuelo. Me erizo un poquitín cuando veo que la crianza declarada es en “new barrels” y consiste en “French and American oak for 15 months, with rotation every six months”. Le entor y me encuentro con un rioja moderno competentemente hecho, pero, la verdad, sin nada especial que me haga vibrar. Anís, regaliz, coco tostado, café y cuero sobre frambuesa, arándano y fresa. Hay también notas lácteas. En boca es cremoso y con acidez justa. Los sabores y, sobre todo, los taninos de
Siguió el Bodegas Launa, Antonio Alcaraz Reserva, Rioja 2001, que, de plano, lleva su roble de primer año bastante discretamente en comparación con el crianza. Cremoso, con aromas y sabores de