Iberoamérica en cata 6: La increíble y triste historia de Icaro, enólogo

No mentiré: El tema propuesto por nuestro apreciado El Baranda para esta Iberoamérica en Cata 6 se me hizo algo satanicón desde un principio. ¿Flying Winemakers? ¿Quéeeeeeeee? ¿Y cómo se le entra a un fenómeno que considero responsable de mucho de lo peor en el mundo del vino hoy día?

Lejos de ser un término con glamour para mí, lo de flying winemaker denota un tecnólogo mercenario de la industria de las bebidas, encargado de crear producto por fórmula, sin importar terruño, ni clima, ni tradición. Para más detalles de mi pensamiento en torno a los “enólogos voladores” y todo tipo de “consultores enológicos” dispobibles actualmente, les invito a releer un par de entradas en este blog de hace unos meses:

http://blogs.larioja.com/otrabotella/2007/5/9/se-vende-clave-del-exito

y

http://blogs.larioja.com/otrabotella/2007/5/12/tocando-huevos-oro.

¿Se acuerdan de Sam Harrop? Ya, ya…

Presenté la temática del encuentro a unos cuantos buenos amigos, reconocidos periodistas del vino, elaboradores de diversas regiones y comerciantes del vino en tres países distintos. Nadie pudo darme una recomendación de nada hecho por uno de estos “enólogos voladores” que yo pudiese ni remotamente considerar vino de verdad, digno de mi mesa. Tecnología, laboratorismo, manipulación y “control de calidad” del que le roba a cualquier vino hasta el último ápice de personalidad auténtica sí podían ofrecerme a montones. Pero algo realmente atractivo para mí, definitivamente no.

Ante tal panorama, fácil era sentirse descorazonado. Pero a nuestro Baranda no le iba a hacer un desaire y, usualmente, de las misiones más frustrantes he sabido yo sacar recompensas intelectuales a la larga. Me puse a darle a Google y a dar pata por las tiendas de Manhattan. Algo tenía que aparecer. Estuve a un tris de comprar productos con nombres como “El Nido” y “Alto Moncayo”, ambos vinos españoles elaborados bajo la tutela de enólogos australianos y con altas puntuaciones de Parker. Pero el importador era o Jorge Ordóñez o Eric Solomon y no me daba la gana de regalarle a quien fuera los US$130 que piden por uno de los mejunjes o los US$45 que piden por el otro en las tiendas, particularmente por la altísima probabilidad que tenía la mayor parte de una botella de ésas de irse por el fregadero de la cocina.

En un instante de desesperación pensé hasta en beberme una botella de vino de verdad de algún productor favorito: Jean-Paul Brun, Marc Ollivier, las hermanas López de Heredia, Chus Madrazo… Todos ellos hacen vino y viajan muchísimo por avión, o sea que, a su aire, hacen su propia definición de flying winemaker. Pero eso hubiese sido trampa. No, me adheriría a los preceptos originales del Baranda, aunque sufriera. Estaba yo, casualmente, redactando un “manifiesto” en estos días en el cual uno de los apartados va de como “quien mucho abarca, poco aprieta”, a propósito de los flying winemakers. Aconsejaba que los enólogos mejor se dedicaran a conocer bien un solo lugar, a darle todo su intelecto, energía física y espíritu hasta lograr una expresión clara de ese lugar a través de un vino con alma. Claro, eso en vez de andar del tingo al tango haciendo productejos idénticos e idénticamente insignificantes—productos a los que me cuesta trabajo llamar “vino”, pues no quisiera insultar al vino de verdad, que me merece mucha veneración. Esa parte del manifiesto iba también por algunas “superestrellas” que, no contentas con hacer vinos de gran renombre en sus propias regiones, tienen que ir y poner su imprímatur en vinos de veinte regiones más, muchas radicalmente diferentes a donde ellos originalmente trabajaran. El que mucho abarca, poco aprieta, sí señor…

Al final, googleando, dí con un artículo de unos años atrás, en la revista Time. Hablaba de David Baverstock, un australiano de cuarenta y tantos años, entrenado en Barossa, que ahora está radicado en Portugal y hace vinos en alguno que otro lugar de ese país. Entre sus proyectos está el producto vínico de Algarve del insufrible cantante británico Cliff Richard y los productos de Herdade de Esporão, en el Alentejo, donde Ravenstock ejerce de Director Técnico. La revista lo llamaba un flying winemaker y, a estas alturas, yo no iba a ponerme a discutirles.

Herdade do Esporao es una bodega grande, con 2,000 hectáreas de viñedo adjunto. Se hace vino ahí desde le siglo XIII. La bodega fue adquirida a principios de los años setenta por el banquero José Roquette, aunque en los setentas y ochentas mayormente vendían su uva a cooperativas locales. A finales de los noventas, la compañía contrató a Baverstock para que “modernizara” los vinos, haciendo eso que los flying winemakers hacen para ayudar a competir a una bodega en el mercado internacional de las bebidas industriales, etc. Baverstock, por cierto, fue nombrado “Enólogo del Año” en el 2000 por la revista portuguesa Vinhos.

Leí en ese artículo de Time como Baverstock decía que su Esporão Reserva 1999 “no es disimilar a un tinto australiano”. Escalofríos. Luego el artículo pone que el acercamiento de Baverstock a la cata de una copa de vino incluye decirse “¿Cómo puedo mejorar esto?” (para quienes quieran empaparse más en el ideario de este :enólogo volador, el artículo al que hago referencia está en http://www.time.com/time/europe/specials/summerjourney/pages/wine.html y la web de Herdade do Esporão es http://www.esporao.com/Pages/index.aspx).

Mejorar. Hmmmmm… Hoy día, esos mejoradores tienden a llevar el vino a una excelencia que para mí no es más que la abyecta mediocridad del producto globalista y sin duende. Un flying winemaker y yo. ¿Adónde llegaríamos?

Al final, gracias a Garnet, una de las tiendas de mi barrio, pude hacerme con dos de los productos de Baverstock.en Herdade do Esporão.

El primero es el Herdade do Esporão, Alicante Bouschet, Vinho Regional Alentejano 2004. Carga 14% de alcohol y la botella me costó US$15. En varios artículos lei que una de las iniciativas más importantes de la bodega bajo Baverstock ha sido la de elaborar vinos monovarietales, de los cuales éste es uno y creo, por añadidura, que es solamente el segundo o tercer 100% alicante boschet que he probado en mi vida.

De acuerdo con la ficha técnica que encontré en la web de Esporão, este vino es de vides de una edad promedio de 25 años, plantadas sobre terreno arcilloso-granítico. Fermentó en cuvas pequeñas de acero inoxidable, con maceración larga. Luego pasó 6 meses en roble americano y francés. La añada, según leí en un artículo del periódico portugués Diario de noricias que cita a David Baverstock, fue particularmente buena para los tintos

El resultado es un vinazo de color granate profundo—casi impenetrable—con borde rubí. La nariz es de tostados, cocoa, ciruela negra y compota de cereza, con leves tonos de eneldo. En boca es corpulento, sin la más mínima arista donde agarrar la imaginación, con gusto a jugo de ciruela pasa y, quizás, un deje mínimo de cassis… Monótono. Cubre la boca y es bastante largo, haciendo todos los ruidos de un retinto internacionalista. La cosa es que resulta completamente aburrido. Podría ser igual chileno, del Languedoc (no es casualidad que incluya esta región productora de tanto tinto internacionalista hoy por hoy: La alicante bouschet, conocida en España como garnacha tintorera, es una de las variedades tintoreras más plantadas en esa región y posee la distinción de ser la única tintorera que es vitis vinifera; de acuerdo a lo que cuenta la tercera edición del Oxford Companion to Wine, esta variedad da tintos un 15% más tintos que los de otras variedades tintoreras), australiano, californiano o de Yecla, entre cualquier montón de posibilidades. Técnicamente muy logradito, para los que le guste eso. La fruta es globular, golosa, inerte, subyugada. Se parece a esos tintos pesadillos y anónimos que sirven en la Business de American Airlines en las rutas del Caribe A su favor puedo decir que el tratamiento de roble no me parece excesivo. El único problema impasable que le veo, si así queremos llamarle, es una oleada caliente en el final.

Yo había estado en esta cata y estos apuntes mientras Josie llegaba de un paseo que había ido a dar con los bebés. Cuando entra por la puerta, le pongo una copa del alicante bouschet en la mano y le digo: “Prueba”.

Su reacción, como siempre, pega más fuerte que la mía por su algranismo y economía: “¿Esto tiene propiedades laxantes? Porque sabe a jugo de ciruela pasa, ¿sabes? Del que te pone el tracto intestinal a millón… ¿Dónde tienes la escupidera?”

Yo, por mi parte, ante esta suma que da mi mujer del caldo, lo pruebo de nuevo. En efecto, el “deje de cassis” se ha desvanecido y ha dejado el gusto del famoso extracto de fruta que alivia el extreñimiento en su lugar. ¡Ay, la calidad!

Mi segunda intentona es con el Herdade do Esporão, Reserva, Reguengos, Alentejo DOC 2004, que lleva 14.5% de alcohol y cuesta US$18 la botella (bromeamos un poco sobre si los tres pesitos más que pagué por este vino son por el medio punto extra de alcohol). Otra ficha técnica: El coupage es de 40% aragonés, 30% cabernet sauvignon y 30% trincadera. Inox a temperatura controlada. Un año en roble americano y otro en botella antes de salir al mercado. Como se dice por aquí, fairly straightforward. Yo, como siempre, me preocupo más por lo que no dicen las fichas técnicas que por lo que dicen. ¿Seré malpensado?

Aquí la madera es muchísimo más agresiva, presentándose en aromas potentes de coco tostado y caramelo que me recordarían a alguno que otro rioja de no ser por la masa alcohólica que viene detrás y porque la fruta huele muy ciruelopasesca—aunque, ¿qué digo? Bien podría ser un riojón modernazo de alguna nueva bodega riojana que, en vez de obsesionarse con Séguin-Moreau, se economizara alguito usando americano. En boca más o menos lo mismo. Madera, madera, más madera y luego ciruela pasa, quizás con algo de frambuesa y cereza desecadas. El glóbulo frutal central denotaría un vino rústico, velludo, pero ha sido objeto de una pulida que lo deja lisito, denso pero detexturizado. Arriba de los taninos de fruta, hay un knockout tánico de la madera, además del calor alcohólico en el final. ¿A su favor? En el posgusto aparecen momentáneamente notas de aceituna negra y especias que añaden algo de interés. Lamentablemente, los taninos secantes de madera me hacen perder esperanzas de que esto vaya para alguna parte.

Volviendo al vino tras una hora de aire (para mí y para é), me encuentro que en el medio del paladar tiene un aspecto de licor artificial de chocolate que me resulta francamente vulgar. Los taninos secantes de madera y el alcoholazo te dejan con ganas de tomarte un litro de agua fría tras solamente un sorbo de esto (no ingerido, dicho sea de paso). Bueno, y no digo nada del jugo de ciruelas pasas… Lo cómico es que el centro frutal sigue compacto y completamente pulido. Las “aristas” perceptibles, que están fuera de la bolita de fruta, resultan ser todas culpa de madera y alcohol, o sea, de cosas que pudieron ser controladas por buenos viticultores y vinateros.

Entra Josie con la escopeta cargada: “Huele a que tiene madera por un tubo. Y al jarabe para la tos de los diabéticos. Y no sabe a nada… Bueno, sí sabe a madera y a alcohol. ¿Para qué %#$@&^ querías que probara esto? Y amarga y seca la boca. Vete y ponme otra cosa, hazme el favor”. Y yo aquí buscando algo positivo que decir…

Hasta aquí llega mi historia con los flying winemakers. Si voy a creer lo que leo en revistas y en la red, lo único que hace David Baverstock con estos vinos en términos de eso que por acá llamamos spoofulation es fermentar en frío y meter madera en proporciones variables. Pero, ¿será eso nada más? Me llama la atención que en ningún artículo ni ficha técnica se dice nada de levaduras, ni de otro tipo de trabajo en bodega. Lo que me deja con una pregunta crucial: Si eso es todo lo que hace uno de estos consultores, ¿vale el dinero? A estas alturas, ¿no sería mejor ahorrarse lo del flying y dedicarlo a otra cosa?

Pensamientos al vuelo, como quien dice…

Querido Baranda, gracias por esta convocatoria. Lo que saco del ejercicio masoquista que fue catar estos enoproductos es una ratificación de aquello a que me opongo.

Escrito por: manuel-camblor 11 comentarios 23 Nov 2007 URL Permanente

11 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Joan Gómez Pallarès

Joan Gómez Pallarès dijo

Caramba, caramba, manuel. Dos conclusiones: 1. Tengo que conocer a tu mujer. Su nariz es tan apabullantemente competente como sus comentarios. 2. Si ciñes el radio de avión a otros parámetros, igual te salen otros nombres: yo he propuesto uno de los pocos vinos francamente recomendables (y apostaría que dignos de tu mesa, glups, espero que no lo hayas probado y te lo hayas cargado ya!!!) de Telmo Rodríguez, no sus toros, riojas, riberas, etc., sino su vino de montaña en la Axarquía malagueña. Y no su primera marca, Molino real 8sobrevalorada en mi opinión), sino su más humilde y sencillo MR 2005 (ya 2006 en el mercado), que me gusta sinceramente.
En fin...que mi botella acabó ene l recicleje, como la tuya, pero no tuve que echar ningún avión de papel metafóricamente vínico a la papelera!!!
Un abrazo
Joan

Anónimo

Anónimo dijo

Manuel,
lamento tus conclusiones y las tomamos en consideración ya que en la recámara tengo un Heredade do Esporao Reserva 2004 que pienso dejar aparcado por si el tiempo le hace mejorar -espero-.
Por cierto creo que nuestras mujeres harían buenas migas ;-)).
Saludos,
Mario.

Mario Estévez

Mario Estévez dijo

Manuel,
se me olvidó indicar el nombre. De anónimo nada, ;-)).
Mario

Aitor Alegría

Aitor Alegría dijo

Manuel, no he probado los tintos de Esporao, pero el blanco reserva a mi me parece bastante resultón. Sobre todo teniendo en cuenta que es un blanco de un lugar que alcanza los 45 grados en verano... Está realizado con variedades autóctonas portuguesas y aunque es del tipo goloso de fruta madura y un poco de madera no está exento de una correcta acidez y cuesta aquí en España unos 10 euros.

No es una maravilla increible pero diría que es bastante mejor que los tintos que describes. O eso al menos me pareció la última vez que lo probé.

http://www.esporao.com/vinhos/Pages/esporao_reserva_branco_2005.aspx

Un saludo.

manuel-camblor dijo

Joan,

Josie y yo llevamos más de una docena de años juntos. Hemos bebido muchísimo vino y ella ha desarrollado ciertas aptitudes, una de las cuales es la capacidad de discriminar ya por sí solita lo que sirve y lo que no. Yo tiendo a comenzar a catar con la mejor disposición del mundo, tratando honestamente de encontrar algo que me guste. Ella, por su parte, entra, como dije, con la escopeta cargada y sálvese quien pueda. Aunque no sabe exactamente sobre las múltiples categorías de "spoofulation" que puede tener un vino de estos, sabe lo que hay y lo dice.

En cuanto a Telmo Rodríguez, pues habrá que probar ese MR. Segunda etiqueta... Es que no se contentan con ir y hacer vino en cada rinconcito de España, sino que meten branding...

El avioncito iba a llamarse originalmente "El guainmeiquer", pero no imprim´â tan bien y a la hora del doblado, pues... Tuve en pantalla otras ilustracioens posibles, de accidentes aéreos, del vuelo de Icaro y tantas otras cosas, pero me parecieron "demasiao".

En cuanto a vinos "dignos de mi mesa", no pido mucho, s´ølo personalidad propia y un poquito de darme ganas de seguir bebiendo. Aquí no había eso. Digamos que, si fuese a poner su equivalente en quesos sobre una mesa con comensales de criterio, se me mosquearían bastante, pues estamos hablando, no sé, de cosas tipo los "bries" de cajita que venden en el supermercado o los "mini-goudas" de La Vache qui Rit...

Mario,

¡Tú nunca eres anónimo, hombre! Y a Josie es una chica muy agradable. Muchos se preguntan qué demonios hace con un ogro como yo...:-) Dale un tiempo al Reserva, a ver si el pasa algo, pero no sé. El problema es que aquí hay un vino medio bipolar, que en el fondo quizás tiene algo con encanto, pero que a base de roble y manejo se convierte en algo extraño y sin expresión más allá de lo que dije.

Aitor,

El blanco no lo he probado en buen tiempo, pues no lo veo en las tiendas como desde la añada 2000. No sé por qué es esto. Creo que tu descripción es certera, aunque en realidad, por casi US$10 hay mejores cosas blancas con que mojarse el gaznate...

M.

manuel-camblor dijo

Ah, Joan, hablando de voladores... Se me olvidaba decirte que ya probamos en casa el Pétalos del Bierzo 2006. Te alegrará saber que nos terminamos la botella. Claro, en la exégesis más camblórica de esta versión del estilo palaciego hubo sus tropezones que ya enunciaré más tarde en otro post...

M.

Olaf

Olaf dijo

Quiza la utilidad de los voladores sea simplemente poner nombre y vender. En el caso del MR, es un vino que lo encuentras en casi todos los restaurantes (medio decentes) de España. A mi me gusta, ahora, en mi casa suelo comprar el Jarel, elaborado en la misma bodega y costando 2 o 3 € menos que el MR. Son vinos muy, muy similares.
Me hubiese gustado verte bebiendo El Nido y el Moncayo ;)
Un saludo

Olaf

Joan Gómez Pallarès

Joan Gómez Pallarès dijo

Manuel, una de las cosas que he aprendido últimamente es que quiás deba moderar mis entusiasmos escritos. Forman parte, con todo, de mi personalidad pero es muy cierto que el hecho de que un vino te proporcione gran placer en un momento determinado también puede ser debido a circunstancias "ajenas" al vino: que hayas probado varias cosas mediocres antes, por ejemplo; o vinos muy distintos, o tu estado de ánimo, etc.
Me moderaré, vaya, pero me alegra saber que, aunque sigas tu estilo (faltaría más), por lo menos entiendo que te gustó ese Pétalos.
Y lo del branding, pues sí, pero vaya estas bodegas pequeñas (y lo que hace Telmo en la Axarquía lo es) hacen mucho esto de primera selección de uva a primera marca, con un tipo X de vinificación, y segunda selección (es decir, rechaces de la primera más uvas de zonas de menor calidad a lo largo de las añadas o más jóvenes, etc.) a segunda marca, con Y tipo de vinificación.
Y ya para acabar, pues sobre eso estuve hablando a mis estudiantes precisamente ayer: si Ícaro hubiera sido informado debidamente, no habría volado tan cerca del sol y habría gozado de una segunda oportunidad!!! Lo mismo que pasó, y desperdició, orfeo y Eurídice, o lo mismo que intentó, también sin conseguirlo, Ovidio desde el exilio.
Dale una segunda oportunidad a este errante vinificador que, por lo menos en la Axarquía, no se limita a asesorar a otros.
Saludos
Joan

manuel-camblor dijo

Joan,

Te refiero a mi recién publicado "Manipedifiesto". Somos nuestro contexto, y al probar un vino no podemos extricarnos de nuestros humores. Claro, independientemente del humor, con cierta experiencia encima tenemos la capacidad de discernir si lo que hay en la copa ha pasado pro X o Y procesos, de los que podemos aprobar o desaprobar.

El Pétalos estaba bueno, pero lo hubiese preferido sin roble y con un poco menos de alcohol. Digamos que, aunque es un vino muy agradable, no dejaba de parecérseme (para utilizar una línea tipo Baverstock) a un pinot noir californiano, con todo lo que ello implica. Prefiero, de calle, el Albares de Dominio de Tares, o uno de esos mencías sin roble de D. Ventura en Ribeira Sacra. Digamos que la variedad como que no agradece tanto los tratamientos de roble, emHO.

Si a Telmo Rodríguez le va algo en el sentido de que es copropietaro o propietario de finca y bodega, ya veré ese MR, si lo encuentro, con otros ojos.

En cuanto al pobrecito Icaro, lástima que no buscó en Google los planos para las alas...:-)

Olaf,

Si invitas tú, va y hasta pruebo el Nido, para que puedas ver los movimientos de mi cara... :-)

M.

Sobre Vino

Sobre Vino dijo

Manuel,

Fantásticas, gloriosas y expresivas las dos fotos :-)

Si alguna vez pruebas el Nido, intenta avisar antes y que pueda presenciar la escena, por favor :-) El Clío, su hermano menor, lo esperaba tan absolutamente apabullante que tengo que reconocer que encontré meritorio que sus 15,5 grados no saliesen corriendo :-) Claro que los hermanos mayores suelen elevarse a varias potencias para "distinguirse" de verdad...

Ardo en deseos de leer el manifiesto, pero quiero hacerlo con calma y dedicandole el tiempo que seguro merece. Ya te contaré.

Saludos.

manuel-camblor dijo

Me alegro de que te hayan gustado las fotos, SV. Yo le dí vuelo en Central Park a la gloriosa nave "¿Vino?" (antes bautizada como "El Guainmeiquer" pero re-nombrada a causa de problemas de impresión del nombre en las alas), pero siempre acababa en el suelo, y cada vez en peor forma.

Avisaré si aparece un Nido. Claro, y me preocuparé porque alguien filme mi cata del mismo.

Por cierto, hablando de enólogos voladores, he colgado algo nuevo ya sobre uno de ellos, que me ha sorprendido con un atrevimiento y lo que podría ser gran perceptividad.

M.

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La otra botella

Educado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.

Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.

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