Los premios “El botellazo” 2007 (y 5)

Estamos de vuelta en la entrega de los Premios El Botellazo™ 2007, transmitida por cortesía de nuestros patro—ah, perdón, se me olvidaba, transmitida por cortesía de nadie en particular. Patrocinadores no tengo. Hay que joderse, nicht wahr?



Es el momento de darle el Botellazo™ al Libro de Vino del Año. En esta categoría no caben las guías puntistas de los gurús ni los escritos de sus aduladores en apoyo del doxa marketinguiano de la industria. Aquí premio a un texto que me dió placer al hacerme considerar el vino de forma imaginativa, provocadora y deliciosamente subversiva. Premio a un libro que deleita edificando (¡Ay Cervantes, qué útil eres!). que se aleja de los reduccionismos tontos imperantes actualmente y que tiene el potencial de hacer un aporte real a nuestro entendimiento de algo tan amplio e infinitamente complejo como lo es la verdadera cultura del vino.



Y el Botellazo™ es para…



¡Le Goût et le Pouvoir, de Jonathan Nossiter (Grasset, Paris 2007)!



Ya por sí solos el rapapolvo y la puesta en sitio (merecidísimos, dicho sea de paso) que recibe mi ex-amigo Víctor de la Serna hacen de Le Goût et le Pouvoir, de Jonathan Nossiter, el mejor libro sobre la cultura del vino que me he leido este año.



Claro, eso no es todo, ni Don VS el único que se lleva lo suyo. Nossiter se embarca en un análisis tan honesto como incisivo de los circuitos de poder que componen lo que hoy pasa por “cultura del vino”, exponiendo el oscuro trasfondo sociopolítico que los poderosos en la industria preferirían quizás conservar oculto. Tengo que aclarar que surge el elenco habitual de “fuerzas tenebrosas”: Parker, el Wine Spectator, Rolland, etc. Pero reportes en la prensa de que Pepe Peñín era particularmente vilipendiado en el libro me parecen muy, muy exagerados.



Nossiter propone que, ante el brutalmente homogenizante impulso globalista de la industria actual del vino, en la que “lo que es bueno” viene dictado desde un espacio ajeno a consumidores mansos por prescriptores endiosados, toda expresión de un gusto individual, independiente, que respete no solamente los deseos inmediatos del individuo, sino también una conciencia histórica comunitaria, es un acto de rebelión insoportable para los poderosos.



Ya pueden darse cuenta de por qué esto me es atractivo. En Nossiter encuentro un espíritu afin al mío, envuelto en una misión muy similar a la que yo me he adjudicado desde hace ya una buena década: La de que no perder el vino como nexo verdadero tanto a la naturaleza como a nuestras propias identidades individuales y comunitarias. Nossiter, que encima resulta tremendamente entretenido de leer, nos provoca a pensar como adultos en vez de dejarnos llevar como niños indefensos o, peor, como borregos. Bueno, y también trae Nossiter en este libro un buen manojo de anécdotas–a veces sorprendentes–de elaboradores de vino que me han merecido gran respeto a través de los años. Claro, no quiero dañar sorpresas…



Para tentarlos un poco, les doy un trozo muy emblemático del nossiteriano acercamiento, en mi traducción kamikaze del francés:



‘A los que dicen que “Lo que es auténtico soy yo quien lo decide” respondo que la noción de autenticidad, de lo “natural” está intrínsecamente ligada al sacrosanto carácter de la dignidad ndividual. Cada uno de nosotros tiene no solamente el derecho, sino el deber, de diferenciarse de los demás. El rechazo de lo auténtico trae un peligroso corolario: La invención radicalmente solipsista de una identidad, de una creación, de un producto o de una opinión. Es por esa inclinación que nos arriesgamos a dar fin a miles de años de civilización comunitaria.



‘El “vino moderno”. como se le llama de manera engañosa, es la perfecta ilustración de ese riesgo, sea en su versión de “alta expresión” española, su variante de burdeos californizado o su encarnación argentina alcoholizada a 16 grados. Es un mejunje que nos presenta una sola pregunta: “¿Qué puedo amar sin pensar y de qué tengo ganas aquí y ahora?” En contraste, un vino de terroir (sobre todo aquel elaborado en una relación sana con la naturaleza) le exige a usted que se interrogue sobre él—y sobre usted mismo: “¿Qué soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué historias me cuentan esta tierra y esta naturaleza?” Aquellos que se agarran de la defensa del mítico “mercado libre” y de vinos o cualquier otra expresión cultural creada ex nihilo no son más que narcisistas. La defensa del vino como fenómeno más allá del yo, la defensa de los vinos de terruño, es la expresión de un gusto adulto y conectado a la comunidad, a la inversa del gusto infantil’ (Le Goût et le Pouvoir, pp. 363-364).



Si bien la lógica de sus pronunciamientos puede verse vulnerada por ciertos ataques de orden muy cínico, respeto la pasión de este autor y lo apoyo plenamente con este Botellazo. Un gran libro. Un libro importante que todos necesitamos leer y pensarnos. Esperemos que pronto vea traducciones a múltiples idiomas y amplia difusión, pues por ahora solamente está disponible en francés.

Para amenizar este Botellazo™ tenemos un interludio musical a cargo de Public Enemy, interpretando un clásico que yo dedico a todo aquel que este año se ha sentido tentado por una botella de precio estrambótico, muy puntuada y muy hiperbolificada. Para ustedes, queridos, here’s what time it is




Refrescante, ¿verdad?



Hablando de “refrescante”, me tomo este momento para otorgar el Botellazo™ en la categoría Como Deberían Ser las Cosas—División Tintos Franceses. Aquí deseo premiar a un auténtico gran vino, puro y expresivo de su terruño, con un inmenso potencial de guarda. Pero lo más especial de este vino es que, en un mundo en el que se cacarea con el más absoluto cinismo la “democratización” del vino mientras los precios del vino “democratizado” andan a años luz de ser accesibles a la mayoría—lo más especial de este vino es precisamente su precio, pues se vende a aproximadamente 21 dólares la botella. Este Botellazo™ es para el…



¡Domaine Etxegaraya, “Cuvée Lehengoa”, Irouleguy 2005!

Llegamos ahora al más singular premio de esta velada—que amenaza en hacerse tan larga ya como las entregas de los Oscares, los Grammys, los Lo Nuestro de la Música Latina y tantos otros tostones que mi querida esposa, la periodista, me hace dispararme rutinariamente. Este premio se lo lleva un vino no por sus méritos qua bebida, sino por una función social. Una nota de un bloguero sobre él despierta el interés de otros blogueros. De repente aparecen más notas, hay diferencia de opiniones y un amable debate, hay intervención de representante de la bodega, hay estímulo intelectual, preguntas y un saludable “cross-blogging” (término que leí por primera vez entre los comentarios generados por este fenómeno). Como digo, este premio, que llamo Six Degrees of Vino—Nexos no es para el vino que originó un movimiento internáutico, sino para el movimiento en sí, tan coloquial y bello.



Y se lo lleva…



¡La discusión sobre el “Pétalos del Bierzo” 2006, iniciada por Joan Gómez Pallarès, continuada en La otra botella y aún corriendo por ahí con unas piernitas de lo más guapas que le han salido!



Ah, de paso, a Oscar Alegre, representante comercial de Descendientes de J. Palacios, elaboradores del “Pétalos del Bierzo”: Me quedé esperando por el estimado de guarda de este vino para mandar a pedir la media docena de botellas que ofrecí comprar a fin de salir de dudas sobre si la madera era factor o no en la potencial longevidad del “Pétalos” 2006. No era faroleo…



En lo que esperamos por el estimado, una selección del Otro Disco del Año: The Nightfly Trilogy. Ladies and gentlemen, con ustedes, ¡Donald Fagen!



“Un virus en zapatos de tacón y perlas…” Hay imágenes que no tienen precio. Bueno, y hablando de cosas que no tienen precio, es hora de la Mención Honorífica al Heroismo en la Internet del Vino. Aquí queremos hacer notar la loable conducta de alguien que logró poner al borde del infarto al monstruo, alguien cuyo éxito como provocador fue rotundo y que logró grandes éxitos en la lucha abierta contra el Lado Oscuro. Este superhéroe de barrio (gracias, Kiko Veneno) es nada más y nada menos que uno de nuestros ya premiados. Nos quitamos el sombrero ante…



¡Lyle Fass, por el soberbio cabreo que hizo pasar a los directivos de eRobertParker.com!

Claro, yo nunca entro en ese sitio, o sea que conozco los episodios únicamente de segunda o tercera mano. Pero me basta. Y a la Academia también.

Ha llegado el momento para el último Botellazo™ de esta preciosa noche. Me está entrando calor con este puñetero frac, así que yastábuenooooooooooo… El Botellazo™ es para el Vino del que Más Me Complace Haber Comprado Múltiples Magnums—División Tintos (el premio a la “División Blancos” fue otrogado al Granite de Clisson 2005 de Marc Ollivier en una ceremonia más temprano en la semana, que envolvió la apertura de un mágnum del mismo en presencia de grandes cantidades de ostras).

Y el Botellazo™ es para el…

¡Georges Descombes, Morgon “Vieilles Vignes” 2005!


Dije de este magnífico morgon en estas páginas el mes pasado: “Se trata de un tinto ligero de cuerpo, pero con tremenda estructura, muchísima fruta y auténtica complejidad. Me acuerdo de otro amigo con la copa en una mano mientras escribo esta nota. A Laureano Serres le encanta hablar de “tensión” en los vinos. Aquí notas la tensión inmediatamente como el elemento que une todo bellamente. La fruta, igualmente voluptuosa y enérgica, el nervio mineral, los taninos de grano finísimo, el fondo térreo, armónicos de pétalo de rosa, lavanda y especias… Todo eso me lleva casi inevitablemente a pensar en una banda de funk perfecta, tocando detrás de un vocalista con verdadera alma. Hay tensión entre la música y la voz, pero no resulta en conflicto, sino en juego, en capas de deleite, Recuerdo el disco de Aretha Franklin que mencioné recientemente aquí y voy directamente a una pieza: “Sweetest Smile and Funkiest Style” de Aretha Franklin. Aquí está su equivalente vínico. Es sexy por su elegancia. Es tan fácil de beber que te dejas llevar. Pero también tiene material como para envejecer bonito durante la próxima década y media.”


Hasta aquí estos Premios El Botellazo™ 2007 de La otra botella. Otro año más viene por ahí y les deseo a todos ustedes que me leen y participan en los comentarios de este blog (y a los que me leen y no participan, y a los que me leen pero dicen que no me leen, y hasta a los que no me leen de verdad) un muy feliz 2008 sin vino esperpentificado. Beban. Vivan. Bien.

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La Rioja

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