Más apuntes varios, mientras esperamos por Godot

Todavía sigo sin poder terminar mi ensayo sobre lo del terroir. Es que se ha escrito y dicho tanto sobre el tema que no me apetece pecar de chapucero. Estoy releyendo mucho material y encontrando cositas interesantes, nuevos terrenos rocosos (pardon the pun) y ángulos atrevidos en el camino. Espérenlo un poquito más, que creo que el tiempo extra puede valer la pena.
 
Por el momento, a la preocupación de la pasada semana...
 
Granizadas se cargan buena parte del norte del Ródano. Luego buena parte de Alsacia (aunque, por fortuna, se salvaron muchos viñedos grand cru, entre ellos los de mi productor favorito, que es Trimbach). Mildiu en Rioja, exacerbado por un resto de junio más bien tormentoso. Y encima había quienes prometían otro verano de canícula. Porque para acabar de joderla, nada como otra dosis del 2003...
 
Este 2007, año en que nacieran mis hijos, por el momento no augura muy bien. No sé qué podré comprar para guardarles (uno que sueña con brindar por la adultez de estos hijos, con ellos y con algo comprado cuando eran bebés). Las razones son diferentes a las que hicieron a 1968, el año de mi nacimiento, un desastre total en casi todas partes (gracias a Rioja, a Vega Sicilia y a un par de otros por colaborar a que tenga yo algo que beber aún del año de mi natalicio). Pero si el tiempo no pone de su parte, mal andamos.
 
Ahora bien, quizás ya el discurrir del mundo del vino nos haya privado a mí y a tantos otros sentimentales como yo del placer de guardar vino del presente para generaciones futuras, seguros de que el vino cumplirá su promesa de esplendor a largo plazo. ¿Qué vamos a guardar? ¿Burdeos? ¿Borgoña? Digamos que en Burdeos poco parece ir quedando que me inspire, y encima, con los precios que se piden tanto ahí como en Borgoña por un buen grand cru, me entran ansiedades sobre guardar la plata para mandar a los gemelos a buenas universidades.
 
Esperemos que algún rioja nos salga estelar y "salve" la añada de los camblorcitos, como algún antepasado del 68 lo hizo con la de Camblor. A esos amigos, elaboradores en esas bodegas que se han sabido ganar mi admiración y respeto: A ver si hay suertecilla y se da algo bonito.
 
 
Media docenita de blancos bebidos en casa, en noches de calor...
 
 
Domaine Hatzimichalis, Ambelon Veriki, Valle de Atalantis, Grecia 2005: Inicialmente carga un pestacillo reductivo que, por suerte, se disipa. Aromas sutiles de ruibarbo, limón persa, piedras y levez notaz de musgo y anís. Ligero y muy cítrico en boca, de hecho, algo áspero. El fuerte golpe acídico se queda, en este caso, necesitando algo de cuerpo que establezca equilibrio. Se deja beber, pero no es algo que vaya yo a repetir de motu propio.
 
Ladera Sagrada, S.A., "Castelo do Papa" Godello, Valdeorras 2005: La nariz es mal que bien común: Piña verdosa, limón, cáscara de manzana y una nota arenosa. En boca es suculento, pero no especialmente interesante. Al final le falta nervio, por lo que se siente menos que fresco. Pero tiene buen largo. Se deja beber. Mi queja es sobre vidrio barato. Utilizando uno de mis sacacorchos Château Laguiole (lso prefiero a casi cualquier cosa), la boca de la botella se dewsmoronó malamente. Bueno, y otra quejita, ya que estamos en eso: Está bueno de etiquetitas anaranjadas con dibujos infantilistas pasando por "diseño gráfico". Las veo continuamente en vinos de Ordóñez y Solomon y, francamente, ya está bueno.
 
Clos Floridienne, Blanc, Graves 2005: Una bonita nariz. Tiene roble, que se manifiesta en vainlla, mantequilla y almendra tostada, pero lo hace sutilmente, por debajo de aromas de limón, toronja blanca y menta. Fresco y amplio en boca. Lo mismo que en la nariz, más o menos. Largo, con brillante acidez en
un posgusto cremoso. Muy bueno. Me da anas de ver lo que hace con
unos añitos encima, cuando los elementos comiencen a interactuar de
otras formas.
 
François Pinon. "Cuvée Tradition", Vouvray 2006: Acabado de cruzar el charco, o sea que probablemente está algo turulato. Pero mi vouvray tendre favorito y una de las mejores compras en el mercado en los últimos diez años batea de jonrón de nuevo. La nariz abre con piedras trituradas y luego pasa a una nota de menta, seguida por melocotón balnco y una panboplia de cítricos. En boca es un vino vivísimo, abocado, con un potente golpe de toronja que se abre, mostrando compartimientos de fresas silvestres, limón e increíble mineralidad. De cuerpo es un poquito menos que el 2005, pero en intensidad y persistencia no tiene nada que envidiarle. Un vino que llevo comprando por medias-cajas desde el 97. Y agradece la guarda...
 
Donabaum, Riesling Bergterrassen Federspiel, Wachau, Austria 2005: Atractiva nariz, floral, con toronja, guarapo, pino y una mineralidad intensa. Ligero en boca, pero preciso, con cítricos y minerales muy vivos. Firme y agradable de beber y con muy buena persistencia. La acidez te hace la boca agua. Excelente compañero para un tartare de vieiras con puerro chino, nori y ajonjolí.
 
Sirch, Tocai, Colli Orientali del Friuli, Italia 2005: La etiqueta, no sé por qué, merecuerda algún momento menos inspirado de la obra gráfica de Hans Schleger. Dorado pálido de color—el vino, digo—con destellos verdes. Sorprendentemente mineral de nariz, granítico, quizás. Detrás de eso hay limón amarillo y piña verde. Ligero en boca, jugosito y sencillo. La mineralidad está ahí, pero no de forma tan protagonística como en la nariz. Fresco, limpio y muy bebible. Un blanquito más o menos económico (aproximadamente US$13), con buena acidez y posgusto bastante persistente.
 
 
Me encanta ir a restaurantes griegos. Es algo que hago, si puedo, varias veces cada mes. En Manhattan, dos de mis favoritos tienen listas de vino muy generosas. Claro, debo confesar que el tema de los vinos de Grecia es una de las grandes lagunas en mi educación vínica. En restaurantes como Molyvos o Trata Estiatorio, me dejo llevar por recomendaciones de sumilleres, mayormente. Hay mucha etiqueta en griego, mucha variedad de uva que no es para nada familiar... En muchas ocasiones he preguntado a los mismos sumilleres si existe algún libro que pueda leer para tener una base teórica mientras me educo sobre vinos griegos bebiendo. Nunca me han dado ningún título.
 
Por suerte, encontré algo hace poco: The Wines of Greece, de Konstantinos Lazarakis (Mitchell Beazley, Londres 2005), el primer Master of Wine griego. Aún no lo leo. De hecho, acaba de llegarme la cajuta con él de Amazon.com, pero puedo dar una reseña preliminar. Tiene muchísimo mérito por ser el pionero en su campo.
 
 
Ya contaré.
 
 
Una para mi amigo SobreVino, que con motivo de Iberoamérica en Cata #2 probó un dolcetto d'Alba...
 
Me encuentro con una de esas botellas olvidadas en mi bodega. No debía estar ahí, pero está. Es el Giuseppe Mascarello e Figlio, "Santo Stefani do Perno", Dolcetto d'Alba 2001 y es algo sobre lo que mucha gente se pregunta: Un dolcetto con "cierta edad". Granate violáceo oscuro, opaco de centro. Aromas de carne a la brasa, salvia, frambuesa negra, mora, tierra negra, aceitunas con comino, regaliz y tinta china. No huele ni siqueira remotamente a decadencia. De hecho, está vivito. Un vino rusticón, térreo, masticable, con sabroes de frutas negras, carne, laurel y un deje amargo al final. Taninos muy levemente granulosos y acidez adecuada en un posgusto medio.
 
Yo había preparado unos linguini con salsa picantilla de tomate, pancetta y salvia. Iba a servir el plato con algo más ligero y acídico, más veraniego. Pero de camino a buscarlo se me apareció este dolcetto y el plan cambió. El maridaje resulta particularmente feliz por lo inesperado, pues hay salvia en una parte y la otra. Además, las notas cárnicas en la salsa realzan esos mismos aspectos en el vino. Y de la acidez del plato elvino parece contagiarse un poco, haciéndose más ligero y con "mordida".
 
 
La celebración retrasada de mi 39 cumpleaños, en coordinación con mi primer Día del Padre, trajeron regalos que me hacen sentir muy, pero que muy suertudo.
 
Estoy enamorado.
 
No, nada que ver con mi mujer o mis hijos. Hay una nueva pasión en mi vida. Y culpa de Josie, que fue quien me la trajo.
 
El regalo para el Día del Padre fue un maravilloso nuevo bloque de bambú con seis cuchillos Shun. Estos cuchillos los conocía de los interesantes programas de Alton Brown en el Food Network (lo único que aún sirve en ese vergonzoso canal), Brown profesaba su propio amor por estas tremendas herramientas y yo había tomado nota, pero nunca me había preocupado por probarlos. Eso cambió cuando fuí a comprarle un regalo de cumpleaños a mi buen amigo Brad Kane. Le compré un cuchillito utilitario Shun que probé antes en la tienda. Me maravillé no solamente por el equilibrio de la pieza, el impresionante filo, la obvia calidad del acero de la navaja y la madera de la empuñadura, sino por la belleza del cuchillo en sí.
 
En http://www.altonbrown.com/shun/shun_edge.html pueden ver un video de lo más interesante de Alton Brown ilustrando las virtudes de los Shun.
 
Días después de haberle regalado a Brad el cuchillo, no dejaba yo de hablar de lo impresionado que estaba, y de como, en algún momento, sacaría el tiempo y el dinero para comprarme un buen juego de Shuns con los que reemplazar mis siempre confiables Globals.
 
 
Ahora, el trabajo preparatorio y el picotillo se me han convertido en la fase favorita de mi proceso culinario cada noche. Es que soy un tipo con suerte. Y las herramientas perfectas.



Escrito por: manuel-camblor 9 comentarios 01 Jul 2007 URL Permanente

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jose

Jose dijo

Los cuchillos tienen un aspecto sencillamente espectacular 8-o Babeo de envidia cuchillera en este momento.

Manuel Camblor

Manuel Camblor dijo

Lo mejor que tienen es que, cuando les pones una cebolla, un pimiento, un calbacín, o un diente de ajo delante, se les tiran encima y se pican solitos en perfectas porciones.:-)



En la foto no se nota bien, pero el acero de las hojas tiene una especie de patrón ondulado precioso.





De verdad valen la pena. Te lo dice alguien que ha tenido lo mejor de Wusthof, Henckel y Global antes de llegar a estos Shun.



M.

Sobre Vino

Sobre Vino dijo

Gracias por el apunte de ese Mascarello. Dan ganas de salir corriendo a por uno, aunque en este país puede ser labor harto dificil.



Un abrazo.

Manuel Camblor

Manuel Camblor dijo

En realidad, SV, la añada que está disponible actualmente es la 2005. Tengo una botella en la cesta de las "por probar". El 2001 del que hablo aquí fue una que se me quedó huérfana en un estante de la cava. A cada rato pasa y me encuentro con cadáveres de vinos que eran para beberse de inmediato. Pero en otras ocasiones, pues, te sale uno que sigue bien de bien tras varios años, aunque sea de una variedad que no da generalmente para vinos de mucha guarda.



Por casualidad, en ésas, también encontré un par de barberas de Mascarello del 96 (distintos pagos) que he de probar, a ver qué tal.



Para el martes vengo con mis observaciones sobre terroir, así como también mi propuesta para IEC3.



M.

Felipe Méndez

Felipe Méndez dijo

2007s para guardar?

Te tengo una idea: Chile.



Ya sé. Estás pensando que soy un chauvinista que se puso gagá.



Bueno, puede que tengas razón.



Pero algo me huele distinto. sin duda el 90% de la cosecha se va a transformar en basura vínica, no me engaño. Pero este 2007 fue de otoño más frío que el habitual, con un otoño seco, frío, que permitió maduraciones lentas y alcoholes mucho más bajos que lo habitual.



Y hay productores que han sabido leer el hartazgo del consumidor por la mermelada. Una minoría, lo repito.



Hay que esperar unos cuatro años a ver si mis esperanzas son o no vanas. Pero, por primera vez en vaaaarias cosechas, esta vez le tengo fe.

la guarda de navarra

la guarda de navarra dijo

No te desesperes, aunque el año pinta malo, seguro que por ahí encuentras alguna joyita para recordar el año del nacimiento de tus hijos. Hay magos que hasta en años difíciles sacan grandes vinos. Otros ni con la mejor uva son capaces de mejorar lo que conociamos. Pero eso es otro cantar.

Un saludo laguardiense.

Manuel Camblor

Manuel Camblor dijo

Felipe,



Si a alguien no consideraría jamás un chauvinista es a ti.



No dudo para nada lo que dices, y extiendo mis más sinceras felicitaciones a esos productores chilenos que han decidido unirse a la brigada de alivio del aburrimiento vínico.



El problema, dada la evidencia de cabernets chilenos de los setentas, ochentas y primeros noventas que me ha tocado probar, es que exista en estos vinos que han logrado ahora la estructura como apra que mis hijos puedan disfrutarlos ya cuando tengan facultades para apreciar un buen vino, o sea, de aquí a quince o veinte años. Si lo logran, me dar´ân una inmensa felicidad...



Guarda,



Claro que hay gente capaz de hacer magia en añadas menos que favorables. Si yo alguna vez iba a escribir un ensayito titulado "La gloria de una mala añada", que no sé por qué se quedó sin escribir (iba de por qué el mejor vino de Roda que he probado, yo que he podido probarlos otdos, o cais todos, fue un Roda 2002, único de la bodega esa añada y que bailó muy bien, junto a un Montevertine 1999 con chukletitas de cordero en casa de mis primos en Puerto Rico). De Burdeos puedo ofrecer como evidencia de que en esas añadas feitas salen maravillas el fenomenal Trotanoy 67. ¡Uy, para vino que me hizo vibrar! Bueno, y más recientemente el Château Certan de May 93...



Cruzo los dedos y espero para que los gemelos, junto a su padre, puedan beber alguna maravilla dentro de quince o veinte años.



M.

Jose

Jose dijo

Las ondulaciones de la hoja se notan, sí. Aunque no sé porque razón me siento más agusto en el corte con hojas totalmente lisas. Debe ser la fuerza de la costumbre. Yo soy muy prosaico para esto de la cuchillería; los compro en la misma tienda que los carniceros del mercado. Saludos. Jose.

Manuel Camblor

Manuel Camblor dijo

No, no me refería a los zurcos u ondulaciones en el filo del Santoku, sino al patrón de ondulaciones que se ve en la "cara" de la hoja. Los zurcos son para aumentar las posibilidades de corte del cuchillo. El patrón de ondulaciones al que me refiero es algo en el lado de la hoja, tipo acero de Damasco.



M.

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La otra botella

Educado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.

Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.

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