Tres lecturas (Hay que reir, hay que llorar...)

1.

A diario se repiten en mi mente las inmortales palabras de Ana Bonelly, la tercera esposa de mi tío y definitivamente la más pintoresca de mis tías. Una vez, cuando conversábamos sobre nuestras respectivas frustraciones con la gente y sus cosas, me dijo: “La gente mala e inteligente no es de lo que hay que cuidarse. No hay cosa peor que un morón con iniciativa…” (un “morón”, del inglés moron es un cretino, en puertorriqueño).

Lo que me lleva por esta particular avenida del recuerdo es un artículo que acabo de leerme en el nuevo número de la revista Wine & Spirits, por Fiona Morrison MW. Se titula “The Vintage that Changed Bordeaux” (“La añada que cambió a Burdeos”) y trata sobre 1982 y su incuestionable efecto en el destino del mundo del vino de los últimos 25 años.

Veamos el sumario que hace la Morrison del fenómeno: “Lo que hizo tan exitosos a los 82 fue el que eran vinos sexys. Hizo falta un novato escritor de vinos norteamericano, Robert Parker Jr., que se aferrase al carácter opulento, concentrado y hedonístico de estos vinos. Sin ataduras a ninguna predilección por los burdeos clásicos que hicieran a muchos críticos establecidos dudar de la durabilidad de los 82, Parker causó sensación cuando, en abril de 1983, su joven publicación, The Wine Advocate, anunciara que 1982 era ‘la mejor añada jamás vista en Burdeos’” (Wine & Spirits, Otoño 2007, pp. 50, 51; mi traducción).

Morrison explica que, pese a los atributos que tanto sedujeron al bisoño (y obviamente fácilmente excitable) Parker, “aparecen grietas en el aparentemente perfecto cuadro [pintado por Parker] según los vinos van envejeciendo” (p. 51). Dado el carácter de la cosecha, ell tiempo y la pérdida de la voluptuosidad juvenil en los vinos ha revelado taninos ásperos y poca persistencia en vinos que, en una multitud de casos, no han cumplido con las expectativas de evolución.

La conclusión del artículo es bastante obvia. 1982 fue la añada que cambió a Bordeaux y, muy probablemente, a todo el mundo del vino. Ahí comenzó la “modernidad” como la vemos desde aquí.

Ahora añado yo, elaborando sobre las ideas expuestas por Fiona Morrison: Los bordeleses despertaron a nuevas formas de forrarse de billetes, descubriendo el increíble poder de la mediatización del vino. ¿Y la base de todo eso? Opiniones expresadas demasiado tajantemente, nada más y nada menos que por un entonces neófito. El colmo de la arrogancia por un lado. Y, francamente, el colmo de la idiotez por el otro, pues miren que hay gente que absorbió sin cuestionar en lo absoluto lo de 1982 como paradigma del “burdeos perfecto” y ha seguido los dictámenes de Parker sobre lo que constituye un “gran vino”. Honestamente, aún tras un par de décadas de apasionado aprendizaje sobre vino, a mí jamás se me ocurriría andar declarando “la mejor añada de la historia” en ninguna región. Pero yo soy yo. No tengo la más mínima aspiración de guruismo ni nada que vender en cuanto a vino se refiere. Otros operarán diferentemente.

Parker ha tenido tiempo de hacerse de amplios conocimientos en el casi cuarto de siglo trascurrido desde aquellos pronunciamientos sobre 1982 y Burdeos. Quizás hoy día merezca ser considerado una autoridad, dependiendo del concepto de “autoridad” que uno suscriba. Pero cuando dió aquel golpe que lo cambió todo, lo hizo desde la ignorancia. Habló sin perspectiva histórica y tanta gente se tragó aquello… Es sorprendente. No llamaré a Parker “morón”, pues la verdad es que ha demostrado ser un individuo de gran inteligencia y habilidad mediática, que ha manipulado el mercado hasta que éste parecería girar en torno a él. Parker se ha convertido en una figura de incalculable poder sobre toda la industria del vino—algo que regocija a unos y molesta infinitamente a otros (como yo, que objeto ante toda manifestación de poder que pretende ser absoluto). Aquel juicio inicial, a todas luces no muy acertado, según el tiempo va demostrando, fue el primer paso en un ya largo trayecto de cuyo mérito creo que tenemos derecho a dudar. No. De “morón”, Parker nada. Pero queda el pensar que un inexperto con iniciativa, emitiendo nociones sin más base que su propio chutzpah, fue en gran medida responsable de un tremendo sismo cultural cuyas consecuencias muchos sufrimos hoy.

Yo pruebo burdeos antiguos y no tan antiguos con relativa frecuencia. Puedo aseverar, con un módicum de seguridad, que en términos de calidad, la “modernización” que se cristalizara después de 1982 no ha dado nada que me impresione, especialmente en comparación con aquellos vinos tan supuestamente “verdes” y “mal hechos” de antes de la gran revolución, que aún evoucionan positivamente mientras que las maravillas de la “nueva ola” no acaban de llenar aquel tan cacareado “potencial” que se les adjudicase.

En algún momento tenemos que preguntarnos seriamente: ¿A quién y por qué le hemos dado el poder? ¿No es hora de cuestionar más seriamente a esos “expertos” que andan proclamando cada dos por tres la revolución?

2.

Hablando de revoluciones, está la historia de portada de la nueva Wine Enthusiast, que va de “Investment-Grade Rioja: Discover the New Classics from Spain”. No que ésta sea una publicación a la que yo preste atención, pero mi buen amigo Gerry Dawes me señaló el artículo para que me riera un poco. Se trata de otro panegírico en torno a aquellos vinos que alguna vez llamábamos de alta expresión. Ya saben: Allende, Artadi, Roda, la gama “alta” de Muga, Dalmau y otros tantos productors posmodernos que tienden a darme tiriquito. Resulta que ahora la categoría de los riojas de gran madera, gran extracto, gran alcohol, etc. son llamados por esta revista y, al parecer, por sus propios creadores, los nuevos clásicos.

Mi primera reacción fue un estertóreo “¡Hay que joderseeeeeeeeeeeee!” que dió un soberano susto a Garnacha, mi veterana gata. Luego me dió por considerar esta nueva frase marketiniana que tan descarada me parece. Y llegué al tocho, que dice:

“clásico, ca.

“(Del lat. classĭcus).

1. adj. Se dice del período de tiempo de mayor plenitud de una cultura, de una civilización, etc.

2. adj. Dicho de un autor, de una obra, de un género, etc.: Que pertenecen a dicho período. Apl. a un autor o a una obra, u. t. c. s. Un clásico del cine.

3. adj. Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia. U. t. c. s.

4. adj. Perteneciente o relativo al momento histórico de una ciencia, en el que se establecen teorías y modelos que son la base de su desarrollo posterior.

5. adj. Perteneciente o relativo a la literatura o al arte de la Antigüedad griega y romana. U. t. c. s.

6. adj. Dicho de la música y de otras artes relacionadas con ella: De tradición culta.

7. adj. Que no se aparta de lo tradicional, de las reglas establecidas por la costumbre y el uso. Un traje de corte clásico.

8. adj. Típico, característico. Actúa con el comportamiento clásico de un profesor.

9. m. Arg., Ur. y Ven. Competición hípica de importancia que se celebra anualmente.”

-Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, 22a. edición

Aparentemente, los de Wine Enthusiast se han tomado muy en serio estas definiciones de la RAE (aunque en realidad de español no anden muy equipaditos, ya que escriben la frasecilla “nuevos classicos”) y han decidido aplicar lo de la “mayor plenitud” de Rioja a los últimos quince años. Reza el artículo, firmado por un tal Michael Schachner: “…Es el segmento de la historia de Rioja que justo ahora se imprime, el que enfoca los últimos años más o menos, el que debe cualificar como lectura obligada para los amantes modernos del vino” (Wine Enthusiast, Septiembre 2007, p. 30, mi traducción).

Bonito juicio, ¿no? Como dicen por aquí: No time like the present

La cosa es que esta gente, aunque su influencia sea muy menor en el gran esquema de las cosas, me recuerda al Parker neófito y lo del 82 como la “mejor añada de todos los tiempos” en Burdeos. La falta de visión, de capacidad para verdaderamente juzgar las cosas dentro de un contexto histórico-cultural a largo plazo es alucinante.

Vinos como Altos de Lanzaga (de Telmo Rodríguez), Pagos Viejos (de Artadi), Cirsion (de Roda) o El Calvario (de Finca Allende) representan la “revitalización” de la Rioja para el Sr. Schaechner (curiosamente “revitalización” es un leitmotif de esta edición de Wine Enthusiast, donde también hay un artículo sobre la “revitalización” de la hamburguesa) y la definición de todo aquello a lo que la región debe aspirar. Consideremos: “Al final del día es el equilibrio lo que distingue a los nuevos clásicos de lo promedio o lo subestándar. No es suficiente para un nuevo vino el reemplazar los tonos ligeros y los sabores agrios y diluidos del rioja tradicional por colores oscuros, alcohol alto y extracto, porque eso con maceraciones extendidas o traqueteando con la temperatura durante la fermentación” (p. 32).

Me erizo pensando en el tipo de persona que considera de capa clara y “sabores diluidos y agrios” vinos como un López de Heredia Viña Bosconia Gran Reserva 1947, un Marqués de Riscal Reserva 1945, un CVNE Viña Real Gran Reserva 1962, un Monte Real Gran Reserva 1964 de Riojanas, un Castillo de Ygay 1934, un Prado Enea 1991, o un “Centenario” Reserva 1973 de La Rioja Alta S.A., que son, ante todo, claros y excelsos ejemplos de “rioja tradicional” (bueno, okey, el Viña Real puede que haya sido el primer rioja “moderno”, pero en otro sentido) Tal parece que en la escuelita estadounidense de periomarketing (para uan mejor idea sobre este término, ver el interesante artículo “Reporters and Parrots” de Peter Norvig en http://norvig.com/reporters-and-parrots.html) del vino enseñan que para ensalzar un tipo de vino es absolutamente necesario descalificar otro. Y dan puntos extra por hacerlo de la forma más infundada, abstracta y generalista posible.

No sé por qué, creo que esto es evidencia de los ecos más lejanos de aquella revolución que iniciara Robert Parker en abril de 1983.

Antes de pasar a otro orden de ideas que probablemente acabe siendo el mismo, un par de cosillas simpáticas del artículo de Wine Enthusiast. Todos los “nuevos clásicos” citados tienen en común no solamente color, madera y alcohol, sino precios muy elevados: US$105 por el Calvario 2004, US$95 por el Pagos Viejos 2004, US$194 por el Aro 2004 de Muga, US$273 por el Cirsion 2004, US$100 por el Dalmau 2003 de Marqués de Murrieta… Pero no, no voy a reirme de los precios. De hecho, el que me ha hecho desternillarme es uno de los vinos más “económicos” entre loa reseñados, un El Puntido 2004 de una bodega llamada “Viñedos de Páganos”. Pensé que quizás el acento era un error. Pero Google me confirma que la bodega en verdad se llama así. Y no es coña. Esto es llevar lo de “Investment Grade” a otro nivel.

Otro hilarante momentito viene en la nota de cata del Aro 2004, donde dice: “Aro shows gripping tannins and juicy acidity, and overall it reeks of power and precision” (p. 33, mis itálicas para enfatizar). Veamos el otro tocho, que es el American Heritage Dictionary (me decidí a no aplicarles el Oxford English Dictionary, pues la revista es, después de todo, norteamericana):

Reek

“v. intr.

“1. To smoke, steam, or fume.

“2. To be pervaded by something unpleasant: "This document ... reeks of self-pity and self-deception" (Christopher Hitchens).

“3. To give off or become permeated with a strong unpleasant odor: "Grandma, who reeks of face powder and lilac water" (Garrison Keillor)”..

En pocas palabras, to reek=apestar. Un vino que “apesta a poderío y precisión”.

Algunas frases no tienen precio.

3.

La credibilidad ha muerto, viva la credibilidad… Les hablaba el otro día como utilizábamos mis amigos y yo el libro Vintage Wine: Fifty Years of Tasting Three Centuries of Wine de Michael Broadbent para cotejar percepciones de añadas antiguas en Burdeos. Pues llegó a mi buzón un artículo que me ha hecho pensar en tirar el volumen a la papelera.

Al fin ha llegado el escándalo causado por los problemas legales del supercoleccionista-corredor alemán de vinos Hardy Rodenstock a The New Yorker, probablemente la revista de mercado masivo más intelectualmente incisiva que hay en este país. Rodenstock ha sido demandado por el billonario norteamericano Bill Koch, quien le acusa de falsificación de vinos y tráfico de mercancía falsa. El problema gira en torno a botellas de burdeos famosos de 1787 que, alegadamente, pertenecieron al prócer norteamericano Thomas Jefferson y fueron “descubiertas” y vendidas por Rodenstock.

No quiero resumirles más del apasionante artículo que ha escrito Patrick Radden Keefe acerca del caso en The New Yorker. Se lee como una novela de intirgas y, a los que tengan la suerte de leer bien en inglés les exhorto de todo corazón ver http://www.newyorker.com/reporting/2007/09/03/070903fa_fact_keefe, donde la historia aparece en su totalidad.

Hardy Rodenstock (no es su verdadero nombre, por cierto, sino uno que asumió para darse “glamour”) emerge del ensayo de Keefe como un personaje rocambolesco, de motivaciones y operaciones dudosas. El nombre “Hardy Rodenstock” ha aparecido en la obra de figuras de la literatura actual del vino del calibre de Robert M. Parker Jr., Jancis Robinson y Michael Broadbent , siempre retratado como un anfitrión de extraordinaria esplendidez a cuyas megacatas de vinos antiguos e importantes era un honor ser invitado.

El problema es que ahora transpira que muchos de los vinos que servía el Sr. Rodenstock en sus supereventos, repletos de verticales extensísimas de burdeos antiguos de valor incalculable, pueden bien haber sido falsos.

Keefe cuenta de un fin de semana de cata de los de Rodenstock al que asistió Robert Parker. Entre las grandes botellas consumidas estaba un mágnum de Château Pétrus. Parker adjudicó “100 puntos” a este Pétrus, maravillándose ante su frescura y concentración.

¿El problema? Que en Château Pétrus no embotellaron el 21 en mágnums. O al menos no existe revidencia o memoria alguna de que lo hicieran. La botella proferida por Rodenstock para el inmenso disfrute del crítico de vinos más influyente del mundo no podía existir.

Keefe plantea lo siguiente: “Si Pétrus no hizo mágnums en 1921, ¿qué bebió Parker en aquel evento? La nariz de Parker está asegurada por un millón de dólares; parece casi patológico que Rodenstock haya invitado a tal individuo a su mesa para servirle un vino falso…. Pero si el Pétrus 21 de cien puntos de Parker era falso [la osadía de servírselo] quizás no está fuera de lugar. ¿Podría Rodenstock haberse hecho tan experto en hacer vinos falsos que sus falsificaciones eran tan buenas como o mejores que el vino de verdad? Cuando pregunté a Parker sobre esa botella, se apuró a decirme que hasta los mejores críticos de vino son falibles” (mi traducción).

El acusado de timador como artista. Es tentador el prospecto.

Pero no voy a ponerme con especulaciones dobre giros en la trama ni Schadenfreude porque posiblemente engañaran a Robert Parker. En realidad no va de Parker lo peor del caso. Con quien tengo un problema en todo este affaire es con Michael Broadbent, un veteranísimo cronista de vinos por quien he manifestado gran respeto a lo largo de los últimos veinte años, teniendo algunos de sus libros como tomos de cabecera.

A principios de los ochentas, Hardy Rodenstock supuestamente “descubrió”, tras un muro en una residencia parisina (Rodenstock se rehusa a revelar donde está localizada dicha residencia, por cierto), un lote de botellas de burdeos de añadas anteriores a la revolución francesa. Las botellas, junto a marcas como “Lafitte” (se escribía así en aquel entonces) y “Branne-Mouton” (antecesora del actual Mouton-Rothschild) llevaban las iniciales “Th. J.”, anunciando a su ostensible propietario. Rodenstock ofreció en subasta parte del lote a través de Christie’s en Londres. Quien aprobó la “autenticidad” de las botellas fue Michael Broadbent, entonces director de subastas de la famosa casa, el mismo Michael Broadbent cuyo Vintage Wine está lleno de referencias a la “infinita generosidad” de Hardy Rodenstock, quien le dió a probar muchos de los vinos más antiguos y extraordinarios que reseña en el libro.

Las botellas subastadas en Christies en 1985 crearon mucha controversia, particularmente porque historiadores y expertos en la vida y milagros de Thomas Jefferson descartan la posibilidad de que hayan pertenecido al tercer presidente de los Estados Unidos. Pruebas realizadas por científicos han arrojado que algunas de las botellas vendidas por Rodenstock como “Lafitte 1787” tenían dentro vino de cosechas posteriores a 1943. Michael Broadbent, alguien en cuya autoridad yo confiaba, autentificó vinos sin evidencia verdadera y pese a serias dudas expresadas por expertos de gran autoridad.

¿Cuántos eran falsos de entre los vinos antiguos (muchos de ellos “sorprendentemente vivos”) sobre los que Broadbent escribió en Vintage Wine? Quizás nunca lo sepamos. Prefiero la idea de que hayan cogido de bobo a este señor antes de poner en duda su integridad. Pensar que no fue culpa suya, por leve que sea, es un paliativo. Josie lee por encima de mi hombro y me dice: “Este es un momento muy Milli Vanilli…” Reconozco la comparación, aunque hecha en plan jocoso, como válida. Para uno de mis antiguos héroes, adiós credibilidad. Me duele y enfurece pensar en la mancha que esto deja ante alguien como Broadbent. Ya no puedo hablar de “su estatura”. Se ha encogido a velocidad vertiginosa , y eso me entristece. Pero aún más me deprime y hace rabiar el hecho de que yo haya consumido lo que escribía sin desconfiar. Lo cuestioné en muchas ocasiones, pero al final, lo puse en un pedestal. Lecciones de la vida: De ahora en adelante, asumiré siempre lo peor.


-Este servidor de ustedes, con Michael Broadbent a principios del 2005, durante una cena y cata vertical de Vega Sicilia en Nueva York (Foto: Gerry Dawes).-

A MODO DE POSDATA

Hay en el Wine Lovers' Discussion Group en estos momentos un interesantísimo y muy erudito hilo sobre el fenómeno Rodenstock y el fraude en el mercado actual del vino. Vale la pena echarle una ojeada. En él se trata mucho de lo que yo he dicho aquí, e incluso se abordan unascuantas cosas que querré discutir después. El enlace directo al hilo es http://www.wineloverspage.com/forum/village/viewtopic.php?t=10414.

Dentro de ese hilo hay un enlace a un video que no deben perderse, si les interesa lo de la gestión para autentificar botellas. Es una charla de David Molyneux-Berry MW, ex-director de subastas de vino en Sotheby's.

Escrito por: manuel-camblor 4 comentarios 29 Ago 2007 URL Permanente

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Sebastián

Sebastián dijo

Manuel, definitivamente esto de tener la verdad absoluta, es un verdadero disparate, decir que una añada es la mejor de la historia es adelantarse a los hechos, pues como tú bien dices no sabemos la evolución que va a tener con el tiempo, pues el vino en sí no sólo es el resultado de la añada en concreto sino que todo el proceso que se involucró con la añada, y el criterio de Robert Parker ha hecho a este mundo un maniquí de opiniones, como si él fuera una brújula hacia donde ir, no hay derecho...

Con relación a lo de la falsificación y Broadbent, te pregunto, como hizo la supuesta autentificación ? Cómo tú la habrías hecho?, cuales eran las bases o signos para poder autentificar un vino de una añada muy antigua?, obviamente sin abrir la botella, no crees que se metió en un lío al certificar la originalidad de la botella? ya ves al final el tipo falló y se ganó tu incredulidad...

Saludos.

manuel-camblor dijo

Hola Sebastián,

Gracias por entender mi punto sobre los "gurús" de ahora y el poder que quizás no merecen tener sobre el público.

En cuanto a lo de la autentificación, lee el artículo de The New Yorker. Es verdaderamente buenísimo. Aparte, gracias a tu mensaje se me ocurrió proveer enlaces a más material útil que explica muy bien la anatomía de los timos enológicos y el mercado que los permite.

M.

Sobre Vino

Sobre Vino dijo

Excelente artículo de The New Yorker y fantástico vídeo.

Como mencionas El Cirsión de Roda, no puedo dejar de comentar que el placer que me proporcioan sus vinos es inversamente proporcional a su precio. El anteriormente llamado Roda II es el vino más agradable para comer. Añadas un poco maduras del anteriormente llamado Roda I me resultan atractivas. En el extremo opuesto Cirsión es sencillamente demasiado para tomar más de una copa, EMHO.

Saludos.

manuel-camblor

manuel-camblor dijo

SV,

No me voy a poner a criticar los vinos de Roda. Agustín Santolaya es un caballero a la antigua y un muy buen amigo mío es el encargado de exportación de la bodega. Ellos saben que las estrellas de la casa nunca me han convencido y que estoy contigo en lo del antes llamado Roda II--la versión 2002 de ese vino, opr cierto, que ya lleaba el nombre nuevo de "Roda" me encantó cuando la probé con unas chuletillas de cordero en el patio de la casa de campo de mi tío en Puerto Rico. Tanto así que llegué a decir que para mí era el mejor vino hecho por la bodega--y mira que alguna vez estuve en una cata vertical de todo hasta el 2003 ó 2004, no recuerdo bien. Dije eso y lo sostengo porque el vino muestra una gran habilidad a la hora de manejar una añada "poco agraciada", algo que se tradujo en un tratamiento de roble equivalente a exactamente lo justo.

Ah, y antes de que se me olvide, es "Cirsion", no "Cirsión". Yo le ponía acento también hasta que Agustín me corrigió en la bodega. Se trata de una adaptación del vocablo latino para "cardo", siendo un cardo el símbolo de la bodega.

Vamos, pero tanto mi artículo como el de The New Yorker y el video de Taste3 pueden darnos más de que hablar, ¿no?:-)

M.

Escribe tu comentario


Si prefieres firmar con tu avatar, haz login

Sobre este blog

Avatar de manuel-camblor

La otra botella

Educado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.

Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.

ver perfil »

Suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):