Iberoamérica en cata 3: El resumen terroirista

Confieso que no me pensé muy bien lo de la fecha. Sonaba bien “Iberoamérica en cata 3: 3 de agosto”, y caía mal que bien a un mes de nuestro último encuentro, o sea que me dejé llevar por el gusto, sin contar con que media Europa anda de vacaciones y desconectada, por lo que andaríamos de cuórum reducido.



Pero hay que ver que nosotros los enoblogueros somos como somos… Los que aparecimos virtualmente, si nos hubiésemos encontrado en vivo, dábamos para una bebienda memorable—todo un jeebus de esos que hacemos en Nueva York, con pato ahumado al té de Grand Sichuan



Nuestro tema para Iberoamérica en cata 3 era el controvertidísimo y ya extrasupermegahiperdebatido asunto del terroir. En varios escritos previos a mi propuesta para el evento dejé muy en claro mis prejuicios como terroirista convencido. Pero abrí campo a ideas distintas a las mías, buscando resonancias interesantes.



Al final fuimos diez los valientes pobladores de la blogosfera que abordamos el terroir (o al menos creo que fuimos diez, pues la verdad es que los enlaces me llegaron por una variedad de sitios y tuve que recopilarlos poco a poco; si se me ha olvidado alguien, por favor notificármelo lo más pronto posible, que por suerte podemos editar lo que escribimos y nada quedará ignorado). Este servidor de ustedes ya se sabe lo que hizo: Metí mano a un montón de vinos y al final acabé con una larga entrega tripartita sobre terruños muy distintivos o no tan distintivos, algunos vecinos inmediatos de los otros. Lo que dije sobre los pinot noirs “básicos” con designación de viñedo de Arcadian, en el Santa Mar7a Valley de California, de dos morgons con una distinción muy peculiar de Louis Claude Desvignes y los vinos de las DOCs Lessona y Bramaterra, al norte de Piamonte, ambas monopoles de Sella apareció, aunque no hace mucha falta repetirlo, en http://blogs.larioja.com/otrabotella/2007/8/3/iberoamerica-cata-3-dia-del-terroir-.



Y ahora, al resumen de las valiosas aportaciones de nuestros amables contertulios. Me permitiré convertirlo en un “resumen lúdico-crítico-anecdótico” para ahorrarme un poco de tiempo y energía, que necesito para bregar con las crisis de dentición de mis hijos.



Comenzamos con Joan Gómez Pallarès de DE VINIS CIBISQVE, quien nos brinda una magníficamente informativa puesta en antecedentes y descripción del Albino Armani, “Colle Ara” Ramato, Valdadige Terra dei Forti DOC, Italia 2005 (http://devinis.blogspot.com/2007/08/albino-armani-colle-ara-ramato-2005.html): Este vino, como nos dice Joan, es un pinot grigio único, cuya maceración prefermentativa en frío con los hollejos le da un color cobrizo muy particular, a la vez que una notable presencia tánica (la maceración con hollejos, me permito yo añadir, es una técnica favorecida por elaboradores del Friuli como Josko Gravner y Stanko Radikon para sus fenomenales blancos de ribolla gialla; brinda a lso vinos un carácter tánico muy particular e interesante en términos texturales). La fruta proviene de terrazas calcáreas y la mineralidad, como nos cuenta Joan, se traduce perfectamente a la nariz y al paladar en el vino.



Por cierto, me viene a la mente una cita de Tom Stoppard (en Jumpers): “Toda experiencia mística es coincidencia—y viceversa, claro está”. Es que uno de los semifinalistas en mis propias degustaciones para nuestro festín era, precisamente, de Albino Armani. El Foja Tonda, Vallagarina 2004. Ese tinto de Armani, oscuro, opaco, rústico y compacto, es de una variedad “perdida” de la región, rescatada por Albino Armani. Pero al final, aunque celebro inmensamente la arqueaología, forénsica y rescate ampelográfico regionalista envueltos en un vino así, tuve que dejarlo de lado, pues había otras cosas que servían más para mis propósitos. Pero la mística coincidencia queda…



Alguien que recién se nos une en la blogosfera me mandó el segundo enlace a un post para esta Iberoamérica en cata. Baba O’Wines, el blog de mi querido amigo y compañero de batallas internáuticas Iñaki Gómez Legorburu es toda una revelación, y entra a este evento con el Domaine Joblot, “Clos de la Servoisine”, Givry 1er Cru 2004, un pinot noir de la Côte Chalonaise, en el sur de Borgoña (http://iglegorburu.blogspot.com/).



Los viñedos de designación “premier cru” en Givry tienden a ser de suelos bastante pobres y pedregosos (pueden ver una buena foto de uno de ellos en el excelente blog “French-Wine-a-Day de Jean-Marc Espinasse:http://a-la-recherche-du-vin.typepad.com/french_wine_a_day/files/vines_givry.jpg).



En su nota de cata, Iñaki apunta a marcados elementos “terrosos” en nariz y boca Nos señala que Joblot, como productor, “quizás….tenga la fama de hacer lo vinos más opulentos en la región de la que hablamos”. Pero en este “Servoisine” parece ocurrir que o el elaborador muestra particualr mesura con su régimen de roble y con cualquier otro elemento, o esa “terrosidad” que señala Iñaki es un elemento de terroir que se manifiesta a toda costa.



El primer vino español de nuestra festividad viene cortesía de Carlos Rodríguez en ROCO&WINES (http://www.carlosgrm.blogspot.com/), el Manuel Manzaneque, “Nuestro Syrah”, D.O. Finca Elez 2004 (otras “coincidencias místicas”: Hace cuatro días, en la bodega de un amigo en Puerto Rico, tuve entre manos una botella de esto, aunque quizás de otra añada, y la intención de probarlo. Pero no tenía suficiente tiempo y había demasiado vino en agenda, además, el pasado 3 de agosto fue el cumpleaños de Carlos, a quien doy mis más sinceras felicitaciones atrasadas).



En la entrada de Carlos me pareció interesantísima una extensa cita de un texto anterior suyo donde llama a la presencia de terroir en un vino la esencia de la naturaleza que queda atrapada en una botella”. Tal y como expusiera yo en mi propia entrada, el fenómeno del terroir implica muchísimas facetas, las más cruciales de las cuales son, por necesidad, cosas de la naturaleza.



La nota de cata me hace arrepentirme de haber pasado de este syrah en San Juan, pues aunque la elaboración parecería incluir mucho más roble francés del que me inspira confianza, Carlos habla de “claras notas de mineralidad, pizarra y grafito aportadas por el terruño”, lo que automáticamente inspira mi curiosidad en cuanto a Finca Elez, una D.O. de Albacete que es para mí una novedad.



Por cierto, de paso aprovecho el estar hablando de la entrada de Carlos para anunciarles el paso de testigo de Iberoamérica en cata, ya que el mismo Carlos Rodríguez se ha voluntariado generosamente para organizar el cuarto capítulo de nuestra serie. Esperamos con ansias lo que nos traerá.



Pero al capítulo actual, Manuel, hombre, que quedan muchos vinos… SobreVino se nos fue a Alsacia con el Albert Boxler, Riesling Grand Cru “Sommerberg” JV, Alsace 2004 (http://todovino.blogspot.com/2007/08/iec3-vinos-de-terroir.html). Este riesling de viñas jóvenes (de ahí la “JV” del nombre) elegido por SobreVino tiene la singularísima virtud de ser el único en nuestro guateque proveniente de un terroir divinamente auspiciado, ya que el subsuelo de Sommerberg emana “radiaciones saludables” atribuidas por algunos a una visitación de la Virgen… Vamos, que no sé; discutir con eso es llevar las cosas a otro nivel. Va y nos parte un rayo, o nos explota el servidor, o algo.



La exquisita descripción de SobreVino, dicho sea de paso, ha tenido el gratísimo efecto de iluminarme las acepciones españolas de los nombres ingleses de dos frutas muy particulares. Una es la carambola, que en nuestro Chinatown neoyorquino se pide como star fruit y otra es el alquejenje, que acá en el brutal norte creo que es la humilde gooseberry. Premio a SobreVino por los descriptores más originales de la semana, división hispana (ya le haremos llegar la placa conmemorativa).



En cuanto al vino, SobreVino está convencido de su expresión de terroir, y particularmente de mineralidad granítica (“En todo momento permanece un fondo de firme sensación olfativa mineral. Diría que predomina el caracter del terruño por encima del aroma varietal…”). En mi humilde opinión escogió impecablemente, pues Boxler es uno de los que considero los mejores intérpretes de riesling de terroir en toda Alsacia.



Pisto y No Pisto parte de una interesantísima reflexión sobre lo que es y no es para él el terroir (http://www.pistoynopisto.com/index.php/2007/08/03/p417). Dice: “Un vino tiene terroir si organolépticamente tiene características relacionados con la parcela de la que procede que lo diferencian de los de parcelas vecinas.”



Lo que me resulta un poco paradójico es lo que asevera inmediatamente después: “No tiene nada que ver con las notas terrosas, ni con rasgos minerales. De hecho, un vino puede ser mineral o terroso y no ser un vino de terroir.” ¿Es posible excluir la geología de una idea de terroir? La palabra, literalmente, crea una conexión a una tierra que, al menos, ha de ser “terrosa”, ¿no?



Y como las “coincidencias místicas” están que hacen orilla aquí, resulta que el vino que propone Pisto para la cata es el Selbach-Oster, Riesling Kabinett “Bernkasteller Badstube”, Mosel-Saar-Ruwer 2005, uno que me invita a repetir una anécdota de allá por 1999. Estaba yo en Vinexpo y me encontré con un puesto llamado “The Rieslign Asylum”, en el que presentaban sus vinos Bonny Doon, de California, Ostertag, de Alsacia, y Selbach-Oster, del Mosela. Recuerdo como si fuera ahora la perplejidad que sentí cuando Barbara Selbach puso ante mí una secuencia de Spätlesen y, delante de cada copa, un pedrusco diferente. No sé si me sugestionó, pero en cada vino parecía habitar una esencia de cuarzo, o granito, o alguna otro mineral. Fue un encuentro con un concepto muy literalista de terroir. Un buen recuerdo.



Claro, no es cosa de polemizar, sino una anécdota curiosa… Pisto nos resalta en su nota de cata el carácter graso, opulento, del Bernkasteller Badstube y, para ilustrar su idea del impacto fundamental del terroir lo compara a un vino de la vecina finca de Zeltinger Schlossberg, declarando: “Donde el primero es graso, el segundo es totalmente mineral. Y, por supuesto, ambos son vinos de terroir.” En el Bernkasteller Badstube, según esta nota, la mineralidad no es la nota protagonística, siendo la expresión de terroir más bien un asunto textural.



Seguimos adelante, que hay más. En Notas de Catarsis, de Carlos de Piérola (http://barricas.blogspot.com/2007/08/iberomrica-en-cata-n-3-terroir-o.html)

, volvemos a mi lado del charco. Carlos nos habla de un productor de Chile que lleva tiempo en mi lista de “por probar”, pero me veo frustrado pro falta de disponibilidad en Manhattan. Se trata de Quebrada de Macul, y el vino que nos presenta Carlos como ejemplo de terroir chileno es el Quebrada de Macul, “Alba de Domus”, Maipo, Chile 2004.



Me quedo, en la descripción de Carlos de este cabernet, con su conclusión, tras contarnos de su visita a la bodega, en la zona del Alto Maipo: “Un vino largo con gran persistencia, que te emociona y te gusta más después de conocer el lugar y las personas que están detrás de él, sabiendo que la inspiración siempre será el suelo y las características naturales de la zona.” ¿Será (como, por cierto, indicara también Pisto y No Pisto) esencial a la interpretación de cualquier terroir un conocimiento más cercano de las circunstancias específicas de la zona de donde proviene el vino?



Aparte de ganarse el premio por el comentario más pintoresco y simpático emitido en público sobre mi propuesta para esta Iberoamérica en cata 3 (“Manuel, me pusiste a parir…”) se gana también mi mención honorífica especial al valor frente a posibles taninos desbocados Gilberto Pagua, en su blog La Casa de Antociano. Gilberto se atreve nada más y nada menos que con un tannat francés muy jovencito, el Château de Viella, “Prestige”, Madiran 2002. (http://www.antociano.net/blog/index.php/2007/08/chateau-de-viella-prestige-2002/). A mí, cuando me dicen “madiran” y una añada de hace menos de treinta años atrás, tiemblo y sollozo como niño asustado.



Y es que mi idea de esa denominación se forjó a base de tintazos que a sus treinta años todavía necesitaban otros treinta para sentirse remotamente sociables. Pero Gilberto parece haber dado con uno que, sin dejar de portarse como buen madiran (“Vaya manera de conocer y reconocer taninos concentrados! Es como conocer un tren parándose frente a uno a toda maquina”, declara), se deja beber así de temprano y con tan sólo un par de hroas de decantador.



Con otro tinto grande retornamos a España. Estintobásico nos trae un Viñas del Vero, Secastilla 2004 (http://www.estintobasico.com/), vino de garnacha de lo que ellos describen como “todo un lujo de viñedo”. Y nada más hay que mirar la foto con que ilustran el artículo para darse cuenta de que es así: Vides viejas de garnacha a buena altura, en un suelo de galets que enorgullecería a cualquier buen elaborador de Châteauneuf-du-Pape, un microclima propio distinto de las áreas circundantes… Hay de todo. Los de Estintobásico estiman la opulencia, madurez y complejidad del Secastilla 2004, así como lo distinto que éste resulta de otros vinos de garnacha que han probado, como evidencia del efecto de un terruño singular. Eso sí, ellos me rectificarán si me equivoco cuando noto una cierta reserva de su parte en torno al roble que presenta este vino. Pero me adelanto…



Concluiré este resumen hablándoles de la intervención de El Baranda sobre un vino cuya expresión de terroir ha sido para mí muy poderosa siempre que lo he probado. El Baranda nos habla del Do Ferreiro, Albariño, Rías Baixas 2004 (http://elbaranda.blogspot.com/). Apropiadísima me parece la conclusión que saca: “Seguimos confiando en el buen hacer de Gerardo Méndez [el elaborador de este Do Ferreiro]”. Y digo apropiadísimas, porque aparte de acabar este evento en España, puedo volver un poco sobre la marcha a un apartado que presentara SobreVino en su participación. Habla SobreVino acerca de “algunas acciones potencialmente destructoras del carácter del terroir”. De absolutamente ninguna de éllas podríamos acusar a Gerardo Méndez, con sus vinos como evidencia, pero vale la pena entrar un poquitín en el tema, a ver si llevamos el debate por esos sabrosos derroteros.



Incluye SobreVino entre las prácticas “anti-terroir” la alteración de las características del suelo, la sobreproducción, los tratamientos de la viña que destruyan los microorganismos que viven en el suelo, la utilización de lo que él llama “levaduras de diseño” (algo que yo extendería a casi cualqueir levadura inoculada), el uso de la madera meramente para añadir sabores, y la vinificación que no cuida las particularidades de cada parcela.



A este excelente primer paso de SobreVino podría yo añadir, con nombres, apellidos, pelos, señales y alguno que otro tatuaje de muy mal gusto, todo un elenco de prácticas hoy día muy comunes en la industria del vino, hasta en vinos que se autoprofesan “grandes” y “respetuosos del terruño”. Claro, hay que darme incentivos para que me meta en ese tipo de líos. A ver adonde nos lleva la discusión ahora.



Gracias mil a todos los que se esforzaron en participar en esta Iberoamérica en cata 3. Me encantó organizar el evento y, la verdad, he disfrutado muchísimo todas, todas las aportaciones. Ahora cederé la responsabilidad a Carlos Rodríguez, que seguro nos sorprenderá con un giro brillante para la próxima.



Ah, antes de que se me olvide… Algunos se preguntarán por qué, habitando como lo hace “La otra botella” en lomejordelvinoderioja.com, no aparece ningún rioja entre todos los vinos de terroir que por aquí han desfilado en los últimos días. La verdad es que quise honrar a la región y a mi gran amigo Jesús Madrazo hablando, como rioja de terroir, de su Contino “Viña del Olivo” 2001. Incluso abrí y caté la única botella de este vino que poseía, pero me salió rana. No estaba corchada. No estaba pasando por una “fase tonta”. En realidad el problema sospecho que se debía más bien a alguna falta de cuidado en el transporte y/o almacenamiento de parte de alguien. Pero no quiero ni especular quien. Se notaba plano y cocido de una forma lamentable. No llegó ni a semifinalista.



O sea que otra vez será.

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La Rioja

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