
Me acabo de leer un par de noticias en Decanter.com que han hecho especialmente fácil el que mi cara asumiera esa sonrisita entre lo irónico, lo amargo y lo asqueado, la del “Te lo dije, carajo…”
La primera iba de que ha habido muy poca concurrencia española a la Conferencia Internacional Sobre Cambio Climático y Vino que se ha celebrado en Barcelona ayer viernes 15 y hoy sábado 16 de febrero. Espero que no sea porque en un arranque de cicatería a los bodegueros españoles no les dió la gana de pagar los 490 euros que costaba el boleto para el evento. Sinceramente, ojalá que tengan una explicación mucho mejor. Si tenían que quedarse en casa cuidando de bebés que están a punto de comenzar a caminar, lo entiendo. Hasta si se les murió el perro o hay un guateque muy atractivo en el pueblo lo entiendo. Pero si me salen con la bushiana perspectiva (sorprendente lo parecidos al presidente Bush que pueden resultar algunos elaboradores de vino en España en su obstinación por que ciertos cursos de acción o inacción son “la única opción”) de que “en realidad no se ha probado que exista el calentamiento global, y si existe, a mí no me molesta; por el contrario, los vinos como que están viniendo con mejor grado últimamente, etc., etc., etc., y eso vende…”, ahí ya me veré obligado a instarlos a la lobotomía frontal.
Entiendo que a algunos, como a mi amigo Julio Sáenz, les resultaban cuestionables las motivaciones de algunos participantes en esa conferencia, como por ejemplo el ex-vicepresidente norteamericano Al Gore. A veces no es lo que se dice lo que resulta difícil de tragar, sino quien lo dice y lo que aparentemente cobra por decirlo. A mí no me molesta que Gore perciba un honorario por hablar en una conferencia. Después de todo, entiendo que en muchos casos dona el dinero para la investigación sobre el problema del que habla. Pero bueno, quizás estoy siendo ingenuo.
La cuestión es que esta falta de asistencia española a una conferencia que ocurre en su propio país, sobre un tema tan importante, me da mucho que pensar (muchas cosas me dan mucho que pensar, al punto en que se preguntarán algunos s hago otra cosa con mi tiempo que no sea pensar, a lo que yo respondería que soy un “multitasker” empedernido y me gusta hacer de todo concomitantemente con el pensamiento). He acusado a sectores enteros de la industria española del vino a lo largo de muchos años ya de no escuchar lo que dice la tierra. No escuchando lo que dice la tierra se han ido cargando la biodiversidad en sus viñedos, se han dedicado a hacer “vinos” con más madera que fruta, a seguir cuanta moda tonta han venido a venderles gurús voladores de credibilidad dudosa… Pero a la hora de ir a aprender como nos estamos cargando el planeta y lo que podemos hacer para remediar la situación, nada.
Recuerdo que, allá por los ochentas y noventas escuchaba mucho el nombre de Richard Smart como una de las referencias obligadas, de los auténticos maestros de la viticultura moderna. El segundo artículo en Decanter.com habla de él y de lo que dijo el Dr. Smart en la conferencia sobre cambio climático: Los productores deben reconsiderar las variedades que plantan y la localización de sus viñas también, pues el cambio climático posiblemente hará inviables varias de las regiones “clásicas”–como Burdeos y Borgoña–para las variedades que hoy día se cultivan en ellas. Regiones de clima continental y hasta atlántico que antes fueran ideales para la cabernet sauvignon, la merlot o la pinot noir, puede que tengan que repensar un poco el cultivar. Smart enfatizó que es muy probable que ya regiones como Burdeos hayan visto pasar su mejor momento.
¿Oyeron eso, riojanos (y todos los demás en toda Europa cuyos vinos antes eran de 12% a.p.v. y ahora son, “milagrosamente” de 15-16%)? Porque no se crean que es sólo cosa de los franceses. Smart se concentró en ellos para comenzar, pero tengo mis sospechas de que esto va por el mundo entero. Algún prepotente saldrá que me ladre que no tengo ni puta idea de lo que estoy hablando. Le diré “bienvenido/a” y le recordaré otra bonita letra de Sabina “…Y tú en el cine, sin saber quién es el malo mientras la ciudad se llena de árboles que arden”.
Los dos artículos los encuentran en:
http://www.decanter.com/news/180866.html
y
http://www.decanter.com/news/180995.html.
Me entristece ver que los españoles vitivinícolas que decidieron no asistir le hayan hecho el feo a un simposio que verdaderamente les incumbe. Felicito a Pancho Campo por su rol en la organización del evento y lamento que la mayoría de la industria en su país desairara de esta forma. Claro, creo que no podemos echarle toda la culpa de lo que está pasando en el mundo del vino al cambio climático, pues hay muchísimo de estupi–er, de agencia humana (apelo al recurso de nuestro amigo el Riojano Perdido; no va aquí el nombre de nadie en particular, y quien se sienta aludido u ofendido, pues, ya habrá que bregar…) que ha llevado a tanto vino pasificado, hiperalcohólico, sin estructura real y muerto antes de nacer. Pero eso es tema para otro momento.