Mambo italiano #1

Tengo un extraño defecto. Es algo que a veces me fastidia como no pueden imaginarse. Y lo peor es que no sé exactamente por qué me fastidia, pues en realidad tiene que ver con una cierta gracia social—vamos, una virtud… El asunto es que tiendo a ser demasiado atento a lo que la gente me pide y, por consiguiente, tiendo también a ceder mi tiempo y energía sin particulares miramientos. Me abandono en el acto de complacer y a veces me olvido de mi propia agenda.


En algunas ocasiones, desviado de mi camino, me digo a mí mismo: ¿Pero tú eres comemierda, chico? ¿Qué carajos haces? En otras ocasiones me encuentro que el desvío me ha llevado a un sitio feliz al que, de otro modo, no hubiese planeado ir. Tal es el caso ahora.


El otro día José Ramón me preguntaba en los comentarios de uno de mis posts de notas de cata por qué no entraba más en profundidad en algo que él llamaba “vinos italianos”. Yo, desacostumbrado a categorías tan generales, pregunté si podía ser más específico y nombrarme alguna región que quisiera que tratara. Transpiró que debía entrarle un poco a Toscana, de donde, es verdad, he reseñado muy pocos vinos en los últimos años.


Existen razones de peso para justificar esta omisión en mi vida bebiente. Las principales zonas vinícolas toscanas llevan ya años haciendo muchímos vinos que me aburren o me ofenden activamente (no sé, puede que ambos efectos sean el mismo). Tomo, para ahorrarles mi habitual verbosidad explicativa, un párrafo de la web de Louis/Dressner Selections, la firma de mi buen amigo Joe Dressner, que importa un productor de Chianti del cual hablaremos dentro de un ratito:


“Lo curioso es que ahora todo tipo de uvas no tradicionales en Chianti–incluyendo merlot, cabernet y otras variedades no tradicionales—y tratamientos de barrica son permitidos para vinos con la DOCG [Denominazione d’Origine Controllata e Garantita] Chianti Classico. Al mismo tiempo, un vino elaborado solamente utilizando sangiovese y canaiolo de suelos de Chianti Classico y vinificado por los viejos métodos tradicionales de Chianti (depósitos o grandes barriles de roble esloveno) es designado como “atípico” y le es denegado el derecho a utilizar los nombres de Chianti o Chianti Classico. Tal es el estado de la influencia burocrática sobre las denominazioni en Italia(el problema es aún mayor en algunas appélations francesas), y ahora la idea de la identidad de una DOCG, de su ‘tipicidad’, se reconstituye bajo un ideal basado en el mercado y que no tiene nada que ver con las tradiciones regionales” (Pueden ver el texto original en http://louisdressner.com/montesecondo/).


¿Les suena? Los dictámenes del supuesto “mercado”, una entidad convenientemente anónima y al parecer completamente valeverguista en cuanto a lo que le venden, con tal de que haya buena gestión de marca, han llevado a muchas regiones vitivinícolas del mundo a parecerse demasiado y, en mi opinión, para feo. En pocas palabras, se me ha visto bebiendo tan poco chianti, o brunello, por lo poco que queda que verdaderamente se parezca a lo que debe ser, tradicionalmente, un gran chianti o brunello. Más o menos lo que me pasa en Rioja, ¿no?


Seguro que se levantarán voces que me llamarán (de nueeeeeeeeevoooooo) “reaccionario” por basar mi favor a un tipo de vino en tradiciones ancestrales y en la expresión de un terruño más que en los diseños del último trashionista enológico basados en mercadología especiosa. Como se dice en mi tierra adoptiva, ¡’Portamí esa vaina! Alguien tiene que denunciar la farsa mamarrachesca en que algunos han convertido la cultura del vino.


Nada, poniéndome alante de las acusaciones y las controversias estúpidas. Y si me notan un poco agresivo, pues, es que así ando últimamente, por motivos que quizás algún día les cuente a cada uno, con botellas de por medio.


José Ramón me sugirió un poco más de cobertura italiana y ofrezco un puñado de notas a manera de comienzo. Luego vendrán más. Toscana figura aquí en tres botellas de tres productores que han hecho mucho para merecerse mi confianza. Irónicamente, sólo uno de los vinos lleva la DOCG Chianti Classico, aunque los tres son infinitamente más de su origen que el 99% de lo que anda en las tiendas llamándose Chianti Classico hoy día. En mis notas también me voy a otros puntos y productores preferidos de Italia. Eso sí, lo que no voy a dar aquí son lecciones de escuela. Siempre he creido que es mejor enseñar a pescar al hombre que darle un pez, así que les ofrezco un par de buenas fuentes donde ir a empaparse un poquito. Va y coincidimos.


He estado visitando mucho el blog de Kyle Phillips, The Italian Wine Review. A base de pasión, erudición, buenos reportajes y notas detalladas, Phillips se ha ganado ser una de mis fuentes de consulta obligada. Está en http://italianwinereview.blogspot.com/.

También, en castellano, hay un buen amigo de esta Otra botella que da muchísimo de sí en cuanto a vinos de Italia se refiere. No me canso de recomendar su excelente blog, DE VINIS CIBISQVE (lo que en mi pueblo se traduce como “Beodo iba el buey bizco”). Les hablo, claro está, de Joan Gómez Pallarès en http://devinis.blogspot.com/.

A medida que vaya colgando más y más reportes italianos, les iré contando de más fuentes informativas. Por ahora, a mis notas…



Montevertine, “Pian de Ciampolo”, Toscana IGT 2002
: Como ya les he dicho anteriormente, esto es cuvée de sangioveto y canaiolo (y en ciertas añadas colorina, que no figura en la etiqueta de este 2002), de uno de los pocos productores toscanos que aún sigo asiduamente. Y Montevertine lo merece, pues sus vinos son muy individualistas, pero a la vez muy puros y fieles a su terruño. El 2002 aparentemente no fue una añada muy allá, pero lo bueno de los buenos productores es que se las arreglan para dar vino interesante, aún si el material cojea. Un golpe de volatilidad en plan tinte de pelo, inicialmente, seguido por violetas, hojarasca, mermelada de fresa, ciruela fresca, barro y anís. Lo mismo en boca más o menos, ligeroy vivaz. En el paladar medio entra una cosita esparraguesca que distrae un poco, pero es efímera. Taninos vivos y potente acidez en un final largo, con notas de piel de manzana, fresa y heno. Muy bueno con spaghetti bolognese, que fue lo que me pidió Josie que hiciera.




Tenute Sella, Rosato “Majoli”, Coste della Sessia 2006: De un elaborador del norte de Piamonte que se ha convertido rápidamente en uno de mis favoritos de toda la región, un rosado nuevo del que intentamos probar una botella la semana pasada, en Falai. Pero, lamentablemente, aquella botella no era representativa, según alguien que debe saber. O sea que quedó en que yo echase la suerte y abriese una botella en casa. Se trata de una cuvée de 90% nebbiolo y 10% vespolina del viñedo de Lessona, que es su propia DOC y monopolio de Sella (encuentran más detalles sobre Lessona en http://blogs.larioja.com/otrabotella/2007/8/3/iberoamerica-cata-3-dia-del-terroir-). Brillante y bonito color piel de cebolla con destellos de cobre, fresa y coral. Huele a fresas, té de jazmín, arroz salvaje, alcanfor y bombón de sandía, con un leve tonito volátil e interesantes aspectos minerales de fondo. Más o menos lo mismo en boca. Ligero y especiado, mineral, masticable, con excleente acidez. Hay un toque de dulzor frutal, que no de azúcar residual, en el paladar medio. El posgusto es largo, con un sutil amargor algo exótico, que me recuerda al buen jengibre en conserva que ponen en lso sitios caros de sushi.



Fattoria Ambra, Rosato “Vin Ruspo”, Carmignano 2006
: Aprovechando un día de poquísimo frío, sigo con rosados, en esta ocasión aventurándome con un clarete toscano. Según la contraetiqueta, esto es elaborado del sangrado de uvas de sangiovese, canaiolo y “un poco de uva francesca (cabernet)”. Pensé que quizás era algo decente, considerando la añada y que la composición es más o menos tradicional. Pero uffff, ¡mira que uno se equivoca! Apesta inicialmente a calcetines sucios, hojarasca mojada, huevo podrido y ciruela pasa, tabaco y kerosén. Tentar a metérselo en la boca, lo que se dice tentar, no tienta. Vil bouquet, éste… Pero uno es valiente, o se hace. Y lo prueba… En boca es áspero de entrada, con un golpe sordo de ciruela pasa. Además de la aspereza, el vino da una desagradable sensación fangosa. Los sabores no van más allá de la ciruela pasa y, en el paladar medio, donde el vino muere rápidamente, tomate enlatado de calidad marginal.


Tenute Sella, “Vignaluce”, Coste della Sesia 2006: Mi experiencia con la variedad erbaluce se limita a los erbaluce di Caluso de Ferrando, el estelar productor de Carema. Ya me habían advertido que éste de Sella era una criatura muy distinta a los de Ferrando, que son erbaluces más herbáceos, con acentos de pino y una mineralidad finísima. La advertencia incluía esperar un vino mucho más corpulento. Lo que no podía esperarme era un vino de erbaluce que más bien parecía de rousanne, untuoso, potente y glicérico. Huele a caramelos de anís, fruta de pan, hoja de plátano y manzana dorada, con interesantes notas minerales de fondo. En boca pesa lo suyo y entra seriote. Sabores de polen, mirabelle y limón, con una textura medio vaselínica del glicerol y excelente mineralidad. Me resulta raro y demasiado globular, aunque tiene buen largo y se intuye estructura suficiente. Quizás es que mi punto de comparación para la variedad es el que es, pero éste va a ser el primer vino que he probado de Sella del que no tengo intención de repetir.




Fattoria Felsina, “Berardenga”, Chianti Classico 2005: Color granate profundo con borde atejado y destellos violáceos. Según los reportes de Kyle Phillips, el 2005 fue un año medio difícil para muchos productores de Chianti. Pero, como dije en el caso del Pian de Ciampolo 2002 de Montevertine, un buen elaborador saca lo mejor hasta de la peor añada. Nariz de tono alto, floral, especiada, salina y sutilmente chocolateada, con buena intensidad de ciruela negra, grosella y cereza negra, además de acentos de cuero y humo. Huele sorprendentemente complejo y con bastante profundidad. Muy firme en boca, vivaz, con un deje de alcanfor sobre fruta negra de taninos un tanto rusticones. Compacto y tánico con ganas, pero largo y con una inesperada y agradabel jugosidad al final.



Montesecondo, Rosso, Toscana IGT 2005: Espero que quienes se leyeran la historia de Silvio y Catalina Messana. de Montesecondo, se la encontraran tan entrañable como yo. Esta pareja se ha dedicado a cultivar sus vides biodinámicamente y, aunqeu llevan poco tiempo elaborando vino, los resultados que obtienen son muy alentadores. Espero que esos mismos que se leyeron lo de los Messana hayan entendido, en el relato de como comenzó a existir este tinto bajo la clasificación “Toscana IGT”, por qué un vino así puede resultarme atractivo. Cuvée de sangiovese y canaiolo con nariz de tono alto, excelente fruta roja y negra, pólvora, cuero, violetas y anís. Oscuro y muy compacto; bastante rústico. Pero también muy auténtico, puro y honesto. En boca presenta fruta negra dulce, cuero y algo de aceituna negra. Muy tánico. Largo. Bastante sedimento. Lo bonito del caso es que Josie y yo nos bajamos la botella casi sin darnos cuenta, con polenta bañada en salsa bolognese.




Occhipinti, “Il Frappato”, Etna, Sicilia IGT 2005: Ya sé, ya sé, éste lo reseñé no hace mucho… Pero es tan sabroso que creo que vale otra nota más, aún a poco tiempo de la anterior. ¿Les conté que me encanta este vino? Sí, me encanta. Por su ligereza. Por su perfume. Por su frescura. Por su brillantez. Por su pureza. Por su vida. Pero en este momento me encanta sobre todo por desmentir todas las idioteces que he tenido que oir en mi vida acerca de si los tintos mediterráneos tienen que ser inevitablemente retintos, bajos en acidez, pesados e hiperalcohólicos.

Mentira.

Este frappato (es el nombre de la uva) de Arianna Occhipinti es un tinto elegantemente delicado, ¿les conté? Nada de bombas frutales, ni de peso apabullante, ni de las vulgaridades sobrerrebuscadas a las que pretenden acostumbrarnos los homogenizadores del “Mediterráneo” vínico. Estamos aquí ante un vino perfumado: Floral, térreo, con amplia cereza y grosella, notas de té negro, violetas, cuero, anís, semilla de cilantro, cúrcuma y rocas. El aroma es dulcemente exótico y sumamente atractivo, adquiriendo acentos ahumados mientras se airea el vino. En boca es puro, con grosella y cereza limpias y perfectamente enfocadas, que suscitan ecos térreos y especiados en un posgusto larguísimo. Delicioso. Y sólo tiene 12.5% de alcohol, ¿les dije?




La Biancara di Angiolino Maule, “I Masieri”, Veneto IGT 2006: La contraetiqueta establece que se trata de un vino producto de la “fermentación espontánea de uvas garganega de viñedos sobre suelo volcánico”. Me explicaron en la tienda que este vino, importado por mi amigo Joe Dressner, es completamente natural y sin adición de sulfuroso. El color es un dorado medio. La nariz es salina (huele a agua de mar, de hecho) y ligeramente oxidativa, con notas de plátano verde, manzana asada, polen, maíz, lavanda, lirio y piedras. En boca entra ligero y con gracia, jugoso y con interesante fruta que se da aires de higo y tamarindo antes de decidirse por saber a limón dulce y manzana. Posgusto largo y textural, con buena intensidad frutal y mucha mineralidad. Sumamente interesante.


Podere Riosto, Pignoletto “Vigna della Torre”, Colle Bolognesi
(¿NV?): No, no pongo añada porque no la decía por ninguna parte, ni en la etiqueta, ni en la contraetiqueta, ni en el corcho. Aunque en la tienda donde lo compré había un cartelito que lo designaba como “2006”, si no lo pone en la botella que tengo delante, voy a abstenerme de imputarle posición oficial en el tiempo. Huele seco, limpio, mineral y herbáceo, con aromas limón verde, anís y malagueta sutilmente expresados. En boca es completamente seco, pero floral y afrutadito. Sencillo, directo y preciso. Finalito de manzana verde, limón y tiza machacada. Se deja beber muy bien con una sopa de pollo, arroz salvaje y almendras. Antes de dejarlos para retomar la agenda personal, pues mañana es el primer cumpleaños de Julián y Sabina, les recuerdo a un músico que, aunque transplantado a un medio que parecería ajeno, conserva todo su terroir. De mi tierra alguna vez, y desde una de las ciudades que más adoro, Raúl Paz:

(Continuará el día menos pensado)

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La Rioja

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