Escenas de Manhattan en primavera, con Peñín (y 2)

Nunca he sido amante de las “catas” multitudinarias en las que has de ir de mesa en mesa, copita de cristal barato (o algo peor) en mano, pidiendo muestras a distintos representantes de comercios y bodegas. En mi experiencia acaba uno agobiado y sin catar mucho en realidad. Y en las más concurridas se agrava el tema con el tener que competir contra cientos de otros asistentes para obtener la atención del bodeguero X o Y, las maniobras estratégicas para mantenerse uno al lado de la escupidera (único modo de no terminar ebrio perdido a los veinte minutos), el andar con la pila de brochures que te van dando en ristre, el calorcillo y los tufillos que despide la masa humana, aún con el aire acondicionado a toda pastilla...


Vamos, que es que como deporte está muy lejos de gustarme.


En el caso de la muestra de vinos que siguió a la dscusión de panel para el lanzamiento de la Peñín Guide 2008, había un par de elementos reconfortantes. El primero es que, al celebrarse en el mismo lugar que el año anterior, conocía ya bien los recovecos del recinto y podía trazarme una especie de plan de acción. El segundo es que los organizadores son muy amables y te dan la libretita verde con el santo, seña y descripción metodológica de todos los elaboradores de vino que se presentan. Así tienes un cedazo de relativa efectividad y puedes pasar de torturas gustatorias innecesarias, por ejemplo, si lees que tal productor está en una región famosa por sus chapapotes, su vino tiene 16% de alcohol, utiliza cual porciento de roble francés tostadote, o su “cuvée prestige” tiene por nombre uno de esos latinajos que tanto desprecias y que desearías pasaran de moda de una puta vez... La libretita es una buena despertadora de prejuicios. Esto sería, a un nivel muy findamental, negativo, pues puede que pases de algo valioso en base a poca información, mal interpretada. Pero si tienes delante cuchucientas muestras de vino posibles para probar en un tiempo limitado, siempre pasarás de unos cuantos como quiera, o sea que vale la pena tener aún la más vaga pista.


Ya, ya... Algunos estarán dando chilliditos preorgásmicos y exclamando: “¡Mira, primo, Camblor se contradice! ¡Ahora está declarando que, después de todo, las guías pueden ser útiles! ¡Lo mangamos, joio!” Y yo me veré obligado a aguarles un poco el festejo diciendo que utilizo la guía en polaridad inversa. Me importan poco los puntos y las loas hiperbólicas, la propaganda y la plepla. Allá el grueso de los vinos españoles que se mueva en el rango de puntuación que se mueva. Si me informas con datos sobre la elaboración del vino, ya puedo tomar una decisión más justa para conmigo mismo, pues hay una gran probabilidad de que me guste o no me guste el vino presentado.


Bueno, claro, existe una instancia en que los puntos también me sirven para eliminar un vino de mi lista de “posiblemente interesantes”: Cuando sé que el puntuador es un enohortera perdido, como tantos hay hoy día. Entonces tiendo a buscar los vinos que peor puntúa, que por lo general resultan muy bebibles.


No que éste sea el caso con la Peñín Guide, valga la aclaración. Ya en el evento del año pasado me sorprendí encontrando, entre los altamente puntuados, algunos vinos honestos y verdaderamente atractivos, algo que, muy para mi placer, se repetiría en esta ocasión.


Pero perdón por el rollo descriptivo del cambloriano epistema. Iba a decirles que estaba en el salón, entre la multitud, listo para pegarle a los vinitos que se ofrecieran, y me fuí directamente a la mesa detrás de la cual estaban mi buen amigo Alfredo Arribas y su hija, Claudia. Unos meses atrás, cuando este genial arquitecto barcelonés convertido en bodeguero nos visitara, les conté sobre los tintos que me había traido para probar. A ambos se nos quedó la espinita de que tenía yo también que probar sus blancos y su rosado de Montsant, y precisamente era el blanco el que venía recomendado por la Peñín Guide 2008.


El Portal del Montsant, Santbru Blanc, Montsant 2006 es una cuvée de 90% garnacha blanca, 7% macabeo y 3% chardonnay con cinco meses en barrica y me sorprende a la primera olida por varios factores. Lo primero es que carga solamente 13.5% de alcohol, lo que en estos días y en su región es casi un milagro de moderación. Lo segundo es que, a diferencia de tanto vino de garnacha blanca de por esos rumbos que he tenido que sufrirme, no resulta ni pesado, ni sobreglicérico, ni fofo. Todo lo contrario. La nariz es dulcemente voluptuosa, pero muy fresca. Manzana y pera con acentos de jengibre en conserva, lirio y una mineralidad juguetona. Limpio. En boca es redondeado, pero con acidez bien puesta. Cremoso en el paladar medio y largo de posgusto. Lo que se me ocurrió poner en mi libreta sobre el final es que resulta “transparente”, con todos los componentes claramente a la vista y en armonía.


Alfredo también me dió a probar el Portal del Montsant, Santbru Blanc, Montsant 2007, recién embotellado. Este vino trae como novedad la introducción de garnacha gris en el coupage, y esta es una variedad de cuya existencia había leido, pero que nunca había tenido ocasión de probar. Esta versión del Santbru se presenta aún dominada por aromas de lías, pero detrás hay algo que me gusta. Resulta más ligero y vibrante que el 2006, con un sabroso centro cítrico de naranja y limón. La floralidad es más bien de madreselva. Fresco, enérgico, limpio y muy sexy. Habrá que ver como se porta de aquí a un añito, cuando se asiente un poco. Tiene muy buena persistencia y, lo más curioso, el final logra una eterealidad muy elegante, algo raro en un blanco mediterráneo.


Dos vinos muy bien logrados. Y, para los malpensados, que siempre los hay , no lo digo porque considere a Alfredo Arribas un buen amigo. Más vinos así, puros, expresivos y con tratamientos discretos de madera, harían que mi opinión sobre ciertas regiones catalanas cambiase radicalmente. Eso lo puedo asegurar. Si la tendencia en Montsant es hacia vinos de este tipo de perfil, sean blancos, rosados o tintos, me ganarán como fan rápidamente.


Yo aquí, llena que te llena cuartillas, y voy sólo por dos vinos. Hay que seguir... Pasé a la mesa de al lado, a probar algo de Monterrei. El Quinta da Muradella, Gorvia Blanco, Monterrei 2005 me lo sirven un tanto frío, pero las lías y el battonage son obvias desde un principio. Luego, entre notas florales, se cuela una vainilla que, al menos para mí, no viene mucho al caso. Según me explica el amable joven de la bodega, este vino es 1005 doña blanca y fermentado en barrica. Una pena, porque me hubiese gustado enterarme lo que da esa variedad pura, en esa región, antes de que intervenga la madera. Tras el toque de vainilla, aromas de mandarina, melocotón enlatado y una mineralidad distante. En boca es bastante graso, con un buen impacto frutal y acidez marcada. Mis problemas con esto vienen al final. Primero, se siente una extraña rugosidad textural que podría bien venir de la madera y que no beneficia al vino en lo absoluto. Segundo, hay una cierta torpeza de movimiento en el posgusto, que se debe a lo que me parece un exceso de peso. Pone la libretita verde que la vendimia para este vino ocurrió la primera semana de septiembre del 2005. Y con fruta de esas fechas en una zona atlántica, el vino carga 14% de alcohol... ¿Soy el único a quien esto le parece un poco raro?


Con los tintos de esta bodega me fue mejor. Lo que me había atraido originalmente a la mesa era la mención en la libretita verde de que elaboran vinos a partir de variedades como doña blanca, treixadura, verdello, monstruosa y torrontés para blancos y mencía, caiño redondo, brancellao, sousón, verdello tinto, zamarrica y tinto zerodio para los tintos. Tras mis gratísimas experiencias con el tinto de Torroxal el año pasado, todo lo que sea probar variedades gallegas autóctonas me llama la atención muchísimo.


El Quinta da Muradella, Gorvia Tinto, Monterrei 2005 es mencía, caiño redondo y bastardo. Floral y jugoso. Un tinto fresco y limpio que te hace la boca agua.Aromas y sabores de cereza con un deje de anís. Facilísimo de beber. Esto con un filete de salmón a la plancha tiene que ir muy bien.


El Quinta da Muradella, Bastardo, Monterrei 2005 ya intenta ser un vino más grandecito. Aromas de bombón de frambuesa, crema de vainilla y una interesante mineralidad de fondo. Hay en el todo un deje fresesco sin llegar a aparecer aromas o sabores directamente de fresa, lo que es un efecto interesante. Frutal y sabroso en boca, con buen agarre de acidez y taninos.


Me dí una vueltecita, cotejando las mesas con la información de la libretita verde. Una bodega de Ribera del Duero se autodefinía como “Garage Winery”. ¡No jodaaaas! Descartada. Así de fácil. Otras ponían que los vinos cargan más de 14% de alcohol y yo digo que al diablo aquello que dijera Peñín sobre “gastronomía de vino tinto”. No quiero tanto alcohol ni en blancos ni en tintos y me cuesta mucho trabajo visualizar una comida en la que quiera pedir otra botella de vinos así. Bueno, y había alguito de Toro, que Peñín había anunciado como lugar de distintivo terroir. Pero considerando mi trayectoria afectiva con los vinos de esa región, como que no estaba yo para andar probando más vinos que me disgustaran y aniquilándolos en mis notas. Es que se cansa uno de hacer enemigos.


De repente, en esta ronda eliminatoria me ví ante una mesa con dos individuos detrás donde se proponían unos cuantos vinos gallegos más. Los dos personajes eran Rodrigo Méndez y Fleki Barruti. Me presenté y resulta que Fleki me conocía de foros de debate en esta internet del vino que tanto nos ocupa. Traía un vino suyo que me tocaría probar luego. Pero antes entré a saco con los de Rodrigo, de sus Bodegas Forjas del Salnés. Más uvas gallegas y, por añadidura, unas elegantes etiquetas con el reclamo “Tintos de Mar” debajo del nombre del vino. ¿Cómo podía resistirme? Estoy muy a favor del orgullo atlántico. Es algo definitivamente a fomentar en España después de tanto “mediterranismo”.


Primero, el albariño. El Forjas del Salnés, Albariño “Leirana”, Rías Baixas 2006 carece de los afeites fermentatorios de la gran industria albariñera. Me dice Rodrigo que levaduras naturales y dejar que la uva haga y dé. El vino es delicadamente floral, con notas de lías que no dominan, pero están presentes sobre un corazón cítrico. Sobre el todo se siente un decidido aire marino. Ligero y firme en boca. Erguido, fresco y bonito. Posgusto pronunciadamente mineral. Crustáceos acabados de capturar y sal era lo único que me hubiese faltado para completarme una feliz mesa.


Seguimos con los tintos. El Forjas del Salnés, Loureiro, Rías Baixas 2006 es un tinto limpio, firme y apretado con aromas y sabores de frutas negras, eucalipto y una potente mineralidad tocadita de sal. Interesante y muy expresivo. Creo que necesita algo de tiempo.


El Forjas del Salnés, Goliardo, Rías Baixas 2006 es caiño y me gusta inmediatamente. Violetas, té negro, jazmín y la misma salinidad de los otros sobre fondo de frutas del bosque perfectamente maduras. De cuerpo medio. Puro. largo y muy bien enfocado.


Mientras yo cataba todo esto, Fleki había desaparecido. Las obligacioens del networking en estos eventos, sería. Pero Rodrigo, diligentemente, se encargó de que no dejara de probar el vino que había traido Fleki, creo que hors concours del peñineo, pues mi nota aparece en la contraportada de la libretita y no veo su bodega en el índice. El vino era el Ziries, Vino de la Tierra de Toledo 2007 y automáticamente vulneraba mi regla de los alcoholes, peus cargaba 14.8%. Pero la cosa es que la carga, a decir verdad, ni se le notaba. Nariz bastante reductiva, como es de esperarse de un vino muy recientemente embotellado. Pero detrás de esa reducción aparecen notas de violetas y tomillo sobre cereza y frambuesa negra. Suculento en boca, limpio, con excleente enfoque. Obviamente, está un tanto achocado por el embotellado y el cruce del charco, pero promete. Quisiera reencontrármelo en seis meses. Lo más curioso es que, a pesar de la alta graduación, no se siente calor ni excesiva untuosidad. Por el contrario, hay frescura. Me deja rascándome la cabeza. Creo que Rodrigo me dijo que se trataba de 100% garnacha.

Entre lo que de verdad valió la pena: Rodrigo en la mesa de Forjas del Salnés


Gerry Dawes me había dicho que entre el contingente de la DO Vinos de Madrid había alguno que otro ejemplar que mostraba “sorprendente mesura”. Como mi exposición a esa DO se limita a mis cada día (lamentablemente) menos frecuentes visitas a La Pinta y la Viña, un delicioso local cerca de donde suelo quedarme en muchas de mis visitas a Madrid, me había asignado catar alguito, a ver. Pero la agenda de eventos en torno a la Peñín Guide 2008, incluía al día siguiente un almuerzo en Boquería con protagonismo, precisamente, de Vinos de Madrid. Decidí dejar para mañana y cometí un error, pues el día del almuerzo me levanté horriblemente descompuesto y no pude asistir.


Otra vez será.


Dos bodegas nuevas de Rioja presentaban sus vinos y, habitando mi blog donde habita, decidí que ambas requerían mi atención indivisa durante un rato.


La primera de las bodegas era Launa, donde comencé probando el Bodegas Launa, Antonio Alcaraz Crianza, Rioja 2004. Cuenta la libretita que esto es 90% tempranillo y 10% mazuelo. Me erizo un poquitín cuando veo que la crianza declarada es en “new barrels” y consiste en “French and American oak for 15 months, with rotation every six months”. Le entor y me encuentro con un rioja moderno competentemente hecho, pero, la verdad, sin nada especial que me haga vibrar. Anís, regaliz, coco tostado, café y cuero sobre frambuesa, arándano y fresa. Hay también notas lácteas. En boca es cremoso y con acidez justa. Los sabores y, sobre todo, los taninos de madera dominan demasiado el final, que se siente recortado y un tanto áspero.


Siguió el Bodegas Launa, Antonio Alcaraz Reserva, Rioja 2001, que, de plano, lleva su roble de primer año bastante discretamente en comparación con el crianza. Cremoso, con aromas y sabores de frutas negras y notas florales, especiadas y térreas que vienen y van. Acidez vivaracha y buen largo. Cálido a partir del paladar medio, pero se deja beber. No me excita especialmente--algo muy común en mis experiencias con la Rioja actual, ¿no les parece?--pero es llevadero.


Entre la información que recibo sobre la bodega está la localización de los viñedos e instalaciones: Al pie de la Sierra Cantabria, con clima mediterráneo. No puedo evitar pensar que quizás hay algo en esa zona que da vinos que no me apasionan, pero que pueden resultar perfectamente aceptables para un gran público bajo parámetros modernos. Me viene a la mente la gama baja de los productos de los Eguren, considerando que llevan el nombre de “Sierra Cantabria”. Tema a explorar en el futuro, desde el ángulo de mis propios gustos y prejuicios y como afectan las sentencias que aquí vierto.


Seguí a la mesa de Bodegas Cerrolaza, donde me esperaban unos cuantos tintos más. Cabe apuntar que, en la libretita, esta es una de las bodega con más largo texto bajo la rúbrica “Descripción de la propiedad, el clima y el terroir”. Me entero de que se trata de una nueva bodega en los suburbios de Logroño, creada en el modelo del château bordelés. Se habla de ”aplicación de las últimas tecnologías para obtener la mejor uva posible”, lo que, en un día en el que me sintiera más polémico ya suscitaría protestas. Pero en realidad donde se me sale el “¡Buuuufffffff!” es cuando veo que trabajan con 100% tempranillo.


No creo que tenga que recapitular mis objeciones al tempranillismo riojano de los últimos tiempos, ni reiterar que, al menos en cuvée monovarietal, considero al tempranillo aburridísimo. Aparecerán excepciones, seguro, pero son poquitas, al menos hasta donde he podido probar yo. Pero bueno, abrí mi mente lo más posible...


El primer vino fue el Bodegas Cerrolaza, “A de M” Crianza, Rioja 2004. Nariz ligeramente polvorienta, con arándano rojo y negro sobre fondo de flan de coco y notas torrefactadas. Hay también un acento medicinal. En boca esredondito, suave y con fruta roja sabrosa. De trago fácil. Buen equilibrio.


El Bodegas Cerrolaza, Reserva, Rioja 2001 me resulta globular, cremosito y aburrido, aunque es un rioja moderno correcto. Cuerpo medio. Fruta negra, especias dulces, menta y elementos de roble. ¿Estaré equivocado cuando pido algo de chispa en estos vinos?


El de los puntos en la libretita verde era el Bodegas Cerrolaza, “Aticus Vendimia Seleccionada”, Rioja 2004. Aparte de los 91, la libretita pone algo sobre este vino que pone a mi ceja derecha a hacer gimnasia: “Oak Ageing: 12 months. 8 in French Oak and 4 in American Oak”. Lo de “Oak” con mayúscula no es un error mío. Así aparece. Allá los que quieran encontrar en ello algo cómico. Pero lo peculiar es lo de los meses... ¿Ocho meses en barrica nueva de un origen y luego cuatro en barrica neuva de otro origen? ¿No es eso 200% roble nuevo dicho de otra forma? El simpatiquísimo y muy gentil joven enólogo de la bodega me dijo que esto pasa 11 meses en barricas francesas y americanas, pero no me puntualizó nada como lo que pone la libreta, por lo que me quedo con serias dudas. Claro, puede todo ser error de la libretita, la cual, para remachar, declara que este “Aticus” tiene 8% de alcohol. ¿¿¿¿¿?????


El vino es grandote, concentrado, con mucha madera nueva en evidencia (los ocho primeros descriptores aromáticos que pongo en mi libreta son todos de roble francés, seguidos por tres más de roble americano) y un golpe de calor alcohólico al final. Ya saben, el tipo de rioja que tiende a no ser muy suavemente tratado en mis páginas. Nunca me queda claro que sea necesario otro más.

El panorama en el salón


Notaba yo que el salón comenzaba a llenarse a un punto mucho más allá del límite de mi comodidad. Intentando refrescarme un poco y realzar mi ya abierto apetito, pues eran las tres de la tarde y tenía el almuerzo pendiente, paré a probar el Tera y Castro, “Pentio” Verdejo, Rueda 2006. Un verdejo limpio y agradable, herbáceo, con excelente acidez y sabrosa mineralidad. Refrescante, si bien no es ni de lejos el Pie Franco de Viñedos de Nieva, mi estándar para la región. ¡Qué alto has puesto la barra, Pepe Herrero!


Probé también de esta bodega un verdejo fermentado en barrica del que no tomé notas. Nunca he entendido esta necesidad de hacer verdejos con madera, siendo tan bonita la expresión de esta variedad vinificada en medios neutrales. Pero este estaba bien integrado y agradable, con buena frescura y carácter. Uno bueno para quienes sencillamente no pueden vivir sin su dosis de roble. Yo puedo, así que me quedo con el “regular”.


Lo que tenía catado era una docenita escasa de vinos, pero decidí que prefería un burrito de carnitas del mexicano que hay a unas cuadras del W a seguir con esto. Mi estómago protestaba y no sentía yo muchas ganas deseguir mojándome la boca sin comer.


Antes de dirigirme a la salida me paré a saludar a la adorable Alex Ellman, que en ese momento llegaba y comenzaba catando los vinos de Alfredo Arribas. Miré a mi izquierda y ví que había un par de mesas con bodegas de Navarra. Sentía un cierto complejo de culpa por la paliza que dí a esa región en la ocasión de aquella feria hace unos meses. Soy así. Digo las cosas y luego me da cosa haberlas dicho. Una de las bodegas ya la conocía bien de antes y pasé. La otra me era nueva, así que le dí una oportunidad. Me cayó muy bien la joven que me atendió, que inmediatamente me anunció que su bodega elabora un solo vino, pues prefieren concentrarse en una sola cosa y hacerla bien que andar planeando segundas y terceras marcas cuando la primera es la que hay que cuidar mientras cuaja la cosa. Loable intención. Eso sí, la descripción de método de la libretita era como para ahuyentarme. Madera nueva, 14.5% de alcohol, PVP de US$50... El Pago de Larrainzar, Navarra 2004 resultó ser un tinto potente, pero con bastante frescura. Muy marcado por la madera nueva ahora mismo tanto en la nariz como en el paladar, pero con buena concentración de fruta viva. muy modernón y pulido. Claro, lo de los US$50 lo hace a uno pensar que hay muchas otras cosas a las que echarles dinero. En ese renglón de precios espera uno mucho más que fruta madura y roble, creo yo. O al menos debiera esperarlo.


Las estrellas del evento habían sido los vinos de Alfredo Arribas en Montsant y Rodrigo Méndez en Rías Baixas. Una vez más se me ponía en evidencia que de España aún puede salir vino interesantísimo, hasta apasionante. Saliendo del Hotel W a Park Avenue encendí mi iPod. Tenía una copia anticipada del Dos pájaros de un tiro de Sabina y Serrat. Como le había dicho a Josie, a algunos artistas como que después de un tiempo, pues ya, a vivir del repertorio. En el caso de estos dos el repertorio es delicioso, aún en estas versiones en plan Las Vegas ibérico. Oyendo por los auriculares aquella “Pastillas para no soñar” se me ocurrió que quizás eso precisamente son las teorías de la industria en cuanto al “vino español” y al “consumidor”, esos dos entes tan homogéneos, moldeables y cuantificables según los departamentos de marketing. La suerte es que quedan algunos en este mundo del vino que por esas pastillas ni preguntan…


Pero a dejarse de vainas. Otras prioridades.


Burrito. Carnitas. Hora de.

Escrito por: manuel-camblor 9 comentarios 13 Abr 2008 URL Permanente

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jose

Jose dijo

El Montsant parece estarse perfilando como una alternativa muy seria a los desmanes prioratinos. Me refiero a desmanes en precio principalmente, ofreciendo caracter, mineralidad y todos los etcéteras que parecen marca del Priorato, pero a un precio más terrenal. Creo haber leido algún artículo en The Pour hace un tiempecillo hablando al respecto.
Por otro lado Manuel, me estás empezando a preocupar. Bebiste el FS sin encomendarte ni a Dios ni al Diablo, no repartiste candela en el briefing de Peñín y 'The Fake' J.Miller... y te enfrentas sin demasiado miedo a un vino de casi 15 grados... Preocupado me tienes :^) Con respecto a este último (el vino de Fleki), no te digo yo que no esté bien y además sin probarlo, pero con esa graduación acojona lo suyo. Claro, que también Frankenstein asustaba de primeras y luego era un tipo encantador... }:*)
Saludos. Jose.

manuel-camblor dijo

Quizás estoy tratando de prepararme mental y físicamente para lo que me espera en mi nueva vida en Santo Domingo.

Ahora bien, lo del Finca Sandoval (y otras tres o cuatro botellas cuyas reseñas vienen por ahí) lo veo como una sorpresa no negativa. Compré ese vino porque fue hecho por alguien que en ese entonces era mi amigo y porque me gustaba. Me alegra que haya evolucionado bien. Mis gustos han ido cambiando con los años y quizás me he radicalizado un poco en mi manera de ver el vino, pero no te niego que siento una peculiar felicidad cuando pruebo algo en lo que invertí con riesgo hace años que resulta ser decente después de todo.

En cuanto al vino de Fleki, la verdad es que no se le notaba la cantidad de alcohol que llevaba. Había buena estructura y fruta muy expresiva. Fue una excepción a mi propia regla, que debe haberlas de vez en cuando. Es un vino al que daré más oportunidades si se me pone delante.

Preocupado por mí debes estar. Sin vino de verdad ampliamente disponible no sé como sobreviviré.

M.

Jose

Jose dijo

Las sorpresas positivas siempre son... eso... positivas :) Y a veces uno se sorprende a sí mismo bebiendo un vino, sin más pegas, pese a los principios que uno pueda tener respecto al vino. Está bien encontrarse de vez en cuando con ejemplos así para volver a tomar una perspectiva distinta.
Respecto a "lo otro", sobrevivirás y aun más: ¡vivirás! Un amigo, de economía verbal destacable, cuando tengo algún cambio en mi vida en el que abandono un puerto que parece seguro y soltando trapo me meto en algún mar en pleno temporal suele decirme: Camina confiado y espera lo inesperado.
Saludos. Jose.

manuel-camblor dijo

El problema" Vivir sin vino. O, al menos, vivir sin vino del que me es no meramente aceptable, sino deseable.

M.

flequi

flequi dijo

Buenas tardes aqui en Madrid, Manuel
Efectivamente el Ziries es 100% garnachas de los montes de Toledo, si lo embotelle 3 dias antes para que pudierais catarlos algunos en ese evento de piratilla porque no estaba en la libreta.
Tiene 5 meses y medio de barrica de 300 litros de segundo año.
Es bodega Lobecasope te mando un poco de informacion mi mail es flequi@almavinosunicos.com
un abrazo

flequi

flequi dijo

Felicidades manuel por cumplir lo 40 atcos mandame tu correo electronico para mandarte info de mi bodega.
un abrazo y espero celebre con grandes vinos este cumple.

rp

rp dijo

hola flequi, que gracia me hace verte por aqui fenómeno... en lo mejor del rioja.. soy oscar.. recuerda que me debes la información de lo del salnes para australia.. jaja.. el mundo es un kleenex...

aupa

flequi

flequi dijo

Que pasa Oscar ya tengo las fotos se las mandare al importador.
Buscaba algun comentario sobre lo de peñin en New York y he dado con el blog de Manuel y me he puesto a escribirle algunas cosillas.
un abrazo mamon

Joan Gómez Pallarès

Joan Gómez Pallarès dijo

Amigo Manuel, andaba yo detrás del Santbru blanc 2006 (el 2007 ni ha asomado por aquí, y eso que estoy a 140 km de la bodega!!!) y conseguí una botella la semana pasada en Tarragona. La he abierto hoy mismo!!! Y no había leído tus notas!!!
Una pasada, lo he disfrutado y queda un poquito todavía para que vaya reprobando y afianzado sus aromas, pero coincido mucho contigo: nada de desmanes de madera, nada de alcoholes subidos, garnacha blanca vieja vieja (80 años!!!) y chardonnay (no tenía yo presente que tuviera macabeo), cinco meses de barrica y ahora mismo este 2006 empieza a estar interesante de veras, con un cuerpazo atractivo, suave suave, casi glicérico pero de paso elegante y nada pesado, mieles, frutas blancas, flores cblancas muy suaves. Una gozada, sí señor, que reafirma que en estas tierras, además de en Galicia, todavía hay espacio para grandes blancos.
Un abrazo
Joan

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La otra botella

Educado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.

Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.

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