Tengo 40 años...

Eso.


Nací un 14 de abril de 1968 y la cuenta no es muy complicada. Hoy cumplo cuarenta años. Es una mañana preciosa, soleada y fresca en Manhattan. Tengo una leve resaca tras los festejos de anoche, que incluyeron muchos vinos, algunos de ellos memorables. También tengo la sonrisa que me dejó sentirme querido por buenos amigos, gente inteligente y alegre, pero sobre todo afín. Y tengo una lagrimita furtiva porque no puedo evitar pensar que me voy de esta ciudad que tanto adoro.

Tengo mucho que agradecer. Están esos amigos, claro. Está mi bella mujer, que me dió mis bellísimos y risueños hijos mágicos. Están mis padres y mi hermano. Están todas las posibilidades que da una cierta prosperidad. Están la comida y el vino que llevo más de media vida amando. Está la voluntad de aprender, entender, escribir, joder la paciencia… Está el hecho de que sigo vivo aún, tras veintinueve años de luchar contra una cruel enfermedad que a cada rato me roba una tajada de dignidad u otra de bienestar. ¿Por qué saco a colación esto? Pues porque me diagnosticaron la diabetes un par de días después de mi undécimo cumpleaños. Desde entonces, cada vez que cumplo años no puedo evitar recordar.

Es extraño, sentirse que ya ni de casualidad nadie va a pensar en ti como un “muchacho”. Recuerdo cuando mi padre cumplió cuarenta años. Yo entraba en la adolescencia y no hubiese podido imaginarme quien sería yo cuando me llegara el turno, como me habría dejado el cuerpo y la mente el mundo recorrido desde entonces hasta ahora. Miro a mis propios hijos, tan pequeños, y me pregunto como se sentiría mi padre en realidad aquel día. Es extraño, entrar en la madurez, por suavemente que uno pretenda efectuar la entrada.

Esta mañana, al levantarme, me puse a mirar el regalo que me hice en nombre de mis hijos. Lo ven en la foto.

Algunos hombres, cuando entran en esta edad, van y se compran un Ferrari (en mi caso hubiese sido un Maserati, que son los que me gustan ahora), o se echan una querida. Yo, por mi parte, afrontando la peculiar versión de una “crisis de media vida” que he elegido, opto por recuperar la música una vez más. Quizás forme una banda con otros gordos viejos y calvos, escriba canciones… O quizás me dedique a tocar las canciones de otro. Como ésta, tan apropiada en este momento…

Escrito por: manuel-camblor 58 comentarios 14 Abr 2008 URL Permanente

58 comentarios · Escribe aquí tu comentario

IGLegorburu

IGLegorburu dijo

Venga va, Manuel, te aceptamos a Sting como animal de compañia, quizá sea su mejor papel :-)

Muy rico el vídeo de Petty, Lynne & Company, incluso el del sombrero parece que algo de guitarra sabe. Este Petty, mira que me gusta. ¿Y dónde nos queda la ELO? ¡Qué tiempos...! ¿Volverían los Traveling aunque sea sin Roy o George, por ejemplo? No creo...

¿Ya tocas el Purple Rain tras la mudanza? ¡Ánimo y descansa! Por las 200 cajas de vino no te preocupes que si hace falta hasta hago yo una mudanza...a NYC :-))))).

Pero me quedo con Comfortably Numb y Gilmour en el 94. Ya ves, hasta los blancos de Graves salieron buenos ese año :-). Igual Petrucci con su Ernie Ball tocaba algo también

manuel-camblor dijo

Jesús,

El sombrero rojo y la telecaster vintage es lo que va. Técnica y soul a raudales. Y si ese solo no te convence, te recomiendo el set triple en directo "One Nite Alone: Live", concretamente el solo en "Anna Stesia" al final del disco 2.

El paquete llegó y hojeé rápidamente el libro, pero fue empacado por lo s mudanceros, o sea que no podré verlo con detenimiento hasta dentro de un par de semanas. Comentaré.

M.

jesus

jesus dijo

¿"Es" lo que va?, vamos no hago más que sumar. Ese solo de Prince está muy jugoso (y hace quedar a los demás como a una banda de carcamales) pero en mi casa quizá solo haya un cd de Prince y no es mío. Y de SRV ninguno. Los admiro a cada uno en sus enormes méritos, pero luego a mí me da por oir otras cosas.
El virtuosismo con el instrumento ayuda, pero no veo que sea el ingrediente mayor. Y en Prince no lo es, desde luego. Podría la mitad y a tí te gustaría igual. Definitivamente no es el virtuosismo lo que más importa. Hay un caso entre lo excepcional para mí y es http://video.google.es/videoplay?docid=-6984208089899995423

David McDuff

David McDuff dijo

Happy belated 40th, Manuel.
You've got some catching up to do....

cheers,
David

Nora

Nora dijo

¡Felicidades Manuel!

Adrian

Adrian dijo

Sr Camblor. Suelo leer este blog porque tiene Usted muy buenas referencias y sus comentarios llegan a muchos circulos. Yo no soy un experto pero me defiendo con el vino como un aficionado de los miles que hay y no soy muy docto en escribir comentarios, perdone si repito, pero ya le digo lo que me cuesta. En los comentarios que hace del vinos que ha probado, los Alsacia como el Trimbach y otros de misma alcurnia me parece que comparar esto producido por la animosidad de sus favores con un vino sencillo como el Aldonia o el Contino es algo como un poco pasarse 3 pueblos. A mi no me importa.
Le sugiero un Espectacle del Montsant recientemente premiado con 99 puntos parker y el Clos Erasmus 2005 con 100 o el Benjamin Romeo Contador 2005 junto a un PX sin citar otros.
Disfrute
Adrian Llopis/Madrid

Pagche pigata

Pagche pigata dijo

Donde esté el vino que hace mi abuelo en el pueblo...

manuel-camblor dijo

Adrián,

Bienvenido a esta tan alegre y sufrida sección de comentarios.

Me resulta difícil complacer a todo el mundo y adaptar mi a veces anárquica, a veces meramente situacionista actitud hacia el vino a las actitudes de quienes me leen.

Tiene usted razón en que el Aldonia y ese blanco experimental de Contino quizás estaban fuera de lugar en esa velada. Yo, en vista de que me quedaban pocos días en Nueva York y ésa era una de las últimas reuniones que tendría con mi habitual panda de amigos enómanos, los "colé" sin preguntar a nadie. Mi buen amigo Jesús Madrazo había dedicado, de su puño y letra en un rotulador plateado muy bonito, la botella al equipo neoyorquino, varios de cuyos miembros se encontraban presentes. Se trataba de un vino puramente experimental, como explico en mi post, que Chus quería que probáramos. No nos gustó. lo que es un riesgo que se corre con este tipo de grupo, la unanimidad en negativo. Claro, no quiere esto decir que condenamos a Contino, ni mucho menos que consideremos los vinos de Contino (o el Aldonia, para los efectos) "Vinos sencillos", como usted les califica.

A veces estas cosas, reitero, ocurren. Uno es indisciplinado y no de tanta ceremonia, formalismo o regimentación. Nuestras bebiendas en Nueva York nos daban la oportunidad de probar muchos grandes vinos, a veces junto a vinos menores, pero también muy interesantes. En libertad, relajo e irreverencia, lo importante era pasar el mejor rato posible.

En cuanto a los vinos que me sugiere, me da un poco de miedo eso del "Espectacle", primero por el nombre y luego por los puntos, que si me ha leido un poquito, sabe que me producen una urticaria de no ver. Mogador le conozco ya de un buen puñado de añadas. A veces me gusta más que otras, pero no es uno de esos vinos que salgo a buscar. Los de Romeo en realidad me han desagradado cada vez que los he probado, puntos o no puntos. No son mi estilo en lo absoluto. Aparte, lo que andan pidiendo por ellos puedo invertirlo mejor en muchas otras botellas que sí me darán placer seguramente.

M.

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La otra botella

Educado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.

Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.

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