Batallitas del abuelo 4: Histoire d'une belle nuit II

Avanzaba la noche y el festejo de mis cuarenta. De la cocina contibuaban saliendo delicias cárnicas. Entramos de lleno a los tintos, pequeños grupitos de los celebrantes moviéndose anárquicamente por todo el apartamento de SFJoe.

Eché mano a mi mochila. Ahí traía unas cuantas botellas que quería compartir en esta gran ocasión. Bueno, y un par que no quería irme de Nueva York sin probar junto a este grupo en particular. La primera de la mochila fue el Bodegas Riojanas, “Monte Real” Gran Reserva, Rioja 1968: En revancha por la botella corchada de casa de John Gilman, me traje otra para la celebración y, por suerte, estaba cantando preciosamente. Viva nariz e igual boca; cuero, canela tostada, comino, coco, hojarasca, ciruela roja, regaliz y ese aspecto cerezesco entre dulzor y amargor que tanto me gusta en un buen Monte Real. En boca entra suavemente, con los aromas perfectamente traducidos. La única queja es que en el paladar medio torna un poquito rústico y gana peso de una forma que le resta gracia y elegancia. La comparación que me viene a la mente es con una chica de cara bella y conversación inteligente, que te da una mano llena de callos para despedirse. Pero es largo y sabroso. Pese al momentito de desconcierto, no le haría ascos jamás…

Revuelo en la cocina. Ceremonia de botella grande. Se trataba de Vega Sicilia, “Unico”, Ribera del Duero 1968 (en mágnum): El generosísimo regalo celebratorio del Dr. K con motivo de mis cuarenta era una botella cuya apertura todos esperábamos ansiosamente. Al abrirla, un desencanto monumental. Si bien en un principio no daba aspectos mohosos ni nada que indicara abiertamente TCA, estaba completamente mudo y descarnado. La pestecilla a cartón mojado comenzó a expresarse sutilmente cuando ya llevaba un rato aireándose y el grupo llevaba un rato debatiendo si estaba corchado o no. Pero lo estaba. Lo peor del caso era que esto ponía mi cumpleaños en un irónico paralelismo con los cuarenta del propio Dr. K un par de añitos atrás, cuando un mágnum de Unico 1962 también salió corchado. Cosas que le rompen el corazón a uno, y más pensando en lo que debe andar costando en subasta un botellón de Vega Sicilia.


-¿Qué se hace cuando una así sale defectuosa?-

No quisiera que nadie pensara que ostento, pero la verdad es que por mi vida ha pasado ya bastante vino de esta bodega. He podido probar añadas legendarias en una cantidad de ocasiones que mucha gente no me creería… Las mejores botellas de esos Unicos viejos han legitimizado de sobra para mí la reputación de Vega Sicilia (de paso he de declarar por enésima vez que los vinos más recientes de la bodega, que no me parecen especialmente dignos de tan ilustre linaje; pero bueno, eso soy yo, cambloreando, como siempre). Sin embargo, lo triste es que en mi experiencia han aparecido muchas botellas corchadas o de otro modo “rana” de Vega Sicilias antiguos. Al final no quiere uno pensar en precios, pero si se va a convertir la cosa en un juego de ruleta rusa…

Otra de mi mochila, el R. López de Heredia, “Viña Bosconia” Gran Reserva, Rioja 1968: Tras el tremendo chasco con el Vega Sicilia, un premio de consolación más que atisfactorio. Espectacular botella de este viejo amigo. Aromas térreos, de piedra triturada y ese singular y sutil aspecto de guisantes verdes que regularmente asocio con algunos Bosconias. Por debajo notas de cuero antiguo, incienso, salsa tamari, barro y una fruta alegre y regordeta. Muy jugoso y vivaz en boca. Quizás no sea lo máximo en cuanto a estructura y es más de jeugo corto que largo, creo. Pero está delicioso ahora mismo. Excelente acidez y el agarre tánico residual justo. Otra botella más para afianzar a mi querido amigo Brad Kane en su recién descubierta afición por los Bosconias.


-Bosconia 68 ejerciendo su peculiar embrujo sobre Kane-

Decidido a continuar vaciando la bolsa, inicié un cruel interludio con dos botellas que había traido dizque “para catar hors concours”. Se trataba de dos vinos españoles que provocaran mucha, mucha discusión y muchas loas en aquellos primeros tiempos míos foreando en inglés en una vieja encarnación del Wine Lovers’ Discussion Group de Robin Garr. Allí, aunque parezca mentira, inicié mi amistad con todos los que me acompañaban en este cumpleaños.

Los dos vinos del recuerdo internáutico…

Mauro, “Vendimia Seleccionada”, Tudela del Duero 1996: Recuerdo cuando compré esto. En aquellos tiempos todavía hacía caso a ciertos críticos y creadores de opinión. Y, a decir verdad, Mauro hacía lo que yo consideraba excelentes vinos. Compré con fe y puede que mis dos primeras notas de cata de este vino, que seguramente datan de allá por 1998-99, sean bastante positivas. Ahora le daba otra oportunidad, a ver como ha evolucionado… El asunto es que huele fuertemente a tienda de neumáticos, con un deje de aceite de freir viejo, seguido por cereza, vainilla, eneldo, regaliz, desodorante en aerosol, borra de café—una nariz seriamente no placentera. En boca es californístico, globular y avainillado, sin el más mínimo posgusto. En serio, se cae completamente. Algunos en el grupo hablan de que aquí hay problemas fundamentales de “dirty winemaking”, aunque el vino se adecúa a todos los clichés del modernismo noventero, sobre todo en el aspecto ebanístico. Por mi parte, me da mucho que pensar el hecho de que me queden aún unas cuantas botellas de esto en bodega.

Bodegas y Viñedos Alión, “Alión”, Ribera del Duero 1996: Otro pequeño castigo de mi bodega. En verdad es que no quería irme de Nueva York sin probar esto con la panda, para ver sus reacciones. Debo admitir que experimento un gran placer escuchando las ocurrencias que les brotan ante cierto tipo de vinos. En este caso, fue más de gestos que de verbo la cosa. Sumario desechado del contenido de las copas a escupideras y fregaderos. Para mí, oleada empalagosa de vainilla y Ribena. Llano, tonto, torpe y con demasiada madera para augurar nada bueno. Suerte tengo que ya no soy tan ingenuote como lo era cuando compré esto. Y que mis gustos han mejorado exponencialmente. La frase que me viene a la mente es aquella de Hannah Arendt sobre “la banalidad de la maldad”. Esto, para alguien, sería un vino perfectamente aceptable. Incluso, alguno insistiría en que es “de noventaytantos puntos” Puedo imaginarlo. Eso me resulta un tanto perturbador.

”Si tienen que insultar al invitado de honor por algo, ahora es el momento apropiado”, declaré a todo el que se acercaba a probar estos dos monumentos a mi tontería pretérita.



-Greg del Piaz y SFJoe someten a consideración si pueden perdonarme el Mauro y el Alión-

Por suerte no me pasaron muchas cuentas y seguimos a otras cosas.

Château La Conseillante, Pomerol 1966: Primero en una maravillosa secuencia de aportes del gran Victor L a esta feliz noche. En mi nota designo la nariz como “sencillamente perfecta”. En inglés pongo la palabra “effortless” y creo que es la mejor descripción de la manera en que este vino se mueve y de como ocurre su disfrute. Cero esfuerzo. Todo llega a su sitio con una leegancia y gracia admirables y ni se te ocurre pensar en nada negativo. Lo marca mucho ese aspecto de hierro y arcilla que para mí caracteriza a casi todos los mejores vinos de Pomerol. Luego hay malagueta, violetas y cereza purísima. Sedoso, ligero y largo.

Château L’Evangile, Pomerol 1966: Andaba yo preguntándome si Victor había traido esta fascinante horizontal porque el 68 en Burdeos fue un desastre y probablemente en ese año se comercializaron los primeros 66, o si era algo más personal… Mi primer gran burdeos, hace ya tantos años, fue del 66, detalle que probablemente participé a mi amigo. Si no podíamos celebrar con burdeos del año de mi natalicio físico por razones obvias, lo lógico era celebrar con vinos del año que representó mi nacimiento a la pasión por el vino. Eso se agradece tanto… Cremoso, térreo, mineral-férrico, con una fruta negra provocadora—clásica de L’Evangile la mezcla de cereza negra y ciruela en la nariz. Ligero y delicioso en boca, con la marca clara de ese aspecto característico de los mejores burdeos que Michael Broadbent (¿o era Hugh Johnson?) definió muy positivamente como “acuosidad”. En el sentido de ligereza refrescante. “I simply adore this”, escribí en la libretita negra mientras me servía una segunda copa.

Vieux Château Certan, Pomerol 1966: Exótico de aromas, con cereza y naranja rubí, especiado y mineral. Suculento y profundo. Muy distinto de los anteriores. Seductor precisamente por esa diferencia. Larguísimo, con muchas capas frutales y minerales y ese bonito amargor naranjesco.

Château Trotanoy, Pomerol 1966: La diferencia de los tres anteriores no podía ser mayor. Tremendamente austero. Salino, con una marcada nota de yodo sobre fruta roja compacta. Está completamente cerrado y no quiere tener nada que ver con beberse en estos momentos. Posgusto largo, térreo y tánico. Hay que resistir la tentación de tocar más botellas en los próximos años. Para el “mientras tanto” está el primoroso 67, que da mucho placer en el aquí y ahora.


-Sublime secuencia de pomerols de 1966; abajo, bellos colores de La Conseillante y L’Evangile 66 en copa-

Tras el Mauro y el Alión, dudé sobre si echar mano a la mochila de nuevo. Pero me quedaba una botella de Teobaldo Cappelano, Barolo 1968. ¿Qué podía perder echándola al ruedo? No sabía qué esperar, pero lo traje, a ver si había suertecilla—que no hubo. Debí ser más prudente. Puro pedo embotellado. Con acetona. Estaba yo convencido de que esto era uno de los mejunjes flatulentos más pestíferos que había olido en la última década cuando…

Domaine du Vieux Télégraphe, “La Crau”, Châteauneuf du Pape 1995 (en mágnum): La cara de SFJoe lo decía todo, pero yo fuí y lo probé… Así de idiota soy. El olor es el de un tordo particularmente hediondo en un ataúd de roble. En boca—porque así de tonto soy—hay kerosén, leve efervescencia y puro terror. Asqueroso. Impotable.



-La cara de SFJoe lo decía todo… Abajo, lo más ofensivo de la noche; el nivel de la botella indica el favor del público.-

Estábamos unos cuantos ocupados recriminando a Brad Kane, causante—automáticamente asumimos que él había traido la botella—de esta espantosa experiencia vínica que todos hubiésemos querido evitar cuando apareció alivio en forma de una botella de Gosset, Brut “Grand Millésime”, Champagne 1996: Creo haber reseñado este vino en estas páginas no hace mucho. Positiva reseña, si mal no recuerdo. Esta botella se nos olvidó a todos en la nevera al comenzar el desfile fuerte de vinos. Jayson Cohen la sacó, bendito sea, cuando yo aún intentaba recuperar el aliento tras el vil Vieux Télégraphe. Suerte. Lo necesitaba. Bella botella. Apretadito, con aromas de pan recién salido del horno, crema de limón, talco y almendra cruda. Vivaz, cítrico y primario aún. Refrescante, largo y muy elegante. Tiene para rato (Dato curioso: En Santo Domingo, hasta hace unos añitos, Gosset tenía importador. Ya creo que dejaron caer la línea, como tiende a suceder aquí con tanto vino bueno. Una pena, pues me hubiesen tenido como cliente fijo…)



-El campo del honor, después de la justa…-

Ya la noche se había convertido en madrugada y era 14 de abril. Seguimos buen rato divirtiéndonos como si por la mañana no hubiese que trabajar. Yo tenía cuarenta años y el vino continuaba fluyendo. Cayeron un par de Auslesen alemanes, entre ellos un Von Schubert-Maximin Grünhauser” Riesling “Auslese 93”, Mosel-Saar-Ruwer 1989 y alguito más. Pero yo había dejado la libreta de notas tirada. Si bien hay momentos en los que apuntar es necesario, hay otros que no. La memoria se queda con ellos por sí sola, los saborea, los moldea, los transforma… A esa hora, en ese lugar, con esos amigos, no había que tomar notas. Jamás se me olvidaría el agradecimiento que me poseía.



-Un cumpleaños que no olvidaré, eso puedo asegurarlo sin temor a equivocarme…-

Escrito por: manuel-camblor 15 comentarios 26 May 2008 URL Permanente

15 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Joan Gómez Pallarès

Joan Gómez Pallarès dijo

Enorme, Manuel. Me has recordado, con tu extraordianrio hallazgo para la descripción de la Conseillante, a Theise, su Manifesto y unas notas que le leí en WFW, en uno de sus últimos números.
Y es que estoy tan de acuerdo con eso: "Château La Conseillante, Pomerol 1966, En mi nota designo la nariz como “sencillamente perfecta”. En inglés pongo la palabra “effortless” y creo que es la mejor descripción de la manera en que este vino se mueve y de como ocurre su disfrute. Cero esfuerzo. Todo llega a su sitio con una elegancia y gracia admirables y ni se te ocurre pensar en nada negativo. Lo marca mucho ese aspecto de hierro y arcilla que para mí caracteriza a casi todos los mejores vinos de Pomerol. Luego hay malagueta, violetas y cereza purísima. Sedoso, ligero y largo."
Impresionante, chico, jamás llegaré a probar un 1966 de este vino, pero retengo para usarlo si algñun día me es dada esa oportunidad, el término "effortless", pero asociado al absoluto placer de que un vino te llegue por completo sin que tengas que esforzarte lo más mínimo en explicar o comprender o aprehender. Theise en lo alto de las montañas con un gloden Muskateller en estado puro...
Un abrazo
Joan

manuel-camblor dijo

Joan,

Hay vinos para los cuales, aunque te eluda el lenguaje descriptivo convencional, la nota de cata casi que se escribe sola. Ese La Conseillante fue uno de ellos.

No digas que no vas a beber semejante cosa, que, al menos en mi experiencia, las oportunidades tienden a presentarse cuando uno menos las espera...:-)

Para mí, lo mejor de esta secuencia de pomerols es esa cualidad "acuosa" de la que hablo. Esa ligereza delicada en el paladar hace mucho para que un vino no requiera esfuerzo. Reitero que constituye para mí la verdadera marca de elegancia de todo gran burdeos, sea de la parte que sea. La he presenciado en vinos del mMédoc igual que del Libournais y la valúo tremendamente. Y es algo que hoy día casi en todas partes se ha ido perdiendo.
'
M.

javier

javier dijo

Manuel, modesto lineup... Leyendo rapidamente el relato me queda la sensacion que el barolo 68 (y los pomerol tambien?) pasaron de la mochila a las copas en breves momentos. Seguramente no fue asi. Que dice el manual sobre la aireacion/decantacion, o no, de estos vinos?

manuel-camblor dijo

Los cuatro pomeroles no salieron de mi mochila. Llegaron al lugar de la fiesta días antes y fueron cuidadosamente decantados. El barolo, por su parte, sí salió de mi mochila. En realidad no recuerdo exactamente, pero estoy casi seguro de que se decantó también y se dejó respirar. Pero nada pudo ayudar a resolverle sus problemas estaba verdaderamente pestilente.

En realidad no sé lo que dice "el manual". Yo siempre creo que estos vinos con cierta edad requieren un trato prolijo y cierta aireación. De todas formas, estos pomeroles del 66 no eran ni de casualidad "vinos viejos", sino vinos meramente llegados a la adultez. No se me hubiera ocurrido jamás acusarles de fragilidad. La decantación se hizo más bien por si los posos y para asegurarse de que cantaran lo mejor posible. Me parece que hubiesen podido evolucionar en copa toda la noche.

El barolo, repito, tenía problemas. Quizás, por la naturaleza de la añada y por el tipo de vino se podía esperar mayor fragilidad que en los burdeos, pero creo que un buen barolo de esa edad no requeriría mayores precauciones o consumo más inmediato que el cuarteto de pomerol.

M.

Joan Gómez Pallarès

Joan Gómez Pallarès dijo

Creo que entiendo bien qué quieres decir con esa descriptor de "acuoso": estamos hablando de un caracter líquido (qué paradoja, ¿verdad?, hablando de vinos), de trago fácil y sencillo pero cargado de complicidades y guiños, que se ha perdido en "beneficio" de vinos masticables, casi comestibles, alcoholizados en grado sumo, estuchados en madera e impenetrables a la luz.
Osea lo contrario de este pomerol, pongamos por caso.
Joan

manuel-camblor dijo

Joan,

Tiene que ver con el peso total del vino, pero en realidad va más allá lo de "acuoso". Como dije, no recuerdo si se lo leí a Michael Broadbent o a Hugh Johnson, pero el originador--al menos para mí--del término fue británico y estaba hablando, concretamente, de vinos con un centro etéreo y un paso de boca gentil, que te invitan a beber como lo hace el agua fresca. Esa siempre fue una cualidad que yo valoré mucho en mis burdeos de diario y que ahora casi nunca encuentro. Claro, lo que dices de los vinos "masticables" tiene casi todo que ver con haberse cargado la bendita cualidad, pero no puede uno precluir la posibilidad de un vino con auténtico cuerpo que a la vez presente esta ligereza interior y esa acuosidad provocadora.

M.

Coralo

Coralo dijo

Manuel:

Tengo ganas de leer de esas cosas legendarias de las que hablas. Hay una frase tuya en el último post que me gustaría que se convirtiera en tema, grandes vinos, sorpresas, cosas que defraudan, añadas legendarias, que se yo todeas esas cosas que uno lee por acá con la boca abierta, digo yo para soñar un poquito. ¿Habrá que husmear mucho en libretas y neuronas para concebir un tema de esos?
La frase a la que me refería y que me dejó con ganas de leer más de esas cosas es: "No quisiera que nadie pensara que ostento, pero la verdad es que por mi vida ha pasado ya bastante vino de esta bodega. He podido probar añadas legendarias en una cantidad de ocasiones que mucha gente no me creería… Las mejores botellas de esos Unicos viejos han legitimizado de sobra para mí la reputación de Vega Sicilia"
Ah, perdón que mi tema no solo versa sobre lo legendario de Vega Sicilia, sino que también sobre otras cosas.
Saludos
Coralo

manuel-camblor dijo

Coralo,

El problema del tema que propones es que en realidad es casi que toda la historia de este blog y de mis travesuras internáuticas de los últimos diez años. He tenido la suerte de probar mucho vino legendario que me demostró abundantemente que su reputación era muy merecida. También he probado mucho vino de culto que me resultó completamente decepcionante--y algunos que me resultaron francamente ofensivos. He probado también otros que me han dejado con muchas más preguntas que respuestas y unos cuantos con los que no había discusión. Crónicas mías sobre ellos puedes encontrar en los archivos de un buen puñado de foros en los que hace tiempo dejé de participar.

Claro, como ejercicio de ayuda a la memoria y para levantarme la moral en mi actual situación de cuasinuledad vínica==o para acabar de hundírmela haciéndome pensar en lo que he perdido--puedo incurrir en un ejercicio de recapitulación, una especie de "Greatest Hits and Greatest Misses" de mi trayectoria como bebedor.

Por lo pronto, ocn repasar un poco los archivos aquí te encontrarías con mucha joya y mucho chasco, botellas importantes o meramente pretenciosas.

Pero deja ver lo que se me ocurre, qué giro le doy a tu propuesta... Sabes que soy muy complaciente...

M.

Dani

Dani dijo

Vaya Manuel, así que nada de Mauro ni Alión!!!!

A mí hoy en día son vinos que me gustan y mucho... No encuentro los excesos de los vinos modernotes, siendo de corte moderno, desde luego.

¿Qué tal el Pintia según tu gusto? Ale a esperar que lluevan las piedras jejejeje.

Dani

manuel-camblor dijo

Hola Dani,

La inclusión del Mauro VS y el Alión 96 en esta celebración quizás no fue lo más acertado. Pero como digo en el artículo, me parecía que debía beberlos con estos amigos, que tantas andanzas internáuticas han compartido conmigo. Ambos vinos habían sido objeto de mucha prosa en diversos foros diez años atrás. El Mauro VS yo lo probé por última vez nada más y nada menos que con Mariano y Alberto García en Tudela en 1999 y me pareció muy bueno entonces. Llevaba las mejores expectativas para la botella de mi cumpleaños, pero no se cumplieron.

Créeme cuando te digo que era consternante lo de la tienda de neumáticos. Algo andaba muy mal ahí.

El Alión sencillamente me molestó por su trivialidad. Esto no es ni de lejos un gran vino. Es más, no es ni siquiera un buen vino. Y si me llevas un poquito más lejos, te digo que es bastante penoso. Si acaso, para ser más benévolos de lo que la botella en realidad merece, diría que hace rato que vió su mejor momento y éste no ocurrió en ninguna altura especialmente exaltada. Ahora lo que queda es un cadáver sobremaquillado.

El destino de botellas de Alión anteriores y posteriores a este 96 que he probado me hace pensar que es más bien un vino para disfrutar joven, si te gusta ese tipo de cosa. Por cierto, a mí no me estuvo mal el 2000 de Alión. Creo que hablé de él cuando aún participaba en Verema. O en aquel otro foro...

En cuanto al Pintía, he de comenzar por decirte que aún no he probado absolutamente nada que me haga entusiasmarme por Toro. De hecho, los Termitanthias, etc., y el mismo Pintía más bien me han dado ganas de salir corriendo. Hiperdensos, fofos, torpes, desenfocados, alcohólicos y con demasiada madera, reprobaban en todos los aspectos que considero cruciales a la hora de que un vino me cautive. Claro, si vamos a juzgarlo dentro de su tipo, pondría al Pintía por encima de muchos otros productos de Toro. Pero eso no es mucho decir, if you know what I mean.

M.

Dani

Dani dijo

Me descorazona lo del Mauro. Te cuento: tengo un sobrinito que nació en el 2005 y al que pusieron por nombre Mauro, por puro gusto del nombre, nada que ver con la referencia enológica. Acabo de adquirir hace poco un mágnum de ese Mauro 2005 que esperaba beberme algún día con el chaval, es decir, cuando pueda hacerlo con cierto conocimiento. Casi hubiera sido mejor que le pusieran Tondonio, aunque esto le hubiera repercutido más en su vida cotidiana.

Respecto al Alión, no me queda clara una cosa. ¿No te gusta el Alión o no te gusta cómo envejece el Alión? Participé hace un par de años en una vertical de Alión (1991-2002) y me pareció que estaban evolucionando bastante bien. Es cierto que no apostaría por ellos con 10 años más encima. Recuerdo (o más bien reviso mis notas de cata) que el 96 en concreto me gustó por su equilibrio y elegancia.

Obviamente, para gustos los colores y cada botella es un mundo, pero para eso está esta opción de escribe tu comentario

P.D. Te envío algo de música al correo privado.

Dani

Dani dijo

Vaya, creo que tu correo nyc no está activo. Si me facilitas otro o me escribes mail te lo mando.

Saludos
Dani

Coralo

Coralo dijo

Manuel:
Lo de los Greatest Hits, como dices, puede ser un tiro por la culata: hablar de ello podría llevarte a una tristeza enorme, dada tu actual situación enológica, ja ja. Bueno, era una idea, yo me declaro feliz si ello ocurriese.
Estamos en contacto.
Un abrazo
Coralo

manuel-camblor dijo

Dani,

La concurrencia fue unánime sobre este Vendimia Seleccionada 96. Y lo peor es que, como dije arriba, me queda más.

Créeme que a mí me descorazona también.

En cuanto al Alión, aquí tienes otra versión de los hechos que va y te funciona mejor:

http://enemyvessel.com/forum/topic.asp?TOPIC_ID=10454&FORUM_ID=28&CAT_ID=1&Topic_Title=Adios%2C+Adieu%2C+Amen&Forum_Title=The+New+Exciting+Place+for+Wine+Discussions

Mándame un mensaje de contacto por el enlace a la derecha de la página y enseguida te contesto desde mi dirección de Gmail. O, si ya la tienes, ésa es...

M.

SFJoe

SFJoe dijo

I wish I understood the Vieux Telegraphe a bit more clearly. AFAIK, they do not use new wood. The stuff was so awful I couldn't keep it in my mouth long enough to analyze.

And I'm not a guy who hates all Chateauneuf, I've had VT that I quite enjoyed.

Anyhow, just a hideous mystery.

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Sobre este blog

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La otra botella

Educado y sobrediplomado en un montón de disciplinas que no le sirven para nada (o casi nada), hoy día Manuel Camblor se dedica a menesteres para los que nunca estudió formalmente. Tras un par de décadas perdidamente enamorado de la cultura del vino, Manuel se considera a sí mismo más apasionado que nunca y está suficientemente seguro de sus propios gustos vínicos como para poder hablar libre y honestamente de ellos, contando de paso alguna que otra historia que quizás pueda deleitar y edificar a los cuatro gatos que decidan leerle. La Otra Botella es un blog en que Manuel vierte sus opiniones personales sobre vino, vida y cultura. Aquí a veces crea controversias, a veces acuerdos. Aquí se divierte en los gentiles artes de hacer amigos y enemigos.

Actualmente Manuel reside con su esposa Josie y sus hijos Julián y Sabina en Santo Domingo, República Dominicana. En sus ratos libres está reaprendiendo a tocar la guitarra como debe ser y pretende, a sus cuarenta abriles matariles, formar una banda de salsa-punk-funk.

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